27/9/12

Manuel Sacristán: Autodeterminación e internacionalismo

Salvador López Arnal

Especial para Gramscimanía
Salvo desenfoque parcial o incomprensión total por mi parte, una forma fructífera de aproximarse a las posiciones y reflexiones del traductor castellano de Platón, Marx, Quine y Engels sobre la normalmente denominada cuestión nacional es reparar en dos textos breves que escribió para la edición de Poemas y canciones de Raimon. 
Salvador López Arnal

El primero, publicado en castellano en 1976, un año después del fallecimiento del general golpista y asesino, fue escrito en 1973, para la edición catalana del poemario del cantautor valenciano.  

Poco más que las palabras de la presente traducción de las “letras” de Raimon, señalaba el que también fuera amigo de Salvador Espriu, eran de exclusiva responsabilidad suya.
Se publican conjuntamente las partes I & II 

Los detalles de la edición reflejaban el compromiso al   que habían llegado cuatro personas: Raimon, Xavier Folch (entonces director literario de Ariel), Alfred Picó (director de talleres de la editorial) y el propio Sacristán. “Criterio común de los cuatro, ya antes de empezar la discusión, era que no se debía dar una versión cantable de los poemas, sino una traducción literal que permitiera a la persona de lengua castellana cantar el   texto catalán entendiéndolo en todos sus detalles, o que le sirviera de cañamazo o material para hacerse su propia versión poética y cantable en castellano”. Al modo como el mismo Raimon se había hecho la suya catalana de “Amanda”, una canción de Víctor Jara que estuvo durante años en el alma y en los labios de miles y miles de ciudadanos catalanes (y no-catalanes). Muchas compañeras-ciudadanas que llevan su nombre tienen en la canción de Jara, en su lucha y en su tragedia, y en la versión catalana de Raimon, sus hermosas e inolvidables raíces.

Discrepaban, en cambio, proseguía el estudioso de Brossa, en la manera de poner en práctica el criterio. “Yo quería suministrar una versión literal, palabra por palabra e interlineada. Ésa me sigue pareciendo la forma radical de aplicar el criterio común dicho. Pero mis tres compañeros coincidieron en rechazar la presentación interlineada”. El compromiso al que llegó, “desde mi minoría de uno”, consistió en presentar “traducciones literales, pero no interlineadas, sino enfrentadas”. Se trataba de traducciones palabra por palabra, “salvo en los poquísimos casos de frases hechas, como, por ejemplo, deixar ploure (literalmente 'dejar llover', traducida por "oír llover") o, en otro plano, hora foscant(literalmente 'hora oscureciente', traducida por "entre dos luces")”.

Sacristán daba cuenta brevemente de una peculiaridad de su trabajo: “traduzco algunos valencianismos -los que más   se prestan a ello- por andalucismos. Por ejemplo: traduzco poc por "poco" y miqueta por "poquito", porque son términos corrientes en Cataluña; pero traduzco poquet, que es catalán del País Valenciano, por “poquiyo”, no por “poquito”, ni por “poquillo”. ¿Por qué? Porque quería de ese modo “incitar a mis paisanos a ver de qué modo el valenciano es, sencillamente, un catalán, igual que el andaluz es un castellano. Y quizá por causas parecidas a las que hacen que para mi oído el castellano más hermoso sea el sevillano, creo que el valenciano de Raimon es un catalán particularmente agraciado”.

