15/11/12

Karl Marx y el teleologismo histórico

Rolando Astarita

Hace poco, una ex alumna me consultó debido a que en una maestría en ciencias sociales, un docente sostuvo que Marx, al igual que Hegel, tenía una concepción teleológica de la historia. Esto es, leída en clave marxista, la historia no sería más que la larga marcha de la humanidad hacia un fin preestablecido, la sociedad sin clases y la liberación de la humanidad. Se trataría de su propósito inmanente, del cual los hombres no serían conscientes. Por supuesto, a partir de aquí, el crítico de Marx no tuvo problemas para “triturar” al marxismo delante del curso. En esta nota presento pasajes en los que Marx critica la concepción teleológica de la historia, y hago luego algunas reflexiones.

De la Ideología Alemana a la obra madura

Tal vez es en la Ideología alemana donde encontramos el rechazo más explícito de Marx, y Engels, a la idea de que la historia tiene un fin, leemos:
“La historia no es sino la sucesión de las diferentes generaciones, cada una de las cuales explota los materiales, capitales y fuerzas productivas transmitidas por cuantas la han precedido; es decir que, por una parte, prosigue en condiciones completamente distintas la actividad precedente, mientras que por otra parte, modifica las circunstancias anteriores mediante una actividad totalmente diversa, lo que podría tergiversarse especulativamente, diciendo que la historia posterior es la finalidad de la que la precede, como si dijésemos, por ejemplo, que el descubrimiento de América tuvo como finalidad ayudar a que se expandiera la Revolución Francesa, interpretación mediante la cual la historia adquiere sus fines propios e independientes y se convierte en una “persona junto a otras personas” (junto a la “autoconciencia”, la “Crítica”, el “Único”, etc.), mientras que lo que designamos con las palabras “determinación”, “fin”, “germen”, “idea”, de la historia anterior no es otra cosa que una abstracción de la historia posterior, de la influencia activa que la anterior ejerce sobre ésta” (La ideología alemana, pp. 49-50).
Por otra parte, a cada paso, Marx y Engels insisten en que hay que tomar a los seres humanos tal como existen, en lo que hacen; es el punto de partida del estudio. No hay que entender las formaciones sociales, y sus evoluciones, a partir de algún fin oculto de la historia, que debería cumplirse. En la misma idea, en La Sagrada Familia, Marx escribe que “la historia no hace nada, no posee riquezas colosales, “no libra ninguna batalla. Es más bien el hombre -el hombre real, vivo- el que actúa, posee y lucha. No es de ninguna manera la historia la que utiliza al hombre como medio para llevar a cabo sus fines, como si se tratara de otra persona; por el contrario, la historia no es más que la actividad del hombre en persecución de sus propios fines”. Aquí, de nuevo, se está diciendo que la historia no tiene fines. Son los seres humanos los que se proponen fines. Con esto Marx tomaba distancia de Hegel. Es que Hegel trató de explicar lo que ha sucedido en la historia en términos de una necesidad lógica. En su sistema, todo evento histórico entra en alguna totalidad en desarrollo, que mediante ese proceso revela su significado. En este marco, la marcha de la historia tiene como fin que el mundo tome conciencia de sí mismo, como obra del espíritu. La “astucia de la razón” remite a la idea de que la razón utiliza los intereses de los individuos para realizar sus fines; aunque los individuos no formulan de manera consciente estos fines, los realizan de todas maneras de manera no consciente, al perseguir sus fines particulares. Para Marx, no es más que una racionalización del estado actual de cosas.

En la obra madura, tampoco encontramos apelación alguna a un “fin” de la historia. En El Capital, sostiene que el capitalismo va a colapsar por agudización de contradicciones objetivas, no porque haya algún fin histórico, o alguna meta, a la que deba llegarse [Ver: Colapso final del capitalismo y socialismo]. De manea más clara, en Carta al director de ‘Otiechestviennie Zapiski’ (Anales patrios), de fines de 1877 (Ver: Correspondencia Marx y Engels, Cartago, p. 289), se refiere a un crítico que “se siente obligado a transformar mi esbozo histórico de la génesis del capitalismo en occidente europeo en una teoría histórico-filosófica de la marcha general que el destino le impone a todo pueblo, cualquiera sean las circunstancias históricas en que se encuentre, a fin de que pueda llegar finalmente a la forma de economía que le asegure, junto a la mayor expansión de las potencias productivas, el desarrollo más completo del hombre. Pero le pido a mi crítico que me dispense (me honra y avergüenza a la vez demasiado)”. Luego da un ejemplo de cómo sucesos análogos dan resultados muy distintos, y estos resultados no están determinados por ningún “fin de la historia”. Y agrega: “Así, pues, sucesos notablemente análogos pero que tienen lugar en medios históricos diferentes conducen a resultados totalmente distintos. Estudiando por separado cada una de estas formas de evolución y comparándolas luego, se puede encontrar fácilmente la clave de este fenómeno, pero nunca se llegará a ello mediante la llave maestra universal de una teoría histórico-filosófica general cuya suprema virtud consiste en ser suprahistórica”. Aquí está explicando que la historia no se entiende a partir de postular un fin de la misma, o una marcha de la historia hacia un fin. Hay que estudiar concretamente las evoluciones particulares, sus especificidades, entender qué está sucediendo. ¿Qué tiene que ver esto con postular un “fin de la historia” y tratar de explicar la historia a partir de ello?

Aclaración sobre la explicación teleológica

Aclaremos por último, que una discusión distinta es si debiera descartarse toda explicación teleológica -o sea, que va desde los fines a los medios- por no científica. En lo personal, pienso que en las ciencias sociales las explicaciones teleológicas tendrían sentido, ya que los seres humanos se proponen fines. Esta parece ser la posición de Marx. Por ejemplo, en El Capital, cuando trata el trabajo, dice que el peor arquitecto se distingue de la araña en que el arquitecto tiene un proyecto mental de lo que va a hacer. No es casual que el tema del fin aparezca en este capítulo. Hegel había dado mucha importancia al fin, en relación a la herramienta (en laCiencia de la Lógica). Lukács, en El joven Hegel (apartado “El trabajo y el problema de la teleología”, del capítulo 3) desarrolla el tema de forma muy clara. Si construyo una herramienta llamada martillo, la hago de determinada forma porque tengo en mi cabeza un fin, clavar clavitos. En cuanto al modo de producción capitalista, el capitalista lanza dinero a la circulación con el fin de valorizarlo; el fin es determinante en este proceso. Lo importante es dejar establecidos los mecanismos por los cuales se realizan los fines perseguidos; o se frustran, dando lugar a resultados no queridos por los seres humanos. Pero en cualquier caso, afirmar que los seres humanos se proponen fines, y actúan en consecuencia, no significa decir que la historia tiene un fin oculto, preestablecido.

En conclusión, no se entiende en qué se basan algunos estudiosos y doctores en ciencias sociales para sostener que Marx defendía una concepción teleológica de la historia.