29/6/12

Crisis orgánica y revolución pasiva / Americanismo y corporativismo

Antonio Gramsci  Renzo Galeotto
Donatella Di Benedetto

“[...] la cosa es si el desarrollo deba tener como su punto de partida lo íntimo del mundo industrial y productivo o si pueda producirse desde el exterior, por la construcción cautelosa y masiva de una armadura jurídica formal que guíe desde el exterior los desarrollos necesarios del aparato productivo”: Antonio Gramsci, Cuaderno 22

El interés gramsciano para el americanismo se confirma en los Cuadernos ya desde el programa de trabajo (con el cual inicia con fecha de 8 de febrero de 1929) el primer Cuaderno (1). Esta dirección se confirma claramente en la carta a la cuñada Tatiana Schucht del 25 de marzo de 1929: “Decidí ocuparme principalmente y tomar notas sobre éstos temas: 1º La historia italiana del siglo XIX con especial atención a la formación y desarrollo de los grupos intelectuales; 2º La teoría de la historia y de la historiografía; 3º El americanismo y el fordismo (2).

Un examen rápido del programa de trabajo iniciado el 8 de febrero y de la carta a Tatiana ilustra el hecho que el tema del americanismo primero aparece como parte de un proyecto de la historia de los intelectuales italianos, y sucesivamente, en el programa formulado al principio del Cuaderno 8, el tema del americanismo (3) asume un carácter ulterior que lo convierte, respecto a la reflexión sobre los intelectuales italianos, en el término dialéctico-dialógico de comparación constante y de análisis diferencial, en un intento por asir nexos, analogías y diferencias entre la realidad italiana y la internacional en sus partes más avanzadas mientras la misma noción de intelectual se somete a medida que se escriben las notas a una progresiva extensión de su significado (4).

En realidad la reflexión gramsciana sobre el americanismo parece surgir en la cárcel por diversos estímulos provenientes hasta de direcciones opuestas. Una huella del interés para este tema se ve en el debate político que se lleva en la cárcel de Turi en los años treintas. Athos Lisa en sus Memorias dice que el tema viene de las sorprendentes interpretaciones del ex diputado comunista Ezio Riboldi que “después de haber leído algunos libros de Ford llegaba a la conclusión de que el fordismo era igual al socialismo” (5). Nada más lejos de la interpretación gramsciana de los procesos de racionalización americanos, los cuales interesan a Gramsci desde los tiempos del Ordine Nuovo, orientándose desde entonces“sobre la distinción y posible escisión entre el elemento que considera objetivamente racional e inmanente en los nuevos sistema de fábrica y su aplicación irracional ligada a los intereses de la clase dominante” (6).

Desde este punto de vista, la meditación de la cárcel sobre el tema es una continuación de la del bienio rojo 1919-1920, que se profundiza y se vuelve más refinada (7) conceptualmente con base en los cambios de la situación objetiva además del cambio en el punto de observación subjetivo del autor de los Cuadernos. La reflexión sobre el americanismo (la respuesta capitalista más avanzada a la crisis) con el viraje de 1929-1930 y en una situación de reflujo del movimiento revolucionario después de la revolución bolchevique, adquiere un doble significado: representa “un marco teórico para la búsqueda de las premisas materiales de la revolución” (8) y al mismo tiempo constituye un significativo centro de la lucha ideológica y cultural (9) en curso que toca el tema del estado burgués como la afirmación y consolidación del fascismo hacían urgente a analizar (10).

De hecho, después de la crisis de 1929 una corriente de la ideología fascista desarrolla, basada en la crítica de la economía liberal, la hipótesis de una racionalización-reorganización del aparato productivo, una forma italiana de “americanismo” por medio del “corporativismo” (11) que sea una especie de unión entre el gobierno de las masas y el gobierno de la producción (12), una respuesta a la “crisis orgánica” del Estado. Gramsci tiene una idea más bien clara de las posiciones de los corporativistas y sigue con gran interés la dura polémica entre éstos y los liberales suscitada por la publicación del libro de Ugo Spirito, Crítica de la economía liberal y por la aparición de numerosos artículos en la revista Nuori studi di diritto, economia e politica dirigida por el mismo Spiritoy por Arnaldo Volpicelli (13). Gramsci escribe al respecto:

Lo que es cómico es la pretensión de Spirito para que los economistas le construyan una ciencia económica según su punto de vista. Pero en la polémica de Spirito no toda es para tirar: hay algunas exigencias reales ahogadas en palabras faragosas El episodio hay que tomarlo en cuenta como un momento de la lucha cultural-política (Q 6 & 82).

Lo que subraya Gramsci descomponiendo dialécticamente la posición del adversario sin rechazarlo con prejuicio, es la presencia de tendencias opuestas y también “progresistas” en el ámbito del bloque social dominante (14):
En la exposición se debe a partir precisamente de la concepción del Estado precisamente de Spirito y del idealismo gentiliano que está lejos de ser del mismo “Estado”, o sea de las clases dominantes y del personal político más activo, es decir no es para nada, todo lo contrario, elemento de una política cultural de gobierno (Q 6 & 82).
En este contexto hay una contradicción insalvable. De una parte la toma de conciencia de parte de las clases en el poder de fenómenos irreversibles que actúan en la estructura de la sociedad civil, determinadas por la imposibilidad de contener en una dimensión privada la organización de las fuerzas productivas -la guerra es la primera señal de la mutación morfológica en curso- (15) de otra parte la determinación de estas mismas clases de dar una respuesta a la altura de la crisis listas a “dar algo para no perder todo” (16). De ahí la voluntad de introducir por la organización corporativa elementos de socialización en la estructura económica que destruyan la dimensión social implícita en la existencia del “conjunto” (17). No se deben subestimar, sin embargo, los elementos de modernización del experimento corporativo:
Lo que me parece interesante es la concepción de la corporación como un bloque industrial-productivo autónomo destinado a resolver en sentido moderno y sobre todo capitalista el problema de un ulterior desarrollo del aparato económico italiano contra los elementos semi-feudales y parasitarios de la sociedad que quitan una parte demasiado grande del plusvalor contra los llamados “productores de ahorro” (Q22 & 6).
Gramsci identifica bien la naturaleza comprometedora de la solución corporativa, su carácter de “policía económica-obligada a mediar entre la exigencia de modernización de la economía expresada por la corporación” (18) como bloque industrial productivo autónomo y las resistencias y el peso de los componentes parasitarios de la sociedad presentes en la composición social y en la estructura económica italiana.

