6/10/12

Tinaquillo y Valencia en el fragor de la Guerra de Independencia

Campaña Admirable de 1813, dirigida por El Libertador
Julio Rafael Silva Sánchez

Tinaquillo, Taguanes y la Campaña Admirable

Especial para Gramscimanía
Desde sus comienzos, la vida del burgo transcurre dentro de la rutinaria normalidad, propia de sus gentes de condición rural y apacible, hasta el momento de la ruptura con el orden colonial. A partir entonces, la paz se quiebra y la región de Cojedes se convierte, como la Provincia de Venezuela entera, en sangriento campo de batalla. Tinaquillo protagoniza entonces escenas memorables insertas en aquel terrible drama. Tal atmósfera de combate y de lucha de hermanos contra hermanos se extenderá durante todo el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, cuando, en 1935, la muerte del General Juan Vicente Gómez decreta el ingreso tardío del país al nuevo siglo.

Con respecto a la importancia de estas tierras cojedeñas para la gesta libertadora, el historiador Juvenal Hernández, insigne poeta, eximio conversador y Cronista Emérito de El Tinaco, ha dicho en su obra Bolívar, la Independencia y Cojedes  (1986), que: 
“...las sabanas de Cojedes fueron semilleros donde se estaba cultivando lo más valioso para que la causa libertaria se hiciera realidad: el guerrero, el luchador, el paladín, sangre, músculo y nervio que dejarían en la jornada no sólo la demostración de la audacia y sagacidad del llanero ante el enemigo, sino esa lección de arrojo y desprendimiento ante la valiente actitud de sentir la indiferencia por la muerte, en la búsqueda del triunfo a toda costa. (...) La región cojedeña, que era emporio de riqueza económica y pecuaria, puso toda su capacidad en pro de esa independencia que estamos sustentando orgullosos.” (Hernández, 1986: 31)
El Libertador
Por supuesto que Tinaquillo no escaparía a esta situación de revuelta y sangre. Su ubicación geopolítica, como puerta de acceso a los llanos occidentales y de ellos a Puerto Cabello, hizo del poblado plaza de interés para la geografía militar de entonces. El 27 de julio de 1813, Simón Bolívar, triunfante en la Campaña Admirable (la cual había iniciado el 27 de abril de ese año en San José de Cúcuta), vencedor en San Cristóbal, La Grita, Trujillo, Barinas y proveniente de Guanare y Araure, llega a San Carlos. La ruta seguida por el Libertador desde la Villa de Araure hasta San Carlos era de aproximadamente 15 leguas (85 kilómetros), jornada que cumplió en un solo día, tal y como lo demuestra la documentación existente.  En efecto, el mismo día 27 de julio Bolívar despachó dos oficios: uno firmado en Araure y otro en San Carlos, según lo sostienen los historiadores Agüero, González y Bolívar en su obra Ruta Libertadora (publicada el año 2000).

En la ciudad de San Carlos, el 28 de julio Bolívar ratifica la proclama de Guerra a Muerte dictada en Trujillo un mes antes, el 25 de junio, con la publicación de una “Proclama a los Españoles y Canarios”, cuyos principales rasgos, incluidos en los Escritos del Libertador (1968), están esbozados en los siguientes términos: “Por última vez, españoles y canarios, oíd la voz de la justicia y la clemencia. Si preferís nuestra causa a la de los tiranos, seréis perdonados y disfrutaréis de vuestros bienes, vida y honor; y si persistís en ser nuestros enemigos, alejaos de nuestro país o prepararos a morir.” (Bolívar, Tomo IV, 1968: 385)