Sacristán manifestaba una cierta incomodidad en una nota complementaria que escribió para la edición castellana del poemario.
“Me siento algo incómodo al ver reproducida en esta edición para lectores de lengua castellana la nota que escribí en 1973 por cordial encargo de Raimon”. ¿Por qué? Por una vindicación temperada del leninismo más justo y razonable: “Alguna gente de izquierda en sentido amplio (yo diría que en sentido amplísimo), creyéndose inminentemente ministrable o alcaldable, considera hoy oportuno abjurar sonoramente de Lenin”. No ignoraba el autor de “El filosofar de Lenin” los puntos del leninismo necesitados de crítica y auto-crítica. “Pero por lo que hace a la cuestión de las nacionalidades, la verdad es que la actitud de Lenin me parece no ya la mejor, sino, lisamente, la buena”. Sin embargo, una regla práctica importante de la actitud leninista respecto del problema de las nacionalidades, que nunca dejó de tener en cuenta Sacristán, aconsejaba “subrayar unas cosas cuando se habla a las nacionalidades minoritarias en un estado y las cosas complementarias cuando se habla a la nacionalidad más titular del estado. A tenor de esa regla de conducta, tal vez sea un error la publicación en castellano de mi nota de 1973, dirigida primordialmente a catalanes”. Sacristán esperaba que no fuera un error importante. Le animaba a esperarlo así “la acogida de mis paisanos madrileños a Raimon en este suave y confuso invierno de 1976”.
Destacadamente, su compañero y amigo Francisco Fernández Buey obró siempre con ese criterio: subrayar determinadas caras del poliedro cuando se hablaba a las nacionalidades minoritarias en un estado y nudos complementarios cuando se hablaba a la nacionalidad más titular del estado. Nos lo enseñó hasta el final de sus días.

Hubo, desde luego, otras aproximaciones de Sacristán a nuestra temática. Y antes, algo antes, reflexiones de interés y magníficas aproximaciones a la cultura catalana. Un ejemplo:
A finales de 1968 o principios de 1969, Xavier Folch propuso también a Sacristán la confección de un prólogo para la edición de la poesía de Joan Brossa que ediciones Ariel se proponía realizar con el título Poesia Rasa. Tria de llibres .
¿Un texto literario de presentación para una antología de la obra de un poeta -entonces ni reconocido ni muy conocido- encargado a un lógico muy competente formado en el Instituto de lógica de Münster, a un traductor incansable, a un filósofo marxista que siempre concibió el marxismo como una tradición de lucha política revolucionaria, a un profesor de metodología de las ciencias expulsado de la Facultad de Económica de la UB en 1965, a un luchador político antifranquista entonces miembro del comité ejecutivo del Partit Socialista Unificat de Catalunya? Había numerosas razones que justifican la decisión. No sólo la amistad motivó la sugerencia de Xavier Folch.

Manuel Sacristán se había encargado durante unos cuatro años de la crítica musical, teatral – La piel de nuestros dientes, El deseo bajo los olmos, El Cónsul - y literaria –“Tres grandes libros en la estacada”, “Una lectura del A lfanhuíde Rafael Sánchez Ferlosio”- de la revista Laye , “la inolvidable”. Había publicado en Revista española una obra de teatro “El pasillo”, nunca hasta ahora representada, y había publicado en alemán, firmando como Juan Manuel Mauri, “Spanien: Bühne unter den Fittichen des Regimes” (“España: el teatro bajo la tutela del Régimen”). Más tarde vinieron las traducciones de Lukács, Heine, Adorno y de tantos otros, y sus presentaciones a la obra en prosa de Goethe y Heine: “La veracidad de Goethe” y “Heine, la consciencia vencida”.

Sacristán no sólo escribió el prólogo de la antología de Brossa -que tituló “La práctica de la poesía”-, traducido al catalán por Francesc Vallverdú, sino que también fue entrevistado por Oriflama sobre la obra del poeta barcelonés: “Entrevista sobre el poeta Joan Brossa”. Sin poder confirmarlo, es probable que fuera Miquel Martí i Pol el entrevistador.

