16/5/12

Comentarios a las Nueve Lecciones sobre Economía y Política en el marxismo de J.M. Aricó

Foto: José María Aricó
Los presentes comentarios fueron formulados por su autor en el transcurso de varias semanas en la publicación digital “Los Galos de Asterix”, de la ciudad de Buenos Aires. Esperamos hasta el último comentario que nos fue remitido hoy mismo, para presentarlos en un solo bloque y facilitar así su mejor comprensión y discusión.
Juan Dal Maso
I. Sobre el materialismo de Marx

Especial para Gramscimanía
Estoy leyendo con gran interés el libro Nueve Lecciones sobre economía y política en el marxismo, editado por Horacio Crespo, que nos permite profundizar en la concepción teórica del referente de los gramscianos argentinos, cuya estrategia criticamos en un viejo artículo. Por la dispersión que me caracteriza, voy leyendo a paso de tortuga (como le gustaba construir el socialismo a Bujarin) así que me propuse hacer un post por cada una de las "lecciones", tomando los temas que a mi entender más se destacan, para continuar las reflexiones planteadas.

En el caso de la primera lección, me parece destacable cómo plantea las relaciones de Marx con Hegel y las características del materialismo de Marx. Me parece un mérito la forma en que Aricó traza una relación entre la crítica de Hegel a la sociedad burguesa y la realizada por Marx, partiendo de que el gran idealista alemán hacía una crítica inconsecuente pero tomaba de la economía política inglesa el trabajo como una categoría central, que aparece en la dialéctica del amo y el esclavo como condición de posibilidad de la emancipación de éste último.

Marx sostiene en los Manuscritos de 1844 que haber planteado el trabajo como autoproducción del hombre es uno de los grandes méritos de la Fenomenología del Espíritu, aunque Hegel en lugar de criticar la alienación concreta, ubicaba este proceso como parte de la alienación del pensamiento abstracto respecto de sí mismo, que se objetivaba en figuras diversas para luego volver a la unidad en el Espíritu Absoluto, dejando de lado el proceso real.

La Ideología Alemana profundiza esta orientación teórica planteada por Marx, en la cual se aleja de la idea abstracta del trabajo en general para desarrollar la historia crítica del surgimiento de la propiedad privada. Quizás la forma en que Aricó plantea la continuidad entre la dialéctica del amo y el esclavo y la teoría de la lucha de clases entre burguesía y proletariado, a través de la reelaboración de Marx, es un poco lineal, principalmente por el enfoque idealista predominante en Hegel: la figura de la lucha por reconocimiento y la de que el esclavo trabaja al servicio de una idea. Marx no sólo reelabora la temática hegeliana sobre estos temas, sino que la supera con una concepción mucho más concreta tanto del trabajo, como de la lucha de clases. Esto lo dice Aricó, pero en esta continuidad que traza tiende a ser un poco esquemático.

De todos modos, creo que lo positivo de este enfoque de Aricó es que plantea más concretamente un aspecto de las relaciones entre Hegel y Marx que muchas veces es soslayado por los marxistas cientificistas como Althusser o exagerado por los marxistas hegelianizantes como Lukács. Ligado a esto, el abordaje de las Tesis sobre Feuerbach profundiza la idea del paso de la filosofía a la práctica revolucionaria, rescatando una redefinición de "naturaleza" como naturaleza social del hombre o socialidad humana, que a su vez se relaciona con la definición del comienzo en la que sostiene que hay que pensar el marxismo como una teoría de la revolución.

Aricó rescata asimismo el pasaje sobre materialismo de La Sagrada Familia, para señalar que a diferencia de la tradición marxista italiana de posguerra, que ligaba a Marx con Kant, el retorno al "intelecto" contra la tradición racionalista, tiene que ver en Marx más con la influencia del materialismo anglo-francés y no con Kant. Dice que Marx se ubica decididamente del lado del intelecto contra la razón hegeliana, reivindicando el sano sentido común contra las abstracciones surgidas de la descomposición del hegelianismo.

