15/12/12

Antonio Gramsci, Mikhail Bajtín y la semiótica de la hegemonía

Craig Brandist

En este artículo, publicado en New Left Review, Nº 216 (marzo/abril 1996), Craig Brandist compara el trabajo de Antonio Gramsci y de Mikhail Bajtín, quienes, aunque desde vertientes diferentes, se basaron en el trabajo de Benedetto Croce para atacar -en el caso del primero- a la dictadura fascista y -en el del segundo- a la dictadura estalinista.

Antonio Gramsci y Mikhail Bajtín fueron pensadores de distinto tipo. Mientras que el primero pasó los años veinte involucrado principalmente en el movimiento revolucionario italiano como dirigente del Partido Comunista, el segundo -que vivió en Petrogrado durante la revolución y la segunda parte de la década del veinte-, reflexionó sobre esa experiencia en términos religiosos y filosóficos antes que políticos.


En la década del treinta, mientras Gramsci languidecía en las cárceles de Mussolini, teorizando sobre el proceso que llevaría al partido revolucionario a conseguir la hegemonía y tomar el poder político, Bajtín se encontraba en su exilio interno en Kazajstán, donde enseñaba en un oscuro instituto pedagógico a la vez que escribía ensayos eruditos sobre las potencialidades antihegemónicas de la novela en la arena cultural.

A primera vista no hay mucho que prometa una comparación productiva. Sin embargo, cuando uno mira más cuidadosamente, abundan las continuidades de tema, enfoque y herencia cultural, lo que sugiere un encuentro más amplio y profundo de las filosofías del lenguaje marxista e idealista de lo que se pensaba hasta ahora. De las respectivas críticas a la ciencia social, dominada por el positivismo, y a la estética romántica emerge una refundición pragmática de la teoría marxista de la ideología sorprendentemente similar, que anticipa muchos de los temas del post-estructuralismo contemporáneo y que, a la vez, incrusta firmemente al reino de las ideas en la práctica social de diferentes grupos sociales.

Mientras Gramsci se involucraba en el movimiento de concejos fabriles de Turín y estudiaba lingüística histórica en la Universidad de Turín, Bajtín y sus amigos, incluyendo a Valentín Voloshinov y Pavel Medvedev, se involucraban en la escena artística revolucionaria y estudiaban filosofía neo-kantiana en las ciudades bielorusas de Nevel y Vitebsk. Aunque se trataba de lugares donde predominaba la somnolencia provinciana, la guerra civil que tuvo lugar en sus cercanías y el movimiento artístico radicalizado, que incluía a Chagall y Malevich, había transformado a estos lugares en centros de experimentación artística y de debate intelectual. Las influencias intelectuales más importantes que afectaron a Gramsci en este tiempo fueron el trabajo del filósofo idealista italiano Benedetto Croce y el marxismo de la Tercera Internacional, mientras que para Bajtín jugaron un rol muy importante la fenomenología de Husserl y el trabajo del judío neokantiano Hermann Cohen. Hacia mediados de 1920, sin embargo, tanto Gramsci como la escuela de Bajtín habían identificado al lenguaje y a la ideología como objetos de análisis y estaban intentando forjar una teoría marxista de la ideología y de su relación con el lenguaje. El vínculo conceptual crucial fue, para Gramsci, su supervisor de investigación, Matteo Bartoli, que lo introdujo a la neoligüística y a los trabajos de de Saussure, y para Bajtín, los trabajos de los formalistas rusos. En ambos casos, el lenguaje era percibido como un hecho social que estructuraba la conciencia, lo que exigía la reconsideración de la concepción idealista de la conciencia que era común tanto a la filosofías neo-hegeliana como a la neo-kantiana.

Gramsci había comenzado a encontrarse insatisfecho con la concepción croceana del lenguaje a partir de la aprobación del Acta de Educación de 1923 la que, siguiendo la concepción de Croce de que era imposible establecer una gramática normativa, no establecía lineamientos para la enseñanza normativa del italiano. El resultado, de acuerdo con Gramsci, era el reforzamiento de las divisiones de clase al hacer que las "clases subalternas" siguieran siendo analfabetas al quedar atrapadas en sus dialectos provinciales: "Así retrocedemos a una división en estados jurídicamente instituidos y cristalizados en lugar de avanzar hacia la trascendencia de las divisiones de clase."1 Sin embargo, esto era lo contrario de lo que Croce había intentado hacer. En su trabajo más influyente, La Estética como Ciencia de Expresión y Lingüística General (1902), Croce había criticado duramente a las ciencias sociales por su positivismo y a la lingüística por su elitismo, haciendo notar que "entre las principales razones que han impedido que la Estética, la ciencia del arte, revele la verdadera naturaleza del arte, sus raíces reales en la naturaleza humana, se encuentra su separación de la vida espiritual general, el haber hecho de ella una especie de función privada o de club aristocrático."2 Había que identificar al arte y al lenguaje como la autoexpresión creativa del individuo y las masas nacionales y populares, y como tal no se los podía someter a los esquemas abstractos de los gramáticos, que sólo servían para limitar y restringir la creatividad popular. El lenguaje, para Croce, era el fluir de intuiciones-expresiones únicas que no podían existir fuera de la obra de arte, ya que "los límites de las expresiones-intuiciones que reciben el nombre de arte, en oposición a aquellas que son vulgarmente llamadas no-arte, son empíricos e imposibles de definir." 3 A través de la objetivización expresiva de las impresiones, es decir, la actividad artística, la humanidad se libera, elevándose por encima de aquellas impresiones y expulsando a la pasividad. La gramática, por otra parte, pone el acento en el lenguaje como "palabras aisladas combinables, no en el discurso vivo, en los organismos expresivos, racionalmente indivisibles."4

Una ciencia histórica

Esta combinación de una filosofía romántica y una política igualitaria era muy atractiva para aquellos que, como Gramsci, buscaban romper con las leyes deterministas del Darwinismo Social y el marxismo de la Segunda Internacional. Pero la adopción reaccionaria de la filosofía de Croce ahora exigía una reformulación importante del problema. Esta tarea fue llevada a cabo por Bartoli, que había desarrollado un análisis "espacial" del lenguaje que estaba muy relacionado con la langue de de Saussure, y que buscaba descubrir cómo "una comunidad lingüística dominante ejerce su prestigio sobre las comunidades contiguas subordinadas." Con el inicio de este tipo de investigaciones, decía Gramsci, la lingüística se transformaba en una ciencia histórica , al marcar el flujo de las innovaciones que pasaban de la langue prestigiosa a la receptora. Sin embargo, Bartoli nunca pudo llegar más allá del catálogo de las innovaciones y se volvió hacia Bertoni -un idealista "intelectualmente repugnante"- para desarrollar una metodología. Como la neolingüística dependía sólo del "historicismo en general", sin ninguna relación especial con el crocismo, podía desarrollarse sobre una base marxista.5 Esto debía hacerse a través de una relación crítica con el crocismo, y especialmente con referencia a los trabajos del filólogo alemán Karl Vossler, que tenía importantes puntos en común tanto con Croce como con Bartoli.