El 29 de julio Bolívar fue informado de la presencia del Teniente Coronel realista Julián Izquierdo en Tinaquillo, ante lo cual se puso inmediatamente en marcha hacia ese lugar. En la mañana del 31 de julio se encontró con la vanguardia enemiga en la sabana de Pegones.  El Mayor Rafael Urdaneta, con un cuerpo de 1.000 hombres, atacó a las avanzadas realistas y las venció, pasando al otro lado de las alturas, en donde el enemigo estaba formado. Ante esta situación, Izquierdo ejecutó un movimiento retrógrado y se replegó en la sabana de Taguanes. Hacia este lugar enfiló Bolívar su ataque con su infantería al frente y la caballería en el ala derecha, con la cual hizo un desbordamiento del flanco izquierdo realista. En una maniobra desesperada que buscaba neutralizar el ataque de las fuerzas de Bolívar, Izquierdo emprendió la retirada, pero durante la ejecución de la misma fue sometido por los republicanos.  La Batalla de Taguanes es, así, un inusitado canto a la gloria: Bolívar derrota a los realistas y allí, en la inmensidad de las sabanas tinaquilleras, el Sargento Primero José Laurencio Silva (aquel aguerrido y fogoso combatiente tinaquero, a quien José Carrillo Moreno  calificaría de paradigma de lealtad) obtendrá uno de sus primeros triunfos, al lado de  Rafael Urdaneta, Atanasio Girardot, Luciano D´Elhuyar,  Fernando Figueredo y otros insignes integrantes de lo más granado del Ejército patriota.

Monumento a la batalla de Taguanes [31-07-1813]
No es exagerada la afirmación histórica según la cual en la Batalla de Taguanes se consumó militarmente el éxito de la Campaña Admirable desde antes de llegar Bolívar a Caracas. Taguanes constituye una de las primeras batallas comandadas personalmente por  Simón Bolívar, en la cual demostró su pericia y su genio excepcional para la estrategia militar. La jornada, además, es la última acción de la Campaña y en ella materialmente quedan derrotadas las fuerzas realistas de Monteverde que operaban en el centro de la Capitanía General. La Batalla de Taguanes es, pues, la más importante de toda la Campaña y constituye el golpe de gracia a toda la resistencia organizada de los realistas. Por consiguiente, sobre la base de este triunfo se instauraría el intento de un gobierno de modelo republicano aquel exitoso año, intento que se ha convenido en denominar la Segunda República.

Bolívar en Valencia / La noche aciaga de Boves

Dos días después, el 2 de agosto, entra Bolívar a Valencia, en medio del frenesí del pueblo. Desde aquí dirige un oficio al Jefe Militar del Supremo Congreso de Nueva Granada, documento inserto en los Escritos del Libertador (1968), en donde, al comunicarle los éxitos obtenidos, le explica que había tomado la ciudad sin la menor resistencia y daba terminada la jornada en los siguientes términos: 
“…tiene Usted terminada la campaña, pues no creo que en los pocos lugares que nos quedan por liberar se nos presente una acción campal. En Caracas no hay más fuerza que la necesaria para contener a los patriotas de aquella benemérita ciudad, y ésta no podrá salir de allí, sin que en el momento rompan sus cadenas los dignos hijos de la capital.” (Bolívar, Obra Citada: 278)
José Tomás Boves
Aquí en Valencia, Bolívar dejará como Gobernador Militar a Atanasio Girardot, y con tropas de éste y de Urdaneta marcha hacia su objetivo principal: Caracas, su ciudad natal, en donde entrará triunfante el 6 de agosto, culminando de esta forma la Campaña Admirable  y lanzado hacia la gloria inmarcesible. La Gazeta de Caracas, en su edición del 26 de agosto de 1813, anotaría: “…que se considere al héroe caraqueño en medio de un concurso de más de 30.000 almas recibiendo los homenajes sinceros de todo un pueblo a quien acaba de libertar.” (BAHM, No. 68, 1971)

