17/5/12

Entre clásicos / Manuel Sacristán & György Lukács

Prólogo de Constantino Bértolo / Madrid: La Oveja Roja, 2011

Luis Roca Jusmet

Especial para Gramscimanía
Conozco a Salvador López Arnal desde hace décadas. No somos, en el sentido fuerte de la palabra, amigos. Pero nos respetamos y nos tenemos afecto. Hemos coincidido en lugares varios por razones dispares y hoy coincidimos en nuestra colaboración con la revista "El Viejo Topo" y la página web "Rebelión" [...y también en Gramscimanía]. Es un hombre de izquierdas ,comprometido políticamente con una probada y reconocida coherencia. Siempre me llamó la atención su trayectoria militante inquieta, ya que pasó por múltiples militancias en el franquismo y en el postfranquismo. Pero el cambio de partido no suponía transformaciones ideológicas sino la búsqueda, por el contrario, de una organización que encajara con su convicción política. Pero este descontento que no le dejaba mantenerse mucho tiempo en un partido coincidía con una fidelidad inquebrantable a Manuel Sacristán, que para él ha sido, sin duda, un Maestro. López Arnal lleva muchos años trabajando sobre la obra y la figura de Sacristán, tanto en diversos escritos sobre él como en la edición de algunas de sus obras.

"Entre clásicos" es el seguimiento del recorrido del trabajo como traductor y comentarista de un clásico ( Sacristán) sobre otro clásico ( Lukács). El seguimiento es muy riguroso y es evidente el duro y largo trabajo de López Arnal para recopilar de una forma tan bien articulada todo el material. Detrás se vislumbra esta pasión que tiene por su Maestro,y también el interés por el filósofo marxista húngaro György Lukács. Lo que podría ser farragoso se convierte por la pluma del autor en un viaje estimulante para todo aquel interesado por la historia del pensamiento de la izquierda marxista. Como documento es impecable, nada que objetar. El recorrido es impecable y lo es sobre todo por la contextualización precisa en la que López Arnal la sitúa, articulando con rigor la lógica de las reflexiones con los acontecimientos históricos más relevantes para el movimiento comunista.

Sería interesante preguntarse sobre la actualidad de aquellos análisis y debates. Para el ciudadano de izquierdas, sobre todo si se siente vinculado a lo que podríamos llamar tradición comunista hay muchos temas todavía candentes sobre los que aquellas reflexiones pueden aportar matices y experiencias. Personalmente no estoy seguro que Lukács sobreviva como un clásico. Sus obras son difíciles y demasiado vinculadas a lo que podríamos llamar el imaginario marxista. Hay en su "Asalto a la razón" un planteamiento reduccionista a través del cual intenta clasificar de una manera maniquea a los filósofos en racionales e irracionales. Lo hace a partir de una visión unilateral que me parece nefasta : una lectura políticista e inquisitorial de pensadores que abordan múltiples temas filosóficos de interés. La idea del "hombre nuevo" , por otra parte, me parece bastante peligrosa.

Independientemente de que la transformación social implique cambios en actitudes, valores y conductas, la consigna se ha demostrado históricamente perversa a través de la experiencia del maoísmo. La verdad es que nunca he tenido la paciencia de leerme su Estética, que debería cotejarse con escritos contemporáneos como los de Jacques Rancière. Manuel Sacristán, en cambio, con un proyecto aparentemente más modesto que el del anterior, si podemos seguir simepre aprendiendo. Quizás sea él, paradójicamente, el clásico. Sacristán tuvo la lucidez de cuestionar la estructura jerárquica del partido leninista sin caer en una apología ingenua del espontaneismo. Entendió la necesidad de cuestionar el crecimiento económico y se convirtió en uno de los pioneros de un ecologismo desde la izquierda. No cedió nunca delante de la exigencia democrática de la iaquierda transformadora pero tampoco se dejo seducir por los cantos del eurocomunismo, que apuntaban más bien a ser una nueva versión dela socialdemocracia.

El libro está bien escrito. Salvador López Arnal aboga por la claridad, lo cual es una virtud, y utiliza recursos retóricos sencillos y eficaces, como el de sustituir el nombre propio de Manuel Sacristán por adjetivos que describen diferentes actividades específicas. Quizás hay un excesivo tono apologético en Manuel Sacristán. Los claroscuros de Lukács salen más a la luz, sobre todo a través de la mirada del propio Sacristán.