Esto me parece interesante en cuanto al debate sobre las filiaciones de Marx con otros pensadores, pero en cierto modo plantea más problemas de los que resuelve. Si bien es innegable la filiación de Marx con el materialismo anglo-francés, la crítica por Marx del "materialismo anterior" realizada en las Tesis sobre Feuerbach, va más allá de la reivindicación del mismo planteada en el fragmento sobre materialismo de La Sagrada Familia.

En las Tesis, Marx no plantea únicamente una salida de la teoría abstracta en beneficio de la práctica, sino también como el mismo Aricó señala, una concepción distinta de la teoría, porque el concepto de praxis une práctica y teoría de la práctica, tendiendo a constituir una totalidad que supera las determinaciones del intelecto. Aricó dice que Marx tardará varios años en desarrollar una teoría del conocimiento superadora, pero esta está planteada potencialmente en las Tesis sobre Feuerbach y hace a la concepción de ciencia que Marx desarrollará posteriormente. Separando estos aspectos, Aricó tiende a crear un dualismo entre teoría de la práctica y teoría del conocimiento en el momento de "ajuste de cuentas" de Marx con su pasado filosófico, que las Tesis sobre Feuerbach dejaron atrás.

II. Una crítica "iluminista" de la historia del marxismo

La Lección Segunda toma con bastante eficacia una discusión metodológica acerca de que el método de Marx no era un a priori, dentro del cual se injertan luego los contenidos, a la manera de las monografías universitarias. Aricó desarrolla bien cómo Marx trabaja con una hipótesis (que el funcionamiento del capitalismo supone una contradicción insalvable que se expresa como lucha de clases), pero la comprueba a través de la crítica de la economía política, que devela el misterio del fetichismo de la mercancía y la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, condición de posibilidad para la transformación revolucionaria de la sociedad burguesa.

La discusión de que El Capital no es un proyecto terminado, dado que Marx no cumplió su plan original que llegaba hasta el mercado mundial y el Estado, presente en la primera lección y también en la segunda, si bien es correcta no necesariamente lleva a la misma conclusión de Aricó: que los marxistas lo creyeron "terminado" y por eso lo tomaron como una Biblia interpretada en clave positivista, de la cual extrajeron una serie de leyes naturales.

El llamado "período de sistematización" posterior a la muerte de Marx y coincidente en parte con los últimos años de Engels es expresión por sí mismo de que, más allá de las mejores o peores lecturas de El Capital, marxistas como Plejanov o Antonio Labriola, además de Engels obviamente, consideraron necesario desarrollar la teoría marxista en distintos aspectos no del todo sistematizados por Marx.

La interpretación "evolucionista y gradualista" (nótese que desde este ángulo, tanto Bernstein como Kautsky compartían la idea de el proletariado nadaba con la corriente del desarrollo histórico) tiene más que ver con una adaptación a las varias décadas de crecimiento del capitalismo en que se consolidó la socialdemocracia que con ciertos obstáculos epistemológicos, existentes, pero no más fuertes que las fuerzas materiales a las que estaba sometida la evolución del movimiento socialista. 

Teniendo en cuenta lo anterior, no parece hacer justicia a Engels la afirmación de que los socialistas tomaron el Anti-Duhring como una Biblia, por oposición a El Capital, adjudicando a Engels un espíritu positivista y evolucionista del que Marx carecía. Baste recordar que el Anti-Duhring es una obra polémica y no una exposición dogmática de puntos de vistas abstractos, al punto de que muchas de sus discusiones son incomprensibles sin tener en cuenta la polémica con Duhring, que dicho sea de paso, repetía muchos lugares comunes contra la dialéctica, el materialismo y el marxismo, que todavía mucha gente sostiene sin sonrojo alguno.

En este sentido, el Prólogo a la edición de 1895 de La Lucha de clases en Francia, que Aricó toma como central para definir el evolucionismo socialdemócrata, es tratado superficialmente, en tanto que Engels en ese texto no hizo más que pasar en limpio conclusiones de las experiencias de lucha de clases de los años previos. Aricó lo toma como punto de partida de los desarrollos de Bernstein, pero subestima la calidad distinta de las posiciones de Engels y la de Bernstein: mientras Engels hacía hincapié en la táctica, Bernstein planteaba una liquidación de la estrategia de poder obrero (que en esa época no tenía el desarrollo que tuvo después con la Tercera Internacional). El razonamiento de que si la táctica debe cambiar es porque la estrategia se demostró errónea, es a primera vista falaz, en tanto las relaciones de táctica y estrategia no tienen una jerarquía reversible. La estrategia prima sobre la táctica y puede permanecer intocada en tanto las tácticas pueden modificarse con más libertad, siempre y cuando el marco estratégico se mantenga igual.