Sobre el supuesto hermetismo de Brossa, señalaba Sacristán:
“[…] El hermetismo de Brossa no se debe nunca a metáforas raras ni a violencias verbales. La dificultad de lectura, cuando se llega del buen sentido coloquial-funcional, dificultad que es seguramente lo exorcizado como hermetismo, se debe más bien a la imposibilidad de urdir una coherencia confortadora entre lo muy común que muy naturalmente dicen unas palabras del poeta y lo muy común, que muy naturalmente dicen otras luego de punto, punto y coma, coma o conjunción. Pero la evocación de un surrealismo, a lo Dalí, hecho de fragmentos naturalistas, que esa estructura puede sugerir es engañosa: si se hiciera una transposición al campo visual, la imagen del poema de Brossa sería cotidiana, común”.
Sobre la perfección formal de la obra brossiana, el autor de Las ideas gnoseológicas de Heidegger apuntaba: “La imperiosidad de la palabra explica la paradoja de la perfección formal de la poesía de Brossa, milagrosa y casi gratuita algunas veces, sobre todo en la inverosímil perfección de tantos sonetos suyos. Ya el mero ejercicio de metro, ritmo y acento de algunos de esos sonetos pueden poner en vilo, y uno se siente a veces ante ellos como Chaplin, según él cuenta, ante la Pavlova: con ganas de llorar por la impresión que produce “la tragedia de la perfección”. Pero desde muy pronto es también la perfección en la poesía de Brossa un cauce terrible del sarcasmo y de la sardónica destrucción de “valores”, poéticos o no. Bastantes Sonets de Caruixa (1949) [Sonetos de Caruixa] eran ya espeluznantes como perfectos. Tampoco este elemento se ha perdido en el crecer del poeta”.

Del peso de la “catástrofe”, comentaba el autor de “Panfletos y Materiales”:
“Brossa ha sido uno de tantos jovencísimos soldados del Ejército Popular cuyo servicio militar de vencidos se prolongó en el tedio de los años más negros. El peso de la catástrofe gravita también culturalmente y arranca al poeta las pocas intemperancias contra las concepciones y las expectativas de la generación anterior: El pas del mar rebat aquest farcell/ De peix podrit. Tens cara d´ou, herència! (*). Pero no ahoga el pensamiento ni aplasta la voluntad. En la reiteración de la derrota se va incluso aclarando para el poeta la sustancia de lo enemigo: No resta en peu sinó amistat deserta;/ fent versos em revenjo del meu fat,/ i al fort de la demanda i de l´oferta/ paro tenda, llibert, fora poblat (**)
El pensamiento en derrotada libertad cuaja bien cuando la voluntad se siente feliz en la utopía, en Jauja: Escopir a les monedes, / Aquesta sola llei hi ha (***) [1]
De la incorruptibilidad del poeta, apuntaba el prologuista: 
“[…] Yo diría que la constante principal del trabajo de Brossa es la incorruptibilidad. Una incorruptibilidad popular, sin gestos grandilocuentes. La constante principal de la poesía de Brossa es la destrucción de falsedades. Pero es también característico de su poesía que la destrucción permita brotes de utopía, de felicidad”
Poco tiempo después de la publicación del libro de Brossa, o acaso a partir de algún manuscrito que el mismo Sacristán les hiciera llegar, Antoni Tàpies y Teresa, su compañera, desde su domicilio en la calle Zaragoza de Barcelona, le escribían una carta, fechada el 14 de junio de 1969, en la que se expresaban en los términos siguientes:
Querido amigo:
Acabamos de tener el privilegio de una primera lectura de “La práctica de la poesía” que has escrito para Brossa. Estamos emocionados viendo como por fin, gracias a ti, se aclaran tantas cosas sobre nuestro amigo… y sobre mucho más
Lo has hecho, además, con un “desenfado” y una “naturalidad” que son un oportuno testimonio de lo que debe ser una añeja posición tuya sobre muchos problemas, desde el innecesario sometimiento a Zdanov hasta la réplica al “hermetismo”, desde la puesta en evidencia del ”amisticismo” y la “vocación felicitaria” hasta la puntualización histórica de la “elegía política que ha precedido a otras” en la literatura catalana. Pasando por tantas cosas justas y bellas como dices.
Recibe nuestra cordial felicitación junto con el testimonio de nuestra amista sincera.
Teresa y Tàpies

En el verano del año siguiente, Sacristán intervenía en el pleno del Comité Central del PCE. La cuestión nacional era de nuevo motivo de reflexión.

Nota

[1] (*) “El paso del mar devuelve este fardel / De pescado podrido. ¡Tienes cara de huevo, herencia!” (**) “No queda en pie sino amistad desierta; / haciendo versos me vengo de mi hado, / y en lo más fuerte de la demanda y de la oferta / levanto tienda, liberto, fuera de poblado.” (***) “Escupir a las monedas / Esta sola ley hay””

II

Verano de 1970, pleno del comité central del Partido Comunista de España. Manuel Sacristán (1925-1985), entonces miembro del Comité Central, interviene sobre la política del PSUC-PCE respecto a las nacionalidades ibéricas (Manuel Manzanera incluyó la trascripción de su intervención en uno de los imprescindibles anexos documentales de su tesis doctoral).

