30/5/12

Tony Judt / La defensa apasionada de lo público

Joaquín Rábago

Si uno quisiera recomendar un libro que resumiera y analizara críticamente las principales ideas políticas del siglo XX y que fuera al mismo tiempo una apasionante biografía de un intelectual formado a ambos lados del Atlántico, la elección caería sin duda sobre el titulado "Pensar el Siglo XX", obra póstuma del británico Tony Judt (Taurus, 2012)

Aquejado por una enfermedad degenerativa, que le causaría su muerte en agosto de 2010, aceptó la idea de mantener una larga conversación con otro intelectual cosmopolita en el mejor sentido de la palabra, de origen también judío como él y especializado en la historia política de la Europa central y del Este, el profesor de Yale Timothy Snyder.

Fruto de ese intercambio de ideas de dos profesores muy poco ortodoxos y situados en la izquierda del espectro político es esta obra, que habla de los principales acontecimientos de la que otro gran intelectual judío, el ya casi centenario Eric Hobsbawm llamó "la era de los extremos", pero que mira con esperanza al futuro, confiando en las lecciones aprendidas y en lo que sobre esa base puedan aportar las nuevas generaciones.

Del libro de Judt pueden sacarse muchas ideas €sobre las causas del nacionalismo estadounidense, el sionismo, el apoyo acrítico norteamericano a Israel, las llamadas intervenciones humanitarias y las mentiras que siempre las arropan y de las que son cómplices tantos intelectuales€ pero tal vez lo que resulta de más actualidad cuando soplan en nuestro país vientos privatizadores es su apasionada y siempre bien argumentada defensa de lo público.

La idea de cobrar impuestos a todos que luego benefician sólo a algunos es "la esencia del Estado moderno", pero está ausente, señala Judt. Y sin embargo hay muchos ciudadanos que encuentran ofensivo que se cobre impuestos a todos para dar educación, para que haya una policía o unos bomberos, de quienes en determinado momento solo algunos, los directamente perjudicados, van a beneficiarse.

Pero la privatización, argumenta con fuerza Judt, "le quita al Estado la capacidad y la responsabilidad para reparar las deficiencias de la vida de la gente y elimina también ese mismo conjunto de responsabilidades de la conciencia" de los ciudadanos, con lo que sólo queda el impulso caritativo. Refiriéndose a la sanidad, uno de los sectores que más ambicionan en este momento los grupos de seguros privados, sobre todo británicos y estadounidenses, Judt señala de forma convincente que donde aquélla es pública se prestará más atención a la prevención porque el Estado piensa en presupuestos a largo plazo en lugar de preocuparse sólo de beneficios cuatrimestrales.

Pero hay también otras razones económicas para tener una buena sanidad pública, dice, y es que solo con un sistema de asistencia sanitaria universal pueden las empresas funcionar bien ya que saben que si necesitan despedir a un trabajador, éste no se quedará sin acceso a la sanidad pública. La falta de acceso a la misma "es algo que ninguna sociedad decente debe permitirse".

Las críticas de Judt y su interlocutor no se limitan, sin embargo, a la derecha sino que se extienden a la política un tanto miope de la Nueva Izquierda, empeñada en defender los intereses que reclaman determinados segmentos de la sociedad sin tener en cuenta a la sociedad en su conjunto y sus divisiones económicas.

Tony Judt
Judt denuncia por otro lado algo que está cada vez más extendido como es "la política del miedo", fácil recurso demagógico de políticos profundamente conservadores como el ex presidente de Estados Unidos George W. Bush, y que es algo, dice, que los ciudadanos de aquel país experimentan muy intensamente.

Y, pensando ya en la siguiente generación, la que le sobrevive, señala que la elección a la que se enfrenta no es ya entre el capitalismo o el comunismo, o entre el final de la historia, de que hablaba absurdamente Francis Fukuyama, o su retorno, sino entre una "política de cohesión social basada en propósitos colectivos" y "la erosión de la sociedad mediante el miedo".