5/11/12

Marxismo, derrotas y sujetos de la emancipación

Leopoldo Lavín Mujica

Leopoldo Lavín Mujica
Nos guía una cuestión central en este trabajo, a saber ¿sigue siendo hoy el marxismo una guía para la acción transformadora de la sociedad por los trabajadores que permita salir del capitalismo y sentar las bases para una sociedad alternativa, una sociedad socialista y bajo qué condiciones?

Planteadas así las cosas, es evidente que el problema del sujeto o actor de la emancipación es fundamental y, por supuesto, esta definición de carácter estratégica implica preservar dentro de las diversas reflexiones un núcleo teórico central del marxismo que conviene defender, poner en relieve y difundir.

En otros términos, destacar ciertos aportes de pensadores respecto del corazón mismo del marxismo, quienes elaboran su pensamiento no solo ante los ataques de corrientes como el liberalismo y el neoliberalismo, que pretenden declarar muerto al marxismo, sino que además, ante las críticas de los autores de las teorías de los nuevos “sujetos de la emancipación” a través de los denominados “nuevos pensamientos críticos”.

En este sentido consideramos un aporte importante las explicaciones acerca de las consecuencias de las derrotas políticas del proletariado en la teoría marxista, elaboradas por Perry Anderson; la defensa de la determinación económica sobre los procesos ideológicos, sociales y políticos que asume Slavoj Žižek; la definición del marxismo como un metarrelato o metacomentario (mastercode) histórico con sus códigos de interpretación históricos que hace Fredric Jameson y la defensa y definición que Daniel Bensaïd hace del proletariado como sujeto estratégico de la emancipación determinado siempre por su posición en el conflicto de clase con la clase dominante. 

En torno a algunos debates marxistas contemporáneos / Marxismos, Derrotas y Sujetos de la Emancipación

El marxismo, a diferencia de otras corrientes intelectuales, no es solamente una cuestión de teoría pura. El marxismo es una combinación de teoría y práctica que se manifiesta de manera variable en su relación interna misma y, dependiendo siempre del contexto histórico, de cada ciclo de luchas o de la situación concreta. Ahora bien, en el marxismo, la relación con la práctica política es deseada, explícita, reivindicada; esto quiere decir que ella es constitutiva de la especificidad de su posición o calidad teórica misma.

Para parafrasear la tesis emblemática de Marx en Las Tesis Sobre Feuerbach, “de lo que que se trata no es solamente de contemplar o interpretar el mundo…” —lo que ya es una gran cosa— sino que de algo más extraordinario aún que ponerlo en la perspectiva del cambio por la clase explotada y oprimida; el objetivo del marxismo, tal cual la misma tesis lo plantea, es transformarlo de raíz, radicalmente.

De alguna manera, en cada período histórico o ciclo de luchas, la teoría marxista o algún ramillete de tesis clave, tiene la oportunidad de prender en las clases subalternas para así poder transformarse en fuerza material; en acción transformadora. Y cuando algunas ideas fuerzas se instalan en la mente y el accionar de mayorías o de sectores sociales oprimidos, su impacto político y existencia es más determinante que los más elaborados sistemas filosóficos o religiosos.

El vínculo prolífico del pensamiento con la realidad social, que contribuye a darle consistencia a la tarea de los explotados y explotadas, para poder transformar esa misma realidad, es evidente en la lectura de los textos de los fundadores del marxismo (1847, El Manifiesto del Partido Comunista). Sus recorridos personales son un ejemplo. Karl Marx y Friedrich Engels estuvieron toda su vida en estrecho contacto con organizaciones políticas y de trabajadores del mundo entero. Ellos mismos fueron militantes revolucionarios y prolíficos intelectuales. Además de entregarse en cuerpo y alma a descifrar los jeroglíficos del capital y el fetichismo de la mercancía y el dinero, también investigaron y escribieron sobre acontecimientos políticos tan diversos como las derrotas de la revolución en Francia (1848-1849) y en Prusia, la Guerra de Secesión en Estados Unidos o sobre aquel acontecimiento histórico extraordinario que fue la Comuna de París.

La lucha y gesta del pueblo de París (1871) marcó un hito importante en la historia de los oprimidos por su emancipación y le permitió a Marx extraer análisis acerca de la lucha social contra las formas políticas burguesas como el Estado, y su reemplazo por nuevas formas democráticas y revolucionarias de ejercicio del poder por los ciudadanos trabajadores y productores directos. De manera específica, los trabajos de Marx y Engels contribuyeron al armamento teórico del movimiento obrero emergente y, más específicamente, a dotar de perspectivas al movimiento comunista en desarrollo. El vínculo entre la teoría y la práctica política se mantuvo robusto, y prácticamente indisoluble, en las dos generaciones de marxistas consecutivas a Marx y a Engels, pero, éste se rompe más tarde, en el primer tercio del siglo XX, producto de las derrotas del movimiento obrero y del proyecto revolucionario en Europa.

Queremos en este texto, desarrollar una reflexión general acerca del impacto de las derrotas o fracasos de las experiencias revolucionarias europeas del siglo precedente  en la teoría marxista y, en los diferentes marxismos que se han desarrollado en el mundo, haciendo hincapié en cómo los reveses prácticos han afectado supuestos fundamentales del marxismo, y gestado un campo de estudios que se ha denominado el “marxismo Occidental”. Es un hecho que la mayor parte de los teóricos marxistas o, quiénes escriben sobre el marxismo, han sido influenciados por esta corriente en sus aportes, problemáticas y marcos conceptuales. Y ésto es así a riesgo de ser tildado de europeocentrista. Además, no puede negarse que todas las revoluciones —como  la china, la cubana, la nicaragüense— han experimentado más o menos derrotas que han tenido un impacto negativo en la teoría revolucionaria misma, a lo que se agrega el desplome de la URSS.

