8/10/12

Walter Benjamin / El Ángel de la Revolución

Ricardo Sánchez Ángel

La experiencia de nuestra generación:  que el capitalismo no morirá de muerte natural. [X 11a, 3]: Walter Benjamin [1]

Resumen y nota introductoria

Especial para Gramscimanía
Este artículo tiene como objetivo, asumir desde Colombia y América latina, el texto más renombrado del filósofo alemán Walter Benjamin: Tesis sobre el Concepto de Historia. En mi interpretación, el tiempo histórico incluye la revolución, que Benjamin sitúa en la tradición de Marx y en la “Liga Espartaco” de Alemania, para reivindicar plenamente a los vencidos y excluidos.

Estimado Ricardo: Me alegra mucho recibir noticias tuyas, además con este hermoso artículo sobre Walter Benjamin. Me pareció muy importante tu crítica a Reyes Mate, y tu asociación de Benjamin con Rosa Luxemburgo y con José Carlos Mariátegui. / A pesar de militar hace unos cuarenta años en la Cuarta Internacional, Rosa Luxemburgo sigue siendo para mí la principal referencia ética y política. Que bueno que somos algunos, aquí y allá, que mantenemos viva su memoria y su pensamiento. / Soy también un apasionado por José Carlos Mariátegui, fíjate que no conocía, o había olvidado, este artículo sobre Rosa Luxemburgo que citas en tu artículo. Recién publiqué en Perú, en la edición Amauta, una selección de ensayos de Mariátegui, bajo el título "Por un socialismo indo-americano", con una larga introducción que te envío en anexo, junto con un artículo sobre  "Walter Benjamin y América Latina". / Veo por tu nota sobre Gabo que estás presente en el combate contra la "parapolítica" en Colombia. Un gran saludo fraternal: Michael Löwy


De la mano de El Pasajero

El escritor colombiano, Ricardo Cano Gaviria, en ‘El pasajero Walter Benjamin’, presenta este cuadro de las últimas horas del filósofo alemán:

La tarde del 20 de septiembre de 1940, el escritor judío-alemán Walter Benjamin, de cuarenta y ocho años, después de una agotadora marcha de siete horas a través de los Pirineos, llegó al puerto fronterizo de Port-Bou con el propósito de atravesar España y alcanzar el puerto de Lisboa. En su magro hatillo de fugitivo de Hitler, reducido a una simple cartera, llevaba entre otras cosas un pasaje de Barco para Nueva York y un breve manuscrito sobre el sentido real de la idea de progreso, el cual ocupa hoy un destacado lugar en la parte filosófica de sus Obras Completas. [Pero Benjamin] no soportó la navegación de esa larga noche, dentro de un miserable cuarto de hotel, y se quitó la vida al amanecer del día siguiente con una fuerte dosis de morfina.[2]

Más allá de otras recepciones, la de esta novela es de una intensidad de identidades humanas, que nos coloca en un diálogo entrañable, nos da una clave sentimental  para el viaje de leer al ‘difícil’ Benjamin desde Colombia y América latina, en una revisita a su texto más renombrado.

La formación intelectual de Benjamin fue intensa y extensa: El romanticismo, al que dedicó un artículo juvenil [Romantik, 1913], para proponer una nueva “voluntad romántica de la belleza, la voluntad romántica de verdad, la voluntad romántica de acción”, que están en el primado de la cultura moderna[3], destacando que el mesianismo está en el centro de la concepción romántica del tiempo y de la historia. En su tesis de doctorado El concepto de crítica del arte en el romanticismo alemán (1919), declara que la esencia histórica del romanticismo “debe buscarse en el mesianismo romántico.” Allí cita a Friedrich Schlegel: “El deseo revolucionario de realizar el reino de Dios es … el inicio de la historia moderna.” Tiene razón Michael Löwy cuando indica el asombroso parentesco entre este pasaje y las tesis de 1940 sobre el concepto de historia.[4]

La utopía romántica conlleva el mesianismo revolucionario, amasijo de su evolución cultural al que no renunciará Benjamin, sino que hará más compleja y rica, con su visita al surrealismo, y al abordar su nueva formación en el marxismo.

Por la influencia de su amor, la letona Asja Lacis, Benjamin descubre el comunismo y viaja a Moscú, a pesar de tener un interés inicial de estudiar en Jerusalén. Con orgullo dirá Asja Lacis “Benjamin viajó a Moscú y no a Jerusalén.”

Su evolución, verdadero descubrimiento del marxismo, resulta de la lectura iniciática de Historia y conciencia de clase de Georg Lukács, uno de los libros capitales del marxismo del siglo XX. Sobre esta obra escribe Benjamin: “La más consumada de las obras de la literatura marxista. Su singularidad se funda en la certeza con que ha captado por una parte, la situación crítica de la lucha de clases en la situación crítica de la filosofía y, por otra, la revolución.”[5] Allí hay una clave sobre la saga teórico-política de Benjamin, su permanente escrutinio y uso del concepto de lucha de clases, como decisivo en el devenir histórico y en la lectura de la historia.