Pero junto a este elemento interior, a un proceso político muy amplio y complejo de tipo reaccionario, él ve en la política económica fascista también un componente dinámico representado contradictoriamente por las tendencias corporativas que presuponen un conflicto con las características históricas del bloque social dominante promoviendo por las intervenciones del Estado, cada vez más frecuentes, la reorganización industrial y la modernización de la economía. Como bien lo probó Franco de Felice la riqueza analítica de la reflexión gramsciana está en asir la 
“doble cara del fenómeno corporativo” y en ver la relación estrecha entre las dos cuestiones, que si bien operan al mismo tiempo en la realidad histórica concreta, identifican fenómenos distintos. El primero es la relación entre corporativismo y capitalismo organizado, el segundo es la forma históricamente determinada (específica, nacional) de esta organización del capitalismo sobre la que inciden una serie de elementos como la escasa homogeneidad de la clase dirigente, la necesidad de su recomposición” (19).
Según Gramsci mismo, 
“La revolución pasiva se verificaría en el hecho de transformación de la estructura económica de modo reformista, de individualista a planificada (economía dirigida) y el surgir de una “economía media” “entre la individualista pura y la planificada en sentido integral, que permitiría el paso a formas políticas y culturales más progresistas sin cataclismos radicales y demasiado destructivos” (Q8 &236).
El corporativismo puede ser entonces la transición a una “economía media”, que sustituya al viejo mecanismo autorregulado por el mercado y la libre competencia con “elementos de plan” con instrumentos de control del ciclo y de las contradicciones. En este contexto las capas productoras de ahorro pueden continuar existiendo como tales y jugar su papel, pero en el interior de una modificación sustancial de su relación con la acumulación y el proceso productivo, que ahora es mediado por el Estado; el proceso de la crisis de hecho lleva a la masa de ahorradores a deshacerse de las acciones y a orientarse hacia títulos de Estado. El Estado llega así a asumir una función esencial en el sistema capitalista, deviene en una empresa que concentra el ahorro para ponerlo a disposición de la actividad privada, o sea es “inversionista de medio y largo plazo” “Pero una vez asumida esta función por necesidades económicas imprescindibles, ¿puede el Estado desinteresarse de la organización de la producción y del cambio? El Estado llega así necesariamente a intervenir para controlar si las inversiones sucedidas por medio de él están bien administradas” (Q22 &14).

Por estas referencias está claro el papel determinante confiado a la dimensión política y al Estado en los procesos de “revolución pasiva”: por esta primacía lo político está obligado a volverse instrumento de control autoritario sobre la producción al momento de la difusión universal de la autonomía de las fuerzas productivas:

Habría una revolución pasiva en el hecho de que por intervención legislativa del Estado y a través de la organización corporativa, en la estructura económica del país se introdujeran modificaciones más o menos profundas para acentuar el elemento “plan de producción”, es decir, se acentuaría la socialización y cooperación de la producción sin tocar por ello o sólo regulando y controlando, la apropiación de la ganancia individual y de grupo. En el contexto concreto de las relaciones sociales italianas esta podría ser la única solución para desarrollar las fuerzas productivas de la industria bajo la dirección de las clases dirigentes tradicionales en competencia con las más avanzadas formaciones industriales de los países que monopolizan las materias primas y han acumulado capitales imponentes (Q 10&9).

La interpretación de la crisis en términos de “revolución pasiva” hace ver sobre todo un elemento anticatastrofista, por demás constante en el análisis gramsciano de la crisis contemporánea, contra la interpretación determinista y catastrófica del desarrollo capitalista, dominante con la excepción de la reflexión leninista, tanto a la derecha como a la izquierda del movimiento comunista internacional (20). Gramsci descubre un dato esencial de la historia del siglo XX como es el hecho de que la crisis no tiene en sí una tendencia hacia la aceleración del fin del sistema productivo y político. No hay una crisis mecánicamente determinada por la dimensión económica. Esto pone en evidencia el hecho de que la crisis puede ser de alguna manera “gobernada” en ausencia de otros elementos activos La “revolución pasiva” implica por lo tanto la capacidad de las clases dominantes, frente a la explosión de la contradicciones sociales y políticas, de gobernar, integrar destruyendo las contradicciones fundamentales evitando que devengan protagónicas en la crisis “masa” o “conjunto. Sin embargo Gramsci advierte:
Siempre hay una vía de salida: la dirección corporativa nacida de una situación tan delicada donde se debe mantener el equilibrio esencial a toda costa para evitar una catástrofe podría proceder a etapas muy lentas, casi insensibles, que modifiquen la estructura social sin sacudidas repentinas; también el niño mejor y más sólidamente amarrado se desarrolla de todos modos y crece (Q22 & 6).
Entonces aun si subraya todas las formas de resistencia inherentes en el proceso de desarrollo de la realidad localizadas en los nexos y contradicciones múltiples que la constituyen, lo que Gramsci hace es insistir en el hecho de que“un intento progresista se inició” (21) y es de ahí precisamente donde nacen formas de resistencia de una u otra fuerza social: las fuerzas subalternas “que deberían ser manipuladas y racionalizadas según los nuevos fines, resisten por necesidad pero resisten también algunos sectores de las fuerzas dominantes o al menos aliadas de las fuerzas dominantes” (22). El desplazamiento del análisis sobre el terreno de las resistencias aun si marginales y no muy progresistas pone en evidencia la amplitud de la perspectiva de investigación gramsciana abierta a la verificación puntual y filológica de las situaciones concretas y a una búsqueda más general de las dimensiones de largo plazo desplegadas en el espacio y el tiempo de la “doble perspectiva” (23). Entre las resistencias están los fenómenos simultáneos del corporativismo fascista y del americanismo ambos parte de la categoría gramsciana de revolución pasiva como expresión del auge de hegemonía burgesa sobre la clase obrera en una sociedad capitalista consolidada. Y sin embargo, la categoría de revolución pasiva es sometida en el ritmo del pensamiento en desarrollo de las notas, a una notable tensión interpretativa: si en la nota del Q 8 Gramsci (24) interpreta como revolución pasiva la transformación reformista de la estructura económica y luego en el contexto del Q 1025 ella viene presentada como la hipótesis ideológica subyacente al programa político liberal conservador de Croce, en el Q 15 al fin la convierte en canon de interpretación histórico-política de “toda época del conjunto de subversiones históricas” llamando la atención sobre el peligro de“derrotismo histórico” y de indiferencia, a los cuales induce la revolución pasiva como programa adoptado por las clases dominantes. El carácter dialéctico de esta concepción va más allá: 
“presupone y postula como necesaria una antítesis fuerte que ponga sobre el terreno todas sus posibilidades de explicación de modo intransigente” (26). En el fondo está la convicción alimentada “por la manera como aprendió usar el marxismo en el análisis y en la previsión política la realidad como un todo, un sistema de correspondencias tangibles sobre la base de la ‘técnica’ de la traducción recíproca de los lenguajes” (27).
En este complejo sistema de interdependencias es el fenómeno americano terreno de las innovaciones productivas, el horizonte de referencia al cual miran Italia y Europa para elaborar una subjetividad que discipline al industrialismo y pueda superarlo (28). El problema no es si en América se está delineando una nueva cultura que se difundirá en Europa sino más bien si América con el peso implacable de su producción económica, o sea indirectamente, obligará o está obligando a Europa a una revolución de su eje económico-social demasiado anticuado que de todos modos habría sucedido pero con un ritmo lento y que se presenta inmediatamente como contragolpe de la “prepotencia” americana, es decir, si se está verificando una transformación de las bases materiales de la civilización europea (29).