Nos guía una cuestión central, a saber, ¿sigue siendo hoy el marxismo un guía para la acción transformadora de los trabajadores y trabajadoras que permita salir del capitalismo y sentar las bases para una sociedad alternativa, una sociedad socialista y bajo qué condiciones?

Planteadas así las cosas es evidente que el problema del sujeto o actor de la emancipación es fundamental y, por supuesto, esta definición de carácter estratégica implica preservar dentro de las diversas reflexiones un núcleo central del marxismo que conviene defender, poner en relieve y difundir. En otros términos, destacar ciertos aportes de pensadores a lo que es el corazón del marxismo mismo ante críticas y ataques por parte de otras corrientes generales que, como el liberalismo y el neoliberalismo quisieron declararlo muerto. Pero, además, destacar otras que lo critican desde dentro de la teoría social misma. Sin desconsiderar el hecho de que muchos pensamientos llamados críticos o teorías posmodernas son, al mismo tiempo, un aporte al marxismo. Paradoja que el debate y el trabajo entre marxistas en conferencias, congresos y organizaciones políticas ayuda a esclarecer y, al mismo tiempo, a enriquecer teóricamente al marxismo y a sus categorías de análisis de la realidad. En este sentido consideramos un aporte importante las explicaciones acerca de las consecuencias de las derrotas políticas del proletariado en la teoría marxista, elaboradas por Perry Anderson; la defensa de la determinación económica sobre los procesos ideológicos, sociales y políticos que asume Slavoj Žižek; la defensa que hace Daniel Bensaïd del proletariado como sujeto estratégico de la emancipación, determinado siempre por su posición en el conflicto de clase con la clase dominante y, la concepción del marxismo como un metarelato o metacomentario (“mastercode”) histórico con sus códigos de interpretación históricos que postula Fredric Jameson en su defensa del marxismo.

Una perspectiva intelectual de este signo es parte de la batalla por la hegemonía ascendente misma de los sectores explotados o clases subalternas en el plano de la ideología y la cultura en las sociedades capitalistas contemporáneas. Por “proceso de hegemonía ascendente” entendemos:
“[…] Lucha por la dirección ideológica de la sociedad a la que han participado las clases populares del mundo desde mediados del XIX. […] Este concepto da cuenta de un movimiento de ampliación de los espacios democráticos conquistados en los dos primeros tercios del XX y de su brusco bloqueo desde 1970, lo que implica hoy ocuparse de su reconquista. Esta expresión insiste en el carácter de proceso inacabado del proceso histórico y se apoya en las concepciones de Antonio Gramsci que considera que el poder dominante se manifiesta siempre en dos dimensiones, las de la fuerza y del consentimiento y, que por consiguiente, es a la vez coercisión y hegemonía; “una hegemonía acorazada de coercisión” 1.
Una gran preocupación subyacente en la presente ponencia es la de saber si él o los marxismos y sus desarrollos entregan aportes y análisis para, mediante la acción transformadora del proletariado contemporáneo (nuestro sujeto de la emancipación) aprovechar las posibilidades que abre la profunda crisis del capitalismo actual.

Así, por ejemplo, la problemática de la llamada “pérdida de la centralidad como sujeto de los cambios de la clase trabajadora” en las sociedades contemporáneas, es esencial porque cuestiona el núcleo transformador del marxismo, pero además, está en estrecha relación con las derrotas que la clase trabajadora ha vivido y sus consecuencias en el plano intelectual.

Las tesis de Perry Anderson acerca del vínculo entre derrota y crisis en la relación teoría práctica 

La explicación esclarecedora acerca de la ruptura del núcleo del marxismo entre sus dos elementos constitutivos, teoría y práctica, que se produjo a partir de la tercera generación de marxistas, tiene su explicación en las derrotas a las cuales asisten las generaciones de marxistas sucesores de Karl Marx. Es la tesis del historiador marxista británico Perry Anderson en su libro2.  Como no se trata de las únicas derrotas vividas por la clase trabajadora, conviene entender algunas consecuencias de éstas.

Este fue el propósito de buena parte de la obra del intelectual británico durante los ochenta. El interés que tiene el trabajo de Anderson es que trata de entregarle a un público amplio de no especialistas, un análisis político del fenómeno complejo de la ruptura entre la teoría y la práctica.

El rol de la primera generación de marxistas sucesores de Marx3, según Anderson, se sitúa en la continuidad del trabajo de sistematización del materialismo histórico iniciado por Friedrich Engels. Estos continuadores, ocupan un rol clave en el desarrollo del marxismo que intenta dar respuesta a cuestiones políticas para la revolución socialista. Son teóricos y revolucionarios de Europa Central y de Europa del Este como Lenin, Rosa Luxemburgo, Hilferding y Trotsky.