Quien dice Historia y conciencia de clase de Lukács, dice Luxemburg, especialmente en el  ensayo Rosa Luxemburg como Marxista.[6] El estudio del primero, está imbuido de luxemburguismo en muchas partes, en la radicalidad de la lucha de clases desde abajo, como la gran potencia de la realización de la revolución.[7]

Para Benjamin el materialismo histórico debe poner a su servicio a la teología, que jugaría el papel del enano maestro de ajedrez que guiaba la mano del muñeco trajeado a la turca y derrotaba a cualquier oponente.

Angelus Novus Paul Klee
En la tesis 9 se reitera la adhesión a la teología a propósito del cuadro de Paul Klee, Angelus Novus, citando versos del filósofo del judaísmo Gershon Scholem, amigo y autor de un libro sobre Benjamin.[8] El cuadro acompaña al filósofo, que pudo contemplarlo durante buena parte de su vida. El ángel vuelve su rostro hacia el pasado que lo aterroriza por su sucesión de ruinas y si bien quisiera detenerse para remediarlo, un huracán lo impulsa hacia el futuro: El progreso.

En la tesis 18 vuelve a introducir la mención teológica a propósito del tiempo entre los judíos: en donde en un segundo puede darse la presencia del Mesías; por esta cualidad de aparición súbita y contundente para definir el curso de la historia el Mesías es ser privilegiado y deificado. La religión atraviesa la reflexión en otros momentos. En la lectura de estas tesis no se puede desligar a la teología del materialismo histórico, mostrando la lealtad de Benjamin a una larga convicción que le valió el reproche de Theodor Adorno[9] quien lo conmina a abandonar la senda del judaísmo, y de Scholem, que lo insta a su vez a dejar de lado el marxismo.

Las Tesis de filosofía de la historia del trágico pensador alemán gozan de merecida reputación en el mundo académico que se ocupa de los temas de la teoría, aparecen como texto obligado para la formación de los historiadores, obligación que se amplía a filósofos y científicos políticos y sociales.

Es un texto condensado, intensamente sintético, sólo un puñado de hojas presentado bajo la fórmula de Tesis, en el género del miniaturismo tan ponderado por Benjamin, partidario de la anécdota, del arte de las citas textuales, visitante de la ambigüedad y el enigma cabalista y sensual. El mismo que escribió sobre la importancia del cronista en la tesis 3, porque de todo lo que sucedió alguna vez, nada debe considerarse perdido para la historia. Otro duro golpe suyo al cientifismo positivista. 

Organizado en 18 acápites, el último con dos literales. Tiene el propósito de ser conclusivo no descriptivo, ni desarrollar una investigación, sino mostrar su desenlace, sus resultados. Una investigación teórica condensada en estos fragmentos que pueden ser leídos como terminados o inconclusos, en todo caso como texto completo y al mismo tiempo de obra abierta. La forma misma del texto y su horizonte conceptual tienen como eje la voluntad del sujeto, la praxis transformadora, un frescor presente en Benjamin. Es la afirmación del sujeto colectivo en su despliegue en la historia.

La historia en la revolución

El asunto de la historia es el pasado, el cual exige ser redimido, es su índice temporal. El pasado exige derechos que los historiadores del presente dotados de una flaca fuerza mesiánica deben ejercer. Lo cual conduce a que nada de lo que una vez haya acontecido puede creerse perdido por la historia y por ende, debe ser citado. Sólo a la humanidad redimida le cabe en suerte su pasado. La imagen del pasado que amenaza desaparecer con cada presente que no se reconozca mentado en ella.

No hay lugar al positivismo del historicismo. No se puede conocer el pasado ‘tal y como verdaderamente ha sido’. Significa adueñarse de una imagen pretérita tal y como se presenta en los momentos de peligro. Se trata de preservar el patrimonio de la tradición y de los que lo reciben, de prestarse a ser instrumento de la clase dominante, al igual que al conformismo. Dice el filósofo: “El Mesías no viene únicamente como redentor; viene como vencedor del Anticristo. El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza sólo es inherente al historiador que esta penetrado de lo siguiente: tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer.” (tesis 6).

El concepto lineal de progreso implica un tiempo homogéneo y vacío que debe ser reemplazado por un tiempo pleno, ‘tiempo-ahora’. Hay un salto histórico, el dialéctico que tiene lugar en la arena de la clase dominante, bajo el cielo despejado de la historia que es ‘como Marx entendió la revolución’. Hay que saltar el continuum de la historia que es lo peculiar de la acción de las clases revolucionarias. La conciencia del materialista histórico se plantea con el pasado, es como una experiencia única y la rige su voluntad, en esto consiste precisamente poder saltar el continuum de la historia.

