9/12/12

Gramsci / Un nuevo tipo de intelectual para tiempos de crisis

Antonio Gramsci
✆ Angelo Gentillini
Francisco Piñón Gaytán

Gramsci, a diferencia de Lenin, se midió teóricamente con el pensamiento político occidental. Se topó con una sociedad articulada, sistemática aun en sus crisis, rica en sus instituciones. Además, fue un activista político que, al final de sus días, pasó a la actividad científica para dejar algo fur ewig. AI contrario precisamente también de Lenin. Sus investigaciones teóricas de los Quaderni no padecieron el peso de la inmediatez de la actividad partidista. Este aislamiento carcelario -como en otro tiempo su predecesor Maquiavelo, el solitario pensador político de S. Casciano- puede considerarse positivo en orden a conseguir más objetividad e imparcialidad en la elaboración teórica.
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Gramsci fue un hombre de su tiempo. Y en ese tiempo “histórico” conviene interpretarlo. No en término de ortodoxia o heterodoxia con respecto al marxismo clásico. No en si logra o no pasar un examen frente a los textos marxistas o leninistas, sino en su contemporaneidad. Es decir, como anota M. L. Salvadori, en esa “determinación de su problemática y del contexto social en el que ésta se sitúa." 
Gramsci no debe ser interpretado si es más o menos marxista, más o menos leninista, sino si, a partir de Marx y Engels, ha hecho avanzar el marxismo; si en verdad ha criticado la cultura italiana valiéndose de los cánones historiográficos del marxismo, y s¡ este marxismo lo ha renovado gracias al encuentro con la misma cultura italiana. Y, sobre todo, si lo ha hecho en orden a un cambio radical de sociedad. Si ha hecho hablar a Kant-Hegel con el “lenguaje” de Robespierre y Marx.

Gramsci se nos presenta como un “contemporáneo” de su tiempo. Como el intelectual que unía el pasado histórico y, al mismo tiempo, como el intelectual comprometido en desentrañar la trama de su presente cultural, cambiando las estructuras sociales de su nación italiana. Como el hombre que no se quedó en el mero “saber” ni en la mera “pasión”, no en la pura elucubración, desgajada de la realidad, ni en la pura y desnuda practicidad

Tiene razón Cerroni cuando presenta a Gramsci como “… el primer intelectual completo de la Italia unida: suficientemente vinculado a su sociedad para proponerse la acción política de transformación; y, sin embargo, vinculado en forma igualmente suficiente con la historia de la cultura para seguir permaneciendo dentro.” Gramsci no disocia la elaboración teórica de la política. Teoría-análisis surgida de la problemática -inmediata y candente- de la revolución socialista. Si en los años del Ordine Nuovo recibe el impacto de la lucha partidista y, por consiguiente, la avalancha de lo fáctico, de lo específicamente empírico, esta experiencia no la aísla, no la sacraliza, no la dogmatiza, no hace de ella una nueva metafísica.