8/11/12

La dialéctica en Gramsci

Sergio Friedemann

Es preferible pensar sin tener conciencia crítica, en forma disgregada y ocasional, o sea participar en una concepción del mundo impuesta mecánicamente por el ambiente externo, (...) o es preferible elaborar la propia concepción del mundo consciente y críticamente y por lo tanto elegir la propia esfera de actividad, participar activamente de la historia del mundo, ser guía de sí mismos y no ya aceptar pasivamente y supinamente desde el exterior el sello de la propia personalidad. (Gramsci, 1984a, p. 245).

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En el párrafo precedente, y a lo largo de gran parte de sus escritos, Antonio Gramsci va a combatir fuertemente la pasividad que consiste en someterse al mundo tal como se presenta. Son los seres humanos los que hacen la historia, y adaptarse al mundo, o ponerse como sujetos transformadores de él, constituyen dos opciones contrapuestas. Analizar críticamente la obra de un autor es implicarse en un trabajo de elaboración y reelaboración, que implica poner sus categorías en movimiento, hacerlas dialogar con su realidad contextual, con su situación, con su época.

Y apropiarse críticamente del pensamiento y vida de Antonio Gramsci implica, a su vez, un trabajo mucho más arduo: el italiano no solamente no escribió ningún libro, por lo que no se dedicó a sistematizar su obra sino que tampoco tuvo el tiempo suficiente para intentar responder a muchas de las preguntas que se planteaba desde la cárcel fascista. Desde allí, mal alimentado y gran parte del tiempo enfermo, realizó la mayor parte de su producción intelectual por medio de anotaciones en cuadernos, preguntando y preguntándose, recordando y citando de memoria lo que había podido leer en su corta vida de militante. Estas son algunas de las causas por las cuales la obra de Gramsci ha podido ser utilizada y reelaborada para fines políticos tan diversos, con lecturas muchas veces antagónicas acerca de su obra. Pero no nos dedicaremos en este trabajo a dar cuenta de las apropiaciones construidas por intérpretes y comentaristas, no nos vamos a detener en la gran cantidad de obras existentes acerca del pensamiento de Antonio Gramsci, sino que nos centraremos únicamente en los textos del italiano para construir una interpretación que, a riesgo de no resultar novedosa, esperamos pueda aportar elementos interesantes de análisis en torno a la dialéctica gramsciana y su inequívoca presencia en temáticas diversas que lo ocupaban intelectual y políticamente.

Según nuestro punto de vista, la obra de Gramsci atraviesa diversos ejes temáticos que pueden ser clasificados diversamente. Proponemos una clasificación posible, por cierto arbitraria mas no caprichosa, y es aquella que postula que la obra del italiano está atravesada por al menos cuatro temáticas interrelacionadas: Filosofía, Historia, Política y Educación [1]. Un eje central en la obra de Gramsci es también el de la dialéctica, pero que -y esto es lo que se intentará argumentar a lo largo de este artículo- corta transversalmente a las problemáticas anteriormente mencionadas.

¿Cómo concibe Gramsci la dialéctica? ¿Qué significa una contradicción? ¿Qué es un momento? Contradicción no debe ser considerado en los mismos términos que lo hace la lógica clásica, según la cual lo que es, no puede no ser. Un sujeto, individual o colectivo, se niega constantemente y en esa negación se despliega su ser otro, por estar inmerso en una red de relaciones intersubjetivas que lo modifican y lo reconstituyen en su desarrollo. Dialécticamente, por tanto, un proceso social es y al mismo tiempo no es, porque continuamente se niega y se supera. En esto consiste el devenir. Según la lógica clásica, los contrarios se excluyen. Aquí, en cambio, se trata de unidad de los opuestos, unidad que no es armonía y quietud sino lucha o tensión de momentos antagónicos en movimiento (Gramsci, 1984a, pp. 198-199). Cuando decimos momento, no nos referimos a él en un sentido cronológico, sino como ámbito de una realidad que trasciende a cada una de sus partes.

Cada momento es una abstracción, ya que realmente no existe dicho momento en forma aislada, sino que solamente puede concebirse en tanto interdependiente con su polo opuesto, y en tanto ambos son superados. La superación conserva dentro de sí elementos de los contrarios, es decir que se trata de una eliminación-conservación. La superación dialéctica no necesariamente elimina la existencia del antagonismo, aunque sí desaparecen los momentos tal como eran, para reengendrarse bajo nuevas formas o figuras. Como afirma Gramsci, en la historia real la antítesis tiende a destruir a la tesis, la síntesis será una superación, pero sin que se pueda establecer a priori qué es lo que de la tesis será conservado en la síntesis (Gramsci, 1984a, p. 124) [2]. De este modo, la llamada síntesis adquiere una potencialidad abierta: es momento superador, fin y comienzo del mismo proceso que engendra. Aquí reside una de las claves para entender la dialéctica tal como la presenta Gramsci: una dialéctica no teleológica, con final abierto y múltiples resultados posibles. Históricamente, lo que del pasado sea conservado en el proceso dialéctico no puede ser determinado a priori, sino que resultará del proceso mismo. (Gramsci, 1984a, p. 206).

Fácilmente se puede malentender la enorme conceptualización realizada por Gramsci si se toma en forma aislada alguna de las temáticas trabajadas por el militante e intelectual italiano. Es decir si no se toma en cuenta lo que él mismo previó: Por razones de estudio, al analizar un fenómeno nos vemos obligados a reducirlo a los llamados elementos que constituyen ese fenómeno. Dichos elementos, cada uno de ellos, no son sino el fenómeno mismo visto en un momento más que en otro, con la preocupación de un fin particular determinado y no de otro. Pero la sociedad, al igual que el hombre, es siempre y solamente una unidad histórica e ideal que se desarrolla superándose continuamente. Política y economía, ambiente y organismo social, siempre forman una sola cosa, y uno de los grandes méritos del marxismo consiste en la afirmación de esa unidad dialéctica". (Gramsci, 1998, p. 87)

Unidad dialéctica que si es dejada de lado, puede llevar a afirmaciones tales como que Gramsci es subjetivista o voluntarista, porque le dio importancia, también, a la pasión como elemento central de la política. Acusaciones de reformista e idealista, porque se dedicó a producir, también, una teoría del Estado y de los partidos políticos. Se trata, en estos casos, de reacciones deterministas y fatalistas a la propuesta gramsciana de recuperar, superándola, la dialéctica hegeliana y marxista para una filosofía de la praxis que tenga en cuenta la realidad nacional y las particularidades de la situación en la que la política tiene lugar, las religiones y creencias de una sociedad y su época, los usos del lenguaje, las luchas culturales, y los sentires de las clases subalternas.