15/11/12

Arte en la Posmodernidad y Multitudo

Ricardo Sánchez Ángel

I. El Personaje

Especial para Gramscimanía
Toni Negri es uno de los más destacados pensadores marxistas contemporáneos y un militante de larga y dramática experiencia. Es autor de una prolija obra de escritos políticos y filosóficos. Sus reflexiones van desde la situación de la clase obrera en la contemporaneidad, el balance del siglo concentrado en sus finales, su denso libro sobre Spinoza, su tesis en un gran escrutinio histórico de las grandes revoluciones, del Poder Constituyente. Hasta sus libros en colaboración con Félix Guattari sobre las nuevas dimensiones de la libertad y el comunismo. Además sobre la actualidad de la revolución como un proceso continuo, y su relectura de Marx.

Ha sido diputado y preso político por terrorismo según las acusaciones oficiales, fugitivo, exiliado, animador de  revistas, grupos de discusión y propaganda, profesor universitario, escritor. Todo realizado con intensidad y una pasión creadora contundente. Ha escrito testimonios como su libro sobre el exilio.

Sobre la situación jurídica de Toni Negri, Michel Foucault (1980) declaró: “Claro que no estamos en un régimen que envía a cultivar arroz a los intelectuales, pero, por cierto, dígame, ¿ha oído hablar de un tal Toni Negri? ¿Acaso no está en la cárcel en calidad de intelectual?”

En su esbozo sobre Negri el profesor de la Universidad de Duke, Michael Hardt, comenta: 
“Por un lado, los comentarios de Foucault apuntan al hecho escandaloso de que un país democrático como Italia, que aprecia la libertad de expresión y de pensamiento, pueda condenar a alguien como Negri por su papel como intelectual. Por otro, sin embargo, tal vez lo más interesante de la observación Foucault sea que Negri presenta un ejemplo anómalo como intelectual. En efecto, Negri ha creado un modelo poderoso y  original de ser un intelectual público y político en las últimas décadas del siglo XX.”
Hoy desde la prisión en Italia, después de su retorno voluntario lucha por un replanteamiento político, que permita la convivencia para miles de marginados por persecución y cárcel.

II. Marxismo y Arte

Los padres fundadores del movimiento Marx y Engels tuvieron una viva relación con el arte y la literatura. Dejaron escritos y una correspondencia donde dan cuenta de su interés sentimental y pasión intelectual para sus propias reflexiones científicas y políticas. Se trataba de grandes escritores, prosistas de altas calidades literarias además de conceptuales. Varios de sus libros tienen una arquitectura artística que alcanza la perfección: El Diez y Ocho Brumario de Luis Bonaparte escrito por Marx, para nombrar el más representativo.

Pero el conocimiento de los mecanismos y estructuras de la sociedad y el poder se enriqueció  con la lectura de autores como Shakespeare y Balzac. Es célebre su afirmación de que habían aprendido más en la lectura de este último sobre la sociedad francesa, que en todos sus historiadores juntos. La influencia de Shakespeare en páginas enteras del Capital es evidente. Y es célebre su fragmento en los Manuscritos de 1884. En sus escritos dejaron atisbos sobre la naturaleza del arte y la literatura, pero no escribieron una obra sistemática, una estética o un teoría.

Después de ellos, la discusión sobre el significado y el papel del arte y la literatura en las sociedades y en la propia acción política alcanzó constantes desarrollos. El desarrollo de la Primera Internacional y los partidos adscritos a la misma tuvo en la cultura y sus manifestaciones una dimensión significativa.

Escritores comunistas como Plejanov, Trosky, Lenin, Lunancharsky, Gorky participaron en las controversias. El libro representativo es el de León Trosky Literatura y Revolución. En la socialdemocracia alemana, polaca y húngara el asunto adquiere alcances sistemáticos de profundidad: Luckacs, Bloch, Benjamin y una pléyade de teóricos hacen presencia, incluyendo los que harán parte de la Escuela de Franckfurt.

