31/12/12

La noción gramsciana de Hegemonía / Acerca de las bases materiales del consenso

Mabel Thwaites Rey

"¿Cómo es posible pensar el presente, y un presente bien determinado, con un pen­samiento trabajado por problemas de un pasado remoto y superado?"

Cuando los cascotes del muro de Berlín todavía siguen cayendo sobre nuestras desconcertadas cabezas, mientras la polvareda nos nubla la perspectiva del nuevo siglo; cuando el mundo sobre el cual construíamos nuestras realidades y proyec­tabamos el futuro ha girado 180 grados y todo parece haberse vuelto repentinamente obsoleto y va­cío; cuando se decreta el fin de la historia y la muerte definitiva de las ideologías en aras del más burdo prag­matismo; cuando no
atinamos a ordenar el caos mientras se baten loas a la fecundidad del desorden, no parece desatinado pregun­tarse por qué detenerse a in­dagar en el pensamiento de alguien muerto en la casi prehistoria de 1937. Por qué Gramsci hoy, por qué nuevamente Gramsci, requiere al­gunas explicaciones.

El interés por la obra de Antonio Gramsci tuvo un pico sin preceden­tes en la década de los '70. Cantidades de trabajos se escribieron en torno al pensamiento del comunista italiano, que des­tacaban diferentes aspectos de su compleja producción, pretendiendo darle un sentido in­tegral a las notas dispersas de su período car­celario. Jus­tamente la característica no articulada de sus cuader­nos de la cárcel, y el hecho mismo de que su autor no los haya revisado para su publicación, ha dado lugar a las más variadas interpretaciones teóricas y políticas. Qué hubiera dado a conocer Gramsci, qué hubiera sostenido en definitiva, y qué hubiera desechado por provisional o er­rado es una incógnita de im­posible dilucidación, pero que ha servido para provocar fuertemente, como acicate in­telec­tual y político, la búsqueda de respuestas a los constan­tes desafíos de la dominación capitalista.

No es extraño que la preocupación de Gramsci por desentrañar los mecanismos consensuales de la dominación burguesa en las sociedades modernas desde principios de siglo, que expresaban formas de integración social de los sectores populares más complejas y obligaban a pensar nuevas estrategias de lucha revolucionaria, haya sido puesta de manifiesto en el cenit de las formas benefactoras del Estado capitalista, con su intrincado entramado de instituciones, desarrolladas tanto en el ámbito de la sociedad civil como en el de la sociedad política, sobre la base de las condiciones materiales más favorables para las masas conocidas desde la aparición del capitalismo.