20/11/12

Acerca de ‘El pensamiento político de Gramsci’ de Jean Marc Piotte

Facundo Peña Boerio

Antonio Gramsci es uno de los pensadores políticos contemporáneos más influyentes. Ha sido citado por autores tan disímiles como –por sólo enumerar algunos- Louis Althusser, Raymond Williams, Paulo Freire, Norberto Bobbio, Robert W. Cox y Ernesto Laclau. El carácter fragmentario de sus Quaderni dal Carcere ha llevado a algunos intérpretes a realizar su lectura en función de determinados conceptos ordenadores e integradores de su obra. En' El pensamiento político de Gramsci', Jean Marc Piotte recorre los escritos carcelarios del autor italiano centrándose en el concepto de intelectual como articulador clave de las demás categorías.

Sociólogo de origen quebequés, Piotte obtuvo un doctorado de la Sorbonna
de París sobre el pensamiento de Antonio Gramsci y formó parte de la revista política y cultural Parti Pris (de orientación marxista-leninista) que jugó un papel importante a mediados de la década del sesenta durante la Révolution Tranquille, cuyo corolario fue la modernización y secularización de  la provincia de Quebec.

Esta obra que estamos reseñando fue uno de sus primeros trabajos y, a su vez, uno de los más importantes sobre todo para América Latina. El libro fue publicado en Argentina un par de años después de su primera edición en francés (la edición local, que data de 1973, estuvo a cargo de Cuadernos de Cultura Revolucionaria), y sirvió para introducir los principales conceptos de Gramsci a numerosos militantes políticos de la época.

Refiriéndonos estrictamente al contenido del texto, Piotte comienza planteando en la introducción una división en la obra de Gramsci a partir de su encarcelamiento en 1926. Apartir de su detención, Gramsci desarrollará con mayor originalidad, riqueza y profundidad las intuiciones del período precedente. Por consiguiente, Piotte se centrará en el período carcelario de escritura, es decir, en los Quaderni dal carcere. Estos textos plantean tres dificultades principales que Piotte toma en cuenta para su interpretación: los problemas de edición, las condiciones de la censura y el estado de la obra. En primer término, al momento en que escribe el autor quebequés todavía no había salido la edición crítica que estaba preparando Valentino Gerratana, por lo cual la única fuente de los manuscritos de Gramsci editados era la edición realizada por Palmiro Togliatti (líder del PC) que no respetaba un criterio cronológico de ordenación y publicación de fragmentos, sino más bien un criterio temático. Luego, la censura permanente que sufrió de manos del régimen fascista hace difícil interpretar si algunos conceptos corresponden a las condiciones de censura o a una reconceptualización profunda del corpus teórico marxista. En tercer lugar, la fragmentariedad de los textos de la cárcel hace imperioso conseguir “lo que Gramsci no pudo conseguir: un pensamiento articulado, desarrollado con coherencia” (Piotte, 1973: 10). Piotte intentará lograr este objetivo estudiando el concepto de intelectual. Por ello, el libro se desarrollará alrededor de esta noción.

Efectivamente, en el primer capítulo, Piotte comienza analizando el concepto de intelectual orgánico, definido por el lugar y la función que éste ocupa en el seno de una estructura social. El intelectual orgánico es el organizador de las funciones tanto políticas, económicas como culturales de la clase a la que están ligados orgánicamente, y es el homogeneizador de la concepción del mundo de esa clase. El carácter orgánico de los intelectuales depende de los lazos más o menos estrechos que unan a la organización de los intelectuales con la clase y del lugar que los primeros ocupen en las organizaciones de la sociedad civil o de la sociedad política. Si bien los intelectuales gozan de una relativa autonomía con respecto a la clase a la que se hallan ligados, ésta se relaciona directamente con el nivel de cohesión de la clase. Sin embargo, puede entenderse esta relativa autonomía si consideramos la función de autoconciencia crítica del intelectual de clase.

