21/12/12

Gramsci / La ciencia de la política y la recreación del marxismo

Antonio Gramsci
✆ Stefania Morgante
Miguel Ángel Herrera Zgaib

No es una innovación referirse al marxismo en términos de una teoría general, pues ya la usó también Leonardo Paggi en un famoso ensayo histórico-metodológico acerca de la obra de Antonio Gramsci, [Ver en Gramscimanía: La Teoría General del Marxismo en Gramsci] con el cual se enriqueció la comprensión de su legado a través de un detallado a la vez que riguroso trabajo historiográfico aún no superado por la profusa literatura especializada consagrada a indagar e interpretar la trayectoria general, político cultural, del ilustre sardo.

Insistir en la utilización de la expresión teoría general la juzgo acertada, porque también resaltaré en el marxismo recreado por el militante italiano apresado y muerto en las cárceles fascistas, "la carga novedosa y antidogmática de la obra de Gramsci"1, para un tiempo como el actual que no sólo pretendía darle un adiós final al aporte original de Marx mismo, sino, sepultar, además, en definitiva la contribución militante de Gramsci con inocultable afán, asociando el derrumbe del muro de Berlín, a la caída ineluctable del legado marxiano y el de sus más destacados cultores e innovadores.

Unas primeras puntadas

Esta reflexión comienza citando en parte del preámbulo que escribió Paggi, la cual soporta las iniciales consideraciones críticas que desarrollaré enseguida. Dice nuestro autor, que "de una teoría general del marxismo en Gramsci se puede y, más aún, se debe hablar en la medida en la que se individualiza en sus escritos claramente el esfuerzo por delinear una precisa alternativa teórica."2.

El sentido de teoría general con que calificamos el pensamiento de Gramsci resalta, primero que todo, su carácter "sistemático", por contraste con la fragmentariedad y el estilo aforístico, de sabor nietzscheano, presente en los escritos elaborados por Gramsci durante un penoso encierro.

En seguida, más allá de la poderosa anécdota histórica de una condición humana excepcional, es relevante este enfoque al momento de discutir la teoría del marxismo centrados en la problemática de la hegemonía y sus crisis, la principal contribución teórico praxeológica de Antonio Gramsci, por la específica significación que aquella entraña para la refundación de la política contemporánea leída desde la perspectiva de la autonomía revolucionaria de los grupos y clases subalternas con el proletariado como clase fundamental en la dirección del proyecto histórico radical de la liberación definitiva del trabajo de la relación capitalista.

Ahora bien, este ejercicio exige una exposición de la ciencia y el arte de la política, esto es, de la Filosofía de la Praxis. Según Gramsci los entendió, para lo cual el examen del tópico de la crisis de hegemonía arranca con una exégesis necesaria de los conceptos de crisis coyuntural y crisis orgánica. Una y otra articulan los instrumentos teóricos que hacen posible el análisis dialéctico de una situación política antagónica en el marco de los cometidos de la Filosofía de la praxis, que es el modo como Gramsci recupera el legado marxista del maestro italiano Antonio Labriola, y cómo categoriza, en últimas, su propio intento innovador registrado en la dura y aguda brega reflexiva realizada entre los años de 1926,3 antes de ser apresado, y hasta 1933, cuando su precario de salud le hizo imposible continuar en la escritura salteada de sus 33 cuadernos.

La autonomía sistemática que aquí postulo para el marxismo reelaborado por Gramsci toma en consideración a la hegemonía, y las crisis es heredera de la veta interpretativa que abrió Antonio Labriola - un caso de excentricidad en medio del reformismo marxista de la II Internacional -, para quien desde el siglo XIX, siendo camarada de Marx y de Engels, el marxismo era "una filosofía independiente y original que tiene en sí misma los elementos de un ulterior desarrollo para convertirse desde interpretación de la historia en Filosofía general".

Esta aseveración de Labriola, de no poca remembranza hegeliana, ya que había participado del magisterio de los hermanos Spaventa, quería resaltar para el debate político-ideológico contemporáneo de Gramsci con Benedetto Croce, un neo-hegeliano liberal de renombre europeo: "que el materialismo histórico puede parecer carente de fundamento sólido mientras no se consiga desarrollar la filosofía que le es propia...en cuanto filosofía intrínseca e inminente a sus supuestos y premisas". Para Gramsci tal era el desafío teórico más urgente y necesario al confrontar el triunfo del fascismo sobre la sociedad italiana, y la crisis de la dirección bolchevique en Rusia: plantear el programa filosófico autónomo del materialismo histórico, en tanto éste es Filosofía de la praxis social humana. A ella dedicó lo mejor de sus menguadas energías físicas constreñidas por la prisión que se le impuso por el fascismo.

Estos antecedentes, prosiguiendo el análisis, llevan a interrogarnos acerca del ¿por qué y de dónde extraer esta orientación del marxismo más allá del economicismo y el ideologismo reinantes? Primero que todo, revisando la dirección teórica inaugurada por el trabajo de Antonio Labriola, quien ya introducía importantes precisiones en el marxismo finisecular discutiendo en interlocución con los padres fundadores, en contrapunto explícito con los reformadores socialdemócratas de la teoría. El sondeó con originalidad los escritos de Karl Marx, y, sobre todo, tuvo en cuenta sus “Tesis sobre Feuerbach".

De modo específico Labriola nucleó su reflexionó a propósito de la Tesis XI, así como sacó provecho de los comentarios de Federico Engels acerca de la filosofía de la praxis en su ensayo "Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana". A lo cual sumó las geniales aportaciones del historiador italiano Giambattista Vico.

En segundo lugar, Gramsci conoció y estudió buena parte de los comentarios de Labriola acerca de la filosofía marxista, que éste había bautizado Filosofía de la praxis; pero, por sobre todo, como conductor socialista y comunista valoró estas reflexiones liminares al considerar la experiencia de lucha de los obreros consejistas de Turín animadas por el ejemplo revolucionario del quehacer de los Bolcheviques, y la conducción del capo Lenin, creador in nuce de la hegemonía.

Para desentrañar el significado y potencialidad de la acción revolucionaria de masas italianas, por cuya orientación y dirección consecuente luchó como militante y secretario general del Partido Comunista de Italia, fundado en Livorno, Gramsci encontró en los movimientos sociales radicales, revolucionarios, insurreccionales que protagonizara el proletariado y sus aliados, la traducción viva de la Filosofía de la praxis.