El populismo romántico de Croce también estaba muy cerca de la producción estética dominante de la vanguardia rusa, la que, especialmente con los trabajos de Andre Bely y los Futuristas, veía al arte como el más categórico adversario del positivismo. En especial el movimiento poético conocido como zaum (trans-racional), aspiraba a crear un "lenguaje en proceso" absoluto que nunca pudiera fijarse por escrito, de donde derivaba la consigna de los cubo-futuristas: "Romper en pedazos después de leer".6 Se trataba a la actividad estética y a los artefactos culturales como antípodas que marchaban paralelos a la bifurcación del lenguaje en energeia , el discurso vivo y vital, y ergon, el sistema estático de las reglas gramaticales, que ahora encontraba su expresión moderna en la langue de de Saussure. Al desarrollar este discurso poético absoluto, el poeta podía elevar el habla de las masas a nuevas alturas, liberando su potencial expresivo y forjando una nueva cultura comunal, a la que el simbolista Ivanov llamó sobornost'. Se puede considerar al trabajo temprano de Bajtín como una investigación fenomenológica de este proceso que examina cómo el autor recontextualiza la intención del héroe y al hacerlo consagra la existencia de ese héroe. Sin la actividad estética del autor, el héroe estaría condenado a vivir en una corriente de conciencia cuyo significado e importancia quedarían escondidos por una espesa niebla. Al recontextualizar la intención del héroe, el autor no sólo revela la conexión entre la expresión y el hecho o situación inmediatos sino también lo interconectado e ilimitado del desarrollo humano. Cuando se aísle a los productos culturales de la actividad intencionada de la vida, la cultura podrá desarrollarse inmanentemente de acuerdo con leyes impersonales y lógicas evocadoras del Darwinismo social.7 De este modo, aquellas doctrinas que tratan al ergon de la cultura como si estuviera separado de la energeia del proceso creativo no sólo están equivocadas sino que son peligrosas.

Por lo tanto, no debería resultar sorprendente que la escuela de Bajtín reaccionara con tanta hostilidad contra el sistema saussureano que ponía el acento en el sistema autónomo de signos como el factor clave en la estructuración de la conciencia social. Los términos en los que los saussureanos reclamaban el campo ocupado por la fenomenología eran opuestos por el vértice al dinamismo de la filosofía de Bajtín y la estética expresiva de la vanguardia. Como comentara Hirschkop, la sociedad descrita por la langue de de Saussure es "un mundo burocratizado ... en el que cada sujeto se comporta de acuerdo con reglas formales que deben ser obedecidas sin hacer referencia a los fines, los valores o las circunstancias atenuantes",8 mientras que los críticos formalistas, por lo menos en los inicios, respondieron a la lingüística de de Saussure separando rigurosamente lo literario de las esferas más ampliamente sociales, el mecanismo y la motivación. En consecuencia, se trató a los factores estilísticos e ideológicos como si fueran esferas autónomas que, al igual que la arbitraria coincidencia de significante y significado, no estaban necesariamente conectados. La "desfamiliarización" poética, tal como lo mencionara Medvedev, luchaba de manera nihilística para destruir la conexión o significado ya establecido sin establecer un nuevo significado positivo.9 De acuerdo con este enfoque, el discurso absoluto con el que los simbolistas y los zaumniki luchaban por revelar el proceso creativo del lenguaje era un juego hedonista del significante que revelaba la relatividad del lenguaje. La exigencia tradicional de la intelligentsia rusa de que la literatura debería "enseñarnos a vivir", "es decir, impregnar nuestro ser, afectar nuestros más profundos impulsos y nuestras reacciones más íntimas; formar nuestra sensibilidad; transformar y organizar nuestra visión -y de esta forma afectar fundamentalmente nuestra conducta",10 fue abandonada en favor de "hacer cosquillas a nuestra sensibilidad y proporcionarnos sensaciones placenteras". La única otra alternativa era el desarrollo de una literatura ideólogicamente didáctica del tipo propuesto por los teóricos de la cultura proletaria y más tarde exigida por el estado en la forma del "realismo socialista". Estos dos polos, los dos "pecados capitales" que resultan de la inhabilidad de "transformar",11 eran ahora legitimados con lógica incomparable por el enfoque saussureano. Hacia fines de la década del veinte ambas direcciones se hacían políticamente inaceptables para el grupo de Bajtín.
Estos factores políticos llevaron a la escuela de Bajtín a enfrentar directamente los trabajos de de Saussure. Hacer esto significaba un compromiso con las filosofías románticas del lenguaje desarrolladas por Croce y Vossler. Como representantes del movimiento europeo contra el positivismo en las ciencias humanas, estos teóricos resultaron ser valiosos aliados que ya habían sido vistos como referentes por un gran número de filósofos idealistas en Rusia en la primera parte del siglo.12 La batalla principal se puede encontrar en Marxism and the Philosophy of Language, que Voloshinov escribiera en 1929, y que el autor presenta como un intento por desarrollar un área de la teoría marxista dominada por "la categoría de la causalidad mecanicista" y "la todavía prevaleciente concepción positivista sobre los datos empíricos -el extremo respeto por los `datos' entendidos no en un sentido dialéctico sino como algo fijo y estable-". 13 En efecto, el marxismo estaba contaminado por los mismos elementos que, luego el libro mostrará, constituían la concepción saussureana del lenguaje. Del mismo modo, Gramsci recurrió a las ideas de Croce para superar la importación del materialismo mecánico al marxismo que se hizo bajo el nombre de ortodoxia marxista, y cuya exposición más sistemática encontró en La Teoría del Materialismo Histórico de Bujarin (1921). Para Gramsci, Croce había "traducido las adquisiciones progresivas de la filosofía de la praxis a un lenguaje especulativo y en esta retraducción se encuentra lo mejor de su pensamiento". La tarea ahora era "rehacer para la concepción filosófica de Croce la misma reducción que los primeros teóricos de la filosofía de la praxis [Marx y Engels] hicieron para la concepción hegeliana".14

El primer paso que dieron tanto Gramsci como la escuela de Bajtín fue cuestionar la concepción romántica del individuo de Croce de tal modo que el lenguaje ya no es una expresión artística individual sino "el `material' del arte, un producto social y la expresión cultural de un pueblo dado".15 Croce veía al lenguaje en los mismos términos en que Bajtín caracterizaba al poeta simbolista que "considera al mundo ya estetizado ... transformándolo en una entidad mítica o metafísica".16 Las críticas de Bajtín y Gramsci seguían estrechamente aquella de Vossler, quien había reprendido al italiano porque explicaba al sujeto hablante por separado del medio lingüístico. La abstracción de Croce, planteaba Vossler, estaba relacionada con la "mente absoluta" hegeliana e ignoraba la diversidad de las comunidades del habla, por lo tanto era profundamente monológica:

Por lo tanto, todo lo que se habla sobre este globo en el curso de los tiempos debe ser pensado como si fuera un vasto soliloquio dicho por la mente humana, que se desdobla en incalculables millones de personas y personajes y vuelve a sí mismo nuevamente en su reunión. Se sigue de esto que la mente humana como tal debería ser o transformarse en una persona única. 17

Había que reemplazar al individuo de Croce por el concepto de persona que, teniendo en cuenta su indivisibilidad con la "parte", ubica al hablante firmemente dentro de una comunidad lingüística específica. La "persona":
...puede reclamar cualidades de mente absoluta y una cierta unidad; pero esto no incluye la posibilidad de que una persona juegue un número infinito de partes... Nuestro deseo de poder y conocimiento es esencialmente el mismo, y anhela el infinito, pero la realidad se burla y se opone a él de diferente forma para cada uno; porque aquí también funciona el concepto de persona con su exigencia de unidad divina en la multiplicidad.18
La manifestación lingüística de esta diversidad es una multiplicidad de estilos a nivel individual y nacional que interactúan a través de la mediación de la traducción: "Dondequiera y cuandoquiera que entremos en el habla de otro, o en nuestra propia habla pasada, estamos traduciendo." 19 Croce había negado la posibilidad de la traducción con el argumento de que cualquier intento de verter un significado en otra lengua era el producto de otra intuición, expresión única, pero Vossler ahora lo planteó como la esencia de toda comunicación humana. Este fue el punto de vista que adoptó íntegramente el grupo de Bajtín, como observa Caryl Emerson en su prefacio al famoso estudio sobre Dostoyevsky escrito por Bajtín. Para Bajtín, las fronteras de las lenguas nacionales eran sólo un polo del medio lingüístico: "en el otro extremo, los procesos de traducción son necesarios para que un grupo social entienda a otro en la misma ciudad, para que los niños entiendan a los padres en la misma familia, para que un día entienda al siguiente."20

La presencia de la contradicción

El cuadro del medio lingüístico que presenta Vossler, y adoptan de forma modificada Gramsci y Bajtín, no es -sin embargo- tan simple como sugiere Emerson. La traducción involucra la transferencia de la forma interna del lenguaje -"la tendencia de la mente hacia un objetivo definido"-, a través de la frontera de la forma externa, donde se encarna en el lenguaje receptor. Más aún, la seguridad del significado se ve trastornada por el "interés, esa cosa desleal y siempre cambiante" que aparece entre "las palabras y los objetos, entre la poesía y la verdad” y que mina “la permanencia total y el valor real de las lenguas”. Como el estilo coincide con la cosmovisión (“las tendencias de estilo y forma coinciden con el sentimiento y el significado de los hablantes”) cada lenguaje se ve amenazado por los demás, obligando a la comunidad lingüística a emplear la traducción como una forma de autopreservación. El “gusto” hace guardia en las fronteras del lenguaje, atando al hombre estéticamente tal como el sentimiento lo ata éticamente, manteniendo la independencia lingüística y por lo mismo la ideológica frente a los intentos de estrangular y dominar a la comunidad. Mientras que la forma interna del lenguaje está presente en todos los idiomas -una fuerza unificadora (se podría decir centrípeta) impele a la palabra hacia el objeto extralingüístico-, la pluralidad de la forma externa y el interés rebasa e interfiere con esta direccionalidad. En consecuencia, el lenguaje se transforma en un campo de fuerza donde luchan los diferentes intereses, ideologías y estilos.21

La magnitud de la influencia de Vossler sobre Bajtín y Gramsci es raramente reconocida. Al transformar la identificación croceana del lenguaje y la cosmovisión en un análisis de estilo, Vossler implícitamente reconoce que las ideologías existen en formas sociales, semióticas y son definidas por su relación con otras ideologías con las que entran en competencia. Tanto el grupo de Gramsci como el de Bajtín adoptaron esta posición directamente a fines de la década del veinte pero reacentuada para correlacionarla con la estratificación sociológica de la sociedad definida por el marxismo. Tanto Vossler como el filólogo del siglo XIX, von Humbold, habían reconocido la importancia filosófica de la diversidad de lenguajes pero habían visto al lenguaje sólo como la expresión del espíritu nacional y a la expresión como la manifestación del espíritu individual; Bajtín y Gramsci agregaron la crucial dimensión de la diversidad social. Al hacerlo, sin embargo, ambos rechazaron el modelo “marxiano” de base y superestructura en favor de la reducción hegeliana del todo social a expresiones de una sola esencia interpretada, a través de Vossler (y en última instancia de von Humboldt), en términos de la forma interna del lenguaje. Para Gramsci, un grupo social determinado tiene una concepción del mundo implícita en su práctica social que se manifiesta en el lenguaje que usa. En el trabajo maduro de Bajtín se toma al dialogismo, la relación entre discursos, como la expresión de esta esencia única que transpasa toda interacción social y que la novela moldea. La heteroglosia, la lengua nacional socialmente estratificada, está sujeta a las relaciones de poder y jerarquía de la sociedad en la que un discurso dominante se impone a los otros, presentándose como universal e ideal. Este sesgo del medio lingüístico impone distintos tipos de interacción entre discursos de tal forma que "dentro de una nación única", como notara Gramsci, "una nueva clase dominante provoca alteraciones como `masa', pero las jergas de las diferentes profesiones, de sociedades específicas, innovan de forma molecular."22

La langue saussureana, la estructura gramatical unitaria y normativa del idioma nacional, es por lo tanto, como dijera Bajtín en 1934, "no algo dado [dan] sino que es siempre una esencia propuesta [zadan] -y en todo momento de su vida lingüística se opone a las realidades de la heteroglosia."23 Como plantearía Gramsci con una terminología bastante diferente:
Las "gramáticas normativas" escritas tienden a cubrir todo el territorio de una nación y su "volumen lingüístico" total, para crear un conformismo lingüístico nacional unitario ... Pero es obvio que alguien que escribe una gramática normativa no puede ignorar la historia del lenguaje para el que quiere proponer, de forma "orgánica" y "totalitaria", una "fase ejemplar" como la "única" que merece ser el lenguaje "común" de una nación, en competencia con otras "fases" y tipos o esquemas que ya existen (relacionadas con las evoluciones tradicionales o con intentos inorgánicos e incoherentes de fuerzas que ... actúan continuamente sobre las "gramáticas" espontáneas inmanentes en el lenguaje).24
Estos estilos o "gramáticas" "ideológicamente saturados" se relacionan entre sí de acuerdo con su posición en la estructura social. Mientras que el lenguaje oficial dominante sea sistemáticamente articulado a través de una matriz de canales institucionales, la concepción del "pueblo (la suma total de las clases instrumentales y subalternas de cada forma de sociedad que hasta ahora existió)" es necesariamente "discontinua y limitada a los estratos sociales locales o los centros locales". En este terreno se establece una cierta "gramática normativa" a través del "monitoreo recíproco, la enseñanza recíproca y la ‘censura’ recíproca expresada en preguntas como ‘¿Qué quisiste decir?’, ‘¿Qué quiere decir?’, ‘Hable claramente’, etc., así como en la imitación y la burla." Estas se dirigen, a menudo, "en contra ... de las concepciones ‘oficiales’ del mundo" (o en un sentido más amplio, las concepciones de las partes culturales de sociedades históricamente determinadas) que se han sucedido unas a otras en el proceso histórico 25 y constituyen el folclore lingüístico. Las operaciones de esta cultura no oficial son exactamente iguales a las que Bajtín caracteriza en la cultura carnavalesca, parodiando y desacreditando las pretensiones universalistas de la lengua y la cultura oficial que, tal como lo notara Gramsci, sigue siendo "un poco fosilizada y pomposa". Cuando el lenguaje oficial se acerca inmediatamente a la realidad y "trata de ser informal se quiebra en numerosas refracciones dialectales".26 A partir de 1934 Bajtín trata de establecer un continuo de esta tendencia opositora en la cultura popular y la de la novela.