El americanismo y el fordismo nacidos por la exigencia de “alcanzar la organización de una economía programada” (30) y por lo tanto por la “necesidad” de introducir sistemas de control en el interior del proceso productivo, (tales son las innovaciones “técnicas” estudiadas y preparadas por el taylorismo-fordismo y que se dirigen a una descomposición, a una fragmentación del trabajo y de la subjetividad obrera como subraya Gramsci) (31) podrían ser (el americanismo y el fordismo) la palanca de tal revolución, el impulso hacia un “proceso, una transformación molecular de las formas de vida que atañe tanto a la estructura social como a los mundos privados” (32).

Puesta la pregunta de “si el tipo de industria y organización del trabajo y de la producción propios de Ford es ‘racional’, o sea, si puede y debe ser generalizada o si al contrario se trata de un fenómeno morboso que hay que combatir con la fuerza sindical y la legislación”, la respuesta de Gramsci es: parece que se puede decir que el método de Ford es ‘racional’, es decir, se debe de generalizar pero para ello es necesario un proceso largo donde suceda un cambio de las condiciones sociales y un cambio de las costumbres y de los hábitos individuales cosa que no puede suceder con la sola ‘coerción’ sino sólo con la coacción (autodisciplina) junto a la persuasión, y también bajo la forma de los altos salarios o sea de la posibilidad de un mejor estilo de vida o quizás, más exactamente de la posibilidad de realizar un estilo de vida adecuado a los nuevos modos de producción y trabajo (33).

Pero la “racionalidad” del modelo americano, su tendencia a la universalidad, no se limita a este aspecto; también se plantea como intento de racionalizar las relaciones sociales, de cambiar a los hombres, partiendo de una transformación de la esfera de la producción hacía la sociedad con transformaciones no sólo del interior de la fábrica fordizada sino un cambio antropológico de los sujetos históricos vistos en su constitución ético – política y no sólo en su naturaleza económico-corporativa (34). Una transformación que atañe en sus consecuencias y sus reflejos al papel del Estado. Lo que acentúa Gramsci es sobre todo “la dimensión objetiva del fenómeno americano, que es también el mayor esfuerzo colectivo verificado hasta ahora para crear con rapidez inaudita y con una conciencia del fin jamás vista en la historia, un tipo nuevo de trabajador y de hombre” (35). Con el término objetivo él tiende a subrayar el valor esencialmente político o sea “universal en la esfera de la política, en el arte de conservar y acrecentar la potencia del Estado” (36). Por ser válido objetivamente es universal y general.

El industrialismo puede ser entonces el principal elemento en el proceso de construcción de una nueva racionalidad de masa (37), puede representar un elemento de cambio horizontal a nivel general de la base de la civilización, la base de un “nuevo conformismo” (38) social, la superación del “viejo conformismo” el cual se basaba esencialmente en el “hombre representativo”, existía por lo tanto bajo la forma de la “dirección carismática” que ligaba “una multitud de personas dominadas por los intereses inmediatos o bajo la pasión suscitada por las impresiones del momento”, unificada “en la decisión colectiva pero que corresponde a los más bajos instintos bestiales” (39).

El “nuevo conformismo” se forma al contrario desde abajo:

La estandarización del modo de pensar y obrara asume extensiones nacionales y hasta continentales. La base económica del hombre colectivo: las grandes fábricas, la taylorización, racionalización, etc. (Q 7&12).

Es evidente aquí la peculiaridad de la línea de investigación gramsciana sobre el tema del industrialismo; más allá del marxismo teórico de la II Internacional de las llamadas “filosofías de la crisis” hay en él un rechazo neto de toda reacción romántica a los procesos de ruptura del sujeto que caracterizan a las sociedades industriales, lamentados por la gran parte de la intelectualidad europea en el siglo XX. Es la creciente complejidad de la vida asociada lo que exige a los hombres alejarse siempre más de instintos supuestamente naturales para adquirir hábitos de vida siempre más racionales, o sea siempre más regulados (40). Pero lo que hay que enfatizar más es que el “nuevo conformismo” es visto por Gramsci a través de una “lucha de hegemonías“: “Sobre el ‘conformismo social’ la cuestión no es nueva [...] el conformismo siempre ha existido, se trata hoy de la lucha entre ‘dos conformismos’ o sea de una lucha de hegemonía, de una crisis de la sociedad civil” (Q. 7 & 12).

