16/11/12

Foucault, poder y acontecimiento

Gonzalo Montenegro Vargas

Antes que por la economía política del marxismo, la crítica propia de Foucault se haya atravesada por los signos de la genealogía nietzscheana. El ya famoso texto editado por Deleuze en 1967, que dio un fuerte impulso a la investigación de la obra de Nietzsche en Francia, constituye una de las primeras aproximaciones al concepto de genealogía. 

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En dicho estudio, Deleuze establece una serie de rasgos en la obra nietzscheana que permiten realizar una filosofía crítica, enfocada principalmente al problema moral. En ella define la genealogía como la cuestión dedicada a la determinación del nacimiento de los valores por medio del diagnóstico de las valoraciones que les dan origen. Esto es, revelar la medida en que todo valor nace de una valoración que le precede y en que ella, a su vez, se haya atravesada por valores determinados.

Por ello no hay en absoluto la intención de relativizar la cuestión de los valores atribuyendo su creación a individuos con finalidades específicas. Precisamente, en la genealogía es que se debe llevar a cabo el diagnóstico preciso del surgimiento de la subjetividad de la cual emergen determinadas valoraciones. Y ello se logra examinando las fuerzas que la atraviesan y no el grado de legitimidad con que se procede a crearla. “La subjetividad no es jamás para Foucault sujeto trascendental. Foucault proporciona las condiciones para pensar la subjetividad a la luz de su positividad manifiesta en el discurso donde el sujeto aparece como una declinación dentro de las otras posibles que permite el lenguaje”. Es, pues, el establecimiento del sentido, y la diferencia o jerarquía de fuerzas que le da origen, desde el cual se pueden trazar las líneas de surgimiento de los valores en la historia del hombre, objeto primero de la obra que Deleuze consagra a Nietzsche.