Mientras que es claro que hay una extraordinaria convergencia conceptual entre los trabajos de Bajtín y Gramsci, hacia fines de la década del veinte e inicios de la del treinta surgió una diferencia de énfasis y, en última instancia, de principios políticos. Esto proviene de las condiciones específicas que los escritores vivieron y a las que respondieron. En la Italia de Gramsci, el partido fascista había sacado ventaja de las desigualdades económicas regionales que habían sido “fijadas jurídicamente” debido a la ausencia de una lengua nacional utilizada universalmente. La división del proletariado nacional, y en mayor medida del campesinado, en áreas dialectales regionales obstruía la formación de una alianza de clase unida y revolucionaria del tipo que había facilitado la revolución en Rusia. Así el proceso por el cual el partido revolucionario podía ganar hegemonía política estaba íntimamente ligado a la superación del provincialismo lingüístico que "crea fricciones ... en las masas populares entre las que los particularismos y fenómenos de una mentalidad estrecha y provinciana son más tenaces de lo que se cree." Bajtín, por otra parte, estaba menos preocupado por formar "cientos y miles de reclutas de los más dispares orígenes y preparación mental en un ejército homogéneo capaz de moverse y actuar en una forma disciplinada y unida" 27 que con la resistencia popular a la imposición autoritaria por parte del estado de un esquema de desarrollo social y su concordante sistema ideológico. El plan estalinista se parecía mucho al esquema burocrático de organización tiránica de la sociedad legitimado por la palabra de los zares elegidos por voluntad divina, característico del dominio de Pedro I.28 Más aún, podían encontrarse fructíferos paralelos entre el establecimiento y codificación de los lenguajes literarios europeos -incluyendo el ruso- en el siglo XVIII y la secreta imposición del "realismo socialista". Esto le permitió a Bajtín tramar una constelación entre la política cultural del absolutismo feudal y la Rusia moderna. A partir de allí, el lenguaje unificado se transformó en un modelo de "la tiranía de las ideas abstractas y los dogmas sobre la vida".29

Una redefinición de la estética y la política

El tratamiento de Bajtín de la cuestión del lenguaje unificado y de la relación entre la poesía y la novela es uno de los más claros ejemplos modernos de la forma en que las cuestiones políticas se pueden disfrazar de culturales, caso típico de las dictaduras de un solo partido. Como lo advirtiera Gramsci, cuando la función política de un partido es indirecta, equivalente al ejercicio de "propaganda y orden público, e influencia moral y cultural", entonces, en general, la lucha política pasa a la esfera del arte y la cultura. En ausencia de "una actividad política real, clara" para resolver las contradicciones sociales y políticas "la intelligentsia se encuentra en una oposición ‘crónica’ constante"30 a la burocracia. A partir de 1934, Bajtín ve a la novela como una versión estetizada del carnaval popular, ya no limitada a las "islas" de los días de fiesta populares "o al fluido reino del lenguaje familiar", sino intensificada y sistematizada de tal modo que la "cultura seria, oficial"31 ya no podía mantener una existencia paralela y separada. Poner al discurso oficial en contacto con la "realidad inmediata" a través de la narrativa, facilita su ruptura en dialectos socialmente específicos; al entrar en el reino de la recontextualización y la experiencia se revela la estructura ideológica -o en la terminología de Vossler el "espíritu del lenguaje"-. La cultura carnavalesca no es tanto contra-hegemónica sino anti-hegemónica, y en su extremo amenaza al propio concepto de la verdad discursiva, pero siempre está orientada contra el estrato dirigente oficial que imbuye miedo. Ligados en grado máximo a la realidad material, los campesinos de la Europa medieval estaban imbuídos en grado máximo con la transformación, con la forma interna vital del lenguaje, y por eso desdeñaban el lenguaje oficial cristalizado y favorecían la jarana antisistemática y dionisíaca. Se requiere un novelista para organizar y sistematizar este impulso popular crítico dentro de un órgano analítico que compruebe la validez de los discursos contra la realidad extra-discursiva.

La función autoral, siempre dotada de importancia política, comienza ahora a sonar como una función política hecha y derecha. Cuando se ubica al origen de la diferencia ideológica dentro de la matriz de las relaciones productivas (lo que Voloshinov ya había establecido en su estudio de 1929 sobre la filosofía del lenguaje), los intentos por completar y organizar esas ideologías en un todo se parecen mucho a darles una organización política. Por cierto, las relaciones entre el autor y el héroe, el artista y la sociedad evocan decididamente la relación entre el partido de vanguardia y la clase obrera en la formulación de Lenín. Gramsci, que aplicó los términos de la estética de Croce al funcionamiento del partido revolucionario, por cierto no lo pasó por alto, y menos podían hacerlo los miembros de la escuela de Bajtín:
La intuición política no se expresa a través del artista, sino a través del "dirigente"; y la "intuición" debe entenderse no como "conocimiento de hombres", sino como la rapidez para conectar hechos aparentemente dispares, y para concebir medios adecuados para fines específicos -tales como descubrir los intereses que involucran y despiertan las pasiones de los hombres y los dirigentes hacia una acción en especial. La "expresión" del "dirigente" es su "acción".32
Aún en sus trabajos tempranos, para Bajtín la actividad estética expresa la conexión entre lenguaje y propósito humano y es capaz de traducir las abstracciones filosóficas a "expresiones que obligan concretamente".33 Más tarde, considera que la novela está dedicada a desenmascarar a los discursos socialmente específicos e interesados y de esa manera a desacreditar el reclamo autoritario del discurso dominante.