Pese a las diferencias entre este tipo de militantes-teóricos que aparecieron de manera neta con la escisión del movimiento socialista internacional en la Primera Guerra Mundial, Anderson sostiene que lo que los une fue la importancia vital del trabajo de descifrar las leyes fundamentales de las dinámicas del capitalismo en su nuevo estadio de desarrollo histórico, además de la aparición fulgurante de una teoría política marxista. Según Anderson, lo que puso fin a esta unidad histórica de la teoría y la práctica fue el fracaso de la tentativa de extender la revolución rusa de octubre 1917 (la derrota de la revolución alemana en 1918-1919) que tuvo por consecuencia  la constitución de partidos comunistas estalinizados y el reforzamiento de una social democracia reformista.

Anderson postula que el “Marxismo Occidental”, cuya característica común es preocuparse más de los problemas estéticos, culturales y filosóficos que plantea el capitalismo que de los problemas económicos, no se desarrolló en oposición al leninismo sino a su derrota por el estalinismo debido al curso imprevisto de la Revolución Rusa de 1917 y al golpe dado al movimiento obrero en su conjunto por el fascismo. El llamado Marxismo Occidental es, según el propio Anderson, un producto de la derrota.

Así pues, Perry Anderson demostró que en la época del marxismo clásico, el de Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburg u Otto Bauer, los principales teóricos del marxismo eran también los principales dirigentes de las organizaciones obreras o partidos de izquierda de su época. A partir de mediados de la década de 1920 se produce una ruptura entre la teoría y la práctica, como resultado de lo que significó el estalinismo que trajo consigo un congelamiento de la discusión teórica y política dentro del partido bolchevique. Desde ese entonces, una barrera comienza a alzarse entre los “productores” de marxismo y las organizaciones políticas de la clase trabajadora.

Ahora bien, P. Anderson no está de ninguna manera diciendo que el movimiento obrero europeo era dirigido por intelectuales, aunque hubieran sido del tipo marxista. Más bien está diciendo que en esta época la teoría y la práctica no eran distintas ni se encontraban separadas en su ejercicio, sino que encarnadas en los mismos individuos. En definitiva, Lenin o Trotsky no eran intelectuales en el sentido actual del término. Por supuesto que en Anderson hay una idealización del marxismo clásico, pero da cuenta de algo fundamental que es, precisamente, la importancia del quiebre de la unidad entre teoría y práctica.

Según P. Anderson, los pensadores marxistas (más bien filósofos como Althusser, Sartre, Henri Lefebvre, Ernst Bloch, Lukács, Escuela de Frankfurt) figuras emblemáticas del llamado Marxismo Occidental (después de Marx y Engels y de los ya nombrados intelectuales-militantes como Lenin, Trotsky, Rosa y los otros), mantuvieron relaciones difíciles con los partidos y organizaciones en vínculo con el movimiento obrero de la época: marcadas por la exterioridad, la censura, rupturas y exclusiones.

La situación actual de las relaciones entre la teoría y la práctica es diferente. La mayoría de los pensadores marxistas europeos que ocupan l’avant de la scène son principalmente académicos universitarios sin ninguna relación organizacional. Hay casos como el de Alain Badiou, Daniel Bensaïd y Alex Callinicos que son militantes de pequeñas organizaciones comparadas a los cientos de miles que tenían las organizaciones de trabajadores en las cuales militaron Marx, Engels, Lenin, Rosa o Trotsky. Pero Slavoj Žižek, Fredric Jameson, Jacques Rancière, Ernesto Laclau, David Harvey, James Petras, Atilio Borón  son más bien conferencistas de izquierda marxista en prestigiosas universidades y foros mundiales o regionales. En Latinoamérica, la situación sería entonces la misma. Y pareciera ser, según algunos especialistas, que la honrosa excepción le cabe a Álvaro García Linera, el vicepresidente del Gobierno boliviano y militante del MAS.

Según el investigador francés Rezmig Keucheyan:
 “la profesionalización-academización de los pensamientos críticos se debe a varios factores. El principal es la permanencia de la división del trabajo de la cual se alimenta el capitalismo y en particular de la división entre el trabajo manual y el trabajo intelectual, que Marx considera como la matriz de todas las divisiones del trabajo. Esta realidad objetiva constituye un dato irreductible del período que hay que combatir activamente, y el cual hay que comenzar por sopesarlo. […] Estamos ante en una situación en que hay mucho por hacer para evitar que el trabajo intelectual no se vea irremediablemente desconectado del combate social”4.
Pese a lo esclarecedor de las tesis que intentan explicar el declive del marxismo a partir de las derrotas de los intentos revolucionarios elaboradas por Anderson, Sthatis Kouvélakis considera que el análisis del intelectual británico deja en la penumbra la permanencia en el transcurso de este período, de una intensa producción teórica marxista en sus centros de Europa Occidental, pero que se inserta, eso sí, en la ruptura entre teoría y práctica5.

Pero he aquí lo singular. Pese a estos abruptos tropiezos con la porfiada realidad histórica y las caídas de un pensamiento o teoría que guía la acción y su refugio en la filosofía, la estética o la epistemología, el marxismo tiene esa capacidad de reconstituirse como cuerpo teórico capaz de seguir mostrando que es posible y necesario transformar las sociedades capitalistas, y que hay alternativas a un modo de producción alienante, depredador y generador de desigualdad. En definitiva, que el marxismo puede explicar estas nuevas realidades y nutrirse de los aportes de las otras ciencias sociales y humanas y de la ciencia en general. Y puede ser, porque su objeto de estudio es el mismo: el capitalismo y sus crisis y manifestaciones y, su objetivo estratégico permanece vigente: su transformación.

