22/11/12

Lev Vigotsky / Un pensamiento para el futuro

Lev  Vigotsky
Vincent Charbonnier

A propósito del libro de Lev S. Vigotky, ‘Conscience, inconscient, émotions’ precedido de ‘Vygostki, la conscience comme liaison’ de Yves Clot. (París: La Dispute, 2003). Traducción de Iván Gordillo para Marxismo Crítico.

La publicación de este volumen de tres textos de Lev S. Vigotsky es una admirable iniciativa de la editorial La Dispute. Debe saludarse la tenacidad en brindar al público francófono [1] la obra del gran psicólogo ruso, prematuramente desaparecido a la edad de 38 años (1896-1934). Gracias a este volumen, vuelven a estar disponibles dos textos anteriormente publicados en francés en la revista Société française, en 1994 y 1995, pero desde entonces inaccesibles, de los cuales uno, el primero, muchas veces comentado, es considerado actualmente como un clásico. “La conciencia como problema de la psicología del comportamiento”, publicado en 1925 es el texto de una conferencia impartida en octubre de 1924 en el Instituto de Psicología de Moscú.
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“La psique, la conciencia, el inconsciente” fue publicado en 1930. “Las emociones y su desarrollo en la edad infantil”, que data de 1932 y aparece por primera vez en francés, es una de sus conferencias sobre psicología pronunciadas en el Instituto Pedagógico Superior de Leningrado.
                                                               
La calidad de este volumen radica en el hecho de que todos estos textos constituyen hitos en el desarrollo vigotskyano, ofreciendo así la oportunidad de comprender in concreto la construcción de su pensamiento.

Porqué lo que sorprende de inmediato al lector es su coherencia y su precisión o, mejor dicho, el movimiento de un pensamiento alejado de toda tentativa especulativa y/o reduccionista, que se basa en la riqueza y la complejidad del ser humano en sus dimensiones psíquicas, afín de construir la ciencia sin caer en el reduccionismo. Se exprime la singularidad de un enfoque, en psicología primero, que Vigotsky, aunque sea a título esencialmente póstumo, ha contribuido profundamente en transformar, pero también dentro del marxismo donde destaca como un pensador perspicaz y fecundo. Se puede así comprender la ocultación de la que fue víctima durante un largo periodo, que excede ampliamente el periodo stalinista, sin contar su (tardío) redescubrimiento.

Este volumen permite aprehender el pensamiento de Vigotsky desde su crítica de la reflexología, en su nombre y con sus palabras, hasta su vigorosa crítica de la teoría de las emociones de W. James, pasando por su ceñida discusión de la caracterización de la psique. Este primer movimiento coincide con otro más sincrónico, aquel –interno– de su elaboración reflexiva, en particular respecto a la psicología objetivista, ya mencionada, pero también a la fenomenología (Husserl) y la metapsicología (Freud), respecto a la cual su declaración es la más novedosa.

Antes de llegar a los textos propiamente dichos, es de interés esbozar brevemente su tesis central. La actividad humana, y la actividad psíquica en particular, no se reducen a un conjunto de conductas adaptativas, ni el comportamiento a una disposición refinada de reflejos. En efecto, la actividad implica una transformación del medio por parte del ser humano el cual se transforma simultáneamente, creando mediaciones, construyendo herramientas, inventando instrumentos semióticos. La originalidad de Vigotsky consiste particularmente en ampliar el marco semiótico a los instrumentos psicológicos, es decir, a concebirlos como signos. Productos socialmente elaborados y socialmente transmitidos, estas herramientas y estos instrumentos (se) presentan, para cada nueva generación, (con) un carácter restrictivo y de exterioridad que requiere un verdadero proceso (activo) de reapropiación y no únicamente una “simple” interiorización (pasiva) [2] . Se deduce el principio cardinal de la “génesis histórico-cultural” de los procesos y las funciones psíquicas superiores que Vigotsky descubre a través del lenguaje egocéntrico de los niños. Este lenguaje es en efecto uno de los fenómenos que marcan el paso “de las formas de actividad social, colectiva de los niños” (“funciones interpsíquicas”) a “las funciones individuales” (“intrapsíquicas”). Y Vigotsky precisa que este paso es “una ley general del desarrollo de todas las funciones psíquicas superiores que aparecen inicialmente como formas de la actividad de cooperación y no son más que, en consecuencia, transferidas por el niño dentro de la esfera de sus formas psíquicas de actividad.” ( Pensamiento y lenguaje , p.446)