De la misma manera, que una relación estrecha y sistemática con el mundo de las ciencias y del pensamiento había permitido el acerbo cultural para el logro del Capital y otros ensayos, la relación con la literatura y el arte va a enriquecer los desarrollos del movimiento político y cultural de los trabajadores. Surge, en las condiciones más difíciles de persecución y cárcel la figura de Antonio Gramsci. Y en Nuestra América el gran ensayista José Carlos Mariátegui dejo una obra sobre la cultura y la literatura amplia, en medio de la tragedia de su dura enfermedad y prematura muerte.

Con la dogmatización del pensamiento en la antigua Unión Soviética y los otros países del socialismo burocrático, el arte y la literatura se convirtieron en ‘arte de clase’ y la línea artística  la dictaba el partido único. Vino la decadencia del pensamiento como crítica e insurgencia intelectual.

Varios teóricos aparecieron dejando huella en el mundo occidental pero sin la repercusión adecuada. Era la inquisición en el seno mismo del movimiento emancipador el que oficiaba la persecución y la sacralización: escritores y obras bendecidas por el buró político y las agencias de escritores y artistas.

III. Una Posición

No es el momento de reseñar los últimos capítulos de esta historia, que señala hitos de despertar independiente y creativo, de volver a pensar el arte y la literatura críticamente desde la perspectiva del marxismo, pero en una pluralidad de diálogos con saberes distintos y enriquecedores en sus singularidades. Implica una postura histórica, que reconociendo a las artes como parte de las materialidades, de lo realmente existente, escapa a los reduccionismos económicos para su explicación y conocimiento. De suyo, el arte carece de esencia unitaria y de lógicas identificadoras y unidimensionales. Asume de Atenas a Teotihuacan  y de la antigüedad más lejana a la contemporaneidad, formas sumamente diversas al igual que funciones diferentes. Hay historia del y en el arte a condición de encontrar su sentido y su destino.

Hay que asumir de nuevo el aserto clásico de la revolución, de que el desarrollo del arte es la prueba más alta de la vitalidad y significado de toda una época. Y que su condición de existencia más plena parte de la total libertad de creación, de manifestación de la individualidad y se concreta como un trabajo productivo de valores de goce y uso, plenamente social y compartido.

Lo único aceptable en materia de creación artística es la divisa de André Breton y Diego Rivera de la anarquía en la libertad individual. ¡Ninguna autoridad, ninguna coacción, ni el menor rastro de mando!

En la era capitalista y aún estamos en ella, el arte está sometido a las improntas decisivas del trabajo mercancía y del valor de goce como mercado. Tal es la estructura que domina la constelación de la vida humana, de la sociedad (existente), de la propia naturaleza del planeta tierra. El arte no escapa a esta realidad que busca y logra convertirlo en simple valor de cambio, en objeto separado de la vida y convertido en algo suntuario privado, en el universo alienado de las relaciones humanas. En la cosificación de la dinámica social, en que poseer es más decisivo que ser, en que no se recibe, se apropia y no se da, sino que se otorga.

El arte y la literatura son productos sociales -que- y como invención liberadora de lo existente transgreden la realidad y adquieren directamente o indirectamente, de manera subliminal o contundente un carácter crítico, subversivo. De debelar, de subvertir y por ende se coloca, en la dimensión de la lucha por la otredad emancipatoria. Hoy en la era universal del mercado, con su posmodernidad, donde la imagen instaló sus tecnologías (la televisión en primer lugar), el arte vive el acoso de la banalidad, de su domesticación. Pero el arte siempre empieza -si es genuino- como imaginación creativa, como valor de goce.

IV. Las Cartas

Este breviario de Toni Negri contiene ocho cartas y un  prólogo de Raúl Sánchez a manera igualmente de epístola. Se trata de diálogos del autor con diferentes compañeros de preocupación  y actividad. Cada carta tiene un tema central así: Carta a Gianmarco, Sobre lo Abstracto (1 Dic. de 1988). Carta a Carlo, Sobre la Posmodernidad (5 Dic. 1988). Carta a Giorgio, Sobre lo Sublime (7 Dic. 1988). Carta a Manfredo, Sobre  el Trabajo Colectivo (10 Dic. 1988). Carta a Nanni, Sobre la Construcción (18 Dic. 198). Carta a Silvano, Sobre el Acontecimiento (24 Dic. 1988). Carta a Raúl, Sobre el Cuerpo (15 Dic. 1999).

