17/12/12

Hegemonía y bloque social en Bolivia

Fernando Calderón

Resulta paradójico pensar a Gramsci en Bolivia, sobre todo si uno considera que éste es un país con una crónica inestabilidad institucional y una práctica política dominante basada en la «guerra de movimiento». Es difícil de explicar por qué algunos intelectuales recogieron las ideas gramscianas de cultura nacional popular, bloque histórico y hegemonía, pero lo hicieron. 

Aunque claro está que si uno piensa que en un país como Bolivia, pleno de pluralidades culturales, con una sociedad civil relativamente fuerte y creativa (Central Obrera Boliviana, comités cívicos, confederaciones de campesinos, etc.) y con una de las experiencias revolucionarias más fantásticas de este siglo, resultan también particularmente útiles los pensamientos gramscianos sobre culturas subalternas, la cuestión meridional, el cesarismo, la revolución pasiva y la política de posiciones y, muy especialmente, sobre la dirección ética y cultural de la sociedad, pero ni los intelectuales, ni menos aún los políticos, lo hicieron.

Posiblemente la cultura «guerrero-mercantil» de la clase política boliviana permita explicar mejor estos avatares. La Tesis de Pulacayo elaborada por los trotskistas (Lora) y el Manifiesto de Ayopaya creado por los nacionalistas (Guevara), hace alrededor de 40 años sentaron las bases del tipo de prácticas y proyectos políticos dominantes en el país hasta hoy en día. La primera, inspirada en el concepto de revolución permanente de Trotsky, consideraba al proletariado minero y a sus aliados pequeño-burgueses, incluidos los campesinos, como los motores de los cambios revolucionarios, utilizando el método de la guerra de clases y la destrucción del enemigo. La segunda, inspirada en el aprismo, buscaba la autonomía nacional del imperialismo mediante un frente amplio de clases, donde el Estado sustentado en prácticas políticas verticales y clientelares realizaba las metas buscadas. Así el «otro» era considerado como destructible o comparable; en realidad, trotskistas y movimientistas mismos se destruyeron, compraron y vendieron.