30/4/12

Sobre el concepto de Revolución Pasiva

Dora Kanoussi & Javier Mena

La revolución pasiva tanto en su carácter de categoría de análisis histórico, como cuando es la base del análisis político, se refiere específicamente a una fase o época histórica determinada.

Para Gramsci significa que una misma categoría adquiere contenido diferente según la clase y, por tanto, la fase histórica que explica, y según si se trata del ascenso de una clase o su crisis: las hegemonías burguesas y proletaria, son en esencia distintas en sí, y su contenido es otro, según si con ello se habla de la fase de ascenso o decaimiento de la clase en cuestión.
Gramsci, América Latina y la revolución pasiva

El fondo gnoseológico de este historicismo, es la afirmación de Marx en el sentido de que ninguna sociedad desaparece sin haber agotado sus posibilidades de desarrollo y que ninguna nueva surge sin que existan para ello las condiciones materiales.

La Revolución mexicana / Una lectura desde Gramsci

Revolución @ Diego Rivera
A diferencia de la mayoría de las revoluciones que signaron el siglo XX, la Revolución mexicana sorteó con éxito el totalitarismo, ese virus que convirtió a las grandes utopías socialistas en una atroz pesadilla de control político. Apoyándose en Antonio Gramsci, Sergio Ordóñez y Paty Montiel bosquejan en este lúcido ensayo las claves de ese «éxito» y adelantan algunas respuestas a la actual crisis del poder político en México.
Sergio Ordóñez & Paty Montiel
Introducción

El objetivo de este ensayo es mostrar que en el largo periodo conocido como «la Revolución mexicana» tiene lugar un proceso de  revolución pasiva que devendría en la conformación de   un bloque histórico corporativo en México, así como argumentar que a finales de los años ochenta y los primeros noventa se verifica un intento (fallido) de construcción de un nuevo bloque histórico, por medio del proceso ideológicamente aglutinado en el liberalismo social.

Para ver el siglo XXI con la lente de Gramsci

Foto: Texto de una carta
y los lentes de Gramsci
Alberto Burgio
Traducción del italiano por Joaquín Miras

  • Publicamos un fragmento del volumen Por Gramsci. Crisis y potencialidad de lo moderno, del estudioso de Gramsci Alberto Burgio. El  liberalismo como respuesta restauradora ante la expansión de los derechos del trabajo. Las sociedades occidentales se encuentran metidas de lleno aún en una clásica “revolución pasiva”, que sin embargo “no ha logrado una normalización del paisaje político”
Vivimos una grave crisis democrática. No se trata de una condición excepcional ni anómala. Se puede sostener, con una aparente paradoja, que el estado de crisis es la condición normal de la democracia, la cual es, tengámoslo muy en cuenta, un proceso. Lo que llamamos democracia es el proceso de conquista de la capacidad de autogobierno por parte de los cuerpos sociales. Es la dinámica expansiva de la ciudadanía que, con palabras claras y sencillas, Gramsci denomina “transformación molecular de los grupos dirigidos en grupo dirigente” A esta crucial dinámica se le suman inevitablemente contradicciones y conflictos. Es decir, crisis: provocadas por la permanente tensión entre inclusión y  exclusión (entre tendencias “expansivas” de la clase dominante y tendencias “represivas”), y destinadas a influir sobre la estructura de los sujetos (sobre los confines del demos), sobre la forma de los poderes, sobre la lógica y la finalidad de su ejercicio.

Así definida, democracia es sinónimo de modernidad. La potencial coincidencia entre ciudadanía y cuerpo social (población) es en efecto, la esencia del “proyecto de la modernidad”. Esto implica que la totalidad de la historia de la modernidad se entiende a la luz de una peculiar dialéctica entre variantes y constantes: las crisis cambian a lo largo del tiempo  (son diversos los conflictos que han ido marcando el proceso,  al igual que diversos son los sujetos que en ellos se ponen a prueba) sobre el fondo de la crisis (el proceso de conquista de la autonomía por parte de los cuerpos sociales) que constituye aquí el contexto invariable.