De entrada, señaló el entonces autor de Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores, la doctrina del PSUC y del PCE respecto al tema le parecía clara y sin problemas de conceptos. “Ser radical, decía Marx, es coger las cosas por la raíz, y la raíz de las cosas es el hombre. La raíz de nuestra concepción del problema de las nacionalidades no son conceptos más o menos mitológicos, de patriotismo antiguo, de fidelidades feudales, ni de mitos burgueses”. En absoluto. ¿Cuál era entonces la raíz política comunista? “La presencia real de los individuos con sus características nacionales en las diversas localizaciones geográficas”.

Tras argumentar contra la cosmovisión lysenkista que descalificaba o marginaba una determinada temática por su origen social -en este caso, por su origen burgués-, el traductor de El Capital matizaba que sin negar, desde un punto de vista histórico, la fecundidad de la burguesía como clase emergente [1], ya reconocida en el propio Manifiesto Comunista, lo que no era ni mucho menos verdad, era “que el fenómeno de la constitución de las nacionalidades haya sido un fruto tan recto de la evolución burguesa como parece en las historias”. No se veía por qué, no existía ninguna ley interna a los rasgos nacionales que diera cuenta ello, “para que lo que se llama la nación francesa tuviera que ser más nación que lo que habría podido ser una nación occitana con trozos de lo que hoy es Francia y trozos de lo que hoy es España”. En el caso de Euskadi, exactamente igual añadía.

Lo que era fruto de la burguesía era el Estado nacional. Un estado que no coincidía necesariamente -como manifiestamente lo probaba el caso español, y también otros como el francés- con una única nacionalidad. Era nacional en otro sentido, en el sentido que representaba el dominio y hegemonía de la función dirigente de una determinada burguesía nacional. En el caso de Francia la burguesía del centro, la del núcleo parisiense, y en el caso español, señalaba con admirable modestia intelectual, “no me atrevo a decirlo porque es demasiado complicado históricamente”. En el caso italiano, sería la burguesía de la Toscana.

La predominancia del aspecto cultural en determinados acontecimientos nacionalitarios era explicada por el ex miembro del comité ejecutivo del PSUC del modo siguiente. “Precisamente esto, la no coincidencia estricta entre cosas a las que se pueden llamar nación, por ejemplo Euzkadi, por ejemplo Occitania y aquello a lo que se llama “nación” en las historias burguesas y que es el estado nacional, a saber, que en el fenómeno nacional tal como lo conocemos ahora, sin resolver por la burguesía, hay un visible predominio del elemento sobreestructural” .¿Por qué ese predominio? Porque los elementos básicos (en el sentido marxista de la expresión), los económicos, “fueron más o menos cristalizados con la constitución del mercado que en cada caso dio pie al Estado nacional”. Como el “Estado nacional” no era exactamente una nación, permanecían elementos “no fundamentados ni en la delimitación del mercado, ni por tanto recogidos por el poder, que quedan no sólo como sobreestructuras, sino como sobreestructuras sin política, casi sólo como cultura”.

De ahí, infería, el aspecto muy cultural que adquirían algunos fenómenos nacionales.

Proseguía el estudioso y amigo de Joan Brossa señalando que no había que olvidar, por otra parte, que algunos de estos rasgos nacionales tenían un carácter radical. Eran rasgos que estaban en el ser humano: “su lengua, su constitución psicológica, muchísimos otros elementos que no se trata de enumerar y que precisamente porque no se quedaron calcados en la realidad económica la burguesía no resolvió, pues ella ha sido un agente muy fecundo, pero dentro del reino de la necesidad”.

Finaliza Sacristán su intervención en el pleno señalando que este asunto de las nacionalidades, en lo que tenía de problema irresuelto apuntaba, como otros tantos problemas de génesis burguesa, como los de las libertades o los de la democracia por ejemplo, “precisamente más allá del reino de la burguesía”. Hacia más allá, por tanto, del reino de la necesidad, hacia el reino de la libertad y la autodeterminación.

