“La posición de los católicos está en marcado contraste con la nuestra. Ellos esperan a que la redención llegue por la gracia divina, invocan la buena voluntad de los santos, cuando sería más apropiado hacer un llamamiento a la de los hombres. No esperamos nada más que de nosotros mismos: nuestra conciencia de hombres libres nos impone un deber, y nuestra fuerza organizativa lo cumple. Sólo lo que es trabajo, nuestra conquista, tiene valor para nosotros. Por lo tanto, no es sólo por el rechazo del rito, para lo externo, por el simbolismo vacío de todo contenido de fe que, a pesar de los esfuerzos de una dialéctica casuística especializada, nos mantiene alejados del catolicismo. Es la antítesis de ideas irreconciliables” | Antonio Gramsci

>>

Cargando...

10/6/12

La primavera encara el invierno

Mike Davis

En las grandes convulsiones, las analogías vuelan como metralla. Las electrizantes protestas de 2011 –la aún activa primavera árabe, el «cálido» verano ibérico y heleno, el «ocupado» otoño en Estados Unidos– han sido comparadas inevitablemente con los anni mirabiles de 1848, 1905, 1968 y 1989. Ciertamente, algunas cosas fundamentales siguen siendo aplicables y los patrones clásicos se repiten. Los tiranos tiemblan, las cadenas se rompen y los palacios son asaltados. Las calles se convierten en laboratorios mágicos en los que se crean ciudadanos y camaradas, y las ideas radicales adquieren un repentino poder telúrico. Iskra se convierte en Facebook. ¿Más persistirá este nuevo cometa de protesta en el cielo invernal, o es solo una breve y deslumbrante lluvia de meteoritos? Como nos advierte el destino de anteriores journées révolutionnaires, la primavera es la más corta de las estaciones, en especial cuando los communards luchan en nombre de un «mundo diferente» del que no tienen un verdadero proyecto, ni siquiera una imagen idealizada.

Pero quizá eso venga después. Por el momento, la supervivencia de los nuevos movimientos sociales –los ocupas, los indignados, los pequeños partidos anticapitalistas en Europa y la nueva izquierda árabe– exige que hundan sus raíces en la resistencia masiva a la catástrofe económica planetaria, lo que a su vez presupone –seamos sinceros– que el actual talante de «horizontalidad» pueda finalmente acomodar suficiente «verticalidad» como para debatir y aplicar estrategias de organización. Hay un camino aterradoramente largo solamente para llegar a los puntos de partida de anteriores intentos de construir un mundo nuevo. Pero al menos una nueva generación ha iniciado con valentía el camino.