Pero, precisamente: estas crisis son distintas la una de la otra. Su carácter –progresista o regresivo – depende de la composición de las fuerzas predominantes. La grave crisis democrática con la que hoy día nos vemos obligados a ajustar cuentas está determinada por una poderosa tendencia a la (re)apropiación privada de todo aquello que tiene valor: bienes materiales e inmateriales, recursos económicos, energéticos, y ambientales, poderes e instituciones; redes recomunicación; saberes, lenguajes y formas del imaginario. Este proceso de (re)privatización de recursos e instrumentos que en un periodo reciente del desarrollo histórico habían sido trabajosamente conquistados por lo público (por el demos)  impone a la actual crisis un carácter decididamente regresivo (…).

Una nueva oligarquía

La expansión neoliberal del mercado –característica de la actual crisis democrática-  se lleva a cabo mediante el predominio de sujetos privados que (re)conquistan funciones que en el pasado  habían dependido de  la esfera pública. Empresas multinacionales, organizaciones multilaterales (Organización Mundial del Comercio, Fondo Monetario Internacional, Banca Mundial) e instituciones privadas (fondos de inversión, y grandes concentraciones bancarias) disponen de recursos y poderes comparables a los de muchos Estados nacionales. De aquí surge un conflicto sobre la soberanía en el que, cada vez con más frecuencia, acaban sucumbiendo estos últimos. No ya –dejémoslo claro- en el sentido de su, aunque solo sea, tendencial desaparición, tal como  había sido “previsto”, de forma aventurada, por parte de tan afortunadas como improbables teorías “imperiales” y por sus variantes subordinadas. Sino en el sentido de su frecuente renuncia al propio estatuto de entes públicos por excelencia, para convertirse ellos mismos, con toda su fuerza normativa, coercitiva y militar, en portavoces y garantes de los intereses privados(…)
No se trata por lo tanto sólo de economía, sino también de sistemas políticos. En la medida en que se rediseña las relaciones de fuerza en las sociedades concediendo un poder exorbitante al capital y a la empresa, el neoliberalismo   no incide solamente (deslocalizando, precarizando, financiarizando) sobre la producción y sobre las condiciones materiales del trabajo. Redefine también los poderes políticos en su conjunto, y los objetivos que éstos persiguen. Para utilizar las palabras de Gramsci, es un “retorno a la pura economicidad” , como consecuencia de la cual la política queda inmediatamente “conectada a la economía”

El “trentenio republicano”

Por lo demás el mismo Gramsci es uno de los más lúcidos críticos de la presentación ideológica del liberalismo como desaparición de la política, como renuncia al Estado (“mínimo”), a interferir en los acontecimientos de la economía. No se recordará nunca suficientemente la página de los Quaderni del carcere //1// en la que Gramsci subraya hasta qué punto es el liberalismo “una “reglamentación” de carácter estatal”, que es “introducida y mantenida por vía legislativa y coercitiva” y constituye  “un programa político, destinado a cambiar, en cuanto triunfa, el personal dirigente de un Estado y el programa económico del mismo Estado, esto es, a modificar la distribución de la renta nacional” (…)

Con toda probabilidad, para explicar el triunfo de lo privado con el que estamos obligados a hacer la cuentas es necesario volver a pensar por completo la segunda mitad  del siglo que hemos dejado a nuestras espaldas. Y para ello es preciso refutar la tesis hobsbawmiana que tanta fortuna tuvo. El siglo XX no es en absoluto un “siglo breve”. Al igual que la Guerra de los Treinta Años que marca al rojo vivo la primera mitad del siglo XX, hunde sus raíces en posconflictos interimperialistas  que estallaron durante los años ochenta del siglo diecinueve; del mismo modo, en lo que concierne al presunto final del siglo XX , es discutible la tesis según la cual ésta se habría consumado con la caída del Muro de Berlín y con la desaparición de la Unión Soviética. Al contrario, el siglo XX aún dura.