De inmediato se observa que siete de las ocho cartas fueron escritas en veinte y cuatro días y la última once años después.

El autor presenta de manera bella y condensada, íntima y directa, sus reflexiones sobre el arte. No es entonces un libro de investigación, de largo aliento como los que ha elaborado sobre Spinoza y el Poder Constituyente. Son apuntes y sin embargo, qué fuerza la de su razonamiento. Negri no aterriza de súbito en la reflexión sobre el arte, es autor de una crítica literaria sobre Leopardi: Lenta Ginestra. Saggio sull’ ontologia di Giacomo Leopardi, Sugar Co., Milano, 1987. Es además coautor con M. Lazzarato, Y. Moulier y G Santilli del libro: Des enterprises pas comme les autres: Benetton et le Sentier parisien, Publisud, Paris, 1993.

Para el autor el arte es abstracto, dado que sólo en ese movimiento puede mostrar cualidad de ser, de construcción y trabajo. Por su motivo, su impulso de libertad y creación “El arte siempre se ha anticipado a las determinaciones de la valorización: así pues, se hizo abstracto, recorriendo un desarrollo real, creando, a través de la abstracción un nuevo mundo. Para ser una experiencia ontológica, el arte no necesita un ser concreto. Con la invención de lo abstracto, la naturaleza, el mundo se han visto substituidos completamente -por el arte-. La modernidad es esta abstracción esta participación del trabajo de toda singularidad y su intercambiabilidad. Una comunidad Abstracta” (p. 20)

Es una rica conceptualización la que va ofreciendo y no pretendo explicar en este comentario sus alcances. Tan sólo señalar un puerto de partida frente a la conceptualización del arte que viene de la mejor tradición.

Un pensamiento dialéctico, sutil y fino como el de Negri, escapa a clasificaciones e igualmente no procede por clasificaciones en sus escrutinios. El asume desde el comienzo la discusión sobre el fin de la modernidad y la posmodernidad, yendo más allá de lo obvio, lo reactivo y asimilando la realidad epocal, sus manifestaciones, el entrelazamiento entre estructura y epifenómeno. Veamos este concepto: “A ti la posmodernidad te da náuseas. Pretendes demostrar que no es verdadera, en la medida en que se define a sí misma como separación del tiempo de la propia realización. Yo veo las cosas de otra manera. Me adhiero a la posmodernidad porque pienso su experiencia como verdad de la abstracción, su reconocimiento como condición de la experiencia. Se ha completado un proceso de acumulación de acontecimientos abstractos, de nuevas determinaciones de sentido, de nuevas figuras singulares de comunidad, al final, todo esto ha llegado a mostranos un mundo nuevo. Lo queramos o no, todo significado sólo puede darse desde dentro de este mundo. Eso es la posmodernidad: la verdad de lo facticio.” (p. 21)

El aserto de Negri escapa al dualismo y a la postura usual, lo facticio es verdad que suele ser perverso pero existe y más aún anula la verdad para constituirse en su nueva realidad-verdad. Por ello puede preguntarse ¿La superficialidad, lo facticio, ¿son más verdaderos que lo real? y se responde: En cualquier caso son la única realidad. Su línea de razonamiento es contundente, libre de ambigüedades y eufemismos, llegando hasta el significado de la experiencia personal -la suya penosa y difícil-; sabe que hay que sacar conclusiones, ser consecuente, es un pensador militante el que escribe. Por ello puede afirmar “Hay que rechazar todo subterfugio en el reconocimiento de que la realidad ha cambiado, y con ella la verdad. Hay que despojarse hasta de la propia biografía, cambiar la sangre en las venas.” (p. 24)

Y de allí volver a comenzar, a constituir la verdad. Y esto significa honduras, desgarraduras, desafíos. Que grandeza en su humildad la de su reflexión y su manifiesta vocación de vivir y de luchar en una inhumanidad miserable. Para Negri la realidad está constituida por el mercado, la universalidad del valor de cambio es un hecho, es la verdad de las cosas y ahí estamos instalados, en ese mundo de abstracciones y apariencias, de superficialidades, alineados. Lo que Negri hace es retomar y desarrollar la crítica de Marx y el materialismo a la sociedad actual.