El historicismo proporciona los hechos para llenar un tiempo homogéneo y vacío, contrario al materialismo histórico que tiene un principio constructivo. El del movimiento de las ideas y de la presencia de la estructura como presente, lo cual conduce a reconocer una coyuntura revolucionaria en la lucha a favor del pasado oprimido. De modo que “el alcance de su procedimiento consiste en que la obra de una vida está conservada y suspendida en la obra, en la obra de una vida la época y en la época el decurso completo de la historia.” (tesis 17). Es una apuesta por una valoración política de la historia al dotar de sentido y significado la lucha de los oprimidos que han sido secularmente derrotados, es descorrer el velo encubridor del discurso historiográfico dominante.

La crítica de Benjamin a la idea de progreso tiene como blanco la socialdemocracia y la fe de sus políticos en este; la confianza en la ‘base de masas’ y finalmente su servil inserción en un aparato incontrolable. Tres lados de la misma cosa. Se trata de una crítica a la ideología, a la forma de hacer política: el caudillismo elitista, y al aparato burocrático partidario que manipula la política e impone sus decisiones. Señala el conformismo como táctica política, además de sus concepciones económicas. Ejerce aguda crítica a la concepción socialdemócrata del desarrollo técnico, base de toda ilusión del progreso. El trabajo en la fábrica y su exaltación está presente, lo recuerda el filósofo, en este párrafo: “Ya el ‘Programa de Gotha’ lleva consigo huellas de este embrollo. Define el trabajo como ‘la fuente de toda riqueza y toda cultura’. Barruntando algo malo, objetaba Marx que el hombre que no posee otra propiedad que su fuerza de trabajo ‘tiene que ser esclavo de otros hombres que se han convertido en propietarios’.” Esta idea de progreso es de dominio de la naturaleza y oculta el retroceso en la sociedad. “Ostenta ya los rasgos tecnocráticos que encontraremos más tarde en el fascismo. A éstos pertenece un concepto de la naturaleza que se distingue catastróficamente del de las utopías socialistas anteriores a 1848. El trabajo, tal y como ahora se le entiende, desemboca en la explotación de la naturaleza que, con satisfacción ingenua, se opone a la explotación del proletariado.” Benjamin defiende como de “sentido  sorprendentemente sano” las utopías de Fourier, de que haya “un trabajo que, lejos de explotar la naturaleza, está en situación de hacer que alumbre las criaturas que como posibles dormitan en su seno.” (tesis 11). Un momento feliz hacia un pensamiento político ambiental.

Walter Benjamin hace de la lucha de clases la categoría central de su propuesta sobre la historia a partir de un epígrafe de Hegel sobre la importancia de lo prosaico en la vida humana. Dice: “La lucha de clases que no puede escapársele de vista a un historiador educado en Marx, es una lucha por las cosas ásperas y materiales sin las que no existen las finas y espirituales.” (tesis 4). El concepto se amplía a que estas últimas están presentes en la lucha de clases, vivas como astucia, confianza, coraje, humor, denuedo, cumpliendo un papel trascendental, actuando retroactivamente desde tiempos lejanos, acabando por cuestionar las victorias de los dominadores. Aquí la consciencia de clase forma parte de la lucha de clases como mentalidad revolucionaria de los actores oprimidos. De allí su propuesta sobre la tradición de los oprimidos que nos enseña que la regla es el ‘estado de excepción’ en el que vivimos. Hemos de llegar a un concepto de historia que le corresponda. Así el fascismo no es excepcional sino resultado de un proceso histórico concreto, en el que desemboca una sociedad regida por la fe en el progreso humano.

En esta teoría de la lucha de clases hay una singularidad frente a la tradición marxista, ya que Benjamin muestra el movimiento de los de arriba, de los dominadores y sus logros, ubicando allí, de manera cruda, el papel del oficio de historiadores. Ante el interrogante de ¿con quién entra en empatía el historiador historicista?, no duda en su contundencia: con el vencedor. Agrega que los dominadores son los herederos de todos los que han vencido una vez que ‘como suele suceder, en el cortejo triunfal llevan consigo el botín. Se le designa como bienes de la cultura.’ La revaluación de los logros de la cultura, o sea del progreso, (el Ángel de la historia) es dialéctica, de luces y sombras. El siguiente fragmento condensa una complejidad de relaciones materiales, culturales, de progreso y barbarie, de creadores y científicos con el papel de los de abajo en la construcción siempre  trágica de la cultura:

Ya que los bienes culturales que abarcan con la mirada tienen todos y cada uno un origen que no podrá considerar sin horror. Deben su existencia no sólo al esfuerzo de los grandes genios que los han creado, sino también a la servidumbre anónima de sus contemporáneos. Jamás se da un documento de cultura sin que lo sea a la vez de barbarie. E igual que él mismo no está libre de barbarie, tampoco lo está el proceso de transmisión que pasa de uno a otro. Por eso el materialismo histórico se distancia de él en la medida de lo posible. Considera cometido suyo pasarle a la historia el cepillo a contrapelo.(tesis 7)

¿Cómo darle sentido a la historia como estudio y como construcción humana? ¿Como quehacer por fuera del tiempo homogéneo y vacío? Benjamin responde reiterando su mesianismo, que en el mundo prosaico señala a la clase que lucha, los trabajadores como el sujeto del conocimiento histórico y como la clase vengadora que lleva hasta el final su obra de liberación a nombre de las generaciones vencidas. Recuerda Benjamin que ésta es la formulación de Carlos Marx y que aparece de nuevo en la liga espartaquista; un homenaje a Rosa Luxemburg, la principal dirigente de este movimiento, asesinada en la lucha por el gobierno de la socialdemocracia de Friederich Ebert. Y evoca el nombre de Blanqui, “cuyo timbre de bronce había conmovido al siglo precedente.” (tesis 12). La socialdemocracia le asigna a la clase obrera el papel de redentora de generaciones futuras y no lo que le da su fuerza, su potencia revolucionaria, la redención del pasado de los oprimidos. Con el conformismo la clase desaprendió tanto el odio como la voluntad de sacrificio.

Una visión judeoreligiosa de la historia, donde el Mesías liberador es el proletariado como ángel vengador, dándose una visión que va de la poesía de la imaginación bíblica a la prosaica de la vida material y la lucha de clases.[10]

Las tesis son un potente manifiesto por la acción desde abajo, de los trabajadores excluidos de la historia y la cultura dominantes, de los vencidos a quienes se borra de todo recuento y de toda memoria histórica digna de ser leída, incorporada, revisitada.

Hay unos antecedentes, unos hilos que llevan al filósofo a una tan radical concepción de la acción, de la praxis que como tal deja de ser rutina, doxa, para desplegarse en creatividad y esplendor, en refutación y antagonismo, en una incesante búsqueda de sentido para el porvenir. Un sentido emancipador y reivindicativo.

Vale este comentario: Goethe, en particular en el Fausto, es uno de los autores favoritos de Carlos Marx. Esta formulación está inspirada en este genio y en este clásico literario que era igualmente lectura favorita de Rosa y de Lenin. Dejo que sea el propio doctor Fausto quien resuelva el enredo en que todavía, sin embargo, están la humanidad y los pensamientos:
Está escrito: En un principio existía el Verbo (59). Ya aquí tengo que pararme. ¿Quién me ayudará para ir más lejos? (60). Es del todo imposible que pueda dar tanto valor a la palabra Verbo; es preciso que lo traduzca de otro modo, si el espíritu me ilumina. Está escrito: En un principio existía el espíritu. Reflexionemos bien sobre esta primera línea, y no permitamos que nuestra pluma se apresure. Es indudable que el espíritu lo hace y lo dispone todo, por lo tanto debería decir: En un principio existía la fuerza. Y sin embargo, al escribir esto, siento en mi algo que me dice no ser su verdadero sentido. Por fin, parece venir el espíritu en mi auxilio. Ya empiezo a ver más claro, y escribo con mano firme: En un principio existía la acción.
Luego Mefistófeles dice: “Mi buen amigo, toda teoría es en sí tan árida como verde y lozano es el árbol de la vida.” [11]

En la undécima de las Tesis sobre Feuerbach, Carlos Marx afirmó: “Los filósofos sólo han interpretado de diversas maneras el mundo; de lo que se trata, sin embargo, es de modificarlo.” Comenta Ernst Bloch: “Con ello se señala de modo impresionante una diferencia frente a todo impulso anterior del pensamiento.”[12]

Discutiendo

La interpretación de Reyes Mate sobre la tesis 11, en el sentido de que Benjamin se está refiriendo a unos oprimidos distintos a los trabajadores obreros y más a los que sufren en extremo, los marginados cuyos nombres son indígenas, negros, judíos, árabes, etc., lo lleva a vaciar de contenido la referencia a la liga espartaquista. El profesor español afirma que los espartaquistas han desaparecido como organización y también en buena medida de la memoria de los contemporáneos.[13] Muy relativo, ya que están presentes con Rosa a la cabeza, en los comunistas alemanes, en las feministas del socialismo, en Luckacs, lo hemos dicho, en Gramsci y Trotsky. En América latina con José Carlos Mariátegui. La Rosa Roja no pudo ser borrada del corazón de millones de luchadores y estaba muy presente en la tradición que Benjamin quería revisitar y potenciar, en tanto la lucha y el programa de los espartaquistas estaba anclado de raíz en la emancipación de los explotados y oprimidos, los humillados y ofendidos.

