6/12/12

Gramsci & Stalin / Algo de verdad sobre los ‘Cuadernos de la Cárcel’ y sobre las presuntas rivalidades entre ambos

Aldo Bernardini 
Traducción del italiano por Omar Montilla

‘Il Corriere della Sera’ publicó hace poco, con la firma de Silvio Pons, una carta hasta ahora desconocida de Eugenia y Delia [Julia] Schucht, cuñada y esposa de Gramsci (muerto en 1937 en la cárcel fascista), dirigida a Stalin: en la misma recomendaban la publicación de los escritos de Gramsci (Los ‘Cuadernos de la cárcel’) que los italianos hasta ese momento habían descuidado, y recordaban las sospechas sobre la existencia de una traición en contra de Gramsci, procesado y detenido, a los fines de impedir su liberación. La sospecha que se trasluce en la carta, se lanza genéricamente contra los italianos –se habla de fascistas y de trotskistas– pero parece evidente que la alusión sea dirigida a la vieja historia de la carta de Greco y a la presunta ambigüedad de Palmiro Togliatti.

A partir de este hecho, un cúmulo de artículos de prensa, centrados en sutilezas filológicas, sobre la caducidad de los argumentos, sobre el hecho de que estos nada agregan a los que hasta entonces se ha conocido y refutado abundantemente, naturalmente referidos a la historia del “terror estaliniano” (Eugenia habría sido una ferviente stalinista) y que en definitiva se habría podido pensar en un complot… contra Togliatti.

Pero nadie ha puesto en duda ni la autenticidad de la carta ni que la misma respondiera al real sentir de las autoras, e inclusive, del propio Gramsci. A nosotros nos interesa aquí hablar de la presunta traición, o por decir lo menos, de las incorrecciones en contra de Gramsci prisionero, de parte del supuesto autor de tales comportamientos (se puede también pensar de sospechas y temores excesivos, de los porqué y de los cómo). Nos parece que el grueso de los escritos aludidos, son en su conjunto fútiles y pobres, porque de todo se ocupan –salvo las excepciones obvias y fugaces de Antonio Santucci y Alberto Burgio– de la cuestión central: la relación de Gramsci con Stalin, sobre el cual, la vulgata de los revisionistas (del marxismo-leninismo, no las de la historia) ha construido la indigna leyenda del desconocimiento, es más, de la aversión entre los dos. Todo basado en nada, dado que los pasajes de los ‘Cuadernos de la cárcel’ que se refieren a Stalin, a Trotsky y al socialismo soviético, son todos a favor de Stalin.

En un fragmento del 1930–32 (citamos siempre la edición Gerratana, p. 801 s.), Gramsci critica a Bronstein (Trotsky) che “puede ser considerado el teórico político del ataque frontal, en un período en el que tal actitud sólo conduce a la derrota" y coloca la distinción esencial entre guerra de movimientos o de maniobras y guerra de posición, que es aquella que entonces debía sostener la Unión Soviética, y en la cual “es necesaria una concentración inaudita de la hegemonía y por lo tanto una forma de gobierno más intervencionista, que abiertamente tome la ofensiva contra los opositores y que se organice permanentemente para hacer imposible la  disgregación interna: controles de todo el poder, políticos, organizativos, etc., reforzamiento de las posiciones hegemónicas del grupo dominante, etc.”

La distinción entre los dos tipos de “guerra” es profundizada (p. 865 s.) con la famosa distinción entre la situación del Oriente, en la cual “el Estado era todo, la Sociedad Civil era primordial y gelatinosa” y el Occidente, donde “entre el Estado y Sociedad Civil se había llegado a una relación y en las oscilaciones del Estado se avizoraba una estructura robusta de la sociedad civil", para rechazar una vez más las teorías de Trotsky. Muy significativo (p. 1728 s.) es el pasaje referido concretamente a Stalin (Giuseppe Bessarione) que se basa en una entrevista del mismo, fechada en septiembre de 1927, para resaltar “cómo de acuerdo a la filosofía de la praxis (es decir, el marxismo-leninismo: Nota del autor), está en la formulación de su fundador, pero especialmente en el señalamiento de su más grande teórico actual  (por lo tanto, se podría deducir que es Stalin a quien se refriere el escrito: Nota del autor), la situación internacional deba ser considerada en su aspecto nacional”. Se trata realmente de la relación dialéctica entre lo nacional y lo internacional que en concepto de Stalin es fundamental: “Sobre este punto creo que está el desacuerdo fundamental entre Leon Davidovich (Trotsky) y Bessarione como intérprete del movimiento mayoritario…”. Por lo menos en dos ocasiones Gramsci explica y aprueba “la liquidación de Leon Davidovich” (p. 1744), como “liquidación hasta del parlamento  ‘negro’ que subsistía después de la abolición del parlamento ‘legal’ en la Unión Soviética”; y sobre todo cuando, analizando en términos sintéticos, pero profundos, las tendencias de Trotsky, Gramsci resalta que la corriente que este último ha adversado ha aplicado la fórmula jacobina no como “cosa abstracta, de laboratorio científico” sino como “en una forma adherente a la historia actual, concreta, viviente, adaptada al tiempo y al lugar, como emanando de todos los poros de la sociedad determinada que era necesario transformar, como alianza de dos grupos sociales, con la hegemonía del grupo urbano” (es decir, el mismo que estaba llevando a la práctica Stalin). Finalmente (p. 2164), cuando Gramsci, siempre refiriéndose a la tendencia de Trotsky, sostiene sin términos medios “la necesidad inexorable de arrancarla” (el pasaje es atribuible en el 1934), de acuerdo a lo que era sucedido en la Unión Soviética.

Que del pensamiento del último Gramsci resulte un distanciamiento con relación a Stalin, es por lo tanto una mentira: Gramsci estaba de acuerdo hasta con los tratos que hoy han sido calificados de “autoritarios”, y peor aún, “dictatoriales”. Ni siquiera puede decirse, según el último refugio de la vulgata revisionista, che “objetivamente” la posición gramsciana fuese antiética: pueden surgir diferencias de los contextos tan diversos (occidente y oriente) y de las diversas fases y niveles de lucha en la Unión Soviética, y en particular, en la Italia fascista, en la cual Gramsci no podía dejar de pensar: pero Gramsci habría sido el primero en dar una sonora carcajada si alguien le hubiese aconsejado de aplicar a la Unión Soviética de Stalin las proposiciones que él tenía en mente sobre todo para la Italia de entonces.

Para volver a comentar la carta de marras, si el ambiente familiar de Gramsci se dirigía a Stalin solicitándole (con razón o sin ella, no importa) protección contra la actuación de los italianos, por lo que las autoras indican que Gramsci recomienda llevar a cabo las negociaciones para su liberación a través del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), sin que nada trascienda a los italianos, lo significa que el gran sardo tenía plena fe en Stalin y su partido, como auténticas expresiones del comunismo mundial. Es todo lo contrario de lo que durante muchos años ha sido venenosamente propalado. Los falsarios del revisionismo moderno, con la carta que ahora ha sido publicada, con las reacciones de vergüenza que han causado, de nada han servido.

¿Cuál ha sido el sentido de la publicación de la carta por Silvio Pons? Seguramente liquidar completamente el comunismo histórico italiano: Palmiro Togliatti infiel y traidor; Gramsci no más el ‘ángel’ que repudia el ‘demonio’ Stalin. Y así la jugada ha sido hecha. Pero todo esto convalida nuestra posición: Stalin y Gramsci, dos líderes empeñados ambos hasta el fin para la densa indefectible de nuestro gran ideal