En el segundo capítulo, el autor indaga sobre la noción de intelectual tradicional, diferenciándolo del intelectual orgánico, a partir de su mayor o menor progresividad en relación a su capacidad de acrecentar las fuerzas productivas y de ampliar sus cuadros de intelectuales. Piotte resalta que la definición del intelectual orgánico es una definición sociológica, que se refiere a la composición de una estructura social funcional, mientras que la noción del intelectual tradicional le permite alejarse de posiciones deterministas, al definirlo según el lugar que ocupa en un proceso histórico determinado. Entonces, los intelectuales tradicionales pueden definirse como aquellos intelectuales ligados a las clases que se hallan en fase descendente por la evolución del modo de producción, es decir, que van perdiendo progresivamente su poder político y económico. A su vez, se considera el lugar que éstos ocupan en el modo de producción. Piotte utiliza ejemplos de la realidad italiana enumerados por Gramsci a lo largo de los Quaderni para dar cuenta de este concepto: el clero, los filósofos idealistas, los intelectuales del Sur.

Piotte introduce el tercer capítulo señalando que la mejor manera de entender la noción de intelectual es a través del estudio del partido. Siguiendo la clásica definición acuñada por Togliatti del partido como intelectual colectivo, Piotte desarrolla la noción del partido en Gramsci, entendiéndolo como representante de una clase. Un partido siempre será de clase, aunque haya diferentes fracciones de clase a las cuales represente  un determinado partido. A lo largo de este capítulo, Piotte insistirá en la configuración interna de un partido (los capitanes, los mandos intermedios y los soldados)  y en el funcionamiento de esta estructura como una disciplina colectiva libremente asumida: un centralismo democrático.

En los capítulos siguientes, Piotte continúa con la cuestión del partido, considerando en esta ocasión la función hegemónica que este cumple y la organización de la hegemonía. Primero, el autor plantea que el partido de las clases subalternas debe ser el iniciador de una voluntad colectiva que unifique las masas populares en sus luchas contra la burguesía, ser el instigador de la reforma intelectual y moral por la que las masas se apartan de la influencia ideológica de las clases dominantes. El autor explica que “para que la clase obrera tome conciencia de sí misma como clase para sí, para que tome conciencia de su papel revolucionario en el seno de la sociedad burguesa, es preciso que sea guiada por teóricos y organizadores, es decir, por intelectuales” (Piotte, 1973: 61). De este modo, reaparece el concepto integrador del intelectual como aquel que elabora y difunde una concepción del mundo que eleve a las masas. Para emprender la reforma, el intelectual colectivo (el partido) debe fundarse sobre el sentir popular y apoyarse sobre la espontaneidad de las masas para disciplinarlas hacia la formación de una nueva voluntad colectiva. Sin embargo, la dirección política, la hegemonía, debe ser del proletariado, ya que el partido es un organismo de clase, sea de la burguesía o de la clase obrera. En el capítulo cinco, Piotte desarrolla la relación entre la clase obrera como clase dirigente y el campesinado y las demás fuerzas subalternas, analizando específicamente el caso del Mezzogiorno italiano.

En el siguiente capítulo, Piotte trabaja la distinción gramsceana entre Oriente y Occidente como un factor clave para determinar la línea estratégica del partido. La diferencia entre estos dos conceptos es explicada a partir de las metáforas militares sobre las guerras de movimientos y las guerras de posiciones y define, según el autor, distintas estructuras históricas. Piotte compara el planteo gramsceano con el de otros marxistas, como Rosa Luxemburgo. Luego, el autor se dedica a enumerar y describir los distintos momentos del análisis de relaciones de fuerza que permitan definir una táctica y una estrategia en el marco de una estructura histórica.

A continuación, Piotte amplía aún más la compleja red conceptual gramsceana incorporando el estudio de la ideología y del Estado en los dos capítulos finales. Es por medio de la ideología que el intelectual colectivo, el partido, eleva a las masas, y permite que una clase tome conciencia de su lugar y función en el seno de una estructura social así como de su papel histórico, para así poder dirigir a las demás clases. Piotte analiza el campo de la ideología y el lugar y la función que cumple en el seno de las estructuras sociales. Por otra parte, el concepto de Estado cierra el análisis de los escritos carcelarios centrado en el concepto de intelectual, a partir de la distinción dentro del Estado entre sociedad política y sociedad civil. En efecto, si la sociedad política es el ámbito de la coerción, donde los intelectuales ejercen la función de la dominación, la sociedad civil es el espacio de la hegemonía, de la ideología; es aquí donde los intelectuales ejercen la función de la dirección intelectual y moral. Posteriormente, Piotte remarca que esta distinción es típica de los regímenes liberales, por lo que presenta limitaciones para analizar cómo se ejercen la dominación y la hegemonía en otros regímenes como el fascismo.