Visto retrospectivamente, el marco estratégico de la II Internacional estaba cambiando por la consolidación del imperialismo, pero esto se manifestaría con toda crudeza recién en el estallido de la Primera Guerra Mundial. Siguiendo la propia idea de Engels, retomada por Trotsky, de que la política está siempre rezagada respecto de los procesos de la economía, la "foto" que planteaba Engels en su prólogo (táctica electoral y crecimiento orgánico), se volvió parte de un movimiento socialista, que se adaptó a la "película" del desarrollo capitalista, anulándose como partido revolucionario. Esta desigualdad entre el desarrollo del capitalismo y el del marxismo como teoría y movimiento social,  remite a la separación entre economía y política en el capitalismo que dicho sea de paso motiva la reflexión de Aricó. Y está en la base de las dificultades que tiene la clase obrera para dotarse de un estado mayor y se harán patentes en los primeros años de la Tercera Internacional, que tuvo que lidiar al mismo tiempo con el estallido de la revolución y el de la socialdemocracia

Por último, me parece que Aricó (contrariamente a sus propias concepciones manifiestas) tiende a desarrollar una crítica "iluminista" del marxismo posterior a Marx: ubica la ignorancia del verdadero sentido del proyecto teórico de Marx en El Capital como la causa de los errores "fatalistas" y "derrumbistas" de la II y la III Internacional respectivamente. Además de que esto implica hacer abstracción de los desarrollos teóricos de ambas corrientes (no eran Marx, pero alguna deben haber pegado, ¿no?), le asigna valor nulo a la relación entre el cuerpo teórico del marxismo y su desarrollo como corriente política, en el cual un problema central es el de las relaciones de oposición e integración con la sociedad burguesa de la segunda mitad del Siglo XIX, que plantea la necesidad de revolarizar la cuestión de la estrategia en el marxismo, tarea acometida por Lenin, Trotsky y la III Internacional en pleno Sturm und Drang de la revolución.

III. Escaramuza por la dialéctica

Debo reconocer que el "iluminismo" que criticamos acá y acá fue bastante matizado por José Aricó en su Lección Tercera, que continúa los temas de la segunda. Especialmente la idea que rescatábamos de Engels y Trotsky sobre el desfasaje entre la economía y la política de masas, es de algún modo planteada por Aricó cuando sostiene que la socialdemocracia del Siglo XIX no percibió que la época estaba cambiando, salvo Bernstein pero con conclusiones incorrectas, y que esto sucede porque la conciencia de los hombres va por detrás del desarrollo de los hechos y más en particular por la adaptación de la socialdemocracia alemana al sistema político prusiano. También resulta interesante la discusión sobre la lectura bernsteiniana de la contradicción entre igualdad política y desigualdad social, que lleva a postular una contradicción entre la democracia burguesa y el capitalismo, liquidando el núcleo crítico de la teoría de Marx, que plantea que la contradicción entre "constitución y capitalismo" recorre a la constitución misma.

A propósito de esta discusión, Aricó explica que el trabajo abstracto no es una categoría producto de una abstracción mental, sino que el trabajo deviene abstracto en una sociedad basada en el intercambio de mercancías, por lo cual no es una categoría externa al proceso histórico, que cumpliría la función de mejor explicar algo de manera racional sino una construcción teórica producto del develamiento de una relación social. Desde este ángulo, Aricó traza la crítica tanto de las corrientes reformistas que ubicaron la desigualdad social en el terreno de la desigualdad en el consumo y no en el de la producción de plusvalor, como de la socialdemocracia que interpretó en clave del materialismo pre-marxista la teoría de Marx y perdió de vista su crítica del fetichismo y la alienación.

