17/1/12

Testimonio del exterminio sistemático por parte del estado colombiano contra un partido de izquierda


El Estado colombiano gobernado históricamente por un exclusivo club de privilegiadas familias que mediante un par de corruptos y obsoletos partidos (liberal y conservador) ha usufructuado del país como una hacienda feudal, se vio obligado a pedir perdón por el criminal exterminio sistemático de la Unión Patriótica (UP), un experimento político de izquierda democrática que nació en 1982 como consecuencia de las negociaciones de paz entre el gobierno de Belisario Betancur y la agrupación insurgente de las Farc.

El pasado 9 de agosto de 2011, el ultraconservador ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, en nombre del Estado colombiano y en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional debió pedir perdón por el magnicidio del senador de la Unión Patriótica, Manuel Cepeda Vargas y reconocer, igualmente, la responsabilidad por el exterminio de esta colectividad política de izquierda que constituye una vergüenza para Colombia.

Vargas Lleras lo hizo en cumplimiento de una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos proferida en mayo de 2010, por cuanto el establecimiento colombiano se rehúye a reconocer su complicidad en este genocidio que en buena medida sigue impune.

La importancia de la masa crítica revolucionaria y la crítica de la masa revolucionaria en la Cuba Socialista

René Mederos
10° Aniversario del triunfo de la Revolución
Roberto Herrera

Toda descripción coherente, metódica y sistemática de cualquier fenómeno, es decir, toda transformación, sea esta biológica, física, química o económico-social, en la naturaleza o en la sociedad, es parte del método de investigación que utilizan la ciencias naturales y político-sociales, para interpretar la realidad. En la física nuclear, la masa crítica está definida como la cantidad mínima de material fisible, capaz de mantener una reacción nuclear en cadena. En el modelo leninista de organización revolucionaria, la masa crítica revolucionaria, estaría concentrada en una “docena de revolucionarios profesionales”, altamente activos a nivel político-militar, capaces de iniciar—en el sentido de ignición—un proceso de transformación radical en la sociedad, pero incapaces de mantener por sí solos, el proceso dialéctico—complejo y contradictorio— de la revolución social en la dimensión tiempo-espacio. Esta tarea, le corresponde a la masa revolucionaria crítica y consecuente.

 Fidel Castro estaba consciente del papel histórico de las masas, cuando expresó en el discurso pronunciado el 8 de enero de 1959 en la ciudad de la Habana, que la guerra la había ganado el pueblo. Fidel, subrayó la importancia y el poder de la opinión publica y, como buscando una confirmación a sus palabras, se dirigió al comandante guerrillero Camilo Cienfuegos, genuina imagen del pueblo cubano, y le planteó retóricamente la famosa pregunta: ¿Voy bien Camilo?

Epistemología y praxis en la filosofía gramsciana

José Antonio Gómez Di Vincenzo                    

 Especial para Gramscimanía
“Leyendo el Ensayo, uno tiene la impresión de hallarse ante alguien que no puede dormir por el resplandor de la luna y trata de matar el mayor número posible de luciérnagas, convencido de que el resplandor disminuirá o desaparecerá”: Antonio Gramsci)

Consideraciones Previas

Antonio Gramsci (1891 - 1937)  es, sin duda, una de las mentes más brillantes del siglo XX. Sin embargo, su impresionante aporte suele pasar desapercibido en muchos espacios que se arrogan el título de académicos. O bien es simplemente ignorado o tildado de idealista por una militancia más proclive a repetir un rosario de consignas vacías de contenido que a estudiar en profundidad la complejidad de su propuesta y lo problemático que se torna el abordaje de las problemáticas histórico sociales y su transformación; o bien es usado por una serie de oportunistas que encuentran en la obra del marxista sardo, luego de sobrevolarla con una lectura simplista y desafortunada, una escusa para dejar todo como está, diluyendo problemáticas claves o evadiendo discutir las cuestiones de fondo. Todos hacen del genio italiano “un hombre de paja”.


Tan fuerte era su impronta en la política italiana, que en 1928, el fiscal del tribunal que lo condenó a la cárcel, no tuvo ningún prurito en sostener que “tenemos que impedir durante veinte años que este cerebro funcione”. Lejos estuvo el fascismo de lograrlo. En el encierro, entre 1929 y 1935, Antonio Gramsci se tomó el trabajo de escribir más de 2800 páginas, esas que después constituyeron los Cuadernos de la Cárcel[1], aquellas en las que se plasma una serie de reflexiones tendientes a profundizar o reevaluar la praxis revolucionaria.


