19/9/12

El lenguaje nos hace humanos / Nos permite ser libres distanciándonos del mundo de la necesidad

Helen Keller y un niño
Yoshiko Mishina
Luis Roca Jusmet

Especial para Gramscimanía
Helen Keller tiene un imaginario individual que no participa de un imaginario social porque no está articulado por el lenguaje y por la ley. Su imaginario es una red de imágenes y de afectos que son el sustrato de una mente desestructurado por la falta de este lenguaje simbólico. También algunos animales podemos decir que tienen un imaginario individual, ya que en su mente hay imágenes ligadas a emociones, como podemos comprobar con diferentes conductas animales. Un buen ejemplo es el caso que aparece en la película Perro blanco, dirigida por el gran Samuel Fuller, que es el de un perro adiestrado para agredir a personas negras. 

Si el animal las ataca (y no puede dejar de hacerlo) es porque la imagen perceptiva de una persona con la piel negra que capta visualmente se encadena en su cerebro con una imagen mental guardada en la memoria y cargada con una emoción intensa de rabia, la cual le provoca una conducta agresiva para la cual no estaba instintivamente preparado.

Cuando para modificar su conducta se condiciona una relación diferente, que es la asociación de una persona de color negro con su propia supervivencia, para hacer que éste aparezca como un salvador y no como un agresor, lo que ocurre es que en su imaginario ésta se le sobrepone a la imagen anterior pero sin eliminarla totalmente, ya que puede reaparecer en cualquier momento. Y esto sucede cuando la percepción de algún detalle conduce directamente a la imagen primitiva. Podemos aceptar entonces que hay animales que tienen una vida mental, y por tanto un Imaginario, pero manteniendo una diferencia radical con el ser humano, ya que éste tiene conciencia  y sobre todo tiene un lenguaje simbólico. Pero no  hay que entender las imágenes como el lenguaje de los símbolos sino a éstos como los significantes lingüísticos que articulan las imágenes.
  
Volviendo a Helen Keller podemos decir que sin lenguaje simbólico ella vive en un mundo que no es animal pero que tampoco es humano. Le falta la estructura que posibilita el pensar, en el sentido más estricto de la palabra. Pensar consiste en establecer una relación lógica a través de conceptos que representan el mundo tal como es accesible para los humanos. La primitiva Helen Keller se comunica por gritos, por golpes y por caricias y su inteligencia es puramente operativa. A partir del momento en que aprende lo que es la mediación simbólica del lenguaje no sólo es capaz de comunicarse por palabras de una manera clara sino también de pensar y de decidir. Antes le faltaban los recursos y la seguridad de los animales, ya que como han señalado numerosos biólogos y psicólogos el hombre es un animal prematuro, biológicamente deficitario y que nace tan desamparado que depende durante un larguísimo tiempo del Otro.
 
El cerebro humano es especialmente plástico y quedan grabadas en él numerosas huellas de las percepciones pasadas desde las que constituimos nuestro imaginario, pero éste se va articulando lingüísticamente desde lo simbólico. Si éste no se construye hay sólo un imaginario desbocado porque al imaginario animal se le añade la autoconciencia sin capacidad de establecer cauces lingüísticos para canalizarlos. Seguramente la conciencia no tiene una función evolutiva, ya que darse cuenta que las cosas nos pasan a nosotros no nos sirve, para mejorar nuestra capacidad de supervivencia en el medio natural. Pero, paradójicamente, y de manera totalmente contingente, la conciencia ha sido un azar evolutivo a partir del cual hemos construido este mundo artificial que es el humano, tan peligroso como creativo. Un ser vivo no requiere ser consciente para sobrevivir, sólo necesita las pautas perceptivas y conductuales adecuadas para dar la respuesta correcta a los estímulos (internos y externos) que recibe en función de la supervivencia individual y específica. ¿Para qué necesitamos saber que funcionamos si ya lo hacemos adecuadamente? Quizás el hombre es este extraño animal que no funciona adecuadamente a nivel biológico pero al que al azar le ha dado una conciencia que le ha permitido generar su propia prótesis  La conciencia  abre un abismo, un mundo de locura del que solo podemos salir a través del vínculo social del lenguaje, que es el que nos permite construir socialmente el orden simbólico.

El lenguaje es una construcción social compuesta por una serie de signos lingüísticos, a los que aquí llamamos símbolos, que están  estructurados desde una realidad material propia (que es la de la letra) pero que designan una realidad que le trasciende. El lenguaje nos hace perder lo natural, lo inmediato. Pero no hay salida: hay que asumir esta pérdida. El lenguaje nos hace humanos y nos permite, como diría Spinoza, ser libres distanciándonos del mundo de la necesidad. Quedamos fracturados pero es esta falta la que posibilita el deseo.

Helen Keller & Anne Sullivan, 1930