9/12/12

La Transformación de Antonio Gramsci / Un Estudio de Recuperación

Oscar Pemantle

Las perspectivas de Gramsci en su obra Sobre Educación confrontan al educador con un enigma intrigante. En la literature sobre el tema, Gramsci emerge como el héroe con dos caras, dos cabezas que miran exactamente en direcciones opuestas. Sus visiones sobre la educación le presentan un problema al erudito, al educador, al profesor, así como al ciudadano ilustrado preocupado por la suerte que ha corrido la educación como víctima de la guerra sobre la cultura. Estas visiones han sido objeto de extensos análisis por parte de los partidarios de ambas facetas de esta disyuntiva por más de una generación, entre los que se incluyen escritores prominentes, hombres que dan la impresión de saber a qué se refieren. 
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Sin embargo, el Gramsci esencial parece escurrírseles entre los dedos. Para la Izquierda, éste emerge como la encarnación del educador radical y visionario, mientras que para la Derecha, Gramsci se perfila como el ideal estético de la educación tradicional y conservadora. Cada posición es argumentada con vigor y en el major de los casos, demuestra amplia familiaridad con la obra de Gramsci y con lo que se ha escrito sobre ella.
Las disputas de esta índole no son desconocidas en las ciencias políticas. En un célebre artículo, Sir Isaiah Berlin sintetiza la antiquísima “pregunta de Machiavello,” y en la introducción a la más precisa e imaginativa traducción del Contrato Social, Willmore Kendall nos muestra que la interpretación de esta obra maestra de Rousseau, a pesar de “la cautivadora simplicidad de cada una de sus frases,” se ha transformado en un enredo de opiniones en conflicto. Sin embargo, El Príncipe denota su carácter problemático en el abrupto cambio de su último capítulo, y la obra magna de Rousseau se eleva a un nivel espeluznante de abstracción y complejidad. En contraste, el ensayo de Gramsci, que constituye su declaración teórica más explícita, se presenta en apenas diecisiete páginas. Es tan obvio de apreciar como la nariz en nuestra cara y tan sencillo de leer como el periódico del domingo. Entonces, ¿cómo se explica el misterio y la controversia? ¿Cuál es el problema?

La Guerra de las Ideas

Dentro de los partidarios que encabezan estos dos mundos de pensamientos, mencionaremos a cuatro. El primero que sobresale en el área de los radicales, es Quentin Hoare, el traductor inglés de 'Selecciones de los Cuadernos de la Cárcel de Antonio Gramsci', con su introducción generosa y bien informada. En esto le siguió, algunos años más tarde, Henry Giroux, un destacado discípulo de Paulo Freire.

Igualmente notables son los capitanes de la cultura del lado contrario. El honor le corresponde aquí a Harold Entwistle, un educador británico que reside actualmente en Canadá y cuyo libro 'Antonio Gramsci: Conservative Schooling for Radical Politics' (1979) abrió nuevos territorios. A éste le siguió E. D. Hirsch, un ex profesor de literatura, cuya obra Cultural Literacy lo había convertido ya en una voz reconocida, a ser seguida por Las Escuelas que Necesitamos y Por qué no las Tenemos. Hirsch, quien también domina el italiano, se basó en la obra de Entwistle para justificar su visión de Gramsci como un educador tradicional. Como era de esperar, tanto Entwistle como Hirsch fueron atacados ferozmente por Giroux en las páginas del Harvard Educational Review, Telos, y en British Journal of the Sociology of Education [Revista Británica de Sociología de la Educación]. Las llamas de la guerra cultural ardían con furia.