La escena mundial no es el resultado tan solo de las consecuencias políticas, sociales y económicas de los acontecimientos de 1989- 1991. Los procesos sobre los cuales estamos reflexionando derivan con toda probabilidad también de los acontecimientos que se  desarrollaron durante la segunda mitad del siglo transcurrido. Tras finalizar la Segunda Guerra mundial, y hasta la mitad de los años setenta, las sociedades occidentales conocieron treinta años de dinámica progresiva gracias a la vigorosa iniciativa del movimiento obrero, a la competición entre capitalismo y “socialismo real” (es decir a la necesidad de poner dique  el impacto hegemónico ejercido por un modelo que de todas formas estaba en condiciones de poder garantizar  el pleno empleo y la exigencia de derechos sociales) y al avanzado marco jurídico-institucional diseñado por las Constituciones postbélicas

En el periodo que va de 1945 a 1975 –que podríamos definir como trentenio republicano- las sociedades occidentales cambiaron de cara. Se abrieron, se integraron, se transformaron, no solamente en el terreno de las libertades civiles, sino también en el plano de la participación democrática y en el reconocimiento concreto de los derechos del trabajo.  No sorprende que esta dinámica progresiva  suscitara una furiosa reacción, que se desplegó, a partir de finales de los años Setenta, con las características de una devastadora “revolución pasiva”. Que aún dura. Aún hoy nos encontramos envueltos en la onda larga de la respuesta que sobrevino tras el proceso expansivo que se desarrolló inmediatamente después de la segunda conflagración mundial. De esta periodización temporal, y de todo cuanto la misma implica, es preciso adquirir plena consciencia si se está verdaderamente interesado en descifrar los procesos que están transcurriendo (…)

La “revolución pasiva”

El concepto de “revolución pasiva” (que Gramsci declara haber extraído  de la obra de Cuoco sobre el “trágico experimento” de la Revolución napolitana de 1799) //2// constituye un esquema  de interpretación que los Quaderni utilizan en relación con fenómenos que son diversos entre sí: la modernización europea acontecida durante el siglo XlX (interpretada por Gramsci como efecto “pasivo” de la Revolución francesa);  y las políticas de estabilización adoptadas durante el siglo XX (durante el periodo histórico inaugurado por la Revolución de Octubre)  con la intención de salir al paso de la “crisis orgánica” del capitalismo. (…). Traer a colación este esquema interpretativo en relación con los últimos treinta años  significa, en consecuencia, formular la hipótesis de que la restauración capitalista promovida por la “revolución conservadora” reaganiano- thatcheriana  ha tenido en el plano macro histórico, una función análoga a la desempeñada por otras “revoluciones – restauraciones”, en particular por la “revolución pasiva” del siglo XX, puesta en pie por los regímenes fascistas (surgidos como antídoto contra el riesgo de contagio revolucionario que durante los Años Veinte amenazó a una gran parte de los países  europeos) y por el New Deal roosseveltiano (concebido como respuesta frente al shock de la Gran Depresión). (…)

En la medida en que reproduce, mutatis mutandis, este escenario, la actual crisis parece presentar un cuadro carente de vías de salida (…). En realidad, si nos detuviésemos en este punto, elaboraríamos una representación unilateral del proceso. Engañosa por ser incapaz de percibir las latentes potencialidades antisistémicas. Ni siquiera durante las más agudas etapas de crisis, en las cuales las fuerzas dominantes desatan su  máxima potencialidad represiva, el proceso logra zafarse de sus propias contradicciones. La dinámica evolutiva de la modernidad sigue siendo inevitablemente dialéctica. Al igual que resulta irreductiblemente dialéctico  el individualismo, que es al mismo tiempo particularismo (cada individuo es, en primer término, para sí, él mismo) y universalismo (cada uno es, sin embargo,  en sí, uno de tantos,  igual que cualquier otro). La “desasimilación” y la tendencia a la recuperación de las dinámicas de casta constituyen tan sólo un aspecto del proceso reproductivo. Junto al cual convive siempre el otro momento, vinculado a la vocación expansiva de la modernidad: a su destino dinámico, inscrito en la necesidad imparable que el capital tiene de ensanchar la esfera de la reproducción. Y que lo obliga a activar, en el corazón mismo de la explotación, un movimiento objetivamente inclusivo. (…)