Así, allí donde Gramsci refunde la actividad estética en términos de la relación del partido político con el "sentido común" de una nación, Bajtín plantea la relación del autor con la diversidad de los discursos sociales. En el estudio sobre Dostoyevsky la propia cosmovisión del autor, manifestada en su lenguaje, se ve como menos trascendente que su "ideología formadora" -la forma en que se abordan y organizan otros discursos-. Bajtín ve un enfoque monológico en aquellos autores que simulan una lucha entre discursos pero en realidad sólo están brindando los medios para que "su propia palabra directa o refractada suene más enérgicamente".34 Para Gramsci esto es constitutivo del "centralismo burocrático" en el que la organización es "técnicamente un organismo policial, y su nombre de `partido político' es simplemente una metáfora de carácter mitológico".35 En cada caso, cualquier dialogo y debate aparente es simplemente un medio para aceptar la perspectiva que emana del centro; el resultado se sabe de antemano, "todos los acentos se juntan en una única voz". En la novela "polifónica" de Dostoyevsky, sin embargo, el diseño autoral es la "activación más extrema de los acentos varidireccionales en un discurso a dos voces", más que la subordinación de los mismos a "la dictadura verbal y semántica de un estilo monológico unificado y un tono unificado."36 Del mismo modo, para Gramsci un partido es "progresivo" cuando funciona de acuerdo al "centralismo democrático", manteniendo las fuerzas previamente dominantes "dentro de los límites de la legalidad y [elevando] a las masas atrasadas hacia el nivel de la nueva legalidad".37 Las voces que a menudo se ven ahogadas bajo voces "más fuertes" y autoritarias, se elevan a un nivel igual donde todas compiten libremente de acuerdo con sus méritos intrínsecos más que con la autoridad que detentan.

Si cada discurso articula una cosmovisión y los discursos luchan para establecer su superioridad como corolario necesario de la lucha de clases, entonces un discurso se hace hegemónico cuando una clase social acepta la cosmovisión de otra como si le fuera afín. Esto no quiere decir que la lucha por la hegemonía consista simplemente en un conflicto entre dos ideologías preformadas, sino que se trata de un conflicto entre principios hegemónicos. Los discursos buscan atrapar a otros discursos de acuerdo con dos principios básicos: ya sea estableciendo una relación de autoridad entre el discurso que atrapa y los que deben ser atrapados, o facilitando el mayor avance del discurso por ser atrapado a través del discurso que atrapa. En "Discourse in the Novel", Bajtín llama a estos principios hegemónicos "discurso autoritario" y discurso "internamente persuasivo" respectivamente. El primero:
Exige que lo reconozcamos, que lo hagamos nuestro; nos ata de manera independiente de cualquier poder que pudiera tener para persuadirnos internamente; nos encontramos con él con su autoridad ya fundida en él. La palabra autoritaria se encuentra en una zona distante, orgánicamente conectada con un pasado que se siente como jerárquicamente más alto. Es, por así decirlo, la palabra de los padres.38
Esto es definido como una aproximación monológica y poética a otro discurso. Detrás del discurso que atrapa yace un poder que es imposible cuestionar. Toda perspectiva ideológica independiente queda necesariamente excluida. Esta es la forma madura del "todo abstracto" de Bajtín, que opera a expensas de lo específico, o lo que Nikolai Bajtín llamó la "actitud platónica" en la que "se concibe a la perfección como la separacón del más alto conrespecto al más bajo: el rechazo a cooperar con él." En el reino de lo mezclado "debemos considerar como mejor a aquello en lo que lo positivo se impone a la fuerza sobre lo negativo, lo subyuga, lo esconde, lo reduce al silencio." La actitud de Platón es la de un reformista intransigente cuyo objetivo es "cortar y reformar la textura viva de la realidad -por la fuerza, desde afuera- de acuerdo con un esquema rígido y riguroso."
El otro principio hegemónico es como la "actitud aristotélica" antitética en la que "se siente al valor como inherente en la realidad, como un diseño `que vive adentro' y que la vida lucha por realizar". Lo más alto no es una simple negación y exclusión de lo más bajo; "es una realización y actualización más completa de lo más bajo".39 En términos discursivos esto significa elevar las percepciones parciales de la voz del otro a nuevos niveles, organizando la mezcla que es la conciencia diaria para facilitar una producción verbal nueva y productiva e inspirando una "vida ideológica independiente":
El discurso internamente persuasivo, al afirmarse a través de la asimilación, ...está estrechamente entretejido con "el mundo propio de uno" ... Su creatividad y productividad consiste precisamente en el hecho de que una cierta palabra despierta palabras nuevas e independientes, organiza a las masas de nuestras palabras desde afuera ... Más aún, entra en una intensa interacción, una lucha con otros discursos internamente persuasivos. Nuestro desarrollo ideológico es sólo esa intensa lucha dentro de nosotros por la hegemonía entre los diversos puntos de vista, enfoques, direcciones y valores verbales e ideológicos disponibles.40

Así, la interacción de los discursos en la novela no es sino la manifestación más completa de las interacciones dentro de la comunidad lingüística misma. La novela polifónica es la expresión artísticamente intensificada del principio hegemónico progresivo que está siempre presente dentro de la sociedad, mientras que el principio monológico está vinculado con las actividades de las fuerzas sociales autoritarias.

En los escritos de la prisión de Gramsci, los principios hegemónicos divergentes antes mencionados coinciden con el ejercicio de la hegemonía por parte de la burguesía y el proletariado. En la sociedad burguesa el "hombre activo dentro de la masa tiene una actividad práctica, pero no tiene conciencia teórica clara de su actividad práctica", al haber adoptado "por razones de sumisión y subordinación intelectual" la concepción de la clase dominante. Mientras que la "conciencia teórica" y la actividad práctica pueden ser históricamente contradictorias, esto no se hace aparente en "tiempos normales", cuando la concepción dominante es "heredada del pasado y absorbida acríticamente". La concepción hegemónica, al igual que el "discurso autoritario", sirve para esconder y subyugar la concepción "implícita" en su práctica social "para producir un estado en el que el contradictorio estado de conciencia no permite ninguna acción, ninguna decisión o ninguna elección, y produce una condición de pasividad moral y política". Cuando el grupo social subordinado comienza a actuar en forma unificada, la concepción implícita comienza a aparecer desde adentro del discurso dominante con la realización de la "comprensión crítica del propio ser" que "tiene lugar a través de una lucha de `hegemonías' políticas y de direcciones opuestas, primero en la esfera ética y luego en la de la política propiamente dicha, para llegar a la resolución de la propia concepción de la realidad a un nivel más alto."41 Bajtín se acerca mucho a este proceso en su ensayo sobre la novela de 1934, al sostener que "[c]uando el pensamiento comienza a funcionar de forma independiente y discriminante, lo primero que ocurre es una separación entre el discurso internamente persuasivo y el autoritario, forzoso, junto con un rechazo de aquellas masas de discursos que no nos importan, que no nos tocan." Con esta separación comienza el largo proceso a través de cual "nuestro propio discurso gradual, lenta y trabajosamente se separa de las palabras de los otros que hasta ese momento habían sido reconocidas y asimiladas."42

El desarrollo de la "conciencia crítica" significa el desarrollo de los intelectuales que organizan el proceso de diferenciación a través de la "elaboración conceptual y filosófica de las ideas". Este estrato encuentra su expresión moderna, para Gramsci, en los dirigentes del partido político de vanguardia que a través de su organización política se mantienen en contacto con su base de masas. Los partidos políticos, sostiene Gramsci en un pasaje extraordinariamente cercano a la caracterización de Bajtín de la novela en su ensayo de 1934, "resuelven la ética y la política que corresponden a estas concepciones y actúan como si estuvieran en su `laboratorio' histórico". Al estructurar y elaborar concepciones "implícitas" a través del uso dialéctico de la agitación y la propaganda, los partidos son "los elaboradores de intelligentsias nuevas, integrales y totalitarias y los crisoles donde tiene lugar la unificación de teoría y práctica, entendida como un proceso histórico real".43 En la versión estetizada de Bajtín sobre la toma de conciencia, el autor somete a las ideologías que entran en competencia al experimento de la ficción (en la forma de los hechos narrativos) en el "crisol" de la novela, revelando simultáneamente la estructura ideológica de estas ideologías y su propiedad conceptual. Fuera de la novela sólo existe una "gente" eternamente escéptica y un estrato represivo gobernante.