Y en el plano de las ideas nadie puede negar que el marxismo jugó  un rol importante en el terreno ideológico en el siglo XX, desde 1930 hasta comienzos de 1980.

Sin embargo, bajo las influencias de algunos pensadores postmodernistas, los “actores de la emancipación” o los “sujetos históricos” se han multiplicado desde 1980. Lo que implica, que el peso acordado a las determinaciones socieconómicas sobre la cual reposa una concepción clasista de la realidad social, han menguado. En estos pensamientos críticos repertoriados por el intelectual francés Razmig Keucheyan en su libro “Hémisphère gauche, une cartographie des nouvelles pensées critiques”6, la dimensión de clase es solo una variable más entre varias otras. Estos pensamientos sostienen, en refinadas teorías, la existencia de una dominación de clase así como existe una dominación patriarcal o etno-racial, situadas al mismo nivel.

La emergencia de los pensamientos críticos

Lo que caracteriza a los “pensamientos críticos”, según Keucheyan en el libro citado, es compartir la idea-tesis de que el capitalismo no es el horizonte insuperable de nuestra época. Pero hay otros problemas que éstos ponen en especial relieve. Uno de los temas centrales es el de definir los actores de la emancipación y, la cuestión estratégica o el del potencial estratégico de los movimientos o grupos designados como el sujeto de los cambios. Y las derrotas han abierto el debate sobre esos dos factores. Es innegable que el impacto de la derrota de una experiencia histórica como la de la Unidad Popular (1970-1973)7 en Chile y la aniquilación de una extraordinaría experiencia de la clase trabajadora como la del “doble poder” de los “Cordones Industriales”, tuvo y tiene aún un impacto sobre la teoría marxista, al menos en el país en cuestión y en los intelectuales que vivirán subjetivamente esa derrota, ya sea como militantes y/o como académicos.

La contribución de Slavoj Žižek a la defensa del  núcleo duro del marxismo

Slavoj Žižek es un pensador marxista contemporáneo influyente y mediático. El filósofo eslovaco que se pasea entre Ljubljana (su ciudad natal) París, Buenos Aires, Nueva Delhi, Nueva York y Atenas, pese a haber sido fuertemente influenciado en sus posiciones filosóficas por su formación en el sicoanálisis de Jacques Lacan, sobre quién hizo una tesis de doctorado, se considera marxista y polemiza en todas las tribunas en defensa del marxismo e incluso del leninismo.

S. Žižek defiende en sus escritos la tesis de la determinación en última instancia de la economía sobre las otras instancias o superestructuras de la sociedad (moral, ideológica, jurídico-legal, cultural, etc.). En este paradigma, que podemos considerar clásico del marxismo, hoy cuestionado por las corrientes “postmodernistas” o por el posmarxismo de Ernesto Laclau, S. Žižek sostiene que la forma de opresión que hoy sigue funcionando en el campo económico (como factor determinante) o en la infraestructura de la sociedad, es decir, la explotación capitalista, prima por sobre las otras opresiones que constituyen otras formas de dominación. Es en torno a ella que se articulan las otras opresiones.

Lo que es bastante extraño para un intelectual formado en un país del ex bloque de Europa del Este comunista y que además fue un disidente en su propio país durante la era de la burocracia comunista.

S. Žižek reformula, en filosofía, la tesis del sujeto cartesiano con la ayuda del pensamiento de Jacques Lacan y contra los estructuralistas y post estructuralistas que critican el humanismo de la Ilustración8. Esta crítica al humanisno fue hecha por la Escuela de Frankfurt al considerar que las cámaras de gases de los nazis son la expresión perfecta de la racionalidad instrumental en la cual se expresa la modernidad. Es decir, S. Žižek defiende un tipo de construcción histórica de la subjetividad que va contra las corrientes estructuralistas como el antihumanismo teórico de Althusser y el posestructuralismo que como el de M. Foucault  sostiene la “muerte del hombre”.

Pero, es en la defensa de la tesis de la determinación de la superestructura por la infraestructura, que fue incuestionable en el marxismo durante décadas, en lo que S. Žižek se destaca. Este cuestionamiento a la determinación en última intancia de los detractores del marxismo vendrá a la par con la idea de que la dominación es plural. Que son muchas las formas de opresión. Se asiste, con la difusión de los nuevos pensamientos críticos, a una insistencia en la emergencia de una serie de frentes secundarios que van a debilitar la centralidad acordada hasta el momento respecto del enfrentamiento entre el Capital y el Trabajo.

En el plano de la sociología, la influencia de Pierre Bourdieu corresponde a esta tendencia al afirmar que el mundo social está compuesto de diferentes “campos sociales” (plurales y diversos) que tienen cada uno una autonomía relativa con respecto a los otros. Así, por ejemplo, la importancia que tendrá el campo mediático corresponde a las transformaciones socio-técnicas profundas, como la emergencia de los dispositivos de comunicación de masas (prensa, televisión y prácticas periodísticas) que han repuesto la cultura en el centro de la vida posmoderna. De ahí que según él, habrá capitales particulares y desiguales que circulan en cada uno de ellos, como el capital cultural o simbólico (la distinción) de los individuos.

