30/6/12

La escritura carcelaria ha dado lugar a un psicodrama cifrado: Antonio Gramsci & Aldo Moro

Sergio Luzzatto

Omar Montilla / Especial para Gramscimanía
En el siglo XIX, en Italia, y por lo menos en dos ocasiones, los escritos carcelarios se han convertido, más que en una correspondencia del prisionero con su familia, variadamente integrada, de anotaciones, crónicas y reflexiones políticas. Por lo menos en dos ocasiones, la escritura carcelaria ha dado lugar a un psicodrama cifrado, donde la puesta en juego no era solamente la salvación física del prisionero: era también la naturaleza de su legado civil. Así sucedió también durante la primavera de 1978, en el caso de Aldo Moro, secuestrado por las Brigadas Rojas; y así sucedió también entre el final de los años 20 y el inicio de los 30, en el caso de Antonio Gramsci, detenido  por el régimen fascista. En una edición de las cartas de Aldo Moro (Einaudi), Miguel Gotor ha demostrado cuánto las cartas de una cárcel puedan hablar –a pesar de la evidencia de una censura, y por lo tanto la necesidad de una autocensura- si se lee con un máximo de escrupulosidad filológica y de sensibilidad historiográfica. La escrupulosidad filológica ha servido a Gotor para descifrar encriptaciones de Aldo Moro, los mensajes ocultos del presidente de la Democracia Cristiana en el interior de sus cartas de la “cárcel de pueblo”.

La sensibilidad historiográfica ha servido a Gotor, bien para reconstruir la influencia de las cartas por parte de las Brigadas Rojas (su decisión de hacer públicas algunas y otras no), bien para demostrar la dependencia de los destinatarios (fueren familiares o políticos) de la estrategia comunicativa de quien poseía los originales. Ahora, un gran experto en estudios gramscianos –Franco Lo Piparo- ha llevado a cabo un ejercicio de análisis filológico e interpretación historiográfica de las cartas escritas en la cárcel del fundador del Partido Comunista de Italia. Y a pesar de toda la distancia que separa claramente las dos situaciones, la prisión de Gramsci y la de Aldo Moro, se dio cuenta que tenía que afrontar los mismos problemas que con maestría tuvo que vencer Gotor.

Los resultados del trabajo de Lo Piparo son resumidos en el título y en el subtítulo de un libro ligero en sus dimensiones, pero muy pesado las implicaciones: Las dos cárceles de Gramsci. La prisión fascista y ekl laberinto comunista. En sustancia, Lo Piparo decodifica en las cartas de la cárcel de Antonio Gramsci –particularmente las dirigidas a la cuñada, Tatiana Schucht, entre los últimos meses de 1932 y los primeros meses de 1933- nada menos que una abjuración del comunismo. Y Lo Piparo sostiene frente a esta abjuración, los dirigentes en el exilio del Partido Comunista de Italia, con Palmiro Togliatti a la cabeza, ejercieron sobre los escritos carcelarios de Gramsci, una forma de censura mucho más severa que la practicada por el régimen mussoliniano.

¿El comunismo fue “otra cárcel” para Gramsci? Formulada en estos términos, la tesis de Lo Piparo es demasiado fuerte para ser persuasiva. Del resto, el autor reconoce como grave, que las lagunas en el patrimonio documentario no permitan determinar con exactitud las modalidades de apropiación de las cartas de Gramsci por parte de sus destinatarios directos o indirectos.  No sabemos que pudo Tatiana volver a copiar o que omitiera en las transcripciones de las cartas que ella envió a Piero Sraffa, el economista italiano emigrado a Inglaterra (Cambridge), que garantizaba las conexiones con Moscú. En cuanto a la hipótesis de Lo Piparo, según la cual Palmiro Togliatti en persona habría aprovechado para hacer desaparecer uno de los treinta cuadernos escritos por Gramsci en la cárcel, es una teoría que el más reputado especialista en los Cuadernos, Gianni Francioni, declara hoy que “carece de todo fundamento”. Excluyendo cualquier hipótesis formulada al azar, y de algún resbalón lindante en la paradoja, el libro de Lo Piparo contiene ideas muy interesantes. Particularmente, ofrece una lectura fulgurante de la carta escrita por Gramsci a Tatiana el 27 de febrero de 1933: carta que Tatiana calificó - refiriéndose ahora a Sraffa - como "una obra maestra de la lengua esópica" (1), por lo que no es casual que Togliatti tuvo cuidado de excluir, en 1947, de la primera edición de las Cartas de la Cárcel. Al colocar la carta del 27 de febrero en el contexto específico del espacio-tiempo (Gramsci, la dirigió a la cuñada que se había reunido el día anterior en la sala de la cárcel de Turi, y que se preparaba para volver a ver en los días sucesivos: en pocas palabras, la escribió a la cuñada para que la suegra de Togliatti entendiera…) y descifrando el texto de la carta, línea por línea, palabra por palabra, Lo Piparo alumbra con una nueva luz el esfuerzo de Gramsci por salir, si no de la cárcel fascista, por lo menos del laberinto comunista.

Después de haber seguido la demostración semántica de Lo Piparo, será difícil para cualquiera volver a leer con (¿falso?) candor las líneas de la carta en la cual Gramsci evocaba “la jugada decisiva” de su vida, la “decisión”, ya “tomada” de remediar la equivocación que había orientado su entera existencia, y que Lo Piparo interpreta como la opción por el comunismo: “Algunas veces he pensado que toda mi vida haya sido (para mí) un gran error, una acción descabellada”. Por otra parte, el descifrado de Lo Piparo sugiere como, cuando Gramsci hablaba de la esposa Julca, el se refería sobretodo –en cifrado-  al universo comunista. De modo que su separación de Julca sería entendida como una separación del Partido: como un remedio traumático, igualmente privado y público, íntimo y político, al “error” que le había cambiado la vida.

Una vez aplicada la lectura codificada de Lo Piparo a la carta “esópica” del 27 de febrero de 1933, así como a otras del mismo período, se puede conferir una nueva importancia, incluso la coincidencia cronológica con la cual Gramsci comenzó, en aquellos tiempos, a volver a ocuparse de lo escritos que pasarían a la historia –después de su muerte– como los Cuadernos de la Cárcel: así que empezó una verdadera reescritura, lo que correspondía a la voluntad del prisionero de Mussolini de tomar definitivamente distancia de la ideología de Lenin. Queriendo, se podría encontrar aquí un posterior elemento de parangón entre la escritura carcelaria de Antonio Gramsci y la escritura carcelaria de Aldo Moro. Durante los 55 días en los cuales fue encerrado en la “cárcel del pueblo” Aldo Moro imprimió a sus cartas el sentimiento lacerante  de ser condenado por sus compañeros de la Democracia Cristiana, puestos del lado de la “línea de la firmeza”, y además el dramático anuncio de que él abandonaba para siempre al Partido; mientras confió a un texto, igualmente largo y articulado –el llamado “Memorial- una reelaboración de la propia experiencia de líder político respeto a la dinámica general de la historia republicana. Por su parte, entre 1932 y 1933 Gramsci consigno a un legajo de cartas el sentimiento lacerante de ser condenado por sus camaradas del Partido que estaban en el exilio, en Moscú, y además la dramática criptografía de una abjuración; mientras Gramsci se dedicó a reescribir extensamente en los “Cuadernos” la transmisión de un testamento político que no se agota en la ideología comunista, que hiciese de su pensamiento un patrimonio para toda la democracia italiana..

Nota del traductor
1 Se refiere a Esopo, fabulista griego del siglo VI ac.