17/12/12

Lo que natura no da, Gramsci no lo presta

Max Larraín

Cuando Palmiro Togliatti leyó por primera vez los Quaderni de Gramsci, probablemente experimentó una sensación parecida a la que sintió el primer erudito que tuvo en sus manos los Rollos del Mar Muerto. Las notas habían permanecido inéditas por mucho tiempo. Casi nadie sabía de estos escritos de Gramsci, quién había conocido la Revolución de Octubre muy de cerca y al poco tiempo se había distanciado de ésta y del stalinismo que la siguió.

El Secretario del Partido Comunista Italiano vio en estos escritos la obra de un gran teórico e inmediatamente se propuso la tarea de publicarlos. Sin embargo, no fue hasta el año 1947 que estos escritos vieron la luz; diez años después de la muerte de su autor. El forzado aislamiento de Gramsci de la práctica política pudo tener como consecuencia la agudización de su intuición, para ver con mayor realidad la dirección que tomaba el capitalismo.

Mientras la Internacional Comunista proclamaba la inminencia del socialismo y se preparaba para el asalto final y la destrucción de un capitalismo en crisis, Gramsci constataba que el sistema entraba en una nueva fase expansiva, determinada por el fordismo y el taylorismo que para él constituían los elementos esenciales en la definición del futuro productivo y tecnológico de la Humanidad.(2)

Gramsci perteneció a un núcleo de pensadores marxistas aparentemente más abiertos, al cual adhieren Rosa Luxemburgo y Georg Lukács, aportando al marxismo una nueva perspectiva que coloca de relieve el factor de la subjetividad, de la espiritualidad, de la ética, de la estética, por lo tanto una relación diferente entre sujeto y objeto, entre medio y fin, aspecto que , según el autor Antonio Leal, lo diferencia de la tradición marxista clásica.

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