La Municipalidad de Caracas, reunida el 14 de octubre, lo confirma como Jefe Supremo y lo proclama con el titulo de Libertador (poco tiempo antes, el 23 de mayo de 1813, los pobladores de Mérida lo habían recibido y aclamado con tal título, el cual sería ratificado años después, el 6 de enero de 1820, por el Congreso de Angostura, quien lo condecora con el cognomento de Libertador y lo autoriza a utilizarlo en todos sus despachos y actos de gobierno). Tiempo después, Bolívar, el 2 de enero de 1814, en un discurso pronunciado en Caracas, diría: 
“…yo no he venido a oprimiros con mis armas vencedoras: he venido a traer el imperio de las leyes; he venido con el designio de conservar vuestros derechos. No es el despotismo militar el que puede hacer la felicidad de un pueblo, ni el mando que obtengo puede convenir jamás, sino temporariamente, a la República. Un soldado feliz no adquiere ningún derecho para mandar su patria. No es el árbitro de las leyes ni del Gobierno; es un defensor de su libertad”. (Bolívar, 2003: 65)
Meses después, el 28 de mayo de 1814, ocurre la Primera Batalla de Carabobo. Luego de la refriega, con la victoria de los patriotas sobre el ejército español, comandado por Juan Manuel de Cajigal y Martínez, las tropas realistas se retiran hacia los llanos y atraviesan por Tinaquillo. El pueblo contempla sorprendido el paso de  los derrotados, perseguidos por Urdaneta, quien, en las Memorias del General Daniel Florencio O´ Leary (1981), nos ofrece la narración:
…los patriotas (Urdaneta, Montilla, Lugo y ocho o diez más), al bajar a la sabana de Taguanes descubrieron a un grupo de caballería que huía al escape y lo siguieron, alcanzando de tiempo en tiempo uno que otro de los que iban quedando rezagados, y por los cuales se supo que efectivamente iba allí Cajigal, pero nunca se consiguió alcanzarlo, a pesar de haberlos perseguido hasta una legua más delante de Tinaquillo, ya en la noche. (O´Leary, Tomo VI, 1981: 316)
Bolívar, luego de la batalla, va a dormir a Tinaquillo, y se procura allí un merecido descanso, reposo que no le impidió disfrutar de las atenciones de los pobladores, sobre todo de las bellas tinaquilleras, deslumbradas por el brillo, el donaire y el talento del joven guerrero (Hay algunas consejas que se tejen por allí, dignas de una investigación de tenor distinto a ésta).

Pocas semanas después, el 9 de julio de 1814 (día en el cual culmina el sitio de Valencia, que se había iniciado el 28 de marzo), Juan Manuel de Cajigal y Martínez, Capitán General de Venezuela, y Sebastián de la Calzada, su lugarteniente, citan en Tinaquillo al caudillo realista José Tomás Boves, reunión que no se efectuó, porque el asturiano no acudió. Lo significativo de este hecho es que las tropas realistas, en número de tres mil hombres, acampan en  Tinaquillo, encandilando a aquel pueblo mitigado que no llegaba a quinientos habitantes.

Mientras tanto, aquí en Valencia, el exterminio, las blasfemias, las torturas, el pillaje y los saqueos se complementarían con el famoso baile que se escenificaría (el 10 de julio), por invitación de Boves, en la casa de Miguel Malpica, llamado "El Suizo", muy cerca de la Plaza Mayor y al cual había invitado a todos los notables de la ciudad. Al respecto nos dice el entrañable amigo Antonio Ecarri Bolívar en su bien escrita y mejor documentada Biografía de Miguel Peña (2011), que:   
“…Después de que el sanguinario y despiadado Boves juró ante la hostia, en la iglesia principal, respetar los honorables acuerdos de la capitulación, se burló de todos y ordenó a su segundo, Morales, tan sanguinario o más que él, comenzar una degollina por toda la ciudad. Aunque los patriotas estaban afligidos por la derrota y las atrocidades cometidas por los realistas, no imaginaron hasta dónde iba a llegar la crueldad de Boves y acudieron a un baile que organizó este sádico en la casa de Miguel Malpica, en la creencia de que el asturiano ya había saciado su sed de venganza. Concurrieron, obligados por las circunstancias, los sobrevivientes del sitio dos días después de la capitulación, esperando así apaciguar los ánimos de este engendro diabólico. Craso error.” (Ecarri Bolívar, 2011: 95).
La matanza, el crimen y el estupro se prologarían por varias noches. Cuentan las consejas que las damas del baile se bebían las lágrimas, y temblaban al oír las pisadas de las partidas de caballería, temiendo lo que iba a suceder. En efecto, mientras Boves, con un látigo en la mano las hacía danzar el "piquirico" y otros corridos y coplas populares, la tropa cometía los más crueles y sangrientos actos de violencia y las tropelías más atroces. La sangre cubrió las calles y llegó hasta el río, en donde tiñó de púrpura sus aguas cristalinas. Otra nota de interés: seis días después, en la madrugada argentada del 15 de julio, en marcha hacia Caracas, Boves fusilaría en la Plaza Mayor de Valencia al abogado Francisco Silvestre Espejo Caamaño, gobernador civil de la ciudad.