Crisis y potencialidad de lo moderno

A pesar de todas las apariencias, el diagnóstico de una normalización sustancial del paisaje político global realmente no resulta convincente. Al contrario, parece bien fundamentada la impresión de que está arraigando en el mundo un sentimiento de rechazo en relación con la política inicua y destructiva practicada por los grupos dominantes de los países más industrializados. Difundiendo aversión a consecuencia de la guerra, de la devastación ambiental, de la apropiación privada de los recursos naturales. Alimentando una renovada consciencia sobre el estatuto irreductiblemente público – global (“común”) de los resultados del trabajo global, de la investigación científica, de la interacción comunicativa. Promoviendo movimientos y experiencias de lucha contra la precarización del trabajo (recordemos la batalla ganada contra el “contrato de primer empleo” la primavera pasada en Francia) y por la globalización de los derechos y la gestión pública de los lenguajes, de los saberes, de los “bienes comunes”. Y asumiendo progresivamente las características de una poderosa instancia de legitimación, que cada vez está más cerca de rebasar el límite que separa los sectores más conscientes de la masa despolitizada para conformar a partir de ella misma un nuevo sentido común. .

Y creo posible afirmar lo mismo a propósito de la cálida participación  con la que se sigue, en todas las regiones del planeta, las experiencias de autonomía que se desarrollan en los países (en particular en América Latina) que más recientemente se han sacudido de encima el yugo colonial, y las luchas populares de resistencia y de independencia. Pensemos en la derrota sufrida por los Estados Unidos en el teatro bélico iraquí –casi un nuevo Vietnam- y en la dramática situación en que se encuentra el pueblo palestino. También en el caso de esta participación masiva y de sus premisas “ético- políticas”, no nos encontramos ante hechos acabados, sino ante procesos en curso.  Que sin embargo aluden a las constituciones de nuevas subjetividades críticas, a la  lenta cimentación de un conjunto cada vez más vasto y articulado de fuerzas sociales , políticas y estatales anticapitalistas. (…)

La crisis es lugar de ambivalencias. De inestabilidades, de conflictos y de más o menos poderosas dinámicas progresivas. La dialéctica de la crisis moderna (la tensión entre vectores expansivos y respuestas regresivas) es el gran  tema de los Quaderni del carcere . Incluso cuando se interroga sobre el advenimiento  del fascismo, Gramsci reflexiona desde este supuesto. Por esta razón –prisionero en la cárcel, mientras parte de Europa yacía sometida a la tiranía – declara que aquella victoria es “transitoria”,  al igual que  la derrota sufrida por el movimiento revolucionario en su tentativa de generalizar Octubre. Esta es su lección fundamental, gracias a la cual aún hoy –a los setenta años de su muerte- encontramos en la lectura de los Quaderni  la clave teórica de nuestra época y de su crisis.

Notas del traductor

//1 Antonio Gramsci, Quaderni del carcere,  Ed. Einaudi, Turín  1975 y 2001. 5 vols. Edición a cargo de Valentino Gerratana.  Hay traducción española de Ed. Era de México  en 6 vols. //2 El político y ensayista Vincenzo Cuoco (1780 -1823) participó en la revolución jacobina de Nápoles, de 1798,  que instauró la República Partenopea. Esta república no consiguió sostenerse y fue derrotada  con la intervención de la escuadra inglesa del almirante Nelson. A consecuencia de esa derrota, Cuoco fue encarcelado, y luego debió exiliarse forzosamente en el extranjero. En esta contrarrevolución se produjo además otro acontecimiento histórico de importancia, sobre el cual reflexionaría Cuoco. Las fuerzas reaccionarias, los realistas y la Iglesia  lograron que amplias capas populares se sumaran a la reacción y que intervinieran activamente en el derrocamiento del joven régimen. Cuoco escribió una obra titulada Ensayo histórico sobre la revolución napolitana, en el que acuña el término “revolución pasiva”, del que parte Gramsci para elaborar su nuevo concepto cuya capacidad explicativa es incomparable con la del viejo revolucionario. Una observación más: el autor de este artículo, Del Burgio, se inspira en Gramsci para comprender la actual Revolución pasiva, precisamente por la importancia de la obra política del gran revolucionario italiano. Podemos ver en estas páginas la potencia heurística que poseen las categorías hermenéuticas elaboradas por Gramsci para explicar la historia del siglo XX. En una anterior referencia al mismo,  hemos leído el texto de Gramsci   en el que éste hace el análisis en el que  desenmascara y denuncia lo que en realidad es el liberalismo. Esta cita, importante por sí misma, no deja, con todo de tener un significado añadido dentro del actual debate  ideológico italiano. El Instituto Gramsci, que hoy es orgánico del Partido de los demócratas,  ha elaborado, en los últimos tiempos una nueva interpretación manipulada de las ideas de Gramsci. Su actual director Giuseppe Vacca, y todo el organismo institucional,  presentan ahora al gran revolucionario comunista como un pensador liberal.
www.sinpermiso.info

