17/9/12

Zygmunt Bauman, testigo lúcido del presente

El tiempo apremia / Zygmunt Bauman 
Conversaciones con Citlai Rovirosa-Madrazo / Traducción de Elisenda Julibert / Editorial Arcadia, Barcelona, 2010 / Páginas: 323

Luis Roca Jusmet

Especial para Gramscimanía
Efectivamente el tiempo apremia. Y de qué manera. Algunos sociólogos imprescindibles como Immanuel Wallerstein, Richard Sennett o el mismo Bauman, cada uno a su manera, nos lo recuerdan. Este libro puede servir tanto de iniciación como de síntesis a la prolífica obra de Bauman. Como dice el subtítiulo, lo que recoge el libro no es una entrevista sino unas conversaciones en la que las la socióloga y periodista mexicana Citlali Rovirosa-Madrazo realiza valiosas aportaciones.


Ocho conversaciones, ocho temáticas, divididas en dos partes. En la primera parte: la crisis del crédito y el mortífero éxito del capitalismo; el Estado del Bienestar en los tiempos de la globalización; la función del Estado en el capitalismo. En la segunda parte: la modernidad y la postmodernidad, holocausto y genocidio ; política demográfica, el papel de la mujer en la reproducción en la era de la biotecnología, el fundamentalismo secular y el religioso en la lucha por el poder en el siglo XXI ; la inscripción del ADN y la aparición de la genetocracia ; la generación perdida nacida en plena sociedad líquida.

Muchas y muy interesantes cuestiones son las que plantea el libro y Bauman nos ofrece una visión lúcida y singular. Estamos, según su conocida fórmula, en un capitalismo líquido, que es la sociedad de los consumidores. De una sociedad sólida de productores hemos pasado a esta otra, en la que los beneficios no surgen de la explotación de la fuerza de trabajo sino de la explotación de los deseos a partir del consumo y sobre todo del crédito. Hay una lógica infernal que lleva a encadenar a los consumidores a una deuda infinita en un sistema que tan precisamente define como parasitario. Porque Bauman es una anticapitalista convencido, aunque no por ello deje de ser un anticomunista. El capitalismo es un sistema irracional e injusto por su propia naturaleza., porque acaba destruyendo lo que va creando y que va agotando todas las reservas planetarias. Pero el comunismo es un proyecto socialista impaciente que sólo puede conducir a la esclavitud.. Él conoce lo que ha sido "el socialismo real" y ha analizado a fondo el estalinismo como para no tener reservas en su crítica. Pero no ha caído como otros en la ilusión del liberalismo. Bauman se define como un socialista porque sabe que esta sigue siendo la mejor palabra para definir la lucha del hombre por resistirse a la injusticia y por avanzar hacia un ideal de emancipación. Tampoco le gusta a Bauman la socialdemocracia porque sabe que ha sido históricamente una alternativa de gestión del capitalismo y únicamente ha defendido el Estado del Bienestar cuando ha tenido su función como reproducción de la fuerza de trabajo. Era cuando el capital debía mantener la fuerza humana, tanto para la producción como para el ejército. Pero cuando el Estado del Bienestar es, como ocurre hoy, un lastre, entonces los socialdemócratas se convierten en socioliberales, es decir socialistas de nombre y liberales de hecho. 

También considera Bauman que hay que eliminar la falsa dicotomía entre el Capital y el Estado, que siempre han sido excelentes aliados. La función del Estado en el capitalismo es la de movilizar los recursos públicos al servicio de los ricos : la simbiosis Mercado/Estado acostumbra a ser total. Lo que hace hoy el Estado respecto a los pobres es básicamente vigilarlos y controlarlos, no protegerlos. Tampoco hay que olvidar que el Estado nace vinculado a la nación, entendida como una delimitación territorial soberana. La democracia se plantea en términos de autogobierno, en el que los productores son ciudadanos. Pero en la sociedad de consumidores lo que hay son clientes, no ciudadanos. Hay que preguntarse a partir de aquí cual será el destino de la democracia bajo estos planteamientos. En el inicio del capitalismo los negocios se separaron del hogar y hoy se separan de la política. Ya no hay políticos con capacidad de decisión, sólo gestores de los mercados y del dinero que fluye por el ciberespacio global. En este contexto hay un progreso evidente del nacionalismo étnico y del tribalismo como reacción al proceso anterior.