En el campo inmortal de Carabobo / El asunto del baquiano

Muchos años después, el 19 de junio de 1821, el vizcaíno Miguel de La Torre y Pando, conde de Torrepando, Mariscal de Campo y Capitán General, quien desde hacía algunos días mantenía  partidas de observación en Tinaquillo, recibe un grave revés militar de manos del entonces Teniente Coronel José Laurencio Silva. Esta escaramuza es descrita en las ya citadas Memorias del General Daniel Florencio O´Leary (1981), de la siguiente forma: 
“Marchó el Teniente Coronel Silva el 19 con su destacamento a sorprender y apresar la descubierta que diariamente hacía el enemigo hasta Tinaquillo. El Comandante Silva llevó tan completamente su comisión que apenas pudo escapar un soldado de los que formaban la descubierta enemiga. El Comandante de ella y cuatro hombres más murieron en el acto, los demás quedaron prisioneros. Este suceso aterró de tal modo al enemigo que hizo retirar inmediatamente un fuerte destacamento con que cubría el inaccesible desfiladero de Buena Vista.” (O´Leary, Obra Citada, Tomo XVIII: 351)
Batalla de Carabobo, 1887 [Detalle]  Martín Tovar y Tovar

A continuación, el 23 de junio de 1821, Bolívar llega a Tinaquillo, procedente de San Carlos (la noche anterior había abandonado la Casa Blanquera en marcha definitiva hacia la gloria). Seis mil quinientos soldados y oficiales del Ejército Patriota, en brillante parada militar, vestidos todos de gala,  le rinden honores al Libertador y son arengados por éste. Bolívar pasa revista a los patriotas, como lo afirma José Carrillo Moreno en su obra Biografía de la Casa Blanquera (Obras Completas, Tomo I, 2007): “…formados, de acuerdo con el Plan de San Carlos, en tres divisiones: la primera, compuesta de la Legión Británica, del Bravos de Apure y de mil quinientos caballos, al mando de Páez; la segunda, compuesta de una brigada de La Guardia y de los batallones tiradores, del Escuadrón Sagrado y los batallones Boyacá y Vargas, al mando del general Cedeño y la tercera, compuesta de la primera brigada de La Guardia con los batallones Rifles, Granaderos, Vencedor en Boyacá, Anzoátegui y un regimiento de Caballería, al mando del coronel Ambrosio Plaza. He aquí la más perfecta organización de combate al servicio de la libertad y la justicia. Una voluntad férrea está moviendo los resortes del triunfo.” (Carrillo Moreno, 2007: 395)

General José Laurencio Silva
Al día siguiente, el 24 de junio, este Ejército se cubriría de gloria en el Campo Inmortal de Carabobo. Es oportuno mencionar la destacada participación de un práctico (el famoso baquiano) que Bolívar había tomado en Tinaquillo y quien conduce a los patriotas, por trochas abruptas, poco conocidas, casi intransitables, a la morada del triunfo. Dice José Antonio Páez, en su Autobiografía (1973), que : ...gracias a la pericia de este modesto tinaquillero se debe, en parte, el acceso al lugar de la victoria. (Páez, 1973, Tomo I: 121)

Sin querer enmendarle la plana al general Páez (¡Dios nos libre de semejante osadía!), nos gustaría detenernos unos minutos en este punto. Tradicionalmente se ha dicho - y algunos historiadores se han atrevido a afirmarlo - que Bolívar reclutó un baquiano en Tinaquillo para que éste guiase las tropas por senderos poco conocidos, y hasta temerariamente se le dio nombre y apellido a ese supuesto baquiano, identificándolo como Alejandro Febres, llegándose hasta a dar dicho apelativo a una escuela en la ciudad de San Carlos (y a un liceo en Las Vegas). Sin embargo pareciera ser que dicho nombre fue sacado de la imaginación popular, puesto que aun cuando el personaje hubiese existido en la realidad, las investigaciones indican que éste no fue el guía en esa campaña. El General José Antonio Páez, escribió también en su Autobiografía que había dejado: 
“…el general español los dos regimientos, antes citados, a la boca del desfiladero, salió a disputarnos con el resto del ejército el descenso al valle, para lo cual ocupó una pequeña eminencia a poca distancia por donde nos proponíamos entrar al llano, que era la Pica de la Mona, conducidos por un práctico que Bolívar había tomado en Tinaquillo.” (Páez, 1973, Tomo I: 185, 186).
Sin embargo, como lo vemos en las dos citas,  Páez no menciona el nombre del práctico. Por su parte, Luis Blanco Gásperi, en la obra José Antonio Páez en el centenario de su Muerte (1968), acota que: Páez recibe órdenes del Libertador y con un baquiano de Tinaquillo llamado Manuel Rivas o Alejandro Febres, toma la Pica de la Mona con los Bravos de Apure y la Legión Británica... (Blanco Gásperi, 1968: 49)

