24/12/12

Gramsci y la Navidad / El gusto por la vida: Uno se pone viejo cuando comienza a temer a la muerte

Gramsci y su casa natal
En una carta dirigida a su madre, después del saludo cariñoso Antonio Gramsci le dice sencillamente que lleva cinco navidades privado de libertad, la primera, en 1926 desterrado en Ustica y las cuatro siguientes, encarcelado. Pero, a pesar de eso, dice Gramsci, no le ha abandonado la serenidad y cree que se ha hecho más sabio y se ha enriquecido con nuevas experiencias. Obviamente que ha  envejecido cuatro años, pero a pesar de los tormentos no se siente viejo porque no ha perdido el gusto por la vida, porque tiene metas y proyectos. Lo más importante es que  todavía no ha empezado a tener miedo a la muerte. En la carta siguiente, agradece a su hermana que le hayan enviado el pan de maíz sardo para comerlo en Navidad y hay una gran ternura y una gran fortaleza en cada una de las palabras que dedica a sus seres queridos. Hoy, cuando las luces y la música invaden nuestras ciudades, hay muchas personas, como Gramsci que también pasarán la Navidad lejos de su familia, que añorarán el calor y el pan del hogar. Pero para ellas también será Navidad si, como Gramsci, mantienen la esperanza y no dejan que les arrebaten el gusto por la vida.

Sea propicia también esta ocasión para enviarle un gran saludo pleno de amor a nuestro comandante Chávez, que en esta Navidad lucha por su vida, porque no teme a la muerte, porque sabe que hay millones de voces que piden que regrese a su Patria, porque todavía quedan algunas cosas por hacer.  Como comenzar a construir el socialismo…

A continuación, las cartas citadas:

Querida mamá:
Esta es la quinta fiesta de navidad que paso privado de la libertad y la cuarta que paso en la cárcel. Verdaderamente, las condiciones de confinado en que pasé las navidades del 26 en Ustica, eran una especie de paraíso en comparación con la condición de preso. Pero no creas que me ha abandonado la serenidad. He envejecido cuatro años, ya no me río de buenas ganas como antes, pero creo que me he vuelto más sabio y he enriquecido mi experiencia de los hombres y las cosas.
Por lo demás, no he perdido el gusto a la vida; todo me interesa todavía y estoy seguro de que, aunque no podría masticar habas tostadas, me gustaría mucho ver y sentir a los demás haciéndolo. Así que no me he vuelto tan viejo, ¿verdad? Uno se pone viejo cuando comienza a temer a la muerte y cuando siente molestia viendo a los demás haciendo cosas que ya no puede hacer.
En este sentido, estoy seguro de que tú tampoco te has puesto vieja, a pesar de tu edad. Estoy seguro de que estás decidida a vivir largo tiempo, para podernos volver a ver todos juntos y para poder conocer a tus nietecitos: mientras se desea vivir, mientras se gusta de la vida y se quiere alcanzar algún objetivo, se resiste a todas las enfermedades. Tienes que convencerte, sin embargo, de que es necesario ahorrar un poco las fuerzas y no insistir en realizar grandes esfuerzos como cuando eras joven.
Muchas felicidades a todos y saludos a todos los de la casa.
Te abrazo con ternura, Antonio

Carasau / El pan sardo de maíz que gustaba a Gramsci

Querida Teresita:
El pan Carasau es el pan por excelencia de la 
gastronomía sarda: era el que gustaba a Gramsci
El día de navidad he recibido tu paquete. Dile a mamá que todo estaba bien y no se ha estropeado nada; el pan todavía estaba fresco y lo he comido con mucho gusto: se sentía el sabor de maíz sardo muy bueno. Creo que no comía de ese pan desde hacía unos quince o dieciséis años.
Las noticias sobre las condiciones de salud de mamá me han causado mucho pesar. Estoy seguro de que ustedes tendrán mucha paciencia con ella: si lo piensas bien, se merecía mucho más que paciencia, porque ha trabajado para nosotros durante toda su vida, sacrificándose de un modo extraordinario: si hubiese sido otra mujer, quién sabe qué desastre hubiera sido para todos nosotros, desde nuestra infancia; tal vez ninguno de nosotros estaría vivo. ¿No te parece?
Te abrazo afectuosamente con mamá y todos los de casa,