Tal crisis surge de impulsos profundos de orden histórico, de carácter en úlitmo análisis “progresista’: es dominada y determinada por el irrumpir de una subjetividad más amplia que rompe los confines de la vieja hegemonía estrecha (41). “¿Cuál es el punto de referencia del nuevo mundo en gestación?”. La respuesta es inequívoca: “El mundo de la producción, el trabajo” (42).

Para Gramsci el punto de referencia es el nuevo orden interior del mundo de la producción y del trabajo; es la subjetividad que produce el elemento de mediación entre el individuo y la masa, que tiende a crear a partir del trabajo la dimensión del “hombre colectivo” . Pero tal subjetividad no debe considerarse como una consecuencia del desarrollo capitalista. 
“El desarrollo antinómico de la gran industria pone las premisas de la recomposición del sujeto obrero[...] pero el reconocimiento de tales premisas constituye un paso ineludible para la construcción del antagonismo. Se necesita a este fin un verdadero y propio cambio de la identidad” (43) ¿Puede así el americanismo representar el punto esencial de paso de época de la civilización moderna a la civilización contemporánea? En el análisis de la relación América-Europa que es central en los Cuadernos, Gramsci pone énfasis, desde el punto de vista de la racionalización, en el hecho que América presenta, respecto de Europa, un ambiente racionalizado“naturalmente”, “una composición demográfica racional” (44). 
La simplificación social no está simplemente ligada a la ausencia de capas sociales no productivas, sino al hecho de que todas las funciones sociales llevan a la producción; en conexión con este fenómeno, por así decir económico-estructural, hay uno de racionalización de conjunto que toca a las superestructuras; o sea las funciones de organización de cemento social son extremadamente reducidas: la función dirigente, la hegemonía de las clases dominantes, no necesita más que un número restringido de funcionarios de las superestructuras, desde el momento en que las funciones de consenso expresadas por las clases subalternas se ejercen directamente a partir de la fábrica. Donde predomina una estratificación social muy compleja, como en el caso europeo, las bases sociales del industrialismo son bastante más limitadas y su existencia debe ser mediada por complejos aparatos hegemónicos del Estado-nación, el cual responde a las necesidades de uniformidad propias del industrialismo en la medida en que se convierte en elemento de unificación ético-cultural de todo “el género humano” y no sólo de una casta estrecha (45). El americanismo entonces representa un nivel de desarrollo avanzado que postula “la victoria del contrato y la declinación minoritaria de las relaciones sociales fundadas sobre el status” (46) poniendo así las premisas para alcanzar con medios propios como “sociedad civil” al régimen de la concentración industrial (47). Desde este punto de vista representa el más gigantesco “esfuerzo de racionalización y conformismo social sin la mediación estatal nacional y por tanto no sólo capaz de afirmarse con una expansión y profundidad inaudita sino de representar la base real, el terreno de conflicto más avanzado para la superación de la forma de dominio estatal” (48). Pero tenemos otra importante cita que plantea sobre nuevas bases la relación entre América y Europa:

En América la racionalización produjo la necesidad de crear un nuevo tipo humano conforme al nuevo tipo de trabajo y proceso productivo: esta elaboración está todavía en su fase inicial y por ello aparentemente idílica. Es la fase de la adaptación todavía psico-física a la nueva estructura industrial perseguida por los altos salarios; no se verifica todavía, antes de la crisis de 1929, si no esporádicamente, quizás con algún florecimiento “superestructural”, o sea, no ha sido planteada todavía la cuestión fundamental de la hegemonía (Q 22& 2).

En América se está construyendo un nuevo tipo de hombre a partir de la fábrica racionalizada que no está ligado al oficio, se forma sobre un nuevo nexo psicofísico, un tipo de hombre cuyas facultades se determinan en un proceso de carácter colectivo. Lo que Gramsci acentúa es el hecho de que también en el caso americano no se presenta una superación efectiva de las relaciones de fuerza precedentes: lo que pasa es que en América se lleva a cabo más bien un intento de “reforma”, de “revolución pasiva”. En el ámbito de la subjetividad y de la conciencia la presencia del “trabajador colectivo” se registra como mero resultado pasivo del proceso de desarrollo capitalista. Desde el momento en que las masas racionalizadas, las que encarnan el nuevo tipo de hombre en sus formas organizativas de la conciencia, están en una fase “económico-corporativa”, “no sucedió florecimiento superestructural alguno o sea no fue planteada todavía la cuestión fundamental de la hegemonía” (49). Por lo tanto, los niveles de generalización de la política conocidos en Europa por la revolución burguesa, de su inmersión en las masas no asumen todavía la forma de difusión institucional de los aparatos hegemónicos en el conjunto de la sociedad civil. Dicho más claramente, “América no tiene todavía una concepción del mundo y un grupo de grandes intelectuales que dirijan el pueblo en el ámbito de la sociedad civil: en este sentido es verdad que América está bajo la influencia de Europa, de la historia europea” (Q 6 &10).

