9/12/12

Notas de los ‘Cuadernos de la Cárcel’ para Venezuela


Hegemonía

Los criterios metodológicos sobre los cuales se debe basar un análisis sobre la obra de Antonio Gramsci es el siguiente: que la supremacía de un grupo social se manifiesta de dos formas, como dominio o como dirección intelectual y moral. Un grupo social es dominante de los grupos que lo adversan y que tiende a liquidar o someter, usando hasta la fuerza armada, y es dirigente de los grupos afines y aliados. Un grupo social puede y debe ser dirigente antes de conquistar el poder gubernamental (ésta es una de las principales condiciones para la toma del poder mismo), y más tarde, cuando éste ejerza su poder, incluso si ya lo tiene en su mano, se ha convertido en dominante, pero debe seguir siendo también dirigente. (Cuaderno 9, XIV)

Culturas subalternas

La historia de los grupos sociales subalternos es necesariamente disgregada y episódica. No hay duda de que la actividad histórica de estos grupos es la tendencia a la unificación, sobre todo para los planes inmediatos; pero esta tendencia se rompe constantemente por la iniciativa de los grupos dominantes, y por lo tanto sólo puede probarse una vez que el ciclo histórico se ha cumplido, siempre y cuando esto se produzca con un triunfo. Los grupos subalternos padecen siempre la iniciativa de los grupos dominantes, incluso cuando se rebelan y se sublevan: sólo la victoria permanente corta, pero no inmediatamente, la subordinación.

De hecho, incluso cuando parecen triunfantes, los grupos subalternos sólo se encuentran en un estado de alarma defensiva (esta verdad puede ser demostrada por la historia de la Revolución francesa hasta 1830 por lo menos). Todo indicio de iniciativa autónoma por parte de los grupos subalternos, debería ser considerada de un valor inestimable para el historiador integral, y de ello parece que tal historia no puede ser tratada que por monografías, y cada monografía requiere un cúmulo muy grande de materiales, a veces muy difíciles de recolectar. (Cuaderno 3, XX)

Los intelectuales y la cultura nacional-popular

¿Qué significa el hecho de que el pueblo italiano lee preferentemente a los escritores extranjeros? Significa que padece la hegemonía intelectual y moral de los intelectuales extranjeros, que se sienten más conectados a los intelectuales extranjeros que a los "compatriotas", es decir, que no existe en el país un bloque nacional intelectual y moral, ni jerárquico y menos aún,  igualitario.

Los intelectuales no salen del pueblo, a pesar de que alguno de ellos tenga ese origen popular, y no se sienten vinculados a la gente común, no se sienten ligados a ellos (aparte de la retórica); no conocen y no sienten sus necesidades, sus aspiraciones, sus sentimientos; pero frente al pueblo, están algo más que distantes, etéreos, una casta y no una articulación, con las funciones orgánicas del pueblo en sí mismo

La pregunta debe hacerse extensiva también a toda la cultura nacional-popular y no limitada a la literatura narrativa solamente: las mismas cosas se pueden decir del teatro, de la literatura científica en general. ¿Por qué no han surgido en Italia escritores como Flammarion? ¿Por qué no ha nacido una literatura de divulgación científica como en Francia y en otros países? Estos libros extranjeros traducidos, son buscados, leídos y suelen tener mucho éxito. Todo esto significa que la clase educada, con su actividad intelectual, se encuentra separada del pueblo-nación, no porque el pueblo-nación no haya demostrado y no muestre interés en esta actividad intelectual en todas sus etapas, desde los más humildes hasta los más sublimes. El elemento intelectual nativo busca los libros extranjeros porque es más extranjero que los propios extranjeros frente a su propio pueblo. La cuestión no ha nacido hoy: se ha arraigado desde la fundación del Estado italiano, y su existencia anterior es un documento que explica el retraso de la formación de la unidad política-nacional de Italia. (Cuaderno 21, XVII)

La realidad del Oriente

Para comprender exactamente los significados que puede tener el problema de la realidad del mundo exterior, puede ser apropiado desarrollar el ejemplo de los conceptos de Oriente y de Occidente, que no dejan de ser objetivamente reales, si bien el análisis se demuestra nada más que como algo convencional, es decir histórico-cultural (a menudo los términos artificiales y convencionales indican hechos históricos, productos del desarrollo de la civilización, y no elaboraciones racionalmente arbitrarias o individualmente artificiales).

Está claro que el este y el oeste son elaboraciones arbitrarias, convencionales, es decir históricas, porque fuera de la historia real, cualquier punto de la tierra es el este y el oeste al mismo tiempo. Esto se puede ver más claramente a partir del hecho de que estos términos se han cristalizado, no desde el punto de vista de un genérico, hipotético y melancólico hombre, sino desde el punto de vista de las clases ilustradas europeas que a través de su hegemonía mundial se han hecho aceptar en todas partes.

Japón está situado en el Lejano Oriente no sólo para el europeo, sino también quizás por el estadounidense de California y para los mismos japoneses, que, a través de la cultura política británica puede llamar Cercano Oriente a Egipto. Así que a través de la interpretación histórica se fue aglutinando al término geográfico, las expresiones Oriente y Occidente, y estas han terminado por indicar a determinadas relaciones complejas entre diferentes civilizaciones. Así que los italianos cuando hablan de Marruecos lo señalarán como un país del Oriente, para referirse a la civilización musulmana y árabe. (Cuaderno 9, XVI).

Nota: Las citas han sido extraídas y traducidas de la edición crítica de los ‘Quaderni del carcere’, del Istituto Gramsci, a cargo de Valentino Gerratana, Giulio Einaudi editore, 1975.