Para S. Žižek, los llamados pensamientos críticos que ponen énfasis en la diversidad y complejidad, han ido demasiado lejos en la diversificación, autonomización o pluralización de las formas de dominación. Al punto que, afirma S. Žižek, son incapaces de comprender la especificidad del capitalismo como sistema. Por supuesto que la dominación es plural. Sin embargo, lo que le otorga su especificidad y singularidad al capitalismo es que todas las formas de dominación tienen por basamento un fenómeno que les da el mismo “tinte”, que no es otro que la acumulación de capital.

Muchos pensadores que se sitúan en las corrientes postmodernistas, reconocen la existencia de los mecanismos de la explotación económica, pero para sostener que no se trata más que de un tipo de opresión entre otras, como la dominación masculina o el racismo. Para Žižek, la explotación no es un tipo de opresión como otras sino que es la lógica de conjunto que las sostiene a todas.

S. Žižek retoma los análisis sobre la reificación desarrollados por G. Luckacs en su libro clásico Historia y Consciencia de Clase (1923) para desarrollar su tesis. Este amplía allí los análisis sobre el fetichismo de la mercancía de Marx y los aplica a la actividad humana que, según Lukács, “en una economía de mercado acabada se objetiva con respecto a ella y deviene mercancía […]9”.

“Lo realmente importante es que el momento dialéctico del reconocimiento del mundo de las mercancías le revela a Lukács que la cosificación no es sólo el problema central de la economía, sino también el problema estructural y central de la sociedad capitalista en todas sus manifestaciones vitales”10. En otras palabras, el fetichismo de la mercancía es interpretado por Luckacs como forma de producción de objetividad de la sociedad capitalista. Pero, además, el fetichismo de la mercancía también forma parte de la estructura de la consciencia misma en la época histórica productora de mercancías. De ahí la importancia del tema de la alienación capitalista que encontramos en una de sus formas actuales como el consumo y por ende el endeudamiento, otra forma de control social y de afrenta a la libertad del individuo.

Según S. Žižek, el hecho que el fetichismo de la mercancía contamine el conjunto de las esferas de las acciones humanas tiene por consecuencia algo bastante simple: “En una palabra, yo defiendo la posición de la vuelta al primado de la economía no en desmedro de las cuestiones que han sido puestas en relieve por las formas posmodernas de politización, sino precisamente con el fin de crear las condiciones de una realización más efectiva de las exigencias feministas, ecologistas, y otras”11, declara Žižek.

La tesis de la determinación “en última instancia” es presentada por varias corrientes postmodernas adversarias del marxismo como una voluntad de restarle importancia a las otras formas de lucha. Para el filósofo eslovaco esta queja es falsa. Simplemente en la medida en que las formas de opresión revisten una connotación particular en el régimen capitalista, ellas no pueden ser disociadas de la lucha general contra la reificación (cosificación). Esta, que consiste en luchar contra la transformación tanto de la naturaleza como de la actividad humana y, del individuo mismo, en mercancía, oculta una relación social de dominación y de explotación, terreno de todas las opresiones y constituye el telón de fondo en el cual van a desplegarse todas las otras luchas. No se trata entonces de disminuir u ocultar la importancia de las luchas de las minorías oprimidas, de género, ecologistas o de los pueblos originarios, sino de ver como se articulan con otra que es más fundamental: con la lucha del proletariado por emanciparse, nos está diciendo sin ambages S. Žižek.

Además, el filósofo eslovaco desarrolla una crítica lapidaria a las teorías del antipoder que han proliferado a partir de los años 1990. Estas teorías, de las que John Holloway es uno de sus exponentes, sostienen que la toma del poder de Estado es no solamente vana, pues el poder hoy estaría diseminado en el conjunto del cuerpo social y no concentrado en él, sino que es portadora de catástrofe y, por lo tanto, cuestionan una estrategia de poder por el proletariado. Además, los pensadores del antipoder retoman la argumentación “antitotalitaria” de los nuevos filósofos franceses posteriores a mayo 68 y, sostienen como ellos, que el estalinismo no sería una degeneración de un modelo sociopolítico burocrático, sino que estaba presente en los orígenes de la revolución rusa e incluso quizás en la misma Revolución Francesa (es también la posición del historiador y ex comunista François Furet).

Para S. Žižek, los pensadores del antipoder “teorizan” la derrota por anticipación. La han interiorizado y naturalizado a un punto tal que sólo conciben “zonas de autonomía temporarias” situadas en los márgenes del sistema12.

S. Žižek, en respuesta al planteo de Ernesto Laclau, quien sostiene que “la lucha de clases es simplemente una política de la identidad que se está volviendo cada vez menos importante en el mundo de hoy”, afirma que: “el antagonismo de clase ciertamente aparece como uno en la serie de antagonismos sociales, pero es a la vez el antagonismo específico […] que predomina sobre el resto, cuyas relaciones por lo tanto asignan rango e influencia a los otros”13.

S. Žižek se instala contra la corriente de la doxa (opinión corriente) dominante en la academia o universidad occidental. Más aún cuando critica “la irresponsabilidad de la izquierda liberal que defiende grandes proyectos de solidaridad y libertad y otras cosas más por el estilo, pero que se eclipsa cuando se trata de pagar el precio por estas cosas al ser incapaz de tomar medidas concretas y a veces crueles”. Y también cuando defiende a Lenin, “quién tuvo el coraje de asumir la dirección efectiva del Estado”, sin limitarse a una celebración romántica “del acontecimiento Octubre”.