Al final del capítulo, hay una breve explicación de Aricó sobre la esterilidad de las "leyes de la dialéctica" como forma abstracta de cualquier tipo de movimiento, en un sentido similar a la crítica realizada por Marx de la dialéctica hegeliana en Miseria de la Filosofía. Si bien en líneas generales puede suscribirse esta crítica, que se aplica en primer término a los manuales de filosofía confeccionados por los stalinistas, vuelve a quedar planteada la discusión sobre la relación entre Marx y la dialéctica, que Aricó había tomado alrededor de cuestiones de contenido en la Lección Primera y que el marxista cordobés busca resolver planteando que lo central en Marx es la dialéctica de los análisis históricos concretos y las formaciones económico-sociales concretas.

Más allá de que se considere a Hegel el creador de una "lógica de la pasión" (como decía Héctor Raurich) o un pecho-frío que ve silogismos por todas partes (como dicen los anti-hegelianos y autonomistas), la dialéctica de Marx no deja de estar emparentada con la de Hegel y el propio ejemplo que presenta Aricó alrededor de la categoría de trabajo abstracto sirve para plantear la discusión.

En primer lugar, Marx busca poner en evidencia el mecanismo por el cual relaciones entre los hombres se vuelven independientes de su voluntad y aparecen como relaciones entre cosas. Para esta tarea, el materialismo ilustrado, que remite las ideas a su base material no es suficiente, sino que es necesario explicar "el desgarramiento de la base consigo misma" como dice Marx en las Tesis sobre Feuerbach. 

En segundo lugar, Marx une el conocimiento científico con el develamiento de una relación social que se presenta como transparente pero es opaca y esconde su verdadera naturaleza. Y esa "verdadera naturaleza" incluye su apariencia "falsa". Esto remite a la relación entre certeza y verdad elaborada por Hegel y retomada por Karel Kosik en su Dialéctica de lo concreto, la cual se basa a su vez en El Capital.

En tercer término, hay una relación en Marx entre el "concreto pensado" y el "concreto real": si bien para Marx, a diferencia de Hegel, no son lo mismo, la construcción teórica responde a la necesidad de dar una explicación científica de un proceso real. En este sentido, la teoría no es una mera interpretación y tampoco es el reflejo de lo que ocurre fuera de la consciencia, sino la construcción de categorías determinadas que existen previamente como prácticas histórico-sociales, que la teoría somete a crítica (por ejemplo el trabajo abstracto), con independencia de que el orden en que se expone la teoría no necesariamente repite el proceso histórico (diferencia entre enfoque lógico e histórico que también se plantea en la Fenomenología del Espíritu cuando se alude a la presentación de la cultura bajo la forma de conos de sombras que resumen la experiencia previa de la humanidad).

En resumen, la dialéctica puesta en práctica por Marx está emparentada con la de Hegel pero no juega el rol de una justificación de la filosofía de la historia. Por el contrario, es un arma poderosa para la crítica del fetichismo.

Como Aricó tiende a adjudicarle a Engels la posición del stalinismo, me parece que cabe meter algunos elementos más sobre este tema.

La "concepción general dialéctica" de la que se burla Aricó, supuestamente postulada por Engels desde una lectura positivista (expuesta en un libro polémico y en otro que el autor no publicó, o sea el Anti-Duhring y la Dialéctica de la Naturaleza), obedece a la relación de afinidad del marxismo con el proceso de secularización y avance de la ciencia en detrimento de la religión. Que la "concepción general dialéctica" así como la "filosofía de la praxis" no hayan pasado de ciertos fundamentos planteados en Las Tesis sobre Feuerbach o el mismo Anti-Duhring (muchos de estos últimos rescatados por el "anti-engelsiano" Gramsci en sus Cuadernos de la Cárcel) y no se hayan podido desarrollar en términos de una "cosmovisión" completa, se debe por un lado a que el carácter histórico del marxismo implica también su carácter incompleto, lo cual es condición indispensable para que dé nuevos desarrollos teóricos y por otro a que las ciencias están en manos en su mayor parte de personas más o menos enemigas del marxismo y la dialéctica, con lo cual la confluencia deseada por Engels se ha dado sólo parcialmente y en caso muy contados. Al respecto algo dijimos acá.