Lo que Gramsci quiere subrayar en la relación América- Europa no es la simple proyección lineal de la primera respecto a la segunda. La comparación es para subrayar el enfoque común en las formas peculiares a la historia de los dos lados, a una misma situación de estancamiento, de tipo económico-corporativo que de formas diversas implica la dimensión de la política. El límite del desarrollo en América así como en Europa está representado por las modalidades de construcción de las formas de la subjetividad. Lo que ve con extrema lucidez Gramsci es un fenómeno que lejos de encontrar conclusión hoy en día, atravesó todo el siglo y estuvo en el origen de la primera Guerra Mundial: la crisis y el debilitamiento del Estado-nación (50) su incapacidad de dar una respuesta para la recomposición de la política en el interior de lo estatal, de dar forma ético-política a las pasiones” (51) la cuestión es la de los intelectuales en su relación de constitución con la política y con el conjunto social (52), relación que Gramsci ejemplifica por una parte en la crítica de Croce como intelectual “tradicional” (53) y por la otra recordando la experiencia de Turín de los Consejos de fábrica y la investigación iniciada por el Ordine Nuovo en el contexto del “nuevo intelectualismo” (54), colocado en el fondo de los Cuadernos como el punto más alto en la lucha por la hegemonía y como crítica del americanismo (55). Puesto que en las condiciones del industrialismo moderno la “voluntad colectiva” se forma “desde abajo hacia lo alto”, “sobre la base de la posición que la colectividad ocupa en el mundo de la producción” (56), el trabajador colectivo puede alcanzar la conciencia de la historicidad del mundo en el que vive y de la propia subjetividad integral como forma de “autoconciencia” (57), por la constitución de intelectuales propios (58). Entendida así, la política puede recuperar su vocación, su significado radical: su ligazón con la vida, con las formas que producen la historia. Pero todo ello no se hace mecánicamente sino puede ser solamente “un devenir histórico que tiene su fase elemental y primitiva en el sentido de la ‘distinción’, de ‘separación’, de independencia y progresa hasta la posesión real y completa de una concepción del mundo coherente y unitaria” (59). De ahí una cuestión fundamental: la elaboración “original” de una “filosofía de la praxis” como horizonte y programa de una visión hegemónica.

En las condiciones del mundo moderno donde la lucha por la hegemonía se conquista sobre la base de la capacidad de “dirigir orgánicamente toda una masa económicamente activa” y “dirigirla no según viejos esquemas sino innovando”, la actividad teórica es fundamental: No puede haber elaboración de dirigentes donde falta la actividad teórica, doctrinaria de los partidos, donde no se investigan y estudian sistemáticamente las razones de ser y de desarrollo de la clases representadas. De ahí la escasez de hombre de Estado, de gobierno, la miseria de la vida parlamentaria, la facilidad en disgregar a los partidos con la corrupción, con la absorción de los pocos elementos indispensables. Por lo tanto, miseria de la vida cultura y angustia mezquina de la alta cultura: en el lugar de la historia política la erudición simple, en el lugar de la religión la superstición, en el lugar de los libros y de las grandes revistas, el periódico cotidiano y el panfleto. El día a día con sus nimiedades y sus choques personales en el lugar de la política seria (Q 3 ) (60).