En “La conciencia como problema de la psicología del comportamiento” (1925), dos ideas destacan esta tesis de manera original. Si el comportamiento no es el despliegue inmanente de una esencia, aunque sea individualizada, sino una posible actualización entre una infinidad de posibilidades, en función de las circunstancias concretas de la actividad del sujeto (p. 76), se destacan dos consecuencias. En primer lugar, que “el mecanismo del comportamiento social y de la conciencia son uno y lo mismo” (p.89) y luego, que la conciencia es “de alguna manera un contacto social con uno mismo”, un “caso particular de la experiencia social” (p.91-92). La conciencia no es una substancia pensante inmaterial ni, simétricamente, una cosa “material [3] ” –dos perspectivas igualmente abstractas y gemelas–, sino más esencialmente, una actividad histórico-cultural. “Nos conocemos a nosotros mismos porque conocemos a los demás”. Así, “la consecuencia de la hipótesis avanzada, si ella es adoptada, será la sociologización, que se deriva directamente, de toda la conciencia, [la consecuencia] será reconocer que el elemento social tiene en la conciencia la primacía de hecho y la primacía de tiempo.” (p.90) Pero contra el sentir común, a veces demasiado venerado, la “sociologización” no implica en absoluto ninguna reducción sino, más bien al contrario, una complejización: la conciencia es, según la famosa fórmula marxiana, una relación, un producto social, o, según una pertinente fórmula de Yves Clot en su texto de presentación, “la traducción de una actividad dentro de otra actividad” (p.12).

Aunque resumido a grandes rasgos, la singularidad del enfoque vigotskyano es patente: no se trata de estudiar la conciencia “en sí” sino de hacerla “vivir” para estudiarla. Por tanto, hace falta liberarla de su supuesta autarquía ontológica, es decir, no explicarla por ella misma ni, recíprocamente, desrealizarla como una simple corteza (psíquica) de movimientos estrictamente psicológicos.

Esta doble exigencia constituye precisamente uno de los motivos del segundo texto en el que Vigotsky muestra la perspectiva esbozada en el primero. “La psique, la conciencia, el inconsciente” (1930) es un texto cardinal, de gran alcance epistemológico y metodológico que puede considerarse como una condensación de las tesis presentadas en su famosa obra sobre la situación histórica de la psicología [4] . Vigotsky la destaca, por otra parte, en limine : “Las tres palabras que encabezan el título de nuestro ensayo” no designan sólo “tres cuestiones psicológicas centrales y fundamentales, sino que son en mucho mayor grado cuestiones metodológicas, es decir, cuestiones relativas a los principios de estructuración de la propia ciencia psicológica.” (p.95)

Comienza señalando las insuficiencias de la psicología tradicional, a través de tres de sus principales paradigmas: la psicología objetiva (de ascendencia parvloviana), la fenomenología husserliana (una “geometría del espíritu”) y finalmente la metapsicología freudiana, respecto a la cual su juicio es, como veremos, problemático. A pesar de sus mejoras, tanto la reflexología como la fenomenología permanecen en el fondo prisioneras de fundamentos filosóficos idealistas, en lo que reiteran el dualismo cartesiano, descomponiendo las funciones psicológicas superiores en procesos psíquicos por un lado y físicos por el otro. Así, la psicología objetiva (reflexología) se convierte in fine en una psicología “no psíquica” (p.96-100). Acerca de la fenomenología, esta considera la psique como “una esfera de la realidad totalmente aislada, en la que no actúa ninguna de las leyes de la materia, y constituye el verdadero reino del espíritu” (p.100); una psicología desencarnada en suma.