La lucha por la hegemonía

Fue Vossler el que primero analizó la lucha entre lenguajes en términos de la aceptación estéticamente regulada de una cosmovisión por otra. Sin embargo, Vossler también hizo una distinción dentro del mundo de los signos entre lenguajes que tenían un potencial hegemónico y aquellos cuyo estatus era menos seguro. Por lo tanto, en términos de lenguaje al igual que de política, hay dirigentes y dirigidos. Para Gramsci y Voloshinov sólo la burguesía y el proletariado pueden desarrollar un discurso absolutamente diferenciado y unido en virtud de sus posiciones estructurales dentro de las relaciones de producción. El lenguaje hegemónico proletario es el marxismo, que puede unir concepciones económicas, políticas, intelectuales y morales, pero debe desarrollarse "al punto de que sea exponente hegemónico de alta cultura", una evolución que es al mismo tiempo "la lucha por la unificación cultural de la raza humana".44 Las ideologías de los otros grupos sociales son afines a la concepción de Vossler de "lenguajes nacionales dudosos":

En los casos dudosos una lengua nacional es como una iglesia -uno puede pertenecer a ella y también cambiarla-. Que el lenguaje nos une en naciones es un hecho histórico natural, pero no una ley de la naturaleza.45

El estatus de los discursos sociales del campesinado y otros grupos intermedios es afín al de los dialectos en relación a una lengua nacional con aspiraciones universales. En un contexto moderno podríamos mencionar los discursos "espontáneos" de diferentes grupos oprimidos como los movimientos de liberación de homosexuales, el feminismo y el nacionalismo negro, que permanecen limitados a los intereses de sus propios grupos. Aquellos discursos que no pueden desarrollarse más allá de este estadío deben buscar alianzas con otro discursos potencialmente hegemónicos:
 [Un] lenguaje que es meramente individual, meramente ornamental y nacional, y permanece fijo en su provincialismo determinado, degenerará en un simple dialecto. Un lenguaje que tratara de retener su aspecto nacional propio se despedazaría atrapado dentro de ese puño de hierro.46
Aplastado por factores políticos, económicos y culturales, un lenguaje se ve atraído por o rechaza a otros lenguajes de acuerdo al grado con que la forma externa del lenguaje "que sería hegemónico" se ajusta a la "forma interna" del "caso dudoso". En términos de Croce se trata de una intuición, en Bajtín de un "acento socialmente evaluativo" y en Gramsci de la práctica de una clase social. La característica distintiva del marxismo es que puede desarrollarse hasta un punto donde actualiza todo lo que es valioso en concepciones "subalternas" y "fragmentarias" y por lo tanto puede ser constitutivo de un nuevo orden. La elección de con qué lenguajes aliarse depende de factores estéticos. Vossler sostiene que:
Un elemento estético tiene que ver con cada indicio de la voluntad. Aunque llamemos a la puerta, por la que un ente extraño nos penetra, oído u ojo o nariz o tacto o sensibilidad o poder de percepción, el espíritu en guardia que abre y cierra la puerta y permanece despierto detrás de los párpados, siempre es una fuerza estética: el gusto.47
De tal modo que tanto el rechazo como la identificación con el punto de vista de otro es una acción estética. Gramsci, siguiendo la evolución de Bartoli en este punto, llamó a esto fascino-prestigio (atracción-prestigio). El proletariado y la burguesía tienen la habilidad para transformarse en hegemónicos y generar suficiente prestigio para ganar la dirección de otros grupos sociales. Alineados con cada una de estas clases hay un grupo de intelectuales que articulan la versión más sistemática y avanzada del discurso hegemónico, ganando la dirección de la clase con la cual están alineados. Aunque las relaciones entre los intelectuales y el grupo social, partido y clase son dialécticamente recíprocas, las posiciones no son intercambiables. Así Gramsci puede escribir que "es necesario rechazar vigorosamente como contra-revolucionaria cualquier concepción que constituya al partido [proletario] en una síntesis de elementos heterogéneos".48 En la formulación de Bajtín esto no está claramente definido. Como dice Hirschkop, el rol del autor al consagrar la existencia del héroe implica una relación (irreversible) entre Dios y la persona, mientras que la derivación de estos roles de nuestra experiencia diaria sugiere una relación (reversible) de persona a persona.49

La estructura novelística en el estudio sobre Dostoyevsky de 1929 facilita no sólo la reflexión sobre el héroe por parte del autor sino la auto-reflexión del héroe sobre sí mismo. Cuando se lo traduce a los términos hegelianos del argumento de 1934, esta auto-reflexión es la de la cultura sobre sí misma. La nueva reformulación de este argumento en "Discourse in the Novel" muestra que la novela es el "órgano para percibir la naturaleza heterodoxa de su propia habla" que tiene la literatura. Los dialectos sociales preexistentes se hacen conscientes en y a través de la novela: están "dialógicamente involucrados en cada uno y comienzan a existir para cada uno".50 Bajtín postula al mismo tiempo que la novela se ve modelada por su oponente monológico: la poesía, cuyo objetivo es dominar a otros lenguajes con su lenguaje propio y favorecido. Muchos "bajtinistas" ponen el acento sobre el hecho de que la novela es simplemente la conciencia del discurso. Sin embargo, mientras más se extrema esta opinión menos es posible desafiar la dominación de la poética. Simplemente queda demostrado que en una sociedad hay muchos discursos relacionados entre sí en lugar de un sólo discurso relacionado sólo con la realidad. Puesto de este modo, como el propio Bajtín reconoce en su estudio sobre Dostoyevsky, la efectividad de la novela queda negada ya que "el relativismo y el dogmatismo excluyen igualmente toda argumentación, todo auténtico diálogo, al hacerlo innecesario (relativismo) o imposible (dogmatismo)."51 Para ser políticamente efectivo, el novelista debe organizar a otros lenguajes en contra del lenguaje autoritario. En este sentido, el novelista, al igual que el dirigente partidario de Gramsci, asegura que la estructura "permanezca unida y consistente en su actividad concreta", fijando "los límites de la libertad de discusión y propaganda".52 El novelista de Bajtín, en su rol más político "construye una superestructura sobre estos lenguajes hecha con sus propias intenciones y acentos, que luego se vincula con ellos dialógicamente".53 Los límites impuestos por el dirigente y el novelista "no deberían concebirse en el sentido administrativo y policíaco, sino... en el sentido de fijar la dirección de la política cultural."54

