16/3/12

Walter Benjamín / Experiencia y pobreza

Foto: Walter Benjamin
Walter Benjamin fue siempre un solitario. Como Job, o como Kafka, sus meditaciones (sus solitarias meditaciones) se interrogan siempre entre la posibilidad de lo divino y la presencia palpable de lo demoníaco; y su mirada, lo mismo que la del Angelus Novus de Paul Klee, es una mirada atónita donde las ruinas se contemplan por el tamaño de la tragedia a la que se acaba de asistir. Huidizo y concentrado en sí mismo, de él dijo Joseph Hergesheimer que daba “la impresión de ser un hombre que acababa de descender de una cruz y estaba a punto de subirse a otra”.

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Los pasos en Ibiza de Benjamin son al fin una metáfora de todo esto. Comprendidos en dos viajes, el primero entre abril y julio de 1932 y el segundo entre abril y septiembre de 1933, se reúnen en ellos no sólo las circunstancias vitales sino también un análisis de su pensamiento que nos permite, desde aquí, repensar toda su obra. Hombre en crisis permanente, la época estudiada se sitúa entre su divorcio de Dora Kellner y la llegada del nazismo al poder, y nos facilita un retrato de Benjamin donde Ibiza, con su naturaleza magnética y misteriosa, es una tregua y una sospecha del destino que le esperará más tarde.

Crisis global / En el ojo del huracán

Alejandro Nadal

Dicen que el tiempo es un invento para evitar que todo suceda en el mismo instante. La frase original es del escritor Ray Cummings y aparece en su novela de ciencia ficción La chica del átomo dorado (publicada en 1929). Tal parece que hoy el tiempo se colapsa sobre sí mismo y, efectivamente, todas las economías del planeta acusan simultáneamente los síntomas y las heridas de la crisis.