Dos años después, en 1972, en un documento inédito hasta la fecha, en el que el autor de El orden y el tiempo comentaba el proyecto de introducción al programa del PSUC de los años setenta, pueden verse algunas reflexiones significativas complementarias. Dos de ellas.

Reproducía Sacristán un fragmento del proyecto de introducción del PSUC –“Sobre una base objetiva diferencial históricamente formada -un territorio, un particular desarrollo económico, una lengua y una cultura comunes, una psicología de pueblo-, la burguesía, como clase dirigente de la sociedad catalana, promovió el movimiento nacional y fue así configurando Catalunya como una nación moderna”-, señalando que “aunque es correcto, y pese al adjetivo “moderna”, puede dar a lectores susceptibles la impresión de que se afirma que no ha habido nación catalana hasta el siglo XIX”.

Recogía Sacristán también el punto 13 del proyecto: “Los comunistas consideramos que la nación catalana está constituida por todos los que viven y trabajan en Catalunya”. En su opinión, era un intento de precisar los términos y las tesis discutidas, la definición declaraba implícitamente “de nacionalidad bajo-sajona a los obreros de Toledo o de Ripoll que trabajan en Volkswagen”. Por lo demás, era arbitrariamente falsa. Usada por las fuerzas nacionalistas independentistas de aquellos años -como el FNC [Front (Frente) Nacional de Catalunya] o el PSAN [Partit Socialista d´Alliberament (Liberación) Nacional]-, podía servir “para preparar la opresión de las minorías nacionales de habla castellana y/o francesa en un futuro estado catalán”.

Los comunistas, concluía Sacristán, no debían aceptar la cerrada alternativa imperialista, tanto la del tradicional imperialismo español como la del nuevo imperialismo catalán, “implicada por esa definición de untuosa apariencia generosa y humanista”. Eran argucias entre representantes de “patrias” y “patriotismos”. Los proletarios “y los que nos adherimos al proletariado” no tenemos patria.

No tenían Patria, pero sí nacionalidad “como elemento de la formación de la personalidad individual, de un modo más acentuado en unos que en otros, los cuales pueden cambiar (relativamente) de nacionalidad, o bien conseguir una consciencia casi a-nacional además de apátrida”.

Años antes, había irrumpido la experiencia de Nous Horitzons, la primera publicación escrita totalmente en catalán durante la dictadura franquista. Sacristán fue su director clandestino durante unos cuatro o cinco años. Entrevistado por la redacción de la revista en 1979 [2], valoraba la experiencia en los siguientes términos:
“Sobre la importancia de Nous Horitzons (que, por cierto, al principio no se llamó “Nous Horitzons” sino “Horitzons”: hubo que poner el “Nous” por un problema de derechos registrados) en el debate y la lucha ideológica de la Cataluña de principios de los años 60, creo que no fue grande en sí misma, pero que respecto de la situación de la época y del reducido ambiente que se podía tomar en cuenta sí que valió la pena. Discúlpeseme la siguiente trivialidad porque para aquellos años no lo era: ya la mera solidez física, por así decirlo, de “Horitzons” daba aliento, en forma nada despreciable, a los militantes en particular y a los marxistas en general. El número 2 (no cito el 1 porque alguien se me lo ha “prestado” irreparablemente y no puedo precisar sobre él) tiene 88 páginas y lleva cubierta de cartulina a dos colores; es del primer trimestre de 1961. No menos interesante es el hecho que la gran mayoría de sus páginas está escrita en el interior, principalmente en Barcelona: ocho de los once artículos que presenta. Cosas así eran en aquellos años todavía duros, una realidad muy prometedora. Seguramente contribuyeron a dar seguridad a los militantes, identidad al partido y confianza a otros marxistas”.
Sacristán era más crítico respecto a la calidad científica de la revista: […] no me parece que “Horitzons” y “Nous Horitzons” valieran gran cosa en aquellos años. Nuestro marxismo estaba todavía empapado de euforia por la victoria de la URSS sobre el nazismo, por la victoria de la revolución china y, en aquellos mismos meses, de la cubana; y también por el derrumbamiento del viejo sistema colonialista. Esa euforia alimentó un marxismo muy alegre (lo cual estaba muy bien) y asombrosamente confiado (lo cual estuvo muy mal, y visto desde hoy pone los pelos de punta). El principal valor ideológico de “Nous Horitzons” en aquella época fue, repito, su mera presencia”. Su qué, concluía, fue mejor que su cómo.