Negri lo afirma al comienzo de su carta Sobre lo Sublime, casi  lacónicamente, como un aserto: “Así, pues la posmodernidad es el mercado...” “Mundo de fantasmas pero verdadero.”

Y las diferencias ideológicas-políticas no las clausuró el triunfo de la democracia, del mercado?? La realidad de las luchas y lo debates a escala internacional van mostrando que el conflicto de la desigualdad es contradictorio y se torna áspero de tanto, en tanto y crece la conciencia sobre la necesidad de la emancipación. Pese a todo se está volviendo a comenzar.

Toni Negri precisa: “La diferencia entre reaccionarios y revolucionarios consiste esto: en que los primeros niegan, los segundos afirman el compacto vacío ontológico del mundo. Los primeros, pues, se consagran a la retórica, los segundos a la ontología. Los primeros se callan, los segundos sufren el vacío. Los primeros reducen la escena del mundo a un tropel estético, los segundos la aprenden prácticamente. Así, pues, sólo los revolucionarios pueden practicar la crítica del mundo, porque mantienen una relación verdadera con el ser. Porque reconocen que nosotros también hemos hecho este mundo inhumano. Que su carencia de sentido es nuestra carencia de sentido y su vacío nuestro vacío. ¿Sólo esto? El límite nunca es solo un límite; es también un obstáculo.” (p. 33)

El autor está en el camino de la lucha, de ponerse en movimiento. La clave es la imaginación y la libertad. A la máquina del mercado a su circularidad hay que enfrentarla y es posible trascenderla. No hay impotencia ni campo al derrotismo. Está dicho, no se tiene alternativa a este mundo pero si hay alternativa en este mundo. Podrá escribir entonces: “El mercado es superado por la potencia, la posmodernidad es superada por lo ético -el arte es a la vez potencia y ética- Hemos llegado finalmente a un punto positivo.” (p. 38) El arte como liberador enfrentado a la distorsión del mercado y a la propiedad privada. Su afirmación es contundente, el arte es antimercado.

La naturaleza del arte es la producción del trabajo colectivo de como y para quien se produce arte. En el entramado de la sociedad como un haz de relaciones comunicativas, de trabajo y cooperación. Que la formación y el desarrollo de la individualidad es social, Antonio Negri dice así: “Producir: ésta es la forma eminente de tomar la palabra. No hay producción sin colectividad. No hay palabra sin lenguaje. No hay arte sin producción y lenguaje. El arte es ante todo esta síntesis.” (p. 47) En el camino emancipador del arte, en su sentido, está el comunismo.

Y aquí aparece la multitudo, para gozar el arte. Categoría que Negri acuña para referirse a la situación actual de disgregación de las clases sociales. Pero igualmente para darle sentido pleno a nuestra existencia y al propio arte darle su sentido democrático pleno, hasta convertirse en poder constituyente.

De aquí que el arte sea revolucionario en forma inevitable y por ende producir arte es un compromiso, no de partido sino de ser, de existencia. Esto es estirar bastante la cuerda pero ello es consecuente en el carácter del arte. Lo que sí implica romper la cuerda es la afirmación: “Es decir, que, necesariamente, el artista que produce lo bello está comprometido. Y si no se considera tal es un hipócrita o no es un artista.”

Estas cartas son escritas como reflexión teórica que está en la trama de la vida del autor. Como en la sentencia de Nietzsche, está escrito con sangre. De allí los párrafos con que valida, a partir de sus derrotas y búsquedas personales las limitaciones de la consolación poética y su esplendor en la participación con la multitudo en una perspectiva republicana, vale decir colectiva.