No resulta convincente lo propuesto por Reyes Mate, cuando afirma a propósito de la liga espartaquista: 

Benjamin la recuerda como modelo de una ‘conciencia vengadora que lleva hasta el final la tarea de liberación en nombre de las generaciones vencidas’, es decir, quizá no sea el programa político espartaquista lo que ahora interese, sino lo que encierra el nombre -espartaquismo- de voluntad de redimir o ‘vengar’ una injusticia, tan asentada como antigua, que se remonta al esclavo romano Espartaco. Lo importante es el gesto de rebeldía contra la injusticia pasada y presente, gesto mucho más importante que lo afortunado o lo infortunado del programa político, y más significativo que el hecho de la derrota. La tesis no invita a la refundación del luxemburguismo, sino al rescate de la conciencia de solidaridad con los oprimidos.[14]

La afirmación inicial sobre los marginales resulta endeble ya que la tesis 12 explícitamente concatena la afirmación: “En Marx se presenta como la última clase esclavizada (es la clase obrera) la clase vengadora que lleva hasta el final la tarea de liberación”, con el asunto de que esta conciencia, que vuelve a cobrar vigencia por breve tiempo en la liga espartaquista, le ha resultado siempre escandalosa a la socialdemocracia. Resulta esquiva a la amplia y documentada exposición y análisis de Reyes Mate, por quien profeso el mayor reconocimiento y admiración, por haber dedicado tan sistemático esfuerzo a estas tesis de la vapuleada filosofía de la historia.

Claro está, en Benjamin la visión humana universalista abarca los de abajo de toda condición. Revisita la multitud urbana, el flâneur, el habitante de la calle individualizado ‘como un viejo repelente’. También el microcosmos social de la prostitución y el juego, las sectas y los conspiradores y los traperos como significación extrema de la marginalidad extrema.

De igual forma, Terry Eagleton en su excelente libro sobre Walter Benjamin, incurre en el error de no asumir el asunto de la política y el sentido de la relación Marx – Rosa – Liga Espartaquista, dice esto:

Las Tesis son un soberbio documento revolucionario: pero evocan sistemáticamente la lucha de clases en términos de conciencia, imagen, memoria y experiencia y casi callan respecto a la cuestión de sus formas políticas. Entre la ‘base’ y la ‘experiencia’, se elude silenciosamente el ejemplo político: Habermas no está muy errado cuando comenta que “Benjamin también concebía la filosofía de la historia como una teoría de la experiencia”. [15]

Con Mariátegui

En el ciclo de conferencias, pronunciadas en 1923 y 1924, ante un auditorio obrero estudiantil el teórico peruano José Carlos Mariátegui, realizó una de las más logradas semblanzas de la Liga Espartaco, sus propósitos y su significado histórico; además se detuvo en darnos un breve retrato de cada uno de los principales dirigentes. El punto de vista de Mariátegui es el siguiente:

El internacionalismo no es sólo un ideal, es una realidad histórica. El progreso hace que los intereses, las ideas, las costumbres, los regímenes de los pueblos se unifiquen y se confundan. El Perú, como los demás pueblos americanos, no está, por tanto fuera de la crisis; está dentro de ella.[16]

Leer en clave latinoamericana el escenario contemporáneo que se desarrollaba frente a sus ojos y en el que Mariátegui lucha por participar activamente, le permite ser partícipe de las luchas internacionales, latinoamericanas, europeas y asiáticas que estaban en curso. Asuntos que había estudiado directamente durante tres años y medio en Europa y que estaba reelaborando en la arena proletaria y socialista del Perú. De los miembros de la liga, Carlos Liebkecht, Rosa Luxemburg, Franz Mehring, Eugenio Levinés, León Jogisches y Clara Zetkin, dice: “las figuras que acaudillaban la Unión Spartacus eran, ciertamente, figuras de primer rango en el movimiento proletario alemán.” [17] Y sobre Rosa afirma:

Rosa Luxemburgo, figura internacional y figura intelectual y dinámica, tenía también una posición eminente en el socialismo alemán. Se veía, y se respetaba en ella, su doble capacidad para la acción y para el pensamiento, para la realización y para la teoría. Al mismo tiempo era Rosa Luxemburgo un cerebro y un brazo del proletariado alemán.[18]

La huella de los jacobinos y La Comuna

Pero Benjamin va más lejos porque reivindica la tradición jacobina encarnada en Robespierre y La Comuna, de Auguste Blanqui, recluido en el calabozo del Fort, rumiando sobre el eterno retorno en el tiempo y a quien Benjamin dedicará el párrafo conclusivo de París capital del siglo XIX.[19] En el aparte sobre La Comuna en el Libro de los Pasajes se puede leer esta la clave: “La Comuna se sentía plena heredera de 1793.”[20]