Esta ponencia gira en torno a las críticas que el marxista sardo realizara al denominado Ensayo Popular de Nikolái Bujarin (1888 – 1938) [2], publicado en Moscú en 1921. El objeto del presente trabajo es retomar la lectura de la obra de este importante pensador italiano por el costado epistemológico. El abordaje de los temas desarrollados en el devenir de la crítica al famoso manual del ruso Bujarin, tuvieron como finalidad, repensar y profundizar los alcances del materialismo histórico, ajustando la praxis revolucionaria al contexto particular italiano. Por demás, se considera aquí justo y necesario emprender un retorno sobre los rastros del marxista sardo, tomando como ejemplo su experiencia, no para ser calcada automáticamente sino como modelo posible de reflexión, dada la tremenda actualidad y relevancia de los problemas epistemológicos por él tratados.

Ahora bien, la variedad, riqueza y profundidad de los problemas abordados por Gramsci en su crítica al Ensayo Popular obligan a realizar una selección, un recorte de ejes temáticos, dado los límites fijados para este trabajo. Por tal motivo, el presente escrito ahondará en la cuestión del materialismo, el mecanicismo, el finalismo, el reduccionismo, la resolución de la tensión subjetivismo-objetivismo y la concepción de la praxis en la filosofía gramsciana. Como se podrá comprobar, Gramsci critica las lecturas reduccionistas, mecanicistas, objetivistas e inmanentistas y cómo éstas eran utilizadas en el citado texto de Bujarin con el objeto de divulgar los alcances del comunismo.

El trabajo intelectual emprendido por Gramsci en la cárcel puede leerse como un intento por resolver la intrincada situación política en Italia y en la sociedad occidental, después de la Primera Guerra Mundial. En este contexto comienza a resultar cada vez más evidente que la revolución no puede realizarse en Italia - ni en ningún país de Occidente- de la misma manera que tuvo lugar en Rusia, mediante la toma del poder político. En estas sociedades existe una compleja “sociedad civil” o un conjunto de organismos que responden a la función de hegemonía de la clase dominante y que actúan como contrapeso de la sociedad política. Para el sardo, en vez de tomar el poder sin más, de lo que se trata, es de plantear una suerte de “guerra de trincheras”. En su Italia natal, esto significa, concretamente, que no se puede derribar el fascismo de un golpe sino por medio de una política de amplias alianzas, atrayendo, en particular, al intelectual, considerado como el eslabón débil del bloque burgués. El partido revolucionario actuaría como un intelectual colectivo, haciendo de este modo posible la maquiavélica misión que en el renacimiento tenía el príncipe. Debe crearse un bloque histórico que posibilite la unificación italiana para lo cual, ese intelectual colectivo debe asumir la dirección política de la lucha y expandir progresivamente su hegemonía en el frente intelectual. En síntesis, puede sostenerse que el cambio revolucionario no se dará si no se entabla, en primer lugar, una lucha en el seno de la sociedad civil, si el partido del proletariado no ha desplegado su propia visión del mundo, si no ha obtenido el consenso de otras clases sociales o facciones de clase gracias a la crítica.

Sin duda, estamos frente a un intelectual marxista que en el siglo pasado tuvo la astucia de hurgar en lo profundo del pensamiento marxiano, aún contando a su disposición con escaso material a pesar de la inmensa obra del genio de Tréveris.[3]

El barco encallado en Italia fue el símbolo del "naufragio de Europa" de Jean-Luc Godard


El director escogió el barco italiano para rodar su última película 'Film socialisme', un ensayo sobre la incomunicación y la falta de utopías en el viejo continente

Albert Lladó

Jean-Luc Godard, siempre trágicamente visionario. Godard, siempre demasiado actual. Tal y como afirma The Guardian, el director escogió el Costa Concordia – triste protagonista por el accidente que ha causado 11 muertos y múltiples desaparecidos - para rodar su película Film socialisme, un ensayo sobre la incomunicación y la falta de utopías en el viejo continente.

Ver trailer oficial del "Film Socialisme"
Godard, uno de los impulsores de la revolucionaria Nouvelle vague, creador de obras maestras como À bout de soufflé (Al final de la escapada), Vivre sa vie (Vivir su vida) o Le Mépris (El desprecio), reapareció a sus ochenta años a finales de 2010 con una película de gran potencia estética, "una sinfonía en tres movimientos".