Notas

(1) Para la cronología de los Cuadernos de la cárcel más allá de las indicaciones de la edición crítica a cargo de V.Gerratana, del Instituto Gramsci, Turin, Einaudi, 1975, Q tuve presentes a G. Francioni, L’officina gramsciana. Ipotesi sulla struttura dei Quaderni del carcere, Bibliopolis, 1984; del mismo autor, Il ritmo del pensiero in isviluppo: per una lettura diacronica dei Quaderni del carcere, Atti del convegno di studi gramsciani, Pavia, 17 ott. 1991; “Proposte per una nuova edizione dei quaderni del carcere’ en Bollettino I. G. Informazioni, Trimestrale, a cargo del Instituto Gramsci de Roma, núm. 2, 1992, pp. 85-183.
(2) En el programa de febrero de 1929 el tema del americanismo aparece en undécimo lugar en la lista de “Temas principales” hecha de 16 puntos. El programa del Cuaderno 8 está estructurado en “Ensayos principales” (21 puntos) y “Apéndices” donde está como único tema “Americanismo y fordismo” al que deberían de seguir otros. De hecho, en el manuscrito gramsciano el resto de la página (1 bis) no fue utilizado ni las dos páginas sucesivas.
(3) Cfr. La carta de Gramsci a la cuñada Tatiana del 7.9.1931 en A.Gramsci, Lettere del carcere, op. cit. pp. 458-459. En realidad, ya en “Algunos temas de la cuestión meridional”, Gramsci había puesto en evidencia las modificaciones irreversibles introducidas por el desarrollo del capitalismo sobre la estructura de los intelectuales. En los Cuadernos el tema surge en una nota del Q 1 en el contexto de una evaluación más de conjunto del corporativismo entendido como forma nacional de una capitalismo organizado a escala mundial: “En el Norte[...]la relación entre la masa obrera y el Estado era dada por las organizaciones sindicales y los partidos políticos, o sea, por una capa intelectual completamente nueva (el actual corporativismo con su difusión a escala nacional de este tipo social de modo más sistemático y consecuente que pudo hacer el viejo sindicalismo es en un cierto sentido un instrumento de unidad moral y política)” (Q1, & 43).
(4) A. Lisa, Memorie, Dall’ ergastolo di Santo Stefano alla casa penale di Turi di Bari, pref. de U. Terracini, Feltrinelle, Milan,197, p. 100. sobre esto cfr:C. Buci-Glucksmann, Gramsci e lo stato, Roma, E. R., 1976 (hay edición en esp. Siglo XXI).
(5) A. Burgio, “Valorizzazione della fabbrica” e americanismo ponencia para el Congreso organizativo del partido dela Refundación Comunista, Turin dic. de 1997, que me envió gentilmente el autor. Cfr. A.V.Gramsci e la rivoluzione in occidene, a cargo de A. Burgio y A. Santucci, E. R., Forma, 1999, pp. 166-186.
(6) El punto sobre el que trató a su tiempo M. L.Salvadori Gramsci eil problema storico della democrazia, Einaudi, 1977.
(7) Burgio, op.cit.
(8) Para ello, como observó agudamente Michela Nacci, Gramsci, relevando las “opiniones críticas sobre la civilización americana de tantos intelectuales pequeños y grandes de nuestro país” tiene el mérito de mostrar “una posible inteligencia europea de aquellos años” (L’ antiamericanismo in Italia negli anni ’30 Torino, Bollati-Boringhieri, 1989, p. 15). Por lo que se refiere a la discusión sobre americanismo/antiamericanismo en los ambientes político-culturales bajo el fascismo, Gramsci muestra el hecho de que “no se trató de aplicar al americanismo la formulita de Gentile sobre la ‘filosofía que no se enuncia en fórmulas sino que se afirma en la acción’; esto es significativo e instructivo porque si la fórmula tiene un valor es precisamente el americanismo el que puede reivindicarlo. Al contrario, cuando se habla del americanismo se encuentra que éste es mecánico, rudo, brutal o sea, ‘pura acción’ y se le contrapone la tradición etc. Pero esta tradición ¿por qué no es asumida también como base filosófica como la filosofía enunciada en fórmulas de aquellos movimientos para los, cuales al contrario, la ‘filosofía se afirma en la acción’? Esta contradicción explica muchas cosas: la diferencia por ejemplo entre la acción real, que modifica esencialmente al hombre y la realidad externa (o sea, la cultura real), y el americanismo y el gladiatorismo grotesco que se autoproclama acción y modifica sólo el vocabulario, no las cosas, el gesto exterior, no al hombre interior. La primera crea un futuro que es intrínseco a su realidad objetiva y de la cual se prefiere callar. El segundo crea sólo fantoches, tallados sobre una figurita retóricamente fijada y que caerán en la nada no apenas se quitan los hilos exteriores que les dan la apariencia de movimiento y de vida” (Q. 22, & 5).
(9) Cfr. L. Mangoni, “II problema del fascismo nei Quaderni del carcere”, en Politica e storia in Gramsci, Roma E. R., 1977, vol. I, pp. 391-438.
(10) La tesis piú compiuta sul corporativismo e formulata da Spirito nella relazione svolta al II Convegno di stidi sindacali e corporativi, tenutosi a Ferrara il 5-8 maggio `32 (ora in U. Spirito, II corporativismo, Sansoni, Firenze 1970, pp. 356-357: “Soporto su di un’ antitesi di classi, e nalla necessita di risolverme immediatamente il inconflitto, il corporativismo non ha poputo compiere che un primo il cui significato e valore puo comprendersi soltanto alla luce dell’ulteriore sviluppo. Per ora il corporativismo non e integrale: c’e accanto ad esso il sindicalismo non e integrale: c’e accanto ad esso il sindicalismo. Questo vuol dire che la distincione delle classi non e completamente superata e che anzi, col riconocimento giuridico dei sindacati, si e legalizzato un limite che e l’ùltimo residuo di una tradizione millenaria, dall’antica casta ai tre stati del Settecento. In realta la distinzione di datore di lavoro e di lavoratore e destinata a scomparire, e gia oggi ci si avvede della diffocolta di definire l’uno e l’altro [...]. II processo di fusione e la eliminazone progressiva degli ultimi fenomeni classistici devono essere il compito futuro del corporativismo [...]. Ma è destinata pur vero che il problema originario e principale è rimastro tuttavia quello della difesa degli interessi sindicali e della composizione o prevenzione delle vertenze [...]. Così si spiega che il ecorporacione vivono tuttora in due mondi separati e l’unico rapporto per cui la società è legata all’ordinamento corporativo è quello per cui in essa si distinguono datori di lavoro e lavoratori. II fatto produttivo dell’azienda noninteressa il corporativismo e non interessa cuindi attraverso l’ordinamento corporativo l’ attività dello Stato il quele.
(11) Cfr. De Felice, “Rivoluzione passiva, fascismo, americanismo in Gramsci”, Politica e storia in Gramsci op. cit., pp. 161-220.
(12) Entre los libros de la cárcel de Gramsci se conserva la colección de todos los fascículos hasta 1933 y tres de 1935.
(13) A este propósito me parece significativa una nota del Q 22, &2: “Sin embargo también si el desarrollo es lento y pleno de cautelas no se puede decir que la parte conservadora, la parte que representa la vieja cultura europea con todos sus restos parasitarios esté sin antagonistas (desde este punto de vista es interesante la tendencia representada por Nuovi Studi,la Critica Fascista.