En la tesis 14, reivindica a Robespierre!, por su utilización del pasado:
Así la antigua Roma fue para Robespierre un pasado cargado de ‘tiempo-ahora’ que él hacia saltar del continuum de la historia. La Revolución Francesa se entendió a sí misma como una Roma que retorna. Citaba a la Roma antigua igual que la moda cita un ropaje del pasado. La moda husmea lo actual dondequiera que lo actual se mueva en la jungla de otrora. Es un salto de tigre al pasado. Sólo tiene lugar en una arena en la que manda la clase dominante. El mismo salto bajo el cielo despejado de la historia es el salto dialéctico, que es así como Marx entendió la revolución.
Benjamin se estaría referiendo al poema El Tigre de William Blake, publicado en los Cantos de Experiencia (1793), en tanto es un símbolo único y poderoso, como bien dicen Linebaugh y Rediker, “Blake descubrió en las rebeliones de los esclavos americanos una energía, una política y una visión revolucionarias.”[21]

Benjamin realiza una comprensión del jacobinismo más cercana a la de Gramsci, en donde se recupera lo oculto del pasado, que constituye la potencia emancipadora para transitar a un tiempo pletórico de posibilidades, como actualidad de la revolución.[22] Aquí se aparta de Marx que en El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte señala que la revolución proletaria sólo puede extraer su poesía del futuro y no del pasado. Este es el tan mentado concepto de Marx: “La revolución del siglo XIX debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido. Allí, la frase desbordaba el contenido; aquí, el contenido desborda la frase.” [23]  Y ésta más categórica: “La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos.” [24] Sin embargo el ropaje de los muertos no les impedía cumplir su misión a los jacobinos: desarrollar la revolución burguesa.

El programa Espartaquista y América latina

Benjamin admira la decisión de Luxemburg y sus camaradas y el programa de la Liga Espartaquista, que es concientemente, un momento crucial en la tradición del marxismo y de la necesaria actualidad de la revolución, como lo explícita en la tesis 12: “Esta conciencia que por breve tiempo recobró vigor en el espartaquismo, fue siempre incongruente a los ojos de la socialdemocracia.” El Discurso – Programa de la gran teórica y dirigente del socialismo, explícita tal pretensión con una seguridad extraordinaria sobre el papel de su voluntad y la de los fundadores de la nueva organización. El nombre de Espartaco inspira también la lucha moderna de los trabajadores que están esclavizados de otra forma y es consecuente con la tradición milenaria de los que luchan.

Todo esto no es una digresión, es el señalamiento, la voluntad organizada en las tesis de Benjamin sobre los espartaquistas y Rosa, que conduce a mirar el ‘lejano’ programa de 1919, que Luxemburg pronunció en la fundación del nuevo partido ya con el nombre y la personalidad de partido comunista alemán.[25]

Realizar esa revisita con ojos latinoamericanos, situados en el esperanzador proceso en curso, de signo positivo para los pueblos trabajadores de Nuestra América es reivindicar la formula que condensa la teoría política de la líder y sus camaradas: “no hay democracia sin socialismo no hay socialismo sin democracia”. Brevemente recuerdo estas ideas: el poder, los poderes se deben construir de abajo hacia arriba, en forma de consejos obreros y soldados. La conquista del poder no será fruto de un solo golpe, será un acto progresivo de ocupación de las instituciones del estado burgués “defendiendo con uñas y dientes lo que tomemos”, será una lucha en los territorios, en cada provincia, en cada ciudad, en cada comuna donde todos los poderes deben pasar al poder democrático, a los consejos, el cual debe ser el eje del poder estatal.

Las masas deben aprender a ejercer el poder ejerciendo el poder. ¡Se aprende en la escuela de la acción! “Nuestro evangelio dice: en el principio era la acción”. Se debe trabajar desde abajo, ya que es una característica de la revolución proletaria moderna que no debemos conquistar el poder político desde arriba, sino  desde abajo!!! 

En el dualismo de situaciones existentes en el continente donde un movimiento popular de resistencia y acción colectiva contra el capitalismo salvaje y por la recuperación de la economía para la sociedad, que está creando sus propias organizaciones de base, sus redes regionales y nacionales desde abajo; y que está apoyando y conquistando gobiernos de izquierda de múltiples intensidades en su quehacer con los intereses populares, de contradictorias relaciones con el sistema y modelo del capitalismo internacional, el horizonte programático de Rosa y los espartaquistas, con el aliento de Benjamin tienen un frescor inspirador, que está en curso en la experiencia de América latina.

