24/11/12

Alfred Rosenberg & Baruch Spinoza / El nazi y el judío paria se enfrentan a 'un problema'

Giuseppe Bailone
Trad. del italiano por Omar Montilla
             
Spinoza no es un filósofo fácil y los manuales frecuentemente lo convierten en abstruso, de difícil comprensión.

Una reciente novela de un psiquiatra norteamericano, apasionado spinoziano y escritor de éxito, ofrece un encuentro extraordinariamente interesante y fácil con este gigante de la filosofía moderna.

Visitando el museo Spinoza en la pequeña ciudad de Rijnsburg, este psiquiatra se entera que, ocupada Holanda, los nazis estaban más interesados en robar los libros y las cosas de aquel pequeño museo que los muy preciados cuadros del Rijksmuseum de Amsterdam.


Además, se entera también que el oficial que ha dirigido el saqueo ha actuado bajo las órdenes de Alfred Rosenberg y que en el informe de la operación, se ha referido a “preciosas obras juveniles de gran importancia para la investigación del problema Spinoza”.

Este psiquiatra se entera que, ocupada Holanda, los nazis se habían interesado más en robar los libros y las cosas de aquel pequeño museo que los muy preciados cuadros del Rijksmuseum de Amsterdam. Pero hay más: Se entera que el oficial que ha dirigido el saqueo ha actuado bajo las órdenes de Alfred Rosenberg, y que en el informe de la operación, se ha referido a “preciosas obras juveniles, de gran importancia para la investigación del problema Spinoza”.

¿Cuál podría ser “el problema Spinoza”, para los nazis y para Rosenberg?

Con esta pregunta nace la novela, bellísima, densa y ligera, de Irving D. Yalom, ‘El problema Spinoza’ (Neri Pozza editore, Vicenza 2012). Son breves capítulos que se alternan, que nos llevan a la Holanda de la segunda mitad del 600 y al mundo alemán de la primera mitad de 1900.  [N.delT.: En español el libro ha sido traducido con el nombre ‘El enigma Spinoza’]

En Amsterdam, el abril de 1656, dos jóvenes judíos portugueses se entrevistan con Spinoza para tenderle la trampa que lo llevaría a la excomunión. En Estonia, en 1910, Alfred Rosenberg, de 17 años, con ocasión de las elecciones de su escuela, pronuncia un violento discurso antisemita. El director de su escuela, un judío, le impone un castigo muy particular: debe detenerse y reflexionar sobre las palabras de admiración de Goethe, “el más grande entre los alemanes”, “el eterno genio alemán”, por Spinoza, el hebreo paria, expulsado de su comunidad. Se insinúa así en la mente del futuro ideólogo e importante colaborador de Hitler, el tormento que nunca más lo abandonará: ¿Cómo pudo su más alto modelo humano haber obtenido inspiración de un hebreo? ¿En Spinoza, seguramente, corría sangre no judía? ¿Las ideas de Spinoza eran con seguridad suyas? ¿Podría existir en su biblioteca el secreto que enmascara su presunta originalidad? ¿Se podrían encontrar allí, en su biblioteca, las fuentes no judías de sus ideas tanto admiradas? ¿No ha sido Albert Einstein, judío y premio Nobel a escribir: ‘El secreto de la creatividad reside en ocultar las propias fuentes’?

Se inicia así, con estas dos verosímiles ficciones, “el problema Spinoza”: Problema para el filósofo judío, que debe enfrentarse a la terrible excomunión y de la reorganización de su existencia, y para el ideólogo nazi, que debe tentar la cuadratura de su círculo.

El autor, Irving D. Yalom evidencia la extraordinaria admiración que Spinoza ha suscitado en todos los grandes espíritus de los siglos sucesivos, inclusive en aquellos más alejados de su filosofía. Su Spinoza es extraordinariamente comprensible y los conceptos spinozianos que los manuales convierten en abstrusos, asumen aspectos familiares.