Entonces, retomando lo que decía Mihailo Markovic, la apuesta más difícil para el marxismo es encontrar un punto de equilibrio entre el total escepticismo respecto a todo principio unificador de las ciencias y la idea de la dialéctica como un conjunto de leyes acríticas del universo, la naturaleza y la sociedad. Para esto es necesario poner de relieve los matices y tensiones internas del concepto de "ciencia" en Marx. Pero ese es tema de otro post.

IV & V. Lenin, teoría y política hegemónica

Aunque queda pendiente retomar la discusión a propósito de YPF, con el resurgimiento de diversas posiciones "campistas" (no del campo sojero sino del apoyo al campo supuestamente progresivo), debo continuar con la tarea de comentar el libro de José Aricó, que condensa una gran parte de sus ideas y permite retomar debates sobre cuestiones importantes de la teoría marxista, que trascienden el análisis de coyuntura.

En este caso, abordaremos las Lecciones Cuarta y Quinta, que mantienen una continuidad. La sexta la tomaremos en un próximo post, por el debate sobre Trotsky, que requiere detenerse en varias cuestiones.

Aricó rescata, igual que en su Marx y América Latina, los intercambios de Marx y Engels con los populistas rusos, para oponerlos a la filosofía de la historia socialdemócrata, que consideraba que todos los países debían pasar por el mismo proceso que Inglaterra. Aclara que el debate entre marxistas y populistas no era sobre si el capitalismo iba a penetrar y dominar en Rusia, sino acerca del impacto que tendría este proceso en el campo, los tiempos con que se daría y qué sujeto dirigiría la revolución.

Presenta a Lenin como una excepción en el marxismo ruso, en tanto su crítica del punto de vista populista parte de distintas consideraciones teóricas que  la socialdemocracia tanto en su vertiente "revisionista" como "ortodoxa": Lenin, basándose en el Libro II de El Capital, retoma la idea de que el capitalismo en su expansión subsume los modos de producción anteriores, dando lugar a combinaciones originales, que pueden estudiarse mediante la categoría de "formación económico-social". De esta forma, la variedad histórica no es la negación de la doctrina ("revisionistas") ni una mera confirmación ("ortodoxos"). El marxismo debe estudiar las peculiaridades del desarrollo histórico que operan al nivel de una formación económico-social determinada que parte desde la estructura de clases hasta la determinación del carácter de la revolución y el sujeto que la dirigirá. Aricó opone este punto de vista histórico concreto al modelo de desarrollo "a la inglesa" extraído por la socialdemocracia del Libro I de El Capital, contra cuya transformación en una filosofía de la historia "suprahistórica" ya alertaba Marx en su carta a la revista rusa Otiechéstvennie Zapiski.

Este rescate de Lenin como teórico es muy atractivo y resulta pertinente porque establece una relación entre teoría y estrategia, en la cual la claridad teórica relativa fue una condición para la formulación de una estrategia adecuada a las condiciones de la lucha de clases en Rusia (hegemonía de la clase obrera en la revolución democrática contra la autocracia, tomando las demandas de todos los sectores oprimidos, como "tribuno del pueblo", según la formulación del ¿Qué Hacer?)

Aricó remarca esta unidad de ciencia y revolución y su expresión en ¿Qué hacer? en el rechazo no de la espontaneidad de la lucha obrera sino del espontaneísmo teórico: "en primer lugar, el hecho de conocer profundamente el análisis que del proceso de reproducción del capital social global hace Marx lo llevó [a Lenin] a excluir de antemano toda hipótesis catastrófica, pero además lo llevó a reconsiderar la relación entre el capital y el trabajo como el punto central de referencia para un reconocimiento analítico del conjunto de las relaciones de clase que existían en una formación económico-social determinada. De allí, entonces la afirmación del carácter irreductiblemente político de la acción de la clase obrera rusa, lo que en ese caso significaba la imposibilidad total de separar la lucha por el socialismo, la lucha por la libertad política, de la lucha económica; en otras palabras la lucha social en Rusia adquiría necesariamente el carácter de una lucha por reivindicaciones económicas y políticas y todo intento de superar esta estrecha relación entre ambas conlleva el riesgo de conducir a una tradeunionización de la clase obrera rusa." (pag 159)

De esta forma, el análisis concreto de la situación concreta que supone la utilización por Lenin del Libro II de El Capital, la categoría de formación económico-social y la explicitación de las condiciones del desarrollo del movimiento obrero en Rusia, le permiten a Lenin adquirir un punto de vista distinto del evolucionismo socialdemócrata que trazaba una continuidad abstracta entre desarrollo del capitalismo, crecimiento numérico del proletariado e influencia de la socialdemocracia.