Vamos a llegar más temprano que tarde a la alternativa de descifrar el enigma del poder, diciendo adiós a su toma desde arriba, al ilusionismo de administrar bien el capitalismo. Para ello hay que acudir a las tradiciones populares emancipadoras del continente con sus Comunas, Consejos, Asambleas y Juntas Populares Permanentes, que han luchado con ardentía por desbrozar el camino. José Martí lo entendió a cabalidad: Bolívar todavía tiene por hacer en Nuestra América.  De igual manera, hay que incorporar el caudal enorme del cristianismo revolucionario y la Teología de la Liberación, donde el cura Camilo Torres Restrepo adquiere dimensiones ecuménicas.[26]

Referencias Bibliográficas

Benjamin, Walter. Sul concetto di storia. Al cuidado de Gianfranco Bonola y Michele Ranchetti. Torino : Giulio Einaudi, 1997. Esta edición contiene todas las versiones que el autor realizó sobre las tesis de la filosofía de la historia.
______________. Discursos interrumpidos. Madrid : Taurus, 1973.
______________. Libro de los Pasajes. Madrid : Akal, 2005. Edición de Rolf Tiedemann.
Adorno, Theodor. Sobre Walter Benjamin. Madrid : Cátedra, 2001.
Adorno  Theodor W. - Benjamin Walter. Correspondencia 1928-1940. Madrid : Trotta, 1998.
Bloch, Ernst. El principio de esperanza. Madrid : Trotta, 2004
Cano Gaviria, Ricardo. El pasajero Walter Benjamin. Caracas : Monte Ávila Latinoamericana, 1992.
Eagleton, Ferry. Walter Benjamín o hacia una crítica revolucionaria. Madrid : Cátedra, 1998.
Echeverría Bolívar, compilador. La mirada del ángel. En torno a las tesis sobre la historia de Walter Benjamin. México : UNAM / Era, 2005.
Goethe, Johann Wolfgang. Fausto. Barcelona : Obras Maestras, 1946.  
Linebaugh, Meter y Rediker, Marcus. La hidra de la revolución. Marineros, esclavos y campesinos en la historia del Atlántico. Barcelona : Crítica, 2005.
Löwy, Michael. Walter Benjamin. Aviso de incendio. Buenos Aires : Fondo de Cultura Económica, 2002. Contiene una versión de las tesis.
Lukacs, Georg. Historia y conciencia de clase. Madrid : Sarpe, 1984.
Luxemburg, Rosa. Obras Escogidas. Bogotá : Editorial Pluma, 1976.
Mariátegui, José Carlos. Historia de la crisis mundial. Conferencias pronunciadas en 1923. Lima : Biblioteca Amauta, 1969.
Mate, Reyes. Medianoche en la historia. Comentarios a las tesis de Walter Benjamín “Sobre el Concepto de Historia”. Madrid : Trotta, 2006. Contiene varias versiones de las tesis.
Marx, Carlos. El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. En : Carlos Marx – Federico Engels. Obras Escogidas en dos tomos. Moscú : Progreso, 1971.
Sánchez, Ricardo. El sentido de la Revolución Francesa y sus Utopías. En: Praxis Filosófica. No. 20. Cali : Departamento de Filosofía Universidad del Valle,  Enero – Junio de 2005. Scholem, Gershom. Walter Benjamin y su ángel. México : Fondo de Cultura Económica, 1998.