Una vez asentada la tesis de la determinación en última instancia de la economía en las otras esferas de la realidad social, conviene volver a plantearse el tema del actor o sujeto de la emancipación. Es decir, de su posibilidad de constituirse como tal y de la cuestión estratégica  o de las hipótesis de la construcción de un nuevo poder y de su ejercicio.

Daniel Bensaïd, la lucha de clases y el debate en torno al concepto de Multitud

“En Marx la relación de clase no es un concepto sociológico clasificatorio sino un concepto estratégico: las clases se plantean recíprocamente en su lucha”, escribe Daniel Bensaïd en mayo 2006, en su texto Un Monde à changer, mouvements et stratégies.14

Esto significa que hay que desembarazarse de una cierta concepción esencialista de las clases puesto que, éstas no existen en sí  como datos sociológicos ya construidos o, construidos de una vez por todas, como sujetos de la historia. Lo que hay es una relación de explotación (como bien lo asume Žižek) que genera ciertas contradicciones en las cuales los grupos sociales se construyen en clases. Bensaïd argumenta:
“El rol central atribuido por Marx a la clase obrera no corresponde a un determinismo sociológico que conduciría mecánicamente al proletariado a actuar conforme a su “esencia”. Es de orden más bien estratégico: reagrupar las críticas y demandas particulares (contra el capitalismo y la clase capitalista) y superar las diferencias en un combate común, en un proceso de universalización”15.
Con respecto al concepto de “multitud”, tan de moda en Europa en algunos círculos intelectuales así como en Latinoamérica gracias a los análisis de Toni Negri, Michael Hardt Paolo Virno y el boliviano Alvaro García Linera, Daniel Bensaïd afirma:
“No me detendré en el aspecto sociológico de la controversia. Las precisiones de Hardt y Negri en “Multitud”, y las de Virno en su “Gramática de la multitud”, despejan algunas dudas y malentendidos. Los tres afirman claramente que el uso del término multitud no significa en absoluto la desaparición del proletariado, ni siquiera de la clase obrera industrial. Pone sólo el acento en el declive relativo de esta última en favor de una nueva hegemonía, la del (impropiamente) llamado por Hardt y Negri "trabajo inmaterial". No se trata de una hegemonía numérica y cuantitativa, como tampoco lo fue la hegemonía naciente del trabajo industrial en el siglo XIX en unas sociedades muy agrarias, sino del auge de una minoría sociológica cuya función ascendente impregna y determina al conjunto de las relaciones sociales. Saliendo del estrecho marco de la producción, este trabajo cognitivo, "afectivo", "relacional" o "biopolítico", encubre un "enorme potencial de transformación social positiva", al producir directamente relaciones sociales.”16
En línea directa con el pensamiento de Daniel Bensaïd podemos afirmar que la pérdida de peso específico de la clase obrera industrial 17 no debe llevarnos a pensar en la desaparición de los antagonismos de clase. Además, las clases no son cosas sino que relaciones; “[…] ellas existen en el conflicto que las modela”18. Así como la determinación es una categoría del devenir que abre posibilidades para la acción.”

D. Bensaïd sostiene que  lejos de la desaparición de los antagonismos de clase estamos en presencia de “una extensión del proletariado” (en el sentido amplio e inicial del término en Marx) e incluso de una "proletarización del mundo, una vez superados los equívocos de una teoría de clases reducida a la esfera de la producción o de la circulación y extraídas todas las consecuencias del lugar que da "El Capital" al inconcluso capítulo sobre las clases o, al final del libro, al proceso de reproducción del conjunto del capital”19.

Otra cosa es el debate acerca de la “forma sindicato” y, de los desafíos para poder devenir movimiento político de clase en coyunturas donde el peso de la burocracia sindical inhibe toda política de clase y en donde las políticas neoliberales (el relato del Capital) han impuesto “planes laborales” o leyes del trabajo de sesgo neoliberal.

Es evidente que, tal como lo señala D. Bensaïd, autores marcados por el "operarismo" italiano de los años 70 o por el peso político de una central obrera como la COB,  “tras su desmantelamiento como estructura de unificación y movilización nacional”20 del movimiento obrero boliviano (o la burocratización de la CUT chilena y el impacto del Código del Trabajo neoliberal sobre la reorganización del movimiento sindical chileno), el desplazamiento terminológico hacia el concepto de multitud pretende probablemente exorcizar una concepción obrerista reduccionista del proletariado. Cabe entonces preguntarse acerca del sentido estratégico del concepto de multitud. ¿Para diseñar qué tipo de política de alianzas y tras qué proyecto?

Alvaro García Linera considera que la multitud (el concepto de alcance sociopolítico) “ha de ser trabajado como bloque de acción colectiva que articula estructuras organizadas autónomas de las clases subalternas en torno a construcciones discursivas y simbólicas de hegemonía, que tienen la particularidad de variar en su origen entre distintos segmentos de las clases subalternas.”21 Cabe preguntarse, si puesto como el mismo García Linera lo menciona en su libro ya citado, si las articulaciones que implica la multitud son funcionales a un proyecto dónde, como él lo expresa:
“con los resultados de las elecciones de diciembre 2009 se comienza una fase de construcción de un Estado a través de la aplicación de la nueva Constitución Política del Estado, las nuevas leyes correspondientes y la transformación institucional […] Lo que ya no habrá son conflictos estructurales, proyectos de país social-general confrontados, eso es lo que terminó. Habrá conflictos y disputas en, por ejemplo, quiénes podrán llevar delante de mejor manera la autonomía o el papel del Estado en la economía o la igualdad en el marco de un Estado de Derecho”22. Proceso que, a nuestro juicio, de ninguna manera implica la superación del capitalismo. Quizás ese momento llegue más tarde cuando, según García Linera: “Posiblemente de aquí a algunos años surja otro proyecto de Estado alternativo, lo que dará lugar a otra crisis de Estado”.23 
Fredric Jameson y el posmodernismo