En contra de este dualismo, Vigotsky insiste con vigor en el carácter unitario de los procesos psicológicos que constituyen una “ totalidad concreta” (K. Kosik). Refiriéndose a Spinoza [5] y a Marx, apunta que la psicología “es parte de la naturaleza misma directamente relacionada con las funciones de la materia altamente organizada de nuestro cerebro” y que se debe considerar “la psique no como una serie de procesos especiales que existen en algún sitio en calidad de complementos por encima y aparte de los cerebrales, sino como expresión subjetiva de esos mismos procesos”. (p.103-104) Esta aprehensión unitaria del psiquismo no reduce la originalidad cualitativa de cada una de sus dimensiones, su distinción no tiene más relevancia que la analítica.

Es por tanto rechazando todo enfoque unilateral como, por ejemplo, el de la fenomenología, que abolió en psicología la diferencia entre fenómeno y ser, identificando sin diferencias psiquismo y conciencia. (p.110). Citando la famosa fórmula de Marx –“…si la esencia de las cosas y su forma de manifestarse coincidiesen directamente, toda ciencia sería superflua”– Vigotsky insiste en el hecho que es la posibilidad misma de ciencia la que queda por tanto destruida. Si “el objeto de la psicología es, formando un todo, el proceso psicofisiológico del comportamiento, se vuelve perfectamente claro que no hay expresión adecuada completa únicamente en la parte psíquica”. (p.111) La conciencia no es por tanto la atalaya soberana del cuerpo, sino un autómata, un cuerpo abstracto, irreal.

Si la posición de Vigotsky es determinante respecto a los paradigmas objetivistas y subjetivistas de la psicología, es, sin embargo, más problemática (en sentido afirmativo del término) vis a vis a la metapsicología freudiana. Le discute más particularmente el concepto de inconsciente, observando que “la tentativa de crear una psicología con ayuda del concepto de inconsciente tiene en este caso dos vertientes: por un lado, es afín a la psicología idealista, ya que se cumple el precepto de explicar los fenómenos psíquicos a partir de sí mismos, y por otro, Freud se sitúa en el terreno del materialismo al introducir la idea de un fuerte determinismo en todas las manifestaciones psíquicas, cuya base queda reducida al nivel orgánico y biológico, en concreto, al instinto de conservación de la especie.” (p.102)

Pero esta ambigua dualidad no es insalvable. Es precisamente porque conciencia y psique no coinciden, porque no se ensamblan exactamente como afirma la fenomenología, que se plantea la cuestión del inconsciente y su realidad. Vigotsky recuerda, en otros tres factores fundamentales que han influenciado de ahí en adelante la introducción del concepto de inconsciente en la psicología tradicional, (p.112-113): i ) “el carácter consciente de los fenómenos comporta diferentes niveles [6] ”; ii ) la psique es el lugar de conflictos y luchas incesantes por “entrar en el campo de la conciencia”; iii ) el carácter dinámico específico de las representaciones cerebrales.

En sí mismos, estos factores son pertinentes. En la medida en que el psiquismo es un “componente del complejo proceso que cubre enteramente su parte consciente”. Parece, escribió Vigotsky, “que en psicología es completamente lícito hablar de lo psicológicamente consciente e inconsciente: lo inconsciente es potencialmente consciente”. Y unas líneas más adelante dice: “la ventaja de una concepción dialéctica” es que “el inconsciente no es ni psíquico ni fisiológico sino psicofisiológico o, dicho más exactamente, psicológico.” (p. 118-119)

Enlazando con lo anterior, Vigotsky recupera la idea anunciada por John B. Watson, de una relación entre el inconsciente y lo no verbal (p.121), algo que, en su presentación, Y. Clot reformula como una “actividad desligada, como un pensamiento desligado de las palabras”, añadiendo que “Vigotsky se prepara así para escribir las más preciosas páginas de Pensamiento y lenguaje ” (p.30). Pensamos naturalmente en la idea cardinal que el lenguaje no es la simple exteriorización del pensamiento, ni su simple expresión sino un registro potencial de su realización: “el pensamiento, escribe, no se expresa en la palabra, sino que se realiza en ella”. Pensamos igualmente en su tan sugerente metáfora comparando el pensamiento con una nube descargando una lluvia de palabras [7].