Notas

[1] Libro de los Pasajes. Apuntes y materiales. Capítulo X [MARX]. Edición de Rolf Tiedemann. Madrid : Akal, 2005, p. 687.
[2] Cano Gaviria, Ricardo. El pasajero Walter Benjamin. Caracas : Monte Ávila, 1992, p. 9
[3] Löwy, Michael. Walter Benjamin: Aviso de incendio. Buenos Aires : Fondo de Cultura Económica, 2002, p. 19
[4] Ibídem., p. 21
[5] Benjamin, Walter. Escritos reunidos. Frankfurt : Suhrkamp, 1972, Volumen III, p. 171. Citado por Michael Löwy, quien glosa el texto de Benjamin, así: “Hay una sorprendente afinidad entre este texto y las ideas de una revolucionaria marxista a quien, sin duda, Benjamin conocía, aunque no la citara: Rosa Luxemburgo. En su folleto, La crisis de la socialdemocracia, ella presentaba la célebre consigna “socialismo o barbarie”, rompiendo con las ilusiones de progreso lineal y futuro asegurado de la izquierda europea.” Löwy, Michael. Aviso de incendio, p. 24. Nota al pie.  
[6] Lukacs, Georg. Historia y conciencia de clase. Madrid : Sarpe, 1984, Volumen I, pp. 103-124. Ver igualmente el ensayo: Observaciones críticas acerca de la Crítica de la Revolución Rusa de Rosa Luxemburg. Volumen II, pp. 161-178
[7] El interés de Benjamin por la revolución no era marginal, al respecto, es ilustrativa la afirmación de Terry Eagleton: Benjamin leía a Trostky con admiración, tenía muy buena opinión de ¿A dónde va Gran Bretaña?, y devoró ansiosamente Mi vida e Historia de la Revolución Rusa, declarando que hacía años que no asimilaba nada con tanta intensidad.  Eagleton, Terry. Walter Benjamin o hacia una crítica revolucionaria. Madrid : Cátedra, 1998, p. 259. Ver igualmente: Löwy, Michael. Aviso de incendio, p. 19
[8] Scholem, Gershom. Walter Benjamin y su ángel. México : Fondo de Cultura Económica, 1998.
[9] Véase: Adorno Theodor. Sobre Walter Benjamin. Madrid : Cátedra, 2001. Igualmente: Theodor W. Adorno  - Walter Benjamin. Correspondencia 1928-1940. Madrid : Trotta, 1998. Para una valoración múltiple ver: Echeverría Bolívar, compilador. La mirada del ángel. En torno a las tesis sobre la historia de Walter Benjamin. México : UNAM / Era, 2005.
[10] Una valoración del uso de la violencia de Benjamin con matices diferentes se encuentra en: Para una crítica de la violencia y otros ensayos. Iluminaciones IV. Madrid : Taurus, 1991, pp. 25-47
[11] Goethe, Johann. Fausto. Barcelona : Obras Maestras, 1946, p. 39 y 55
[12] Bloch, Ernst. El principio de esperanza. Madrid : Trotta, 2004, Tomo I, p. 325. En igual sentido ver, Löwy, Michael. Op., Cit., p. 34
[13] Mate, Reyes. Medianoche en la historia. Comentarios a las tesis de Walter Benjamín “Sobre el Concepto de Historia”. Madrid : Trotta, 2006, p. 205
[14] Ibídem.
[15] Eagleton, Terry. Op., Cit., p. 264
[16] Mariátegui, José Carlos. Historia de la crisis mundial. Lima : Biblioteca Amauta, 1969, p. 16-17
[17] Ibídem., p. 23
[18] Ibíd., p. 73
[19] Benjamin, Walter. Libro de los Pasajes. Resumenes, París capital del siglo XIX , p. 62. En esta obra se recogen dos versiones París capital del siglo XIX. La edición de Taurus, realizada por Jesús Aguirre, de Poesía y capitalismo. Iluminaciones II, donde está París capital del siglo XIX, carece de la introducción y la conclusión, que se encuentran en la edición de Tiedemann, y que permiten entender con suficiencia que para Benjamin, Blanqui era un personaje paradigmático, denominándolo “el gran revolucionario”.  
[20] Ibídem., p. 790
[21] Linebaugh, Meter y Rediker, Marcus. La hidra de la revolución. Marineros, esclavos y campesinos en la historia del Atlántico. Barcelona : Crítica, 2005, p. 397
[22] Sobre este tópico ver: Sánchez, Ricardo. El sentido de la Revolución Francesa y sus Utopías. En: Praxis Filosófica. No. 20. Cali : Departamento de Filosofía Universidad del Valle,  Enero – Junio de 2005, pp. 87-112
[23] Marx, Carlos. El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. En : Carlos Marx – Federico Engels. Obras Escogidas en dos tomos. Moscú : Progreso, 1971. Tomo I, p. 233
[24] Ibídem., p. 230
[25] Ver: Luxemburg, Rosa. Discurso ante el congreso de fundación del Partido Comunista Alemán. En : Obras Escogidas. Bogotá : Editorial Pluma, 1976. Tomo II, pp. 223-256
[26] Una utilización de la variante de Benjamin a la tesis de Marx sobre las revoluciones como locomotoras de la historia, y que consiste en que la humanidad viajera allí, jala el freno de emergencia, puede encontrarse en: Gilly, Adolfo. Chiapas la razón ardiente. México : Era, 1998. 

Ricardo Sánchez Ángel
Ricardo Sánchez Ángel

Abogado, Magíster en Filosofía y Doctor en Historia. Fue Secretario de Educación de la ciudad de Bogotá y actualmente se desempeña como Profesor Asociado en la Universidad Nacional de Colombia. Miembro del grupo de investigación THESEUS, clasificado en la categoría A1 por Colciencias, es decir, de Excelencia Académica. Su último libro se titula ‘Huelga. Luchas de la clase trabajadora en Colombia’, 1975-1981 (2009), editado por la Universidad Nacional de Colombia. También es autor del libro ‘Bonapartismo presidencial y la Neo Respice Polum’  (2012), editado por el grupo editorial Ibáñez.