Contra la postura de François Lyotard, que en su libro “La Condition postmoderne” define la posmodernidad como la era en que los grandes relatos —que se refieren siempre a una totalidad— entran en crisis (según el filósofo francés el más importante de ellos es el marxismo, considerado un gran relato moderno en crisis) que F. Jameson trata, más bien, de “rehabilitar la noción marxista y dialéctica de una totalidad histórica y contradictoria constituida por una secuencia de modos de producción”24. Esto no es sólamente la condición de toda reflexión histórica, sino que además permite de proyectarse en el futuro. Para F. Jameson, el “gran relato” que permite dar cuenta de nuestra situación presente es precisamente el marxismo. Así, un teórico estadounidense de prestigio y con una prolífica obra retoma una tesis ya desarrollada por Sartre en los sesenta, para quien el marxismo es el horizonte de nuestra época, y la enriquece con los aportes del posestructuralismo. Jameson desarrolla una interpretación marxista del posmodernismo y para hacerlo, se apoya en las tesis del “capitalismo tardío” desarrolladas por Ernest Mandel en su libro del mismo nombre. Según Mandel, al capitalismo de mercado (entre 1700 y 1850), seguido por el capitalismo monopolista (hasta 1960), le sucedió una “tercera edad del capitalismo”, que es el “capitalismo tardío”.

F. Jameson concibe el posmodernismo en su historicidad y no como la post-historia. El posmodernismo no es otra cosa que “la lógica cultural del capitalismo tardío”25 y corresponde a un período de desarrollo de éste y se caracteriza (siguiendo a E. Mandel), en lo fundamental, por el ascenso en potencia de las empresas multinacionales, una nueva división internacional del trabajo, una explosión de los mercados financieros, la emergencia de nuevos medios de comunicación y el debilitamiento del movimiento obrero tradicional. El capitalismo no pasa a una era “posindustrial” sino a un nuevo período (con un nuevo patrón) de acumulación (lo que también implica una derrota para los trabajadores y trabajadoras). Para Mandel, este nuevo período comienza después de la II Guerra mundial y para Jameson en 1970, después del primer “choc petrolero”.

Para Jameson, una de las consecuencias de la emergencia de la posmodernidad es el debilitamiento de la historicidad y por lo tanto del aspecto insuperable del capitalismo. Y de ahí la omnipresencia del discurso neoliberal y del “presentismo”. Además, el debilitamiento de la historicidad implica una pérdida de la memoria colectiva, pero también una incapacidad creciente para concebir el futuro.

La hipótesis de Jameson de un “insconciente colectivo”26 sólo puede entenderse si el gran relato de la historia, comprendida ésta como secuencias de modos de producción, deja siempre abierta la posibilidad de un modo de producción alternativo, cuya meta, aunque no sea intencional, constituiría la clave de la praxis de los grupos sociales oprimidos y explotados. La ideología no es tratada por Jameson como “falsa consciencia”, sino que es especialmente tratada como potencia imaginaria de proyección histórica.

Conclusión

Lo hemos visto. El marxismo no está en sus primeros balbuceos. Tiene armas teóricas para dar la  batalla por la hegemonía en un contexto de retroceso de las ideas de la clase dominante, cuyo relato neoliberal se inscribe en la fuite en avant (ceguera) del capitalismo en crisis (por definición el capitalismo es incapaz de autolimitarse, lo vemos en el plano ecológico). Ayudan los análisis de los teóricos citados que se proclaman marxistas porque trabajan con categorías fundamentales del marxismo y, además, contribuyen a su desarrollo y permanencia aportando a la lucha ideológica y al combate por construir un proceso de hegemonía ascendente tal cual lo definimos.  Y en esta tarea, no hay otro pensamiento de la envergadura del marxismo, cuyo propósito sea mejorar la vida de la humanidad en el planeta tierra (salvaguardándolo) teniendo por condición necesaria eliminar la explotación capitalista, que haya encontrado tantos escollos y derrotas. Sí, derrotas en todos los planos: socio-económico, político, e ideológico. Pero he aquí lo singular: pese a estos abruptos tropiezos con la porfiada realidad histórica, las caídas de un pensamiento o teoría que guía la acción como el marxismo —aquello que podríamos llamar la resiliencia de un ente— tiene esa capacidad de reconstituirse como cuerpo teórico capaz de seguir mostrando que es posible y necesario transformar las sociedades capitalistas; que hay alternativas a un modo de producción alienante y depredador y que el marxismo puede explicar estas nuevas realidades y nutrirse de los aportes de las otras ciencias sociales y humanas así como de la ciencia en general. Y estamos de acuerdo que, para construir hegemonía hay que articular y universalizar, pero en torno a un agente emancipador cuya definición está en  los mecanismo mismos del régimen de acumulación capitalista. En claros términos: en el proletariado contemporáneo y es sus variadas formas de manifestarse en su organización y luchas por los derechos democráticos y por formas solidarias y buenas de vida.