Apuntes sobre la crisis económica en Antonio Gramsci

María Rosas

“Con Marx, la historia sigue siendo dominio de las ideas, del espíritu, de la actividad consciente de los individuos aislados o asociados. Pero las ideas, el espíritu, se realizan, pierden su arbitrariedad, no son ya ficticias abstracciones religiosas o sociológicas. La sustancia que cobran se encuentra en la economía, en la actividad práctica, en los sistemas y las relaciones de producción y de cambio. La historia como acrecimientos es pura práctica”: Antonio Gramsci

Quisiéramos introducir diciendo que el presente trabajo es tan sólo una aproximación al estudio de la obra de Antonio Gramsci en el que pretendemos hacer algunos señalamientos y aportaciones, para vislumbrar elementos de análisis del actual proscenio como parte de la contribución que dejó el pensamiento del italiano.

Crítica cercenada / La victoria del capitalismo

@ David Ho
Oriol Alonso Cano

El mercantilismo, que caracteriza intrínsecamente al capitalismo, se ha inoculado en todos los ámbitos de la existencia del sujeto. Una prueba de ello lo encontramos en las relaciones interpersonales, tal y como lo formuló magistralmente Manuel Cruz en su premiado ‘Amo luego existo’. En particular, éstas se rigen por una lógica de la mercancía (la pareja, el amigo, el padre, la madre se caracterizan por el hecho de tener un determinado valor de uso –ofrecen apoyo emocional, material….- pero también por tener un valor de cambio –nadie puede considerar a su pareja o amigo, hoy en día, como un ser insustituible, dotado de una especificidad e inconmensurabilidad radical- que, como poco, debería parecernos inquietante.

El sujeto, tal y como afirmaba Herbert Marcuse, ha introyectado a la perfección las leyes que fundan el desarrollo del procedimiento capitalista. Expresado de otra forma, la lógica del capitalismo, gracias a diferentes factores que ahora no pueden elucidarse, ha conseguido constituirse en la forma específica que tiene el individuo para estructurar su percepción de la realidad.

La renta básica / Un camino para encontrar el futuro

@ Adam Quest
Miguel Manzanera Salavert

Especial para Gramscimanía
Puede parecer paradójica la propuesta de una Renta Básica de carácter universal como derecho de ciudadanía, en este momento de depresión económica, cuando se recortan todo tipo de derechos económicos, políticos y sociales.  Pero precisamente por causa de la crisis capitalista, algunos pensamos que éste es el mejor momento para hacerlo.  Por varios motivos.  

Los primeros de carácter solidario, presentan la exigencia de que todo ser humano tenga los recursos suficientes para desarrollar su vida en plenitud. En un momento en que grandes capas de la población española y europea se hunden en la miseria, se hace necesario remediar la situación de los más pobres. Se deben resolver las situaciones desesperadas por razones humanitarias, pero sobre todo para evitar conflictos sociales y catástrofes mayores: es de sobra conocido que sólo una sociedad justa y solidaria puede vivir reconciliada y en paz.  La actual deriva capitalista puede conducirnos a catástrofes similares a las que acontecieron en la primera mitad del siglo XX.
La segunda clase de razones son de índole económica, y contemplan la Renta Básica como un instrumento para el desarrollo social, superando las estructuras económicas del capitalismo.  

