12/1/12

Desde un punto de vista pragmático. Hablando de Kant

Maite Larrauri

En una ocasión le preguntaron a Michel Foucault en Estados Unidos si era un pragmático y contestó: “No, no lo soy. Nobody is perfect”. Es la misma frase que le dice el ricachón de Con faldas y a lo loco a Jack Lemmon, al final de la película. El ricachón le había pedido a un Jack Lemmon disfrazado de mujer que se casara con él. Lemmon aduce todo tipo de motivos por los que no puede casarse — no recuerdo bien, del tipo de “ronco por las noches”—, que el ricachón desestima uno a uno, hasta que finalmente Lemmon acaba confesando que no puede casarse con él porque es un hombre. El ricachón, perdidamente enamorado, le dice: “Da igual. Nadie es perfecto”.

Aun cuando la respuesta de Foucault tiene mucho de broma, no deja de ser cierto que la pregunta le venía de alguien que consideraba que ser pragmático era algo bueno, y creo que se puede decir que la respuesta de Foucault no pretende quitarle en eso la razón. A Foucault le interesó sobremanera el pragmatismo. Se trata de una larga historia, que parte de los primeros escritos de un Foucault todavía doctorando y termina con sus últimas reflexiones acerca de la Ilustración.

Guantánamo, museo del terrorismo

Foto: Entrada a la bahía de Guantánamo, Cuba
Emma Reverter

Cuando se cumple una década de la llegada de los primeros prisioneros a Guantánamo, la barraca de la “unidad para la lucha contra el estrés” de los soldados invita a todo el personal a la representación de la obra "Prometeo encadenado". Este pieza clásica, que describe la furia y la determinación del titán Prometeo mientras cumple condena encadenado en una roca, será representada durante tres días consecutivos. “Mirad con qué ultrajes desgarrado he de padecer durante un tiempo infinito de años. Tal es la cadena infame que contra mí ha inventado el joven caudillo de los Felices. ¡Ay, ay! Por el sufrimiento, presente y futuro gimo, sin saber cuándo surgirá el fin de estos males”, se pregunta el protagonista de esta tragedia griega escrita en el siglo IV antes de Cristo. Los prisioneros de Guantánamo se hacen la misma pregunta y todo parece indicar que su condición de encadenados se mantendrá en los próximos años.