En cuanto a su finalidad: no pretendían elaborar teorías.
“No en lo político, por las mismas razones que expuso para sí mismo Althusser, de manera inolvidable, en el prólogo al Pour Marx: la literatura política se nos aparecía en aquella época a los comunistas sólo como exposición de los clásicos para formación de militantes o como fundamentación, comentario y propaganda de la política del partido. Y tampoco teoría especulativa, porque ésta, afortunadamente, no gozaba de la simpatía ni de los assenyats catalanes de la redacción ni de los no-catalanes de ella, los cuales, aunque mucho menos assenyats, éramos gente de formación demasiado crítica, y hasta hipercrítica [3], para especular”.
 Sí que aspiraban, eso sí, a elaborar y comprender realidad con la teoría disponible y con la crítica. Mucha realidad, toda la posible, la básica y la más sofisticada.
“Quizá parezca ridículo a la vista de los resultados, pero el hecho es que al menos la redacción de “Horitzons” en el interior quiso practicar desde el principio   un   programa gramsciano ,   un programa de   crónica crítica de la vida cotidiana   entendida como totalidad dialéctica concreta, como la cultura real. Este no es interpretación a posteriori: ese programa era explícito y querido por los redactores. Y su realización, por modesta que fuera, permitió a “Nous Horitzons” algunos aciertos que no da rubor recordar, por ejemplo, haber tratado en serio los problemas de la mujer cuando no eran muchas las mujeres (y menos los hombres) conscientes de esa problemática. [...] NH de 1960 se proponía llegar, sobre todo, a las organizaciones del partido, para promover su crecimiento intelectual, y a los intelectuales antifascistas, para darles constancia de la existencia de una intención cultural en el movimiento obrero marxista y para invitarles a una tarea que podía ser en parte común. No me atrevo a decir si se logró algo con ello”.
Fue en estas revistas donde Sacristán publicó artículos en catalán que fueron traducidos al castellano y editados muchos años después. Por ejemplo, “Tres notas sobre la alanza impía”.

El siguiente texto [4], dedicado a Ernesto Guevara, fue publicado en catalán en 1969. Justo es reproducirlo:
Guevara, Ernesto (llamado Che) (1928-1967).
Como si para siempre/ te llevases contigo (...)/ tu huella de héroe / luminosa de sangre/ (...) Pero esto/ de golpe da vida a las “quimeras”/ muestra/ la médula y la carne/ del comunismo.
V. Maiakovski, Al camarada Nette .
No ha de importar mucho el cobarde sadismo complacido con el que la reacción de todo el mundo ha absorbido los detalles macabros del disimulo, tal vez voluntariamente zafio, del asesinato de Ernesto Guevara. Posiblemente importa sólo como experiencia para las más jóvenes generaciones comunistas de Europa Occidental que no hayan tenido todavía una prueba sentida del odio de clase reaccionario. Pero esta experiencia ha sido hecha, larga y constantemente, en España, desde la plaza de toros de Badajoz hasta Julián Grimau.

Importa saber que el nombre de Guevara ya no se borrará de las historias, porque la historia futura será de aquello por lo que él ha muerto. Esto importa para los que continúen viviendo y luchando. Para él importó llegar hasta el final con coherencia. Los mismos periodistas reaccionarios han tributado, sin quererlo, un decisivo homenaje al héroe revolucionario, al hacer referencia, entre los motivos para no creer en su muerte, en sus falsas palabras derrotistas que le atribuyó la estulticia de los vendidos al imperialismo.
En la montaña, en la calle o en la fábrica, sirviendo una misma finalidad en condiciones diversas, los hombres que en este momento reconocen a Guevara entre sus muertos pisan toda la tierra, igualmente, según las palabras de Maiakovski, “en Rusia, entre las nieves”, que “en los delirios de la Patagonia”. Todos estos hombres llamarán también “Guevara”, de ahora en adelante, al fantasma de tantos nombres que recorre el mundo y al que un poeta nuestro [5], en nombre de todos, llamó: Camarada.