La gran mentira de Occidente / Asociar imperialismo con civilización y civilización con bienestar

@ Carl Hammoud
Esteban Mira Caballos

Especial para Gramscimanía
Desde los orígenes de la Civilización ha existido una visión de la Historia única y además excluyente. Las cosas ocurrieron de una forma determinada y cualquier punto de vista alternativo era opuesto a la verdad. Una verdad indiscutible que siempre se ha impuesto desde el poder, es decir, desde arriba. Y es que los regímenes políticos de todos los tiempos han disfrutado de una historia oficial que justificaba su sistema. El Imperio Romano tuvo sus historiadores oficiales al igual que las naciones modernas y, por supuesto, las actuales potencias capitalistas neoliberales.
              
Como es bien sabido, la civilización surgió cuando una o varias personas consiguieron perpetuarse en el poder. Es decir, poder personal y ambición están en el origen de la civilización y, por tanto, de lo que hoy llamamos mundo civilizado. Justo en ese momento aparecieron los grandes imperios que pretendían expandir su poder a costa de los pueblos calificados por ellos mismos como bárbaros. La dinámica del auge y de la decadencia de los imperios ha generado muchas teorías. Una de las más plausibles sostiene que todo imperio necesita una fuerte inversión en materia militar para mantener sus dominios.

Contra el postmodernismo

@ Chiho Makino
Alex Callinicos

“Cuál es la idea de hablar de progreso a un mundo que se sume en la rigidez de la muerte?” Walter Benjamín
“Toda época ha rechazado su propia modernidad; toda época, desde la primera en adelante, ha preferido la época anterior.” Walter Map

La versión original de este libro fue publicada en inglés en 1989. En cierta medida, su tono refleja las peculiaridades culturales y políticas del ambiente que predominó en los países de habla inglesa a fines de los años ochentas. Después de todo, era la época de Reagan y de Thatcher, época en la cual las economías occidentales parecían flotar hacia una prosperidad cada vez mayor, sostenida por una ola de especulación en el mercado de valores y en el intercambio comercial acompañada por una retórica generalizada de libre mercado y por una insaciable avidez. La idea de que habíamos entrado en una época postmoderna, en la cual los viejos temas de la razón y la revolución carecían de validez, fue bien acogida, y esto se debió en gran parte a que correspondía a la experiencia de una generación de profesionales que ascendían en la escala social y que habían renunciado a los sueños juveniles de un cambio político radical en favor de una cultura de ostentoso consumo.

Hoy en día, al menos en Europa Occidental y en Norteamérica, la situación económica y política es muy diferente. Lo que los japoneses llamaron la "economía-burbuja" estalló por fin, como sucede con todas las bonanzas basadas en la especulación. Las naciones avanzadas se precipitaron hacia la tercera recesión de importancia en los últimos  veinticinco años. La euforia que rodeó el fin de la guerra fría y el hundimiento de los regímenes de Europa Oriental y de la Unión Soviética, sumada a la creencia de que el capitalismo liberal podía construir ahora un "nuevo orden mundial", se disolvió pronto debido a la caída de la economía y al estallido de encarnizadas guerras en varios de los antiguos países "socialistas".

La guerra cultural y la fabricación industrial del consenso

@ Gwenola Carrere
Néstor Kohan

“Creo que una de las principales fallas en la extensa literatura sobre economía, ciencia política e historia del imperialismo radica en que se presta muy poca atención al papel de la cultura para mantener un imperio”: Edward Said

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Hasta poco tiempo antes de las últimas manifestaciones populares contra el FMI, el Banco Mundial y la mundialización capitalista (Seattle, Davos, Praga, Génova, Porto Alegre, Buenos Aires, etc.) el problema y la temática del imperialismo habían desaparecido en la Argentina y en otros países de América Latina de la agenda cotidiana y del lenguaje políticamente correcto.

Si alguien osaba tan sólo mencionar la penetración cultural norteamericana quedaba expuesto automáticamente a la risa y a la sorna. Ese problema, se decía, pertenece a las viejas películas de espías que supiera hacer Hollywood.