(14) Sobre el carácter de “ruptura histórica” de la guerra, cfr. Q 15 & 59. Con la guerra “toda una serie de cuestiones que molecularmente se acumularon antes de 1914, se juntaron modificando la estructura general del proceso precedente: basta pensar en la importancia del ‘fenómeno sindical’, término general para diversos problemas y procesos de desarrollo de diversa importancia y significado (parlamentarismo, organización industrial, democracia y liberalismo etc.), pero que objetivamente refleja el hecho que una nueva fuerza social se construyó, tiene peso que ya no es de subestimar”.
(15) También Spirito está entre los teóricos de la “revolución pasiva” o revolución-restauración, y no ya como él pretendería, entre los “extremistas” de cualquier dialéctica ideal o real[...] Si el error de Croce es de querer aparecer diferente de lo que realmente es, lo mismo vale para Spirito y su grupo; en el fondo los dos errores se identifican prácticamente, se trata de dos hermanos siameses que contienden porque son demasiado unidos (Q15 & 35).
(16) La idea corporativa abre camino en Italia en realidad desde fines de 1923. El primer número de la revista de Rossoni,La Stirpe: tiene un artículo de S. Panunzio donde se pide el monopolio de las corporaciones fascistas por la ley: “Si no me equivoco las monedas de dos liras traen el emblema del Fascio…qué maravilla que se extendiera a todos por obligación[...]hagamos el sindicato del Estado único obligatorio” (La Stirpe, diciembre de 1923, cit. en A. Lyttelton, La conquista del potere. Bari, 1974, pp. 497-8).
(17) En el Q 22 & 6, Gramsci dice a propósito de Fovel” Las mayores deficiencias de Fovel consisten en no ver la función económica que el Estado siempre tuvo en Italia a causa de la desconfianza de los ahorradores frente a los industriales y en no ver el hecho de que la dirección corporativa no tiene origen en las exigencias de una inversión de las condiciones técnicas de la industria ni de aquellas de una nueva política económica, sino más bien en las exigencias de una policía económica, agravadas por la crisis de 1929 y todavía en curso[...]el elemento negativo de la ‘policía económica’ aventaja hasta ahora el elemento positivo de la exigencia de una nueva política económica que renueve modernizando la estructura económico-social de la nación aún si en el contexto del viejo industrialismo[...]en realidad hasta ahora la orientación corporativa funcionó para sostener posiciones en peligro de las clases medias para no eliminarlas y deviene cada vez más una máquina de conservación de lo existente así como es y no una palanca.
(18) F. de Felice, Introduzione e note a A.Gramsci, Quaderno 22. Americanismo e fordismo, op.cit., p. 55.
(19) Q 22 & 1.
(20) Ibid.
(21) Cfr. Q 13 & 14.
(22) Se trata de la nota del Q 8 &236 citada en el texto.
(23) Nota Q 10 & 9.
(24) Q 15 &62.
(25) Ibid.
(26) L. Paggi, “Antonio Gramsci, l’inattuale”, II Manifesto, 27 de abril de 1997, p. 10.
(27) Cfr. M.Teló, “Note sul futuro dell ‘Occidente e la teoria delle relazioni internazionali” Gramsci e il Novecento, a cargo de G.Vacca, Carocci, Roma, 1999, pp. 52-53.
(28) Ibid.
(29) Q 3 & 11 y Q 22 & 15.
(30) “El medio más eficaz de los empresarios para evitar la ley de la caída es introducir incesantemente nuevas modificaciones progresivas en todos los campos del trabajo y de la producción sin dejar fuera las aportaciones mínimas del progreso que en las grandes empresas multiplicadas en escala grande dan resultados muy apreciables. Toda la actividad industrial de Ford se puede estudiar desde este punto de vista: una lucha continua incesante para escapar a la ley de la caída de la tasa de ganancia manteniendo una posición de superioridad sobre la competencia. Ford tuvo que salirse del campo estrictamente industrial de la producción para organizar también los transportes y la distribución de su mercancía determinando así una distribución de la masa de la plusvalía más favorable a la productor industrial” (Q 10 & 36).
(31) En relación con la frase de Taylor sobre el trabajador reducido a “gorila amaestrado”: “Taylor[...]expresa con cinismo brutal el fin de la sociedad americana: desarrollar en el trabajador el máximo grado de posiciones maquinales y automáticas, romper el viejo nexo psico-físico del trabajo profesional cualificado que exigía una cierta participación activa de la inteligencia, de la fantasía, de la iniciativa del trabajador y reducir las operaciones productivas a solo aspecto físico maquinal” (Q 22 & 11).
(32) M. Montanari, “Dall’ individualismo all’ economia programmatica. Europe, m. 3, VIII, 1999, p. 190.
(33) Q22 & 13.
(34) Montanari, op.cit. p. 190.
(35) Q 22 & 11. “Toda la ideología fordiana de los altos salarios es un fenómeno derivado de una necesidad objetiva de la industria moderna llegada a un grado de desarrollo determinado y no un fenómeno primario (lo que no exonera del estudio de la importancia y de las repercusiones que la ideología puede tener por su cuenta)”.
(36) Q 6 & 75.
(37) F.Izzo, “Gramsci interprete del moderno” Studi filosofici, 1986, núm. 8-9, cit. p.198.
(38) Ligada al fenómeno del industrialismo dice Gramsci, está la “tendencia al conformismo en el mundo contemporáneo, más extensa y profunda que en el pasado”, Q 7 & 12.
(39) Q7 (12).
(40) “La historia del industrialismo fue siempre y hoy lo es de modo más acentuado, una continua lucha contra el elemento ‘animal’ del hombre, un proceso ininterrumpido, a veces doloroso y sanguinario, de sujetar los instintos (naturales, o sea animales y primitivos) a normas siempre nuevas, más complejas y rígidas y a hábitos de orden, exactitud, precisión, que hagan posible las formas más complejas de vida colectiva que son la consecuencia necesaria del desarrollo del industrialismo, (Q 22, & 10)
(41) “Los viejos dirigentes intelectuales y morales de la sociedad sienten que se les mueve el terreno bajo los pies, se dan cuenta de que sus prédicas son precisamente prédicas, o sea, cosas extrañas a la realidad, pura forma sin contenido, larva sin espíritu; por lo tanto, su desesperación y sus tendencias reaccionarias y conservadoras: puesto que la forma particular de civilización, de cultura, moralidad que representaron se descompone, gritan entonces a la muerte de toda civilización, de toda cultura, de toda moralidad y demandan medidas represivas al Estado y se constituyen en grupo de resistencia separado del proceso histórico real, aumentando de tal modo la duración de la crisis” (Q 7,&12)
(42) Q 7 & 12.
(43) Burgio op.cit.
(44) “América no tiene grandes tradiciones históricas y culturales”, tampoco le pesa encima esta capa de plomo: esta es una de las principales razones de su formidable acumulación de capitales, no obstante el nivel de vida superior en las clases populares a aquel europeo. La no existencia de estas sedimentaciones viscosas y parasitarias dejadas por fases históricas pasadas permitió una base sana a la industria y especialmente al comercio y permite siempre más la reducción de las funciones económicas de los transportes y del comercio y una real actividad subalterna de la producción[...] ya que había estas condiciones preliminares ya racionalizadas por el desarrollo histórico fue relativamente fácil racionalizar la producción y el trabajo, combinando hábilmente la fuerza (destrucción del sindicalismo obrero de base territorial) con la persuasión (altos salarios, beneficios sociales diversos, propaganda ideológica y política habilísima) y obteniendo concentrar toda la vida del país sobre la producción. La hegemonía nace de la fábrica y no tiene necesidad para ejercerse más que de una cantidad mínima de intermediarios profesionales de la política y de la industria” (Q22 &2).