Notas

[1] Sacristán se manifestó en otros lugares con matices de interés sobre este tópico de la tradición.
[2] “Entrevista con Nous Horitzons ”, Intervenciones políticas , Icaria, Barcelona, pp. 280-283.
[3] Un ejemplo de este hipercriticismo. La redacción de Barcelona formuló una crítica colectiva al número 9 de NH , fechada en junio de 1967. Dirigida a la dirección del PSUC en París, llevaba la siguiente advertencia: “Los comentarios están hechos rápidamente y sería necesario argumentar más: perdonad que no lo hayamos hecho esta vez, pero nos ha parecido que os sería útil recibiéndolos ahora. Insisto en el punto de que estas notas han sido elaboradas por acuerdo unánime de los seis miembros de la redacción barcelonesa”.

Los comentarios

“Nota: El número del margen izquierdo indica la página del trabajo.
3 [Inutilidad de un referéndum] Nos ha parecido pobre de argumentación. Tenía que ser más profundo
4 [Nuevos elementos en la lucha de la clase obrera] Correcto
7 [La enseñanza del catalán] Hecho muy rápidamente. Poco riguroso. Título desafortunado. Era necesario decir “la enseñanza en catalán” (no solamente del catalán).
9 [La Universidad en primera línea] Acierto en poner este trabajo aquí. Lástima que no se haya vigilado la ordenación: el texto del Dr. Rubió tenía que abrir la sección y de manera más destacada
29 [Lenin y la cuestión nacional]. Más que la reproducción de un fragmento de la biografía de Lenin nos hubiera interesado una reseña larga del libro.
33 [El verdadero problema no son los inmigrantes, R. Vidiella] Es una nota más apropiada para un lingüista que para un combatiente. Renovamos la petición hecha en otras ocasiones: es necesario convencer al compañero Vidiella para que escriba sus memorias. ¡Todos sus escritos sobre hechos vividos por él son enormemente bien acogidos! Repetidle el encargo, por favor.
37 [La emocionante ayuda de los pueblos soviéticos al Vietnam, Emili Vilaseca] Propagandísticamente es muy flojo, ineficaz. Cuando sea necesario criticar la desviación de Mao y de su grupo, no recurráis más a la prensa occidental.
46 [El PSU y la guerra nacional revolucionaria, 1936-1939] Demasiado general y sabido. En cambio, es necesario que el camarada Moix (como hemos pedido al camarada Vidiella) diese cuenta de hechos de su experiencia sindical (Sabadell, etc). Esto es muy importante.
53 [El ciclo de Teatro Latino, Hernani] Es decente, periodísticamente muy atractivo.
59 [En el centenario del Maestro Millet, T. P. Beltran] Interesante como experiencia vivida.
62 [Homenaje de Barcelona a Picasso, Un estudiante] Un ejemplo de lo que sería necesario NO repetir. En primer lugar: una autocrítica nuestra por no haber hecho la nota. Ahora todos estos sucesos vendrán reseñados por nosotros. Una recomendación: cuando recibáis una nota de un francotirador llena de anomalías como esta haced el favor de no incluirla. Nosotros con tiempo ya os anunciaremos los temas y hechos que trataremos en cada número.
63 [Paris, por los 85 años de Picasso, R. Güell] No es un artículo para NH; el tono es muy flojo.
65 [Un buen ejemplo] Es una versión de política cultural populista, no marxista. De todas maneras, aporta elementos interesantes. Creemos que la presentación tendría que haber sido crítica (no paternalista), situando correctamente al lector enfrente del documento.
70 [Algunas buenas cosas del Sant Jordi] Nos parece una nota desafortunada: una reseña de los premios de Santa Llúcia tiene que ser más ajustada.
79. Felicidades por la iniciativa. ¡Que se repita!.
[4] “En memoria de Ernesto “Che” Guevara”, Nous Horitzons 16, 1er trimestre 1969, p. 39.
[5] Rafael Alberti.