25/2/12

La pobreza y la desigualdad tienen una íntima afinidad con las bajas colaterales

El 90% de la riqueza total del planeta está en manos del 1% de los habitantes
> Es necesario un Estado social en escala global, donde el “orden del egoísmo” sea reemplazado para proteger a los individuos contra el silenciamiento, la exclusión y la negación de la dignidad
> Hiroshima y Nagasaki y los campos nazis de exterminio son una de las caras del “proceso civilizatorio

Jesús Anaya Rosique

Una crítica radical contra el modelo global que perpetúa en escalas local y planetaria la pobreza y la desigualdad social de la mayoría de la población mundial, escrita por un audaz pensador que lo califica “el más desastroso entre los incontables problemas que la humanidad debe resolver”. Derivado de la terminología militar, “baja (o daño) colateral” denota los efectos “imprevistos” de una acción que no obstante son perjudiciales; supone una desigualdad ya existente de derechos y oportunidades.

György Lukács y Manuel Sacristán ocupan un lugar fecundo en la larga y a veces tortuosa tradición del marxismo emancipador

Constantino Bertolo

Lo que Salvador López Arnal ha conseguido con este libro es construir un lugar para el lector. Un buen lugar. Un lugar de privilegio. Un espacio desde donde oír, escuchar, medir y calibrar las palabras —y los silencios— de la inestimable conversación entre dos muy señalados pensadores del marxismo, György Lukács y Manuel Sacristán, que ocupan a su vez, juntos y por separado, un lugar fecundo en la larga y a veces tortuosa tradición del marxismo emancipador. Entiendo que ninguno de ellos necesita especial presentación; la talla intelectual de ambos es evidente y reconocida aun en tiempos como éstos en los que reina la figura del «intelectual comunicativo» y el rigor, el análisis, el esfuerzo y las aspiraciones revolucionarias sufren de escaso predicamento dentro de esa turbia atmósfera cultural en la que últimamente convivimos y en la que los paradigmas del periodismo —lo inmediato y fugaz sustituyendo a lo memorable o lo conveniente como valores para la atención— parecen haber erosionado la necesidad de pensar sobre las razones y causas que han dado origen a que los proyectos revolucionarios se vivan más como ausencias confortables que como tareas que llevar a cabo.

La agonía de la posmodernidad

Raquel Marín
La crisis que atravesamos está teniendo ya, junto a su cohorte de efectos indeseables, el deseable de conjurar la bobería política, ética y estética que por desgracia sigue coleando aún

Lluís Duch & Albert Chillón

Desde los años sesenta del pasado siglo hasta la quiebra que estamos viviendo, la palabra posmodernidad ha designado toda una época en la historia de Occidente, una especie de epílogo que habría tornado líquido el carácter sólido de la modernidad clásica, según Zygmunt Bauman, y hasta gaseoso, de acuerdo con la más sugestiva metáfora que en su Manifiesto Comunista propusieron Marx y Engels. La modernidad capitalista, vinieron éstos a decir, se distinguía porque todo lo que había sido o parecido firme se desvanecía en el aire; proceso de sublimación que se precipitó una centuria después, cuando la prosperidad subsiguiente a la hecatombe mundial trajo consigo —junto con otros factores— un nuevo espíritu del tiempo.

Jean Salem contribuye a desmontar "La democracia representativa"

Miguel Urbano Rodrigues

Salem –  Élection, Piège à Cons? -Que Reste-t-il De La Démocratie ? 1   - es una valiosa contribución para desmontar del mito de la llamada democracia representativa.

En apenas 104 páginas, el autor consigue imprimir fuerza de evidencia a un conjunto de cuestiones que condicionan el futuro de la humanidad. Salem, profesor de Historia de Filosofía en la Sorbona, conocedor profundo del pensamiento de los materialistas griegos, consigue en un lenguaje muy accesible encaminar a los lectores hacia la reflexión sobre problemas inseparables de la crisis global que lleva a la humanidad al abismo. En su libro Lenin y la Revolución 2 ,  recorriendo seis tesis del gran revolucionario ruso, demostró que las mismas no han perdido actualidad en la lucha contra la barbarie capitalista.