También Juvenal Hernández, en su obra ya citada Bolívar, la Independencia y Cojedes (de 1986) refiere también un documento ubicado por el doctor José Carrillo Moreno donde reseña cuáles son los guías. Este documento (cuya copia del original reposa en manos de Hernández) no poseía el aparato crítico, es decir las fuentes de proveniencia. Sin embargo, en el trabajo de investigación adelantado en la Fundación John Boulton se encuentra dicho documento —Archivo Histórico General. C-74/ Sección Venezolana del Archivo de la Gran Colombia. C. XXVIII. 137—, pudiéndose inferir que de allí la tomó el Dr. Carrillo. El referido documento es una orden de pago del Estado Mayor General, fechado en el Cuartel General de Valencia, 26 de junio de 1821, firmado por Alcántara, como Jefe del Estado Mayor General, y recibido por Ribas, dice textualmente:
El Comisario General del Ejército entregará 50 pesos al ciudadano Manuel Rivas, que condujo la cabeza del Ejército como Baquiano en la gloriosa acción de Carabobo. Asimismo dará a Socorro Acosta, José Mendoza y a Tiburcio Asconegui diez pesos a cada uno como guías de las cabezas de las divisiones (Fundación John Boulton. Archivo Histórico General. C-74, Sección Venezolana del Archivo de la Gran Colombia.” C. XXVIII. 137).
General en Jefe José Antonio Páez
Pienso que con este documento se dirimen, de una vez por todas, las dudas que existían respecto al guía o baquiano del ejército patriota a la Batalla de Carabobo por la Pica de la Mona; siendo Manuel Rivas el principal, cada división a su vez también poseía un guía — Socorro Acosta, José Mendoza y  Tiburcio Asconegui —. Pero el triunfo en esta batalla está estrechamente vinculado a la destreza bélica y no a un hecho fortuito y personalista, lo cual no le resta méritos a la faena realizada por ellos, sino que la ubica en su justa dimensión. No fue una sola persona la que propició el éxito, sino la táctica y la estrategia empleadas y el arrojo de los guerreros patriotas. En aquel campo inmortal todos demostraron su valor, su ardor, su entrega… Pero, sobre todos ellos, sobre el brillo de los demás valerosos oficiales patriotas, triunfa, se empina la figura de José Antonio Páez, quien reafirma su triunfo con actos que demuestran la superioridad de su fuerza y de su coraje. Porque así fue José Antonio Páez: un hombre que tuvo la gloria de no haber pactado con la injusticia. El héroe que llevó la honradez, el valor y la integridad a su máxima expresión. Hombre probo, honrado, recto, excelente, bueno, virtuoso, leal, bondadoso. Como subalterno fue digno, exacto, fiel a la hora de acatar y de cumplir las órdenes de sus superiores. Como Jefe, actuó con celo, con iniciativa, con seguridad y rapidez en las marchas, con prudencia, con eficacia en las operaciones y con valor a toda prueba. Era como un río impetuoso que penetraba en la sabana, repleto de arena blanca y roja y amarilla, de limo untuoso, de piedrecillas sonoras, de multicolores peces, de revuelta tempestad, de arrebatada corriente. Río turbulento, con lanzas, con jinetes, con sables acerados.  Río hecho de pueblo en afán y trance de libertad, y bajo su empuje se doblaron los cañones, los pendones y las banderas del imperio español. Así lo refiere nuestro dilecto amigo, poeta y Académico José Joaquín Burgos, en su hermoso texto Sobre el catire Páez (2007): 
“(Páez) fue un patriota, un revolucionario “resteado” en el lance de vencer o morir para tener patria. Él es la leyenda con una lanza en la mano. Las tolvaneras que deja el galope de una caballería invencible. La figura imponente de un caudillo que conquista las fuerzas indómitas de Boves y las incorpora al ejército patriótico comandado por Bolívar. Páez no es sinuoso, ni artero en sus acciones: es cara o sello. Durante sus últimos años será envuelto por la telaraña de las hipocresías que lo rodearon, pero su aliento, fundamentalmente, fue el de un patriota en su ciclo vital.” (Burgos, 2007: 20)
Referencias bibliográficas