Sus alabadoras observaciones, sin embargo, no encierran tentación hagiográfica alguna. La relación de Vigotsky con el psicoanálisis permanece problemática. Vigotsky tiende a minimizar la relación estructural del inconsciente freudiano que no se reduce a lo potencialmente consciente puesto que se opone la inhibición. Formulamos la hipótesis que Vigotsky posiblemente no escapa a la tentación de restituir la metapsicología freudiana funcional a su propia construcción por razones científicas que no son inadmisibles. Más allá de la estricta cuestión del inconsciente, es la cuestión del materialismo implícito –“espontaneo” dijo Althusser– de la teoría freudiana la que según nosotros se plantea. No sin razón, Vigotsky sospecha un vitalismo, el mismo que criticará en la teoría de las emociones de W. James, que implica una restauración subrepticia de la metafísica en la psicología [8].

“Las emociones y su desarrollo en la edad infantil” (1932) corona el propósito vigotskyano del rechazo a toda concepción organicista de las emociones que las concibe como proyecciones psíquicas de movimientos orgánicos. Precisamente al contrario, las emociones son procesos psicológicos unitarios. Apoyándose de nuevo y de manera crítica sobre las reflexiones de Freud, Vigotsky subraya con fuerza que las emociones no son sedentarias sino nómadas. Estas tienen una historia, la del sujeto, al cual contribuyen en su formación y personalidad, y un tejido concreto con la actividad con la que están re-unidas. Vigotsky recuerda a este propósito que la experimentación muestra el rol central jugado por las emociones en la movilización del organismo todo entero, incluyendo el comportamiento, para evitar, por ejemplo, el peligro: “nadie, en efecto, ha determinado hasta ahora lo que puede el cuerpo” como observa Spinoza que Vigotsky no olvida de citar. Las emociones no son ni la corteza contemporánea de comportamientos arcaicos sedimentados en nuestro metabolismo, ni la precedencia psíquica de movimientos psicológicos –versión modernizada de los antiguos “humores”.

Lo hemos apuntado al principio, el interés de este volumen reside en la lectura de la evolución diacrónica del pensamiento de Vigotsky, dicho de otro modo la manera como aborda, a partir de temas específicos evocados en el mismo título del volumen, las cuestiones de la psicología y del psiquismo. Su interés es también, creemos, el de atestiguar la fuerza de Vigotsky para el marxismo hoy, y no solamente en el estricto campo académico de la psicología y las ciencias de la educación al que su intervención está circunscrita por el momento.

Vigotsky fue víctima involuntaria de su singularidad dentro del campo de un “marxismo” que se le llamó oficial en el sentido de Vulgata, regente durante largo tiempo. Señalaremos para la anécdota que más allá de la bolchevización esterilizante del pensamiento soviético –que incluye pues la psicología, sus simpatías por Trotsky fueron sin duda un motivo del silencio bajo la dura mortaja de la historia borrada. Fue singular, en efecto, en no reivindicar nunca su construcción teórica como “marxista”, en el sentido de la Vulgata antes señalada. Así, había recusado firmemente toda idea de una “psicología marxista” concebida como la simple declinación abstracta o, peor aún, la aplicación del marxismo “dentro” de la psicología: “no hay aún psicología marxista; esto debe ser entendido como una labor histórica no como un hecho dado por sentado. [9]”

Su obra participa así resueltamente de ese “marxismo creador” que ha sabido resistir a las erróneas simplificaciones del “corto siglo XX”. Una obra dinámica, que promete y promueve fértiles confrontaciones. Además de las evocadas más arriba con Gramsci y Sartre, estimamos otra confrontación aún más fértil con György Lukács y más particularmente con su Ontología del ser social . Lo que anudaría dicha confrontación es la cuestión central de la antropogénesis que no reniega de su adhesión al marxismo ni deja de reclamar su estructuración histórico-cultural [10]. En definitiva, es la cuestión mayúscula y cuán actual de una teoría emancipatoria del sujeto y de la individualidad (cf. Henri Wallon) que es aquí mostrada, y por la cual los análisis de Marx y Engels ( La ideología alemana ) y también, no olvidemos, de Spinoza, son decisivos. Es precisamente, nos parece, el movimiento subterráneo del pensamiento de Vigotsky que relaciona su obra inacabada Teoría de las emociones a sus trabajos ulteriores por los que es esencialmente (re)conocido hoy.


