16/1/12

Gramsci y la utopía socialista


Francisco Fernández Buey

I. ¿Fue la revolución rusa de octubre de 1917 una utopía? Los contemporáneos de aquella revolución tuvieron tres respuestas diferentes para esta pregunta.

La primera respuesta dice: sí, fue una utopía en el sentido peyorativo de la palabra; fue desde el principio una fantasía, una ilusión, porque socialismo es sinónimo de abundancia, de gran desarrollo de la industria y de las fuerzas productivas en general, y la Rusia de entonces, el topos en el que se pretendía construir el socialismo, era un país económica y culturalmente atrasado (por lo menos en comparación con la Europa occidental de la época). Según esto, los bolcheviques soñaban despiertos. Tal fue la respuesta de la mayoría de los teóricos marxistas de la socialdemocracia alemana de entonces.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de democracia?

Javier Nogueira

Tengo querencia por algunos estudiosos y literatos polacos. Durante mi formación caí rendido a los pies de Wladislaw Tatarkiewicz y su “Historia de seis ideas”, un compendio de estética que debería ser de obligada lectura para todo aquel que tenga el más mínimo interés en el arte, en cualquier arte. Stanislaw Lem o Czeslaw Milosz ocupan un lugar privilegiado en mi biblioteca. Y ya desde hace tiempo sigo a uno de los grandes sociólogos de nuestro tiempo, Zygmunt Bauman. El Fondo de Cultura Económica acaba de publicar un compendio de escritos de este filósofo bajo el título, quizás demasiado contundente, de “Daños colaterales”, una frase desafortunada que el Departamento de Estado USA ha popularizado de manera desgraciada en los últimos diez años.