5/12/12

Baltasar Gracián nos enseña lo que es el oficio de vivir / El arte de la prudencia

Luis Roca Jusmet

Reseña de El arte de la prudencia / Baltasar Gracián (Edición de Emilio Blanco)  / Madrid: Arielquintaesencia, 2012

Especial para Gramscimanía
Vuelve a editarse uno de los mejores libros de la filosofía española de todos los tiempos. O quizás habríamos de delimitar y referirnos a la ética en particular, más que a la filosofía en general. Y reivindico aquí una noción de lo ético como diferenciada de lo moral. Como ya he señalado en otras ocasiones me parece muy fecundo recuperar esta autonomía de lo ético como arte de vivir. Saber práctico diferenciado del moral.  Éste se refiere al deber, a las obligaciones con los otros y no al saber que hacer con la propia vida. Digo autonomía porque no podemos separar completamente la ética de lo moral, como tampoco de lo político. Pero son campos autónomos que hay que trabajar en su especificidad. De esta manera podemos reivindicar una tradición ética que, partiendo de nuestros orígenes clásicos (Aristóteles, Epicuro, Marco Aurelio) llegaría hasta lo contemporáneo a través de Michel Foucault. Pierre Hadot o Paul Ricouer. Pero en este trayecto hay figuras indispensables como Montaigne, Spinoza, Schopenhauer o Nietzsche. Y por supuesto Baltasar Gracián. Su obra trasciende totalmente su época (el Barroco) y su condición (estar ordenado jesuita).

No es casual una nueva edición de esta obra de Gracián, ya que su actualidad es evidente para cualquier lector perspicaz. Gracián nos ofrece unos aforismos de sabiduría vital, de certeras reflexiones destiladas de su propia experiencia. Le podemos aplicar incluso uno de sus pensamientos: lo bueno, si breve, dos veces bueno. Digo pensamientos porque Gracián no tiene el paternalismo de los que dan consejos desde el púlpito. Lo que hace es compartir sus pensamientos, todos ellos a la vez muy concretos y muy universales. Lo que hace es conversar y él mismo hace en este ensayo uno de los elogios más convincentes  del arte de la conversación. Escribe en aforismos, siguiendo la magnífica tradición que inició Heráclito y que ha continuado con filósofos tan lúcidos como Cioran.

Gracián no busca hacer lo correcto sino lo adecuado. Esta es la clave, quizás antikantiana. Podemos equivocarnos, incluso actuar mal, pero hacemos en cada momento lo mejor entre lo que sabemos, lo que queremos y lo que podemos. Hemos de equilibrar muchos elementos y hay que elegir sobre la base del sentido común, distanciándonos de las pasiones. Como otros han dicho, no ser un esclavo sino el dueño de nuestras pasiones. Pero esta racionalidad no es más que el fruto de un trabajo interior forjado a través de lo vivido, de lo experimentado. No es una razón matemática ni tiene un fundamento metafísico o religioso. Tampoco es esta inteligencia emocional que confunde entender las propias emociones, las emociones de los otros y la capacidad de decidir sobre la base de lo mejor. Es el carácter que se vamos tallando con el tiempo si tenemos la capacidad de hacerlo. Y esta capacidad no es una competencia, es simplemente este proceso que nos permite aprender cada vez más de nuestra experiencia si somos capaces de reflexionar sobre ella. Tampoco habla Gracián de la autoestima, sino del respeto hacia nosotros mismos. En esta época de psicologismos y terapias es refrescante leer a gente como Gracián, que simplemente conversan con nosotros por si podemos aprovechar en algo lo que nos dice. Sin pretensiones, sin tecnicismos, sin arrogancias, sin maniqueísmos. Haciendo de los matices el auténtico arte de la inteligencia.

Quizás Schopenhauer se olvidó de su propio pesimismo leyendo a Gracián y esto le llevó a escribir estos pequeños libros sobre el arte de vivir tan en la línea del jesuita aragonés. Quizás Lacan, que lo cita varias veces, aprendió con él que las verdades siempre se dicen a medias o que si no hay falta no hay deseo y si no hay deseo solo hay miedo. En todo caso vale la pena invitar a cualquiera a leer, si no lo ha hecho, este precioso libro en esta impecable edición.