En sus conclusiones, Piotte se propone indagar sobre los aportes del pensamiento de Gramsci a la teoría marxista y encontrar algunas diferencias respecto de los dos teóricos marxistas más importantes: Marx y Lenin. Además,  el libro contiene un apéndice con algunas reflexiones de Gramsci sobre la relación entre los consejos de fábrica, el partido y el sindicato durante el período del Bienio Rojo. Retomando las conclusiones, Piotte compara las nociones de intelectual en Marx, Lenin y Gramsci, y concluye que el autor italiano da un nuevo significado al concepto, en tanto supera la mera distinción entre trabajo intelectual y manual (Marx), y como capa social extraña a la burguesía y al proletariado (Lenin). Luego, compara las concepciones acerca del partido en Lenin y Gramsci, reconociendo la importancia del aporte de Lenin sobre la función hegemónica del partido como dirección política, pero enfatiza la función hegemónica del partido en tanto dirección intelectual y moral. Además, Gramsci plantea una relación entre la clase dirigente y las masas que reconoce como primordial la acción espontánea de las mismas. Piotte considera que Lenin concibe esta relación de manera más pesimista.

Como conclusión de esta reseña creo necesario hacer algunas consideraciones sobre el texto y el contexto de escritura. En primer lugar, si bien incluye un capítulo dedicado al análisis gramsceano de los consejos de fábrica y algunas citas de sus escritos de juventud, el libro se centra casi exclusivamente en los Quaderni, limitando una comprensión más acabada del pensamiento del autor, en tanto como el mismo Gramsci planteaba, para entender a un autor es necesario leer toda su obra escrita e incluso a veces su epistolario.

Por otra parte, a pesar de que Piotte intenta no citar a otros autores aparte de Gramsci, en varios pasajes del libro encontramos relaciones entre el pensamiento gramsceano y el pensamiento de Lukàcs, Mao Tsé Tung y, sobre todo, Lenin. Piotte ve al autor sardo como marxista leninista, lo cual si bien no es una aseveración falsa, sí acota el horizonte interpretativo del autor.

Siendo éste un escrito que tiene ya varios años desde su aparición (la primera edición en francés es de 1970, aunque fue recientemente reeditado en ese idioma por Lux) cabe aclarar brevemente las razones por las cuales se decidió tomarlo en consideración. En primer lugar, es un libro que apareció en un contexto político y social internacional signado por revueltas populares, lo que lo hacía particularmente interesante para analizar los procesos políticos y sociales vigentes en ese momento. Concretamente en la Argentina, el pensamiento de Gramsci había aterrizado de la mano del grupo de la editorial Pasado y Presente, en la que se encontraban intelectuales como José Aricó y Oscar del Barco. En esta línea, la Editorial Cuadernos de Cultura Revolucionaria comienza a publicar algunos textos gramsceanos, entre ellos nuestro libro en cuestión. Una segunda razón está relacionada con el propósito de este libro de hacer un recorrido teórico de la obra carcelaria de Gramsci a partir de la noción de intelectual, marcando un contraste con otros autores de la época que señalaban otros conceptos como los primordiales en el pensamiento del autor italiano (son ya clásicos los textos de Norberto Bobbio, Perry Anderson y Huges Portelli sobre los conceptos gramsceanos de sociedad civil, hegemonía y bloque histórico, respectivamente). Precisamente este contraste generó y genera un debate aún no resuelto (o quizás irresoluble) sobre cuál es el legado de Gramsci; qué es lo que lo mantiene vigente, y cuáles son las diferencias entre los distintos contextos históricos en los que se realiza una determinada interpretación del autor (ya sea en los sesenta o actualmente).

En suma, este libro es una interesante introducción al pensamiento de Gramsci, que posee un atractivo adicional si se quiere entender no sólo los fragmentos carcelarios sino también el debate sobre las diferentes significaciones que adquiere la obra de este gran pensador.