Y en el mundo real, Antonis Davanellos, periodista y miembro de  la formación política griega Syriza, explicaba después de las elecciones en las cuales esta reagrupación de la izquierda griega obtuvo un sorprendente resultado, que la ubicó este año como la segunda fuerza política del país (pasó del 4 al 27% en menos de cuatro años) lo siguiente:
“La espina dorsal de la resistencia (a los planes de austeridad de los poderes políticos y económios europeos) ha sido el movimiento obrero: al inicio huelgas, luego la huelga general de un día, luego nueva oleada de huelgas seguida por una nueva huelga general, ocupaciones, etc. Acordémonos de cuántas veces hemos oído que el movimiento obrero estaba muerto. Estamos contentos de que no sea así. Esto es importante para la izquierda, para las corrientes políticas que defienden los intereses de la clase trabajadora y tratan de cambiar la sociedad a través de la movilización. Así pues, la primera cosa que hay que decir es que Grecia nos ha dado numerosos ejemplos de la capacidad de la clase obrera y de sus diversos componentes. Esto es importante si tenemos en cuenta los debates que existen sobre la necesidad de construir un nuevo movimiento o de que otros movimientos puedan adquirir, por sí mismos, la misma centralidad” 27.
¿No es este llamado una invitación directa a los intelectuales a  retomar los vínculos con un tipo de práctica militante y, estimularlos para que en su trabajo intelectual contribuyan no sólo a la visibilidad del movimiento obrero y sindical sino a su reorganización como actor y factor político clave y determinante en los cambios en las sociedades capitalistas de democracia liberal y representativa?

Notas

1 Pierre Mouterde, Repenser l’action politique de gauche, Essai sur l’éthique, la politique et l’histoire, Montréal, Écosociété, 2005, p.190 (Trad. libre  de L.Lavín).
2 Perry Anderson, Sur le marxisme occidental, Paris, Maspero, 1977, p. 165
3 La Primera Internacional fue fundada por Karl Marx en 1864.
4 Entrevista a Razmig Keucheyan y a François Cusset (Trad. libre  de L.Lavín).
5 Stathis Kouvelakis, Planète Marx: Sur la situation actuelle du marxismo (Trad. libre  de L.Lavín)
6 Razmig Keucheyan, Hémisphère gauche, une cartographie des nouvelles pensées critiques, La Déciuverte, Paris, 2010, p. 335
7 Ver el libro de Frank Gaudichaud, Poder Popular  y Cordones Industriales. Testimonios sobre el movimiento popular urbano. 1970-1973, Santiago, 2004, LOM, p. 476
8 Slavoj Žižek, Le sujet qui fâche. Le centre absent de l’ontologie politique, Flammarion, Paris, 2007, p. 5
9 Georg Lukács, Histoire et conscience de classe, Paris, Minuit, 1974, p. 114. (traducción libre).
10 Andrew Arato y Paul Breines, El joven Lukacs y los Orígenes del Marxismo Occidental, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, p. 184
11 Slavoj Žižek, Le sujet qui fâche. Le centre absent de l’ontologie politique, op. cit., p 478 (Trad. libre  de L.Lavín).
12 Sobre el tema de las zonas de autonomía temporarias ver, Hakim Bey, TAZ : Zone autonome temporaire, Paris, Éclat, Combas, 1998
13  Judith Bulter, Ernesto Laclau, Slavoj Žižek, Contingencia, Hegemonía, Universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda. Buenos Aires, FCE. 2003, p. 321, 328.
14 Daniel Bensaïd, Un Monde à changer, mouvements et stratégies, Paris, Textuel, 2002, p. 95, (La traducción libre es mía).
15 www.europe-solidaires.org, (La traducción libre es mía).
16 Daniel Bensaïd, MultitudesVentrílocuas.
17 “En su sentido más amplio y riguroso, el concepto de clase obrera se refiere a esa parte de la sociedad que, despojada de sus condiciones materiales de existencia, sólo puede obtener legalmente sus medios de vida bajo la forma del salario y que, tomando consciencia de su situación, lucha por modificarla”, Nicolás Iñigo Carrera y Fabián Fernández in El Capitalismo del desempleo, Le Monde diplomatique, (Argentina), noviembre 2009.
18 Daniel Bensaïd, Marx, l'intempestif. Grandeurs et misères d’une aventure critique (XIX XX siècles), Paris, Fayard, 1995,  p. 164.
19 Daniel Bensaïd, Marx, l'intempestif. Grandeurs et misères d’une aventure critique (XIX XX siècles), Ibidem.
20 Alvaro García Linera, La Potencia Plebeya, La Habana, Fondo Editorial, Casa de las Américas, 2011, p. 274, 370 p.
21 Alvaro García Linera, La Potencia Plebeya, Ibidem, 273
22 Alvaro García Linera, La Potencia Plebeya, Ibidem. p. 370
23 Ibidem, p. 370
24 Vincent Chanson, Fredric Jameson. Autour de "L'inconscient politique" (la traducción libre es mía).
25 Fredric Jameson, Postmodernism. Or the Cultural Logic of Late Capitalism, Durham, NC: Duke UP, 1991, p. 332-339.
26 Vincent Chanson, Fredric Jameson. Autour de "L'inconscient politique"
27 vientosur.info

Ponencia preparada por Leopoldo Lavín Mujica para ser presentada en el 2º seminario “Los marxismos en el siglo XXI” en el marco del tema: “Marx y sus continuadores en el Siglo XXI”