Aricó intenta resaltar el nexo entre teoría y estrategia cuando sostiene que Lenin concibe la conciencia de clase como conocimiento de la totalidad de las relaciones operantes en la formación económico-social, desplazando del centro la contradicción entre capital y trabajo entendida en forma corporativa. De esta forma, liga la conciencia de clase con la estrategia de hegemonía obrera en la revolución, mediante la conformación de una organización partidaria que se basa en un conocimiento científico de la realidad en la que opera.

Esta lectura, si bien tiene el mérito de buscar el fundamento teórico de la estrategia política de Lenin, es unilateral para dar cuenta del nexo establecido por el propio Lenin acerca de las relaciones entre espontaneidad y conciencia. En efecto, Lenin amplió e introdujo mediaciones en la concepción expresada en el ¿Qué Hacer? después de 1905, ya que la experiencia histórica de la revolución rusa aportó una institución novedosa que no encajaba exactamente ni en el sindicato ni el partido: el soviet, institución clave de la revolución rusa, que expresaba en su propia existencia el pasaje de la lucha económica a la lucha por el poder y Lenin posteriormente incorporaría en su teoría política como base del estado proletario en El Estado y la Revolución. De esta forma, la relación discontinua entre desarrollo del capitalismo, crecimiento de la clase obrera e influencia del marxismo, en que Lenin fundamentaba la necesidad de una estrategia hegemónica que superara el tradeunionismo, se hace más compleja, incorporando la potencialidad creadora de la clase obrera a un nivel en el cual lo "espontáneo" está más cerca de lo "conciente" y el partido actúa con más eficacia en esa mayor proximidad.

VI. Una Lección... de antitrotskismo

La verdad es que ya me imaginaba, por comentarios de los amigos, que en este capítulo el autor iba a derrapar. Pero siendo Aricó, tenía alguna expectativa de que no fuera para tanto, en razón de su alto nivel marxista. Aparentemente (y sé que estoy adelantando una conclusión) o no leyó a Trotsky o tergiversó concientemente sus ideas. Trataremos de no hacerla larga, pero vamos a resumir el argumento de Aricó y de paso comentar las operaciones que hace para sostener su posición insólita.

Trotsky fue un cosmopolita (¡y para peor judío!) que partiendo de la categoría del mercado mundial dedujo que Rusia podía tener una revolución democrático burguesa que se transformaría en socialista por ser dirigida por la clase obrera. Basaba su lectura en que el mercado mundial creaba las condiciones para ello. En lugar de explicar las peculiaridades de la formación económico-social rusa como hizo Lenin, Trotsky sobrevaloraba el rol del Estado como agente de un capitalismo que venía de afuera, por lo cual a su vez exageró las condiciones revolucionarias de la clase obrera occidental y subestimó el rol revolucionario del campesinado, al revés que Lenin.

Paradójicamente, Lenin habría exagerado la diferenciación de clases en el campo y subestimado el rol de Estado en el proceso de conformación del capitalismo ruso. O sea que el defecto de Trotsky sería el mérito que faltó a Lenin ¿En qué quedamos?

Los argumentos de Aricó son insostenibles por varios motivos. Confunde mercado con economía mundial. La economía mundial supone un nivel de interdependencia mayor que el mercado y de eso habla Trotsky. En segundo lugar, desconoce precisamente que Trotsky le dedicó especial importancia a las particularidades del desarrollo de Rusia, al punto de que lo que dice que le faltó a Lenin es lo que desarrolló Trotsky. Que Trotsky ubicara este desarrollo particular como parte de la economía mundial (al revés de lo que dice Aricó) le dio más capacidad predictiva a su teoría, que se demostró como la más adecuada para explicar las fuerzas motrices y la mecánica de la revolución rusa.

En tren de desconocer esto, Aricó también se saltea el cambio operado por Lenin en sus Tesis de Abril. En esas tesis, Lenin dice que la "dictadura democrática de obreros y campesinