19/12/12

Las tres lógicas de la construcción de la hegemonía

Javier Balsa

La hegemonía se ha convertido en una cuestión clásica en los estudios sociales; sin embargo, no contamos con una teoría suficientemente sistemática y operacionalizable. Consideramos que un esfuerzo analítico que avance en la discriminación de los procesos que operan en la construcción de hegemonía, puede ser un aporte para pasar de la potencialidad que encierra este concepto a su real potencia heurística y explicativa. En este sentido, vamos a intentar discernir tres lógicas diferentes que intervendrían en la construcción de la hegemonía. Aclaramos que se trata de un proceso por demás complejo y que pensamos que estas lógicas no operan en forma aislada sino de manera articulada. Sin embargo, a fines analíticos consideramos que resulta fructífero distinguirlas, pues sus fundamentos son claramente distintos.

En primer lugar existiría una hegemonía construida tan sólo en términos de “alianza de clases”, como mero acuerdo político entre sujetos sociales inmodificados por dicha alianza. En segundo lugar, habría una hegemonía organizada a partir del reconocimiento de la “dirección intelectual y moral” de una clase o sector social dominante. Y por último, existiría una hegemonía estructurada a partir de la difusión de un “modo de vida” que favorecería la aceptación de la situación de dominación.

1. Una hegemonía construida como “alianza de clases”

Sería aquella hegemonía en la que la clase dominante logra articular sus propios intereses (cediendo hasta donde sea necesario) con intereses parciales de fracciones de las clases subalternas (o fracciones dominadas de la clase dominante) de modo de integrarlas en su propuesta hegemónica3. Su base es estrictamente material, y, en este sentido, se asemeja a la idea leninista (pre-gramsciana) de hegemonía como "alianza de clases"4. La aceptación de la dominación y la dirección está guiada por la lógica del cálculo de costos y beneficios. Sólo se acepta la dirección política en su sentido más restringido. De modo que las clases o fracciones dominadas mantienen su “independencia” (relativa) en el plano ideológico y en su identidad de clase, y aceptan la dominación y la dirección sólo en términos tácticos, por las ventajas materiales que les representan.

Estas ventajas resultan siempre parciales, pues están limitadas por los intereses medulares de la clase dominante que no son “negociables”. Sin embargo, cuáles son estos intereses no es una cuestión estática, sino que depende directamente de la correlación de fuerzas. Como en la correlación de fuerzas intervienen las capacidades político-ideológicas de cada una de las clases, vemos que los “cálculos” no se realizan en un vacío ideológico, sino que se basan en estas capacidades.

Debemos aclarar que, en el límite, una dominación construida sólo como “alianza de clases” no es de tipo hegemónico, pues no hay operación ideológica ni transformación de los sujetos sociales que, como veremos, son las operaciones claves de una hegemonía plena. Pero como esto sólo ocurre en un límite analítico, y siempre existe algún tipo de operación ideológica que “recubre” y a la vez construye la alianza, consideramos que sí es una operación de construcción hegemónica. Lo contrario también es cierto, toda construcción de hegemonía intelectual y moral contiene algún tipo de concesiones materiales.

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