Hay apuntes sobre escuelas y períodos, el carácter del realismo, la risa y otras claves de discusión en el asunto del arte.

La clave está en el desarrollo del pensamiento de Marx sobre la subsunción real del trabajo al capital. En una época, que como la actual la existencia de la sociedad capitalista es plena, el arte en su creación-producción y realización en la circulación y apropiación multifuncional no escapa a ésta determinación. La condición elemental para el desarrollo del artista es el mercado, nos lo recuerda el autor.

Lo lúcido no es esta constatación ni siquiera el carácter contradictorio del arte, de la creación poética, de su imaginación como despliegue de la libertad. Está en como opera en su intensidad esta contradicción, superando dos creaciones y acciones negativas: la utopía en sus diversas acepciones y el terrorismo en su impresionante imbecilidad, como destrucción de la potencia que debe expresarse en fuerza colectiva.

Este fragmento ilustra el asunto: “¿Qué haremos ante este paso radical de la crisis de la posmodernidad, de la ruptura de la subsunción real? Estamos obligados a construir, a través de lo abstracto, con materiales abstractos una nueva realidad, un nuevo movimiento. Pero un movimiento es un relato. El acontecimiento futuro es construido por un relato. La crisis del acontecimiento revolucionario está ligada a la caída del relato revolucionario y solo un nuevo relato logrará determinar no un acontecimiento revolucionario sino su pensabilidad. Hoy el arte debe afrontar esta prueba, la relación entre acontecimiento y relato. Está obligado a salir del discurso posmoderno, saltando hacia adelante, más allá de cualquier límite; entonces tal vez vuelva a caer en la repetición utópica de un pasado irrepetible o bien se autodestruya en la desesperada y rabiosa reivindicación del acto de ruptura. No, debemos desplegar la ruptura y su peso ontológico en el relato de la alternativa ontológica, en el diseño implícito de la excedencia ontológica. Este desplegarse del relato pone las bases del acontecimiento.” (p. 70)

Diez años después Negri escribe su carta Sobre el Cuerpo, donde se enriquecen sus reflexiones, muestra su apertura a la filosofía francesa, que es la admiración suya: Bataille, Foucault, Deleuze y Guattari. De nuevo reitera su fobia a Habermas y lo que denomina, un tanto retóricamente, lo vacío de los Derechos Humanos. El párrafo dedicado a su ironía denota en su brillantez, la ausencia de una dialéctica sobre el asunto, que Marx inauguró en la Cuestión Judía.

Negri vuelve su mirada sobre la época que vivimos y padecemos. Pero que buscamos ante todo vivir alternativamente. No es solo mercado y posmodernidad. Es acontecimiento, relato, imaginación, potencia, deseo, Multitudo. Revolución en una palabra. Y allí el cuerpo como nueva síntesis. El asunto es que en lo sucesivo, el cuerpo es una máquina, en la que se inscriben producción y arte.  Hay un cambio en la realidad y en la mirada. Un cambio de tipo Copernicano: “La vida ha subsumido lo abstracto, después de que lo abstracto subsumiera la vida.”

Estamos en los territorios de la biopolítica, aquella relación de multitudo y singularidad, capacidad de mestizar cuerpos y lenguas, por la dignidad del animal-hombre. Es en esa dimensión que la categoría de Foucault-Deleuze, biopolítica designa donde el arte tiene explicación en su fin, como terminación, pero igualmente como realización nueva y plena en la multitudo de tipo múltiple y plural. Como arte, la poética posmoderna de los cuerpos, es contra natura. No quiere ninguna reconciliación con la naturaleza, porque lucha contra la muerte, por la vida. Con amor en una ecuación al literal: “Amor es poiesis colectiva, es el producir y el amar de la multitudo, es el arte.” Con afirmación de las múltiples singularidades.

Toni Negri. ARTE Y MULTITUDO. Ocho Cartas. Prólogo, edición y traducción de Raúl Sánchez. Ed. Mínima Trotta. Madrid 2000.
Artículo publicado originalmente en la Revista Trans. Lo Público y lo Privado. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, No. 1, diciembre, 2001, pp. 330-344.