Interesante también la reflexión sobre las utopías en la modernidad y de su carácter radical (en el sentido de ir a la raíz y de destruir los fundamentos). La utopía aparece como sistematización de lo que nos falta, dándole la forma acabada de un mundo perfecto, que en la práctica sólo puede conducir a pesadillas, como la Historia nos ha mostrado. La postmodernidad implica así una crisis de estas utopías que plantean un ideal de sociedad acabada, sin conflictos ni fisuras, que busca la perfección. Bauman es tajante en su diagnóstico: por muy terribles que sean los genocidios no tienen parangón con el Holocausto. Éste respondía a una combinación de la utopía totalizadora con la racionalidad burocrática y tecnológica.

Otra discusión interesante es la que gira alrededor de los derechos humanos, con los que Citlali Rovirosa-Madrazo se muestra muy crítica porque considera que se han utilizado como un arma contra las poblaciones indígenas. Aunque Bauman es más prudente lo que sí nos señala es el problema de quien los puede garantizar. Si es el Estado se necesita para hacerlo es necesario el estatuto de ciudadano para reclamarlos y cada vez hay más seres humanos excluidos, no reconocidos por ningún país.

La cuestión de la demografía y la reproducción tiene una actualidad espeluznante. Las políticas demográficas se basan en un paradigma que contrapone el crecimiento demográfico y el crecimiento económico. En realidad son los países ricos, con su productividad y consumismo desmesurados, el principal problema demográfico : ¡ los que sobran son los ricos !. Hay aquí una transformación del papel de las mujeres, cuya función originaria en el capitalismo era la reproducción de la fuerza de trabajo. Cada vez parece convertirse más en una carga, ya que por una parte la ingeniería genética las puede substituir ( en los países ricos) y por otra se presenta a las mujeres de los países pobres y de los excluidos como generadoras de excedentes humanos que sólo pueden calificarse de desperdicios. Bauman nos recuerda como todas las distropías (utopías negativas) eliminan la maternidad ( el paradigma más claro es "El mundo feliz" de Huxley). El sexo es entonces un entretenimiento emancipado de la la reproducción. El sexo virtual, losa contactos rápidos por internet, el sexo de usar y tirar son una muestra clara. Se quiere eliminar lo imprevisible, lo espontáneo y lo emocional de nuestras relaciones. Lo que implica un esfuerzo, una satisfacción aplazada se considera inutil, igual que todo lo desagradable. La medicina estética y la farmacología contra el dolor y todo tipo de malestar son las que abren un mercado más apetecible a las multinacionales farmacéuticas. Entrando en el tema del fundamentalismo Bauman nos advierte que el peligro no está sólo en la politización de la religión sino también en la religionalización de la política (paradigma: Bush presentándose como el defensor del Bien en su lucha contra el Mal).Tanto la religión cómo el Estado son productos del miedo , El Estado, con más precisión, gestiona, alimenta y recicla el miedo humano. Pero la ilusión es también, como nos señalaba Freud, una ilusión. En la medida en que es un producto de la incertidumbre humana, tanto natural como individual, la religión morirá con el hombre, no antes.

En la última conversación Bauman nos plantea un tema inquietante: ¿Qué será de esta generación Y, nacida a partir de los años 80 del siglo pasado, en plena sociedad líquida? Han vivido esta cultura de lo fácil, lo inmediato, lo efímero, lo virtual. Pero también en la distancia física del otro. ¿Tendrán capacidad para evitar el desastre futuro a que nos conducirá la lógica destructiva del capitalismo?

Como puede verse en todo este análisis el libro no tiene desperdicio. Vale la pena leerlo y continuar con Bauman, que nos ofrece en cada uno de sus ensayos un diagnóstico certero del mundo en el que (todavía) vivimos.