1/7/12

Sobre el prestigio Marx

Daniel Molina Jiménez 

Hace unas pocas semanas, se publicaba [que muchas] personas de todas las edades acudían a comprar El manifiesto Comunista de Karl Marx. ¿Cómo explicarlo? Cierto es que la crisis económica puede influir en las ventas de un panfleto mitificado pero, a punto de cumplirse 130 años de la muerte del pensador alemán, es imposible entenderlo a partir de una moda coyuntural, porque no sucede lo mismo con otros libros y otros panfletos que, además, carecen de rigor. Hobsbawm ponía de manifiesto en su último libro Cómo cambiar el mundo, el modo en que el pensador alemán ha sido conocido y reflexionado a lo largo del tiempo. Y, cómo su pensamiento se ha ido solidificando en numerosos estudios científicos.  Sin embargo, hay  poca gente que haya leído a Marx fuera del ámbito intelectual  y esto es un problema porque entonces solo se opina por los resultados políticos de las percepciones teóricas que Marx elaboró, y, es entonces, cuando  nos  adentramos en el terreno del fracaso irremediable y todo lo que tenemos que hacer es combatir ese fracaso invocando supuestos marxistas. Pero no solo esto,  lo peor es que, Marx y marxismo, no en todos los países pero sí en España, se ha  venido asociando  ya desde la II República y de manera intensa, durante el franquismo, casi de manera mimética, y siempre interesada, a comunismo, dictadura y revolución, lo cual es un error importante  porque Marx jamás pudo conocer lo que supuso la ulterior acción de los partidos comunistas, especialmente tras la Revolución rusa (Marx murió en 1883).

Por este motivo, es necesario insistir en Marx como un pensador de rigor y perspicacia. Tuvo la base sólida del acervo filosófico alemán a partir del conocimiento profundo del Idealismo  de Hegel (que criticó decisivamente), frente al cual opuso el materialismo que, como se puede entender fácilmente, no es más que una ampliación notable de las variables de la interpretación de la realidad, o por decirlo más explícitamente, reconocer que en la conformación de la realidad no solo interviene el pensamiento, sino que éste, en cualquier caso, viene mediatizado por las condiciones materiales de las sociedades:  pero también Marx, tuvo la inmensa suerte de formarse en Reino Unido, y estudiar el  capitalismo a fondo (a través de la escuela escocesa del capitalismo inglés),  con la ayuda de Engels,  un burgués con raíces empresariales en Manchester.  El resultado de todo ello, fueron una serie de interpretaciones sobre el funcionamiento de la economía que no han sido superadas. No hay, actualmente, ningún economista serio, no hay ningún sociólogo serio, no hay ningún historiador serio  - se sea o no marxista – que no parta de los análisis de Karl Marx para conocer la realidad que pretende estudiar. Las teorías de la acumulación del capital, los mecanismos de explotación,  de generación de la plusvalía, la transformación del dinero en capital,  la mercancía y su valor, el valor en uso y en cambio,   la apropiación del valor del trabajo (a través de la compra y la venta de la fuerza del trabajo; que no es otra cosa que los convenios colectivos),  los movimientos cíclicos del capitalismo, la concepción de cualquier economía como economía política,  la división del trabajo,  la economía de mercado como sistema creador de riqueza, son análisis provechosos a día de hoy. Y no hay ninguna formulación teórica al respecto que haya planteado una alternativa que explique el funcionamiento de la economía de modo distinto.

