5/8/12

Walter Benjamín / Se reedita el "Diario de Moscú"

El "Diario de Moscú", del pensador alemán Walter Benjamin, acaba de ser reeditado después de años de estar inhallable o encontrarse, por casualidad o suerte, entre trastos de ropavejeros o librerías antiguas. La edición, muy cuidada, es una escrupulosa anotación del viaje (y acaso de la decepción) de Benjamin de su paso por la URSS entre diciembre de 1926 y febrero de 1927, sobre la necesidad, confesada por Benjamin, de viajar a Moscú para decidir si se incorporaría o no al Partido Comunista Alemán, motivada por su amistad con Bertold Brecht.
 
Benjamin nació en Berlín en 1892, estudió Filosofía en Berlín, Friburgo, Munich y Berna, y en 1920, cuando el antisemitismo ya era consistente en Alemania, se radicó en Berlín para trabajar como crítico literario, editor y traductor, además de productor de sus propios textos. En 1933, como consecuencia de la llegada de Hitler a la cancillería del Reich, Benjamin se refugió en Francia, donde se concentró en una obra sobre Charles Baudelaire, que no llegó a terminar y que se publicó, fragmentariamente, como "Baudelaire: un poeta lírico en la era del gran capitalismo"; además de otra cantidad de textos de influencia inmediata y posterior.

En 1940, cuando los nazis ocuparon Francia, el escritor intentó huir por la zona de los Pirineos, pero por problemas en su pasaporte Benjamin no pudo pasar a España y se suicidó en un hotel de la localidad de Port-Bou. En "Diario..." escribe (sobre la revolución de 1917): "Los movimientos de izquierda, que tan útiles habían resultado a lo largo del comunismo en tiempos de guerra, pasaron a ser absolutamente dejados de lado".

Y agrega, "recién ahora los escritores proletarios adquirieron estatuto oficial (excepto Trotsky), e incluso recibieron claras instrucciones acerca de que no serían apoyados de forma alguna por el gobierno […] Pienso también en el caso Lelevich, que incluye medidas en contra del frente cultural de los sectores de izquierda (...) En Rusia se da muchísima importancia a una toma de postura política rigurosamente matizada".

Pero "en cuanto a las técnicas literarias, alcanza con tener un contexto político vago, generalizado, que de todas formas se considera indispensable […] La técnica rusa consiste en realizar una amplia exposición de la idea, y de ser posible, no más que eso (...) En Alemania, en cambio, lo único que se pretende es obtener resultados, sin que a nadie le importe cómo se llega a obtenerlos".

Las críticas de Benjamin son casi contemporáneas de las de André Gide, aunque matizadas: ayudaron sus visitas a Lev Tolstoi y a su encuentro con Lou-Andreas Salomé, la gran dama freudiana; también la influencia de Brecht y la falta de alternativas al fascismo alemán, español e italiano. Sus primeras impresiones están teñidas también por la lente de otros de sus amigos, el director teatral Bernhard Reich, la actriz Asja Lacis y el dramaturgo Vsévolod Meyerhold, favorables al régimen que empezaba a instalar Stalin, coronado por los "juicios de Moscú", donde fueron condenados a muerte cantidad de disidentes políticos e intelectuales.

El "Diario..." es revelador de la situación de un grupo de pensadores de izquierda que quedaron apresados entre la dicotomía entre el fascismo de Hitler y la pulsión destructiva de Stalin, que pactó con el nazi y después destruyó a Alemania pero puso en riesgo todos los logros conseguidos en un principio por la revolución bolchevique hasta su implosión años después.

En ese sentido, el libro resulta un documento de honestidad intelectual invalorable, que Benjamin pagó con su vida en un hotelito de frontera cuando decidió envenenarse antes de perder su vida en manos de carniceros que no dudaron en sacrificar millones de vidas humanas por ideales de conclusión espuria.