8/12/12

Antonio Gramsci & Edward Said / Algunas ideas, un poco dispersas…

Edward Said ✆ Gary Sauer-Thompson
Traducción del italiano por Omar Montilla

¿Conocemos realmente lo que significa “el Oriente”, o la imagen que tenemos ha sido distorsionada por la óptica del imperialismo cultural? Es esto lo que se pregunta, a partir de las reflexiones de Gramsci sobre la hegemonía, el crítico literario Edward Said (1935-2003) -de nacionalidad estadounidense, pero de origen palestino- en su célebre ensayo que ha revolucionado el estudio de la historia y la política de Oriente: ‘El orientalismo. La imagen europea de Oriente’.  

Said se ha convertido en un famoso intelectual, conocido a nivel internacional, uno de los pocos ejemplos de la nueva figura intelectual global, y esto se debe a la lucidez con la que reveló los mecanismos retóricos por los que Occidente representa al Oriente como algo bárbaro y un esclavo del atraso, con el fin de justificar mejor su supuesta superioridad y la legitimidad de las políticas neo-coloniales.

A estos temas ha dedicado, además de ‘Orientalismo’, también ‘Cultura e imperialismo’. Afronta estos temas, con matices autobiográficos en la obra ‘Siempre en el lugar equivocado’, que describe su vida como un ciudadano0 palestino nacido en un protectorado británico, educado en la cultura occidental, y finalmente emigrado a los Estados Unidos. La crítica de Said no se ha detenido en el nivel del discurso histórico-literario, sino que se ha vertido en un apasionado compromiso político en apoyo del pueblo palestino y a favor de la paz entre Israel y Palestina, a través de la creación de dos estados independientes, que se menciona en ‘Entre la guerra y la paz: regresar a Palestina-Israel’.

Entonces, ¿cuál debe ser el papel del intelectual en el mundo global? Edward Said tiene una visión de claro cometido intelectual, que de acuerdo con Gramsci, la crítica cultural también se convierte en crítica política, como explica en ‘Decir la verdad: los intelectuales y el poder’. Como un gran crítico literario que fue, afirma en la última conferencia dictada por él, y recogida a título póstumo con el nombre de ‘Humanismo y crítica democrática, la centralidad de la educación humanista en la formación de la conciencia crítica y la sensibilidad política’. Pero no del rígido humanismo y reglas elitescas, sino un humanismo abierto a las historias de hibridaciones e intercambios culturales que se encuentran en el origen de todas las tradiciones "nacionales", en la imaginación de un futuro multicultural más allá de los límites de «hegemonía.
Dos canciones de orientalismo. La imagen de Europa del Este, EW Said (Feltrinelli, 2002).

La dimensión personal

En Cuadernos de la cárcel Gramsci dice: "El comienzo de la elaboración crítica es la conciencia de lo que realmente es, un conocerte a ti mismo como un producto del proceso histórico en curso que ha dejado en ti un montón de huellas aceptadas sin beneficio inventario".

Inexplicablemente, la única traducción en inglés de la obra se detiene aquí, en el testo en italiano de Gramsci donde concluye añadiendo: "Tenemos que hacer inicialmente ese inventario". Gran parte de mi compromiso personal al escribir ‘Orientalismo’, se deriva de la convicción de ser un "oriental", por haber nacido y crecido en dos colonias británicas en el Oriente Medio. Mis estudios, primero en estas dos colonias (Palestina y Egipto), y luego en los Estados Unidos, han sido occidentales de principio a fin, sin embargo, esta precoz y arraigada conciencia ha persistido. Desde muchos puntos de vista, esta búsqueda del orientalismo es un esfuerzo para elaborar un inventario de las cosas depositadas en mí, oriental, de la cultura cuya preponderancia ha sido un elemento muy importante en la vida de muchos orientales. Por esta razón el Oriente islámico no podía dejar de estar presente en el centro de mi atención.

Si lo que he conseguido es un buen ejemplo de que el inventario de Gramsci sugiere que construimos, no me corresponde decirlo, aunque haya considerado de importancia haber tenido la certeza de haberme propuesto tal objetivo. A lo largo del camino, con la severidad y la lucidez, de la cual he sido capaz, he tratado de mantener una conciencia crítica, y de utilizar de la mejor manera esas herramientas en la investigación histórica, humanística y cultural, y que a través de la educación he llegado a tener el privilegio de poseerla. Sin embargo, nunca he perdido el contacto con la realidad cultural y la implicación personal que surge de mi de ser un "oriental", en el sentido en que he expuesto.

La idea de la hegemonía

Gramsci propuso una valiosa distinción teórica entre la sociedad civil y política, siendo la primera formada por asociaciones espontáneas, racionales y no coercitivas, como la familia, el sistema escolar y los sindicatos; la segunda de instituciones cuyos miembros están unidos de forma no espontánea y cuya función está conectada de acuerdo al dominio dentro de la sociedad (ejército, policía, poder judicial, etc.).

La cultura operaría en el ámbito de la sociedad civil, y la influencia de las ideas, de las instituciones y de los individuos, no dependen de la dominación, sino de lo que Gramsci llama "consenso". Por lo tanto, en toda sociedad no totalitaria, algunas formas culturales son predominantes respecto de otras, algunas ideas serán más seguidas, se darán cuenta que la prevalencia espontánea de ciertos sistemas de ideas que Gramsci llamó "hegemonía", el concepto de fundamental  importancia para la comprensión de la vida cultural del occidente industrial.

Es precisamente la hegemonía, o más precisamente el resultado de la hegemonía cultural, que daría al Orientalismo la duración y la fuerza sobre la cual en estas circunstancias llamamos la atención.

El orientalismo no está lejos de lo que Denys Hay ha llamado la "idea de Europa", es decir, la noción colectiva a través de la cual  se identifica un "nosotros" europeos en comparación con los "otros" no europeos, y al final podemos decir que el componente principal de la cultura europea es, precisamente, lo que ha hecho que la cultura sea hegemónica, tanto en el propio continente como en los otros: la idea de la identidad europea basada en una superioridad sobre otros pueblos y otras culturas.

A esto se agrega que la hegemonía de las ideas europeas sobre el Oriente, donde se confirma la superioridad sobre el inmóvil tradicionalismo oriental, hegemonía que por lo demás ha impedido en gran medida el desarrollo y la difusión de otras opiniones al respecto.