Tal vez el problema mayor con el análisis de Bajtín esté en una traslación demasiado completa de un problema político a los términos de una forma artística. Las instituciones dentro de las cuales la producción y la recepción literaria se realizan y controlan se pierden de vista y sus efectos se sienten sólo en términos de formas lingüísticas cuya relevancia depende largamente del marco institucional. Tal vez el más claro ejemplo de esto sea la actitud enteramente negativa de Bajtín sobre los intentos de los poetas de la vanguardia por reintegrar al arte a una vida social transformada creando un "`lenguaje' especial `de la poesía'". Esto, como notara Nikolai Bajtín unos años más tarde, no fue un gesto poético en términos de Bajtín sino un intento intensamente novelístico por "liberar y juntar los poderes latentes de la poesía folclórica y la lengua popular e investirlos con nuevas funciones, por construir un nuevo medio de comunicación poética".55 Fue precisamente la ausencia de una transformación social, que dependía de la internacionalización de la revolución, que hizo que los artistas siguieran siendo simplemente artistas y transformó su proyecto en "un filosofema típicamente utópico".56 La degeneración de los festivales populares de masas de 1918-19, en los que los vanguardistas habían organizado desfiles carnavalescos y representaciones públicas inmensos, fue típica de la burocratización de los órdenes institucional y social y dejó a la vanguardia varada. La eulogización estalinista de Mayakovsky y la exigencia de que la literatura fuera tendenciosa deliberadamente oscureció los cambios en el contexto de la producción poética entre los años treinta y la era revolucionaria, y la ambigüedad de Bajtín sobre la poética como tipo de discurso y postura hacia los demás discursos es indudablemente un síntoma de esto. Como resultado, lo genérico parecía reaccionario en sí mismo en lugar de serlo las condiciones de realización específicas que imbuían a la poesía con su valor social. De ahí que la novela a menudo aparezca cono un anti-género, preocupada por el trabajo puramente antihegemónico de lo carnavalesco, en lugar de aparecer como un contra-género.57

El encuentro de Bajtín y Gramsci nos alerta sobre estos problemas en el análisis de Bajtín pero también muestra la incompatibilidad del trabajo de Bajtín con el de los "críticos literarios" del establishment liberal que han tratado de enlistar su trabajo en su lucha contra las versiones más radicales del postestructuralismo. Basándose en el trabajo de los idealistas "postmarxistas" de los primeros veinte años de este siglo, tanto Bajtín como Gramsci forjaron una estética política que tenía como objetivo organizar los impulsos deconstructivistas de las "clases subalternas" en una fuerza para el cambio revolucionario. Más aún, Bajtín, en el mejor de los casos provee un bienvenido correctivo para algunos aspectos del trabajo de Gramsci, que lo llevaron a un acomodamiento parcial con el estalinismo y más aún, lo hace sin caer en el vacío del "hors texte" postestructuralista. Esto se refiere principalmente a la relativamente poco desarrollada comprensión de Gramsci de la naturaleza sistemática del lenguaje, que le permitió a algunos escritores invocar la completa separación de la noción de hegemonía del "clasismo", basándose en una filosofía postestructuralista del lenguaje en la que el significado es solamente el efecto inestable de relaciones de diferencia cambiantes.58

Croce creía que el sujeto podía intuir la realidad antes de que fuera traducida en términos lingüísticos que se transformaban en su encarnación social. Gramsci, del mismo modo, creía que a través de la actividad sintetizadora de la práctica social los obreros podrían tener una semiconciencia preverbal de su posición en las relaciones productivas, que podría luego tranducirse en un discurso dadas unas condiciones históricas favorables. Evocando a Lukács, Gramsci parece sugerir que el punto de vista del proletariado es la base de una conciencia de clase que es sinónimo de verdad y que el partido revolucionario, al proveer la más alta expresión de esa conciencia tendría un acceso extra-discursivo a la realidad. De ahí su comentario de que el partido "toma el lugar de la divinidad o del imperativo categórico".59 Deja sin embargo sin explicar cómo puede una concepción del mundo estar implícita en la práctica de un grupo social dado, especialmente cuando consideramos al lenguaje como la "estructura articulada que hace contacto con la realidad sólo en la periferia"60 como lo exige el trabajo de Saussure. Mientras que la epistemología antirrealista de Gramsci le permitía romper con las teorías marxistas de la ideología de la "falsa conciencia" dominantes, facilitando el desarrollo de un estudio de la ideología como algo que se reorganiza continuamente a la luz de la lucha entre las clases, esto a menudo lo llevó a reducir lo social a la conciencia que el sujeto tuviera de ello. Y mientras que la incapacidad de Bajtín para justificar las determinaciones materiales de la heteroglosia lo llevaron a menudo a la misma reducción, él hizo un examen mucho más satisfactorio de su debilidad que Gramsci.

Al rechazar la sugerencia de Gramsci de que existía un vínculo sin mediaciones entre el interés económico de clase y la ideología política, algunos han planteado que no hay ninguna correlación entre el significado discursivo y la organización económica de la sociedad. Como hiciera notar Ann Jefferson:
 [E]l dialogismo se ve positivamente activado al intensificar la mímesis en cada vuelta... ya sea que uno empiece por la referencia o por el dialoguismo, los dos conceptos resultan estar inextrincablemente vinculados... Hay una especie de complementaridad por la cual la representación necesariamente supone la heteroglosia activa del dialogismo, y el dialogismo necesariamente lleva nuevamente a la cuestión de la representación.61
La teoría de la novela de Mikhail Bajtín fue un intento de reintegrar el trabajo del crítico cultural a los problemas contemporáneos de la justicia social después de estos excesos bohemios, y lo hizo en las más difíciles circunstancias que uno pueda imaginar. El novelista de Bajtín y el "príncipe moderno" de Gramsci estructuran y maximizan al dialogismo para intensificar la adecuación representacional. Basándose en las valiosas observaciones de las últimas generaciones de "postmarxistas", ambos enriquecieron al materialismo histórico, pero para hacerlo tuvieron que desmembrar completamente la metodología de esas teorías. Hoy, nuevamente, el marxismo no puede avanzar simplemente absorbiendo el método postestructuralista pero puede aprender de las insuficiencias de aquél y de sus valiosas observaciones. Para avanzar más allá del mero disenso intelectual, sin embargo, todavía necesitamos al "príncipe moderno".