Agüero, A., González S., A. y Bolívar, W. (2000). Ruta libertadora. Barquisimeto. FUDECO.
Blanco G., L. (1968). José Antonio Páez en el centenario de su Muerte. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República.
Bolívar, S. (1968). Escritos del Libertador. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Bolívar, S. (2003). Yo moriré como nací: desnudo. Caracas: CONAC - Biblioteca Básica Temática.
Burgos, J. J. (2007). “Sobre el catire Páez”, en Páez, el misterioso alumno de la tierra. Guanare: Ediciones del Consejo Legislativo del estado Portuguesa.
Carrillo M. J.  (2007) Biografía de la Casa Blanquera. Obras Completas. Tomo I. Caracas: Ediciones MINEP.
Documentos Históricos del Estado Cojedes (2003). San Carlos: CD Rom editado por el Instituto de Cultura del Estado  Cojedes, Serie Historia, No. 2.
Ecarri B., A. (2011). Biografía de Miguel Peña. Caracas: Coediciones Libros de El Nacional / Banco del Caribe.
Fundación John Boulton. Archivo Histórico General. C-74, Sección Venezolana del Archivo de la Gran Colombia. C. XXVIII. 137.
González G., F.  (1954). Historia Contemporánea de Venezuela. Tomos IX y X. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República.
Hernández. J. (1986).  Bolívar,  la  Independencia  y  Cojedes.  San  Carlos: Ediciones de  la Asociación de Escritores del Estado Cojedes.
López G., J. R. (1989). Crónicas del Tinaquillo de Ayer. Valencia: Vadell Hermanos Editores.
O´Leary, D. F. (1981). Memorias. Caracas: ediciones del Ministerio de la Defensa.
Páez, J. A. (1973). Autobiografía. Tomo I. Caracas: Colección Fuentes para la Historia Republicana  de Venezuela-Italgráfica.
Pedreáñez T, H. (1983). Contexto de la acción del Libertador en la ciudad de San Carlos de Austria y su jurisdicción, su paso por el territorio. Caracas: ediciones de la Presidencia de la República.


J.R. Silva Sánchez Básico / Tinaquillo, 1947
J.R. Silva Sánchez
Julio Rafael Silva Sánchez nació en Tinaquillo, estado Cojedes (1947) y desde su juventud se ha dedicado a escribir ensayos con los cuales ha obtenido reconocimientos como el Premio Nacional de Ensayos Literarios "Enriqueta Arvelo Larriva" de la Unellez (1987) por su libro “Julio Cortázar, instrucciones para un perseguidor”; Mención Honorífica del Premio Nacional de Ensayos Ipasme (1989) por su obra “Desarrollo de actitudes, conductas y valores en adolescentes a través de la manipulación que la televisión hace de la imagen arquetípica del héroe”; Premio Nacional de Ensayos del Conac (2004) por su investigación “Eduardo Mariño: el brillo y las sombras de una escritura heteróclita”; Premio Nacional de Crónicas 2008 en la Primera Bienal Nacional de Literatura José Vicente Abreu (Cenal-Red de Escritores), con su indagación “José Vicente Abreu en cuatro tiempos”; Premio de Ensayos en la II Bienal Nacional Literaria “Víctor Manuel Gutiérrez” Unellez (2010), por su investigación “Julio César Sánchez Olivo y el poder seductor de la metáfora”; Mención Honorífica en el Concurso Nacional de Ensayos “Centenario de Miguel Hernández”, convocado por la Embajada de España en Venezuela y la Universidad Nacional Experimental de Yaracuy (2011), con su ensayo “La palabra como exigencia iluminada de lo real (acercamiento a la obra poética de Miguel Hernández)”. Como narrador obtuvo Mención de Honor en el Concurso Nacional de Cuentos y Relatos: Misterios y Fantasmas Clásicos de la Llanura, de la Unellez (2004), con su relato “Schumann entre Dachau y San Fernando”. Su más reciente obra publicada es: “Héroes y villanos, llaneros y llanura en la obra narrativa de José León Tapia”, Unellez (2008)