25/7/12

La “ortodoxia” que no fue / A propósito del Cuaderno XI de Gramsci

Juan Dal Maso   /   La relación entre el marxismo y la filosofía ha sido un importante punto de discusión (aunque con distinto énfasis) tanto de la tradición clásica como del denominado “marxismo occidental”. También ha estado en el centro de la reflexión de aquellos marxistas que han quedado en alguna intersección entre ambas clasificaciones o por fuera de ellas como el peruano José Carlos Mariátegui, el checo Karel Kosík o los serbios nucleados en Praxis.

Entre los que se reivindican marxistas hay, a grandes rasgos, dos posturas predominantes sobre la cuestión filosófica: unos toman partido por una interpretación del marxismo en clave de “filosofía de la praxis” con ribetes humanistas y voluntaristas.

Otros optan por una lectura materialista y científica, más cercana a la concepción de ciencia anglosajona. Bensaïd, por su parte ha intentado, apelando al concepto de ciencia alemana1, demostrar que Marx estaba lejos de una posición lineal y que por el contrario tenía tensiones en este aspecto, abriendo el panorama a una lectura más amplia de la cuestión, pero más inclinada hacia la primera posición, sobre todo en la teoría política. De alguna manera, estas oposiciones se plantearon previamente en la tradición clásica, aunque en otro contexto y con otras herramientas teóricas. Pero mientras algunos intelectuales marxistas, como el caso de Lukacs, eran claramente subjetivistas y otros como Bujarin expresaban la visión contraria, Gramsci aparece como una suerte de tercera posición que mientras revitaliza la problemática subjetiva, toma distancia del “subjetivismo” de Lukács. 

De esta forma, Gramsci complejizó la simple oposición entre objetivismo mecanicista (u organicista) y subjetivismo activista, planteando una particular lectura de la situación de la teoría marxista en el mundo de entreguerras, que es necesario analizar, porque fue el intento de sistematizar algunas cuestiones centrales del materialismo histórico desde el punto de vista filosófico, intentando generar nuevas respuestas desde dentro de la tradición clásica, pero poniendo en discusión ciertos presupuestos que habían sido dominantes en su desarrollo hasta ese momento histórico.

En particular, nos interesa analizar ciertos núcleos de la crítica que Gramsci desarrolla en el Cuaderno 11 contra la Teoría del Materialismo Histórico de Bujárin. Porque a partir de un concepto de ortodoxia que se identifica con la idea de Antonio Labriola de que el marxismo es una concepción original e independiente de las restantes corrientes filosóficas, Gramsci elabora una crítica de ciertos lugares comunes que serán incuestionables en el “marxismo oficial” del stalinismo. En este marco, tomaremos en cuenta algunos otros pasajes de los Cuadernos que nos permitan desarrollar el análisis de los puntos que queremos poner en discusión. A su vez, intentaremos trazar algunos elementos que permitan explicar por qué esta empresa teórica no prevaleció, más allá de lo obvio que tiene que ver con las condiciones de encierro carcelario y aislamiento político de Gramsci.