Este hilo conductor tejido por Vigotksy corrobora lo que André Tosel, por su parte, ha evidenciado correctamente, a saber la existencia, la concurrencia, de dos lecturas de Spinoza en el marxismo. Una pasa por Plejánov que lo lee a la luz de la ciencia alemana –Leibniz-Wolff-Hegel para ir rápido–, reformulando su sistema en una neo-metafísica “materialista”. La otra, la “gran Otra”, pasa por Labriola que sostiene una lectura decididamente no especulativa, centrada en la parte tercera de la Ética [11] , la cual, según nosotros, está afiliada sin duda a la lectura vigotskyana. Aquí está pues nuestra invitación a (re)pensar, gracias a Vigotsky, la fuerza de Spinoza para el marxismo y para la emancipación, única obra vital, de ahora en adelante, del género humano. Un pensamiento, indiscutiblemente, para el futuro.

Notas

[1] Aparte del presente volumen, señalemos su obra magna Pensamiento y lenguaje (1934), de la que se ha publicado en 1997 la tercera edición francesa, así como la reciente aparición de su tesis: Psicología del arte (1925). Añadimos la obra colectiva dirigida por Yves Clot, Avec Vygotski, de la que ha aparecido en 2002 una segunda edición aumentada que proporciona valiosas perspectivas de su elaboración teórica.

[2] Cf. especialmente Marx y Engels, La ideología alemana.

[3] Sobre este punto preciso, una doble confrontación se lleva a cabo con Gramsci –ver los valiosos comentarios de André Tosel, “Philosophie de la praxis et dialectique”, La Pensée, 1984, n° 237, p. 100-120 y en particular p. 104 sq. – y J.-P. Sartre –ver “Matérialisme et révolution” (1946). En Situations philosophiques. Paris : Gallimard, 1990, p. 81-140.

[4] Cf. L. Vigotsky, El significado histórico de la crisis en psicología. Una investigación metodológica. Redactada en 1927, esta obra no ha sido publicada en ruso (su idioma original) hasta 1982.

[5] Vigotsky es también autor de una Teoría de las emociones: estudio histórico-psicológico que discute Descartes apoyándose notablemente en Spinoza. Una traducción francesa, de calidad discutible, ha aparecido en ediciones L’Harmattan en 1998. Sobre la importancia de Spinoza en Vigotsky, nos remitiremos a los comentarios de Jean-Paul Bronckart, “La conscience comme “analyseur” des épistémologies de Vygotski et Piaget”. En Y.Clot, Avec Vigotksy, op. cit., p.27-53. Desde el punto de vista de Spinoza, véase en particular A. Tosel, “Histoire et éternite”. En Du matérialisme de Spinoza. Paris : Kimé, 1994, p. 37-77.

[6] Leibniz lo ha tratado, por ejemplo, en Nouveaux essais sur l’entendement humain.

[7] Sobre todo esto, ver Vigotsky, Pensamiento y lenguaje, en particular el capítulo 7: “Pensamiento y palabra”.

[8] Es en el fondo la misma intención que anima la crítica del psicoanálisis, por otro lado contemporánea, de Georges Politzer. Cf. La Critique des fondements de la psychologie (1928). París : puf, 1994.

[9] L. Vigotsky, La significación histórica de la crisis en psicología,p.306; subrayado por Vigotsky. En otros términos, la psicología espera (aún?) su Capital.

[10] Intento un primer bosquejo en un estudio, “Des réifications de la raison”, al cual me permito reenviar a E. Kouvélakis & V. Charbonnier (dir.), Sartre, Lukács, Althusser: des marxiste en philosophie. París: PUF, 2005, p.81-102.

[11] Cf. A. Tosel, “Labriola devant Spinoza: una lectura no especulativa” y “Le marxisme au miroir de Spinoza”. En Du materialisme de Spinoza, p.167-215.

A propósito del libro de Lev S. Vigotky, ‘Conscience, inconscient, émotions’ precedido de ‘Vygostki, la conscience comme liaison’ de Yves Clot. (París: La Dispute, 2003). Traducción de Iván Gordillo para Marxismo Crítico. Texto aparecido en ContreTemps, 2006, nº 17, p. 136-135, constituye una versión desarrollada y revisada de una nota crítica aparecida en Revue française de pédagogie: recherches en éducation, 2005, n° 150, p. 151-155.