4/10/12

Eric Hobsbawm, a propósito de Gramsci / La refundación de la ciencia política moderna

Antonio Gramsci  Mucchi
Miguel Ángel Herrera Zgaib

Antecedentes y anécdota

Apenas el sábado pasado, había escrito una semblanza del historiador marxista Eric Hobsbawm, referida a parte de su libro Cómo cambiar el mundo. Marx y el marxismo, 1840-2011, un escrito que fue publicado [..]  y prometí que dedicaría la segunda parte sobre las notas que Hobsbawm dedicó tanto a la recepción como importancia que reconoció a Antonio Gramsci para el marxismo. Ahora, como homenaje en el deceso del prestigioso intelectual alemán-inglés fallecido el pasado lunes 1° de octubre, luego de un duro padecimiento de salud, comparto estas reflexiones en la antesala del VII Seminario Internacional Antonio Gramsci, en cuyas sesiones tendremos interlocución directa e indirecta con dos pensadores de izquierda de talla mundial, Antonio Negri y Jacques Rancière.



A propósito de Gramsci

El capítulo 12 del libro de Hobsbawm, Cómo cambiar el mundo, arranca señalando el notorio desconocimiento de la contribución intelectual y política de Antonio Gramsci, diez años después de su muerte, que ocurría en Roma, luego de un devastador encierro en las cárceles fascistas, en el año 1937.

En los siguientes diez años, esto es en la posguerra europea, Gramsci fue difundido en Italia por la editorial Einaudi, encargada de imprimir el material temático organizado por Felice Platone bajo la dirección y cuidado último de PalmiroTogliatti, dirigente máximo del comunismo italiano, y secretario privado de José Stalin durante el periodo de entreguerras. Togliatti había sido compañero de lucha de Antonio Gramsci desde el tiempo de los consejos obreros de Turín, 1919-1920, como militantes socialistas.

Ellos participaron de la escisión y creación en el Congreso de Livorno del partido comunista de Italia, del que Antonio fuera el secretario hasta su encarcelamiento e ilegalización del partido por Benito Mussolini en 1926, cuando vivió el tortuoso trasegar por las prisiones italianas en las que escribió lo más significativo de su pensamiento en 33 cuadernos de notas, rescatados de las prisiones con el apoyo del economista Piero Sraffa, quien los entregó a la legación diplomática soviética en Roma, y fueron luego remitidos a Moscú bajo cobijo del Komintern, hasta que empezó a hacerse una publicación expurgada de aquellas notas.

Hobsbawm dice, que es durante la década de los sesenta que Gramsci adquiere significación internacional, y que es Gran Bretaña y en los países de habla inglesa en los que empieza a difundirse.

Lo cual no es enteramente cierto, porque con anterioridad, en América Latina, y particularmente, en Córdoba, Argentina, el grupo de la revista Pasado y Presente, bajo el patrocinio a regañadientes del comunismo criollo, consiguen bajo el amparo de Héctor P. Agosti publicar primero las Cartas desde la Cárcel, en una edición recortada y censurada, y los seis volúmenes temáticos de los Cuadernos de la Cárcel.

Estas ediciones se hacen con pocos años de diferencia de las italianas. De ello queda constancia escrita en los tomos publicado de nuevo en México, al cuidado de la editorial Juan Pablos, que ha hecho reedición reciente todos ellos.

Dice Hobsbawm que la edición rigurosa de los Cuadernos aparecerá hasta 1975, a cargo de Valentino Gerratana, y que antes en lengua inglesa lo más notable fue la recopilación temática hecha por Quentin Hoare y Nowell Smith, publicada en dos volúmenes (1971), junto con la biografía de Gramsci escrita por Giuseppe Fiori (1970).

La reflexión de Hobsbawm se da como contribución y semblanza en el cuadragésimo aniversario de la muerte de Antonio Gramsci, y esto señala al respecto: 
“Gramsci se ha convertido en parte de nuestro universo intelectual. Su estatura como pensador marxista original –en mi opinión el pensador más original de Occidente desde 1917- está ampliamente reconocida”.
En seguida orienta su escrito a la importancia que tiene Gramsci para la teoría de la política, diciendo que: 
El pensamiento de Gramsci es absolutamente original. Él es marxista y leninista…Sin embargo, para aquellos de nosotros educados en la tradición clásica del marxismo, previa a 1914 y a 1917, Gramsci a menudo resulta un marxista sorprendente. Por ejemplo, escribió relativamente poco sobre desarrollo económico, y mucho sobre política, incluyendo escritos sobre teóricos como Croce, Sorel y Maquiavelo, que no suelen aparecer demasiado o en absoluto en las obras clásicas”.
Miguel Ángel Herrera Zgaib es profesor asociado en Ciencia Política, Director Grupo Presidencialismo y Participación de la Universidad Nacional de Colombia