Benedetto Croce (1866-1952). Filósofo y crítico literario italiano, ejerció una gran influencia en el campo de la Estética. Idealista hegeliano, lucha contra e lpositivismo a favor de un movimiento de universalidad de la cultura. Con respecto al fascismo, no se comprometió, reservando sus críticas para movimientos similares a lo largo de la historia y en diferentes lugares.
Mikhail M. Bajtín (1895-1975). Contemporáneo de los formalistas rusos, fue antiformalista declarado y enfocó su atenciónn a la necesidad de un análisis socio-ideológico de las formas del lenguaje. Elabora una filosofía dialógica del lenguaje desde la que enfoca toda la actividad verbal como un acto de enunciación dentro de un diálogo social constante. Vivió un prolongado destierro.
Antonio Gramsci (1891-1937). Político y filósofo italiano. Uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano (1921) y de su órgano de prensa L’Unità (1924). Secretario general del partido desde 1924, fue detenido en 1926 y condenado a veinte años de prisión. Murió en la cárcel. En Cuadernos de la Cárcel y Cartas desde la cárcel, expone su “filosofía de la praxis”. Sus escritos lo enfrentaron al stalinismo.

Notas

1. Antonio Gramsci, Selections from the Prison Notebooks, Q. Hoare y G. Nowell Smith, comp., Londres 1971, pág. 41. Ver también Selections from Cultural Writings, Forgacs y Nowell-Smith, comp., Londres 1985, págs. 165-7.
2. B. Croce, Aesthetics as Science of Expression and General Liguistics, Londres, 1953, pág. 14.
5. Gramsci, Selections from the Cultural Writings, pág. 174.
6. Michel Acouturier, "Theatricality as a Category in Twentieth-Century Russian Culture", en Kleberg y Nilsson, (comp.). Theater and Literature in Russia 199-1930, Estocolmo, 1984, pág. 17.
7. Sobre este tema ver K.Hirschkop y D. Shepherd, Bakhtin and Cultural Theory , Manchester 1989, págs. 6-8. Tal vez el más claro ejemplo de esto por parte de un miembro de la escuela de Bajtín es el ensayo escrito por Matvey Kagan en 1923: "Judaism and the Crisis of Culture", en Minuvshee 6, Moscú 1992.
8. Bakhtin and Cultural Theory, pág.8
9. P.N. Medvedev, The Formal Method in Literary Scholarship, Baltimore, 1978, págs. 59-61.
12. Sobre este tema ver L.E.Blyakher, "Through the Ideas of Russian Humboldtism", en I. Malchenkova, (comp.), M.M.Bakhtin: Esteticheckoye naslediye i sovremennost" (M.M. Bajtín: Herencia estética y modernidad), Saransk 1992, vol.2.
13.V.N.Voloshinov, Marxism and the Philosophy of Language, Cambridge, Mass. 1973, pág. xiv.
14. Citado en T.Nemeth Gramsci's Philosophy, Brighton 1980, págs. 159, 48.
15. Selections from the Cultural Writings, pág.177.
16. M.M. Bajtín, "Toward the Aesthetics of the Word", en Dispositio vol.4, nº11-12, pág. 312.
17.K. Vossler, The Spirit of Language in Civilization, Londres 1932, pág. 13.
20. M.M.Bajtín, Problems of Dostoyevsky's Poetics, Manchester 1984, pág. xxxi.
21. Vossler, The Spirit of Language, págs. 172-6.
22. Selections from the Cultural Writings, pág. 178.
23. M.M.Bajtín, The Dialogic Imagination, Austin 1981, pág. 270.
24. Selections from the Cultural Writings, pág. 181.
29. Nicholas Bajtín, Lectures and Essays, Pág. 97.
30. Boris Kagarlitsky, The Thinking Reed, Verso, Londres 1989, pág.87.
31. M.M. Bakhtin, Rabelais and His World, Bloomington 1984, pág.96.
32. Selections from the Prison Notebooks, pág. 252.
33. Hirschkop y Shepherd, Bakhtin and Cultural Theory, pág.8.
34. Rabelais and His World, pág. 204.
35. Selections from the Prison Notebooks, pág. 155.
36. Rabelais and his World, pág. 204.
37. Selections from the Prison Notebooks, pág. 155. El tratamiento de Bajtín de la novela como una "legalidad" de lenguajes es una evolución de acuerdo con las líneas de la semántica, que parte de la estética de Hermann Cohen, que propuso un modelo "jurídico" de tragedia griega, y la noción de Ivanov de que la novela de Dostoyevsky era como una "tragedia novela". Un enfoque similar toma otro miembro del grupo de Bajtín, Lev Pumpiansky, en Dostoyevsky i antichnost' (Dostoyevsky y la antigüedad) Petrogado 1922, mientras que en un prefacio al Nakanunye (En las Vísperas) de Turgenev, nota que el "juicio [sud] es inseparable de la literatura": Turgenev, Sochineniye (Colección). vol.6, Moscú 1929, pág.9. La concepción de Cohen se ve esbozada en el ensayo de Voloshinov de 1926: "Discourse in Life and Discourse in Poetry", en Shukman, comp., Bakhtin School Papers, Essex 1983, pág.25
38. The Dialogic Imagination, pág. 342.
39. Bachtin, Lectures and Essays, págs. 97-98.
41. Selections from the Prison Notebooks, págs. 327, 333.
42. Rabelais and His World, pág. 345.
43. Selections from the Prison Notebooks, pág.335. Como señalan los editores, "totalitario" aquí está utilizado en el sentido de "simultáneamente `unificados' y `dedicados de lleno a'" más que en el sentido moderno.
45. The Spirit of Language, pág. 120.
48. Selections from the Prison Notebooks, pág. 363.
49. Hirschkop, "The Author, the Novel and the Everyday", Times Higher Education Supplement, 1 mayo de 1992, pág. 27.
50. The Dialogic Imagination, pág. 400.
51. Rabelais and His World, pág. 69.
52. Selections from the Prison Notebooks, pág.341.
53. The Dialogic Imagination, pág. 409.
54. Selections from the Prison Notebooks, pág. 341.
55. Lectures and Essays, pág. 37.
56. The Dialogic Imagination, pág. 288.
58. Ver especialmente Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Hegemony and Socialist Strategy, Verso, Londres 1985.
59. Selections from the Prison Notebooks, pág. 133.
60. Michael Dummett, Frege: Philosophy of Language, Oxford 1985, págs. 147-53.
[1]61. "Realism Reconsidered: Bakhtin's Dialogism and the `Will to Reference'", en Australian Journal of French Studies, vol.23, nº2, 1986, págs. 182-3.

Craig Brandist
Craig Brandist es investigador en el Centro Bajtin del Departamento de Estudios Rusos y Eslavónicos de la Universidad de Sheffield. Es autor de "Carnival Culture and the Soviet Modernist Novel" (1996); coeditor, con Galin Tihanov, de "Materializing Bakhtin: the Bakhtin Circle and Social Theory" (1999); y autor de una nueva introducción al trabajo del Círculo de Bajtin (en preparación). También es autor de numerosos artículos sobre literatura y teoría social aparecidos en publicaciones en Gran Bretaña, los Estados Unidos y Rusia. Actualmente está trabajando en una nueva edición y traducción crítica electrónica del trabajo del Círculo de Bajtin.