Marx por supuesto, no fue perfecto, fue un hombre de su tiempo y como tal, analizó la economía que le tocó conocer. Así, la sociedad victoriana inglesa de finales del  s.XIX, donde mal vivió Karl Marx,  aunque fue polarizada,  el auge del proletariado como clase forjadora de una riqueza constructora de una sociedad sin clases resultó  equivocada. Pero no la idea de las clases sociales, puesto que la concepción  de clase como elemento que conforma rangos (en las relaciones laborales) y estatus (en las relaciones de experiencia) entre los  individuos ha sido latente a lo largo de la historia y seguirá vigente; lo no es correcto es su funcionamiento dicotómico, dual, bipolar y binario. Marx no pudo concebir las alianzas de clase, su permeabilidad y la movilidad, como sí hizo, de manera brillante, Antonio Gramsci, tal vez, el mejor teórico político del marxismo tras Marx. Pero sus estudios son el resultado del análisis de un capitalismo más desarrollado que Marx no conoció: Marx no pudo ver la fase imperial del desarrollo del capital – por decirlo en términos de Hobsbawm-, no le dio tiempo a saber que la industrialización llevaba aparejada un modelo de desarrollo fundamentado en la tercerización de la economía y cuya característica principal es la movilidad social teórica, pero también la creación del valor añadido a través de la productividad porque de lo contrario, es imposible evitar crisis de subsistencia como sucedió durante el Antiguo Régimen. No pudo escapar de la idea estanca de burgués-proletario, y ni siquiera pudo imaginar que un trabajador pueda por sí mismo, acceder a una acumulación de dinero que, de manera autónoma cree un puesto de trabajo. Incluso, a día de hoy, existe la íntima convicción de que son solo los tenedores de los medios de producción (sea el empresario o el Estado) los únicos que pueden crear puestos de trabajo. Resulta también imprecisa  su teoría de los modos de producción estantes asociados a momentos históricos. A este respecto, es inexacto pensar que, en la Antigüedad, como de manera un tanto imprecisa apunta Perry Anderson, podamos estrictamente hablar  de un solo modo de producción esclavista; es imposible no tener en cuenta, por ejemplo, los cambios asociados a la ruralización de la economía del Imperio romano,  o que, incluso, en sociedades donde ya existía algún tipo de organización Estatal, por ejemplo, durante los períodos protodinásticos de Mesopotamia (finales del III Milenio a.C.), se estableciera estrictamente una sociedad basada en una economía esclavista, más bien al contrario, eran sociedades palaciegas y todos estaban adscritos al Estado, como pudieron estarlo los Ilotas en Esparta.

En cualquier caso, Marx, no fue solo estrictamente un teórico que formuló el germen hipotético de la destrucción del capitalismo; desde La Ideología alemana, Contribución a la crítica de la economía capitalista, El manifiesto Comunista, Manuscritos de economía y filosofía, La miseria de la filosofía, El 18 brumario de Luis Bonaparte,  e incluso, El Capital, el filósofo alemán no paró de hablar de que el capitalismo era un sistema tan dinámico que podría sobrevivir pese a los conflictos de clase. Marx hablaba de la enorme capacidad del capitalismo para crear riqueza no solo por medio de la acumulación del capital, sino del ahorro y la diversificación de la producción (aunque para ello, era imprescindible detraer riqueza).

En cualquier caso,  el mundo que conoció Marx fue limitado. EE.UU. y Europa estaban en un grado de desarrollo que hacía previsible el funcionamiento de la economía. Ahora la situación es distinta puesto que el capitalismo está de lleno instalado en el Pacífico y se trata de un capitalismo basado en la generación de recursos financieros a través del ahorro de costes (de todo tipo). Nada habló Marx de los recursos energéticos del planeta o de la sostenibilidad de las energías, aunque su pensamiento fue tan lúcido que, en El Capital, hace alguna referencia al crecimiento a costa de los recursos naturales, que llamaba “el arte de agotar el suelo y la fertilidad”. Nada dijo Marx de las condiciones demográficas para la generación de capital.

Y la ideología socialdemócrata que obedece al análisis de esa realidad, contendrá, con el tiempo, un punto de vista más amplio, especialmente en un punto fundamental: la mejora de la sociedad.   A este respecto, la productividad, el valor añadido, la movilidad (ascendente y descendente), la generación de  puestos de trabajo de responsabilidad individual,  etc, son fundamentos que han de ser pensados.

Cualquier  persona que quiera tener una interpretación  crítica de la realidad (es evidente que no me refiero  a la clase política), tiene  necesariamente que tener en cuenta a Karl Marx. Porque nuestro mundo se estructura en torno a él: los derechos del trabajo, los derechos sindicales, las concepciones de la vida política y pública, la organización partidista de las ideologías, etc. Sin Marx, la vida entre nosotros hubiera sido notoriamente distinta. Es importante tener en cuenta todo esto, porque, más allá de sus aciertos o errores,  hay que considerar  su actividad como polemista y como estudioso. Y en eso se funda su prestigio: sin el conocimiento crítico de la realidad, al final es imposible siquiera pensar en un mundo mejor.