(45) Gramsci ejemplifica la dimensión hegemónica del proyecto estatal en la práctica de la burguesía al poder, en la fase de su máxima expansión: “La revolución hecha por la clase burguesa en la concepción del derecho y por tanto en la función del Estado consiste especialmente en la voluntad de conformismo (por lo tanto eticidad del derecho y del Estado). Las clases dominantes precedentes eran esencialmente conservadoras en el sentido de que no tendían a elaborar un paso orgánico de otras clases hacía ellas, a ampliar su esfera de clase ‘técnica’ e ideológicamente: concepción de casta cerrada. La clase burguesa se plantea a sí misma como un organismo en continuo movimiento, capaz de absorber toda la sociedad asimilándola a su nivel cultural y económico: toda la función del Estado se transforma: el estado deviene ‘educador’, etc.” (Q8 &2). La concepción de la sociedad civil como portadora de la exigencia de un nuevo conformismo no restringe esta función ética, implícita en el esfuerzo de conformización en el Estado en su conjunto, que viene impulsado a transformarse y a asumir un papel cultural y educativo “tarea educativa y formativa del Estado que siempre tiene el fin de crear nuevos y más altos niveles de civilización, de adecuar la producción, por lo tanto de elaborar también físicamente tipos nuevos de humanidad” (Q 13 & 7).
(46) G. Sapelli, “Una riflessione sul capitalismo della globalizzazione: rileggendo Americanismo e fordismo”, Gramsci e il Novecento, op.cit. p. 78.
(47) Cfr. Q22 & 6. Esto es algo extremadamente importante sobre lo que Gramsi vuelve en varios lugares. Como él dice en una nota del Q 10, la entrada de las grandes masas en la vida estatal -y en 1929, después del Concordato, la entrada en masa de los católicos- “hizo mucho más difícil la obra de ‘transformismo’ de las fuerzas nuevas de origen democrático”, esto “planteó el problema de la educación de la clase dirigente no en los términos de Estado ético, sino de sociedad civil educadora, o sea de una educación por iniciativa ‘privada’ que esté de acuerdo con otras iniciativas y con la católica en particular que en la sociedad civil ocupa ahora tanta parte y en condiciones especiales”. La incomprensión del problema de parte de la clase al poder y de sus sostenedores, Gentile y los corporativistas, impide que “se forme una unidad ético-política en la clases dirigente amenaza con posponer al infinito la solución del problema de ‘autoridad’ o sea de restablecer por consenso de la dirección política de parte de grupos conservadores”, (Q 10 & 13).
(48) Izzo, op. cit. Sobre este tema cfr. C. Mancina, “Individualtá e conformismo”, ponencia al congreso Morale e política in Gramsci, junio de 1987 enla Fundación InstitutoGramsci, Roma.
(49) Q 22.
(50) Cfr. B. de Giovanni, L’organizzaczione dei poteri, Europa/Europe, núm. 4-5, VII, 1998, pp. 49-50. Izzo, op.cit., G. Vacca, Appuntamenti con Gramsci, Introduziones allo studio dei Quaderni del carcere, Roma, Carocci, 1999, pp. 173-205. Sobre la relación gran guerra-crisis del estado-nación, véase por último a M. Montanari, “Crisi dello stato e crisi della modernita. Gramsci e la filosofia politica del Novecento”, Gramsci e il Novecento, op.cit, pp. 26-28.
(51) Más claramente dicho, a la proesiva consolidación de “elementos sociales de nueva formación” que antes no tenían voz y por el solo hecho de unirse modfican la estructura política de la sociedad cfr. Q 15 & 47.
(52) G. Ferroni, “Il pensiero di Gramsci e le modificazioni dei modelli intellettuali nel Novecento” Gramsci e il Novecento, op. cit. p. 41.
(53) “…para un amplio grupo de intelectuales italianos y europeos su filosofía[...]fue una verdadera y propia reforma intelectual y moral de tipo ‘Renacimiento’. Vivir sin religión (y se entiende sin confesión religiosa) fue lo que Sorel sacó de la lectura de Croce[...]Pero Croce no fue ‘al pueblo’, no quiso ser un elemento ‘nacional’ (como no lo fueron los hombres del Renacimiento a diferencia de los luteranos y calvinistas) no quiso crear una serie de discípulos que en su sustitución[...]podrían popularizar su filosofía intentando hacerla un elemento educativo hasta de las escuelas elementales y por lo tanto educativo para el simple obrero y campesino, o sea, para el simple hombre del pueblo); quizás esto era imposible y valía la pena que fuese intentado y el no haberlo intentado tiene su significado” (Q 10 & 41-I).
(54) Cfr, Q 12 & 3,
(55) El Ordine Nuovo, dice Gramsci en la primera nota sobre americanismo de 1929, “sostenía su americanismo”. Tres años después, en el Q 9 dice: “En la exposición crítica de los eventos después de la guerra y los intentos constitucionales (orgánicos) por salir del estado de desorden y dispersión de las fuerzas, mostrar cómo el movimiento para valorizar a la fábrica en contraste (o mejor dicho autonomamente) con la organización profesional correspondiese perfectamente al análisis que del desarrollo del sistema de fábrica se hizo en el primer volumen dela Críticade la economía política. Que una siempre más perfecta división del trabajo reduce objetivamente la posición del trabajador en la fábrica a movimientos de detalle cada vez más ‘analíticos’, de manera que al individuo se le escapa la complejidad de la obra común, y en su misma conciencia la contribución propia se desprecie hasta llegar a parecer fácilmente sustituible en cada instante; que al mismo tiempo el trabajo concertado y bien ordenado da una mayor productividad ‘social’ y que el conjunto de los obreros de la fábrica deba concebirse como un ‘trabajador colectivo’, son los presupuestos del movimiento de fábrica que tiende a volver ‘subjetivo’ lo que es dado ‘objetivamente’. Además, ¿qué quiere decir objetivo en este caso? Para el trabajador aislado ‘objetivo’ es el encuentro de las exigencias del desarrollo técnico con los intereses de la clase dominante”.
(56) Cfr. Q 7 & 12.
(57) “Autoconciencia significa histórica y políticamente creación de una élite de intelectuales: una masa humana no se ‘distingue’ y no deviene independiente “per se” sin organizarse en sentido lato, y no hay organización sin intelectuales, sin organizadores y dirigentes o sea sin que el aspecto teórico del nexo teoría-práctica se distingua concretamente en un estrato de personas ‘especializadas’ en la elaboración conceptual y filosófica” (Q11 & 12).
(58) El modo de ser del nuevo intelectual no puede consistir en la elocuencia sino en el mezclarse activamente en la vida práctica como constructor, organizador, ‘persuador permanente’ porque no es puro orador, y sin embargo superior al espíritu abstracto matemático; de la técnica-trabajo se llega a la técnica – ciencia y a la concepción humanista- histórica sin la cual se permanece ‘especialista’ y no se deviene ‘dirigente’ (especialista + político)” (Q 12 & 3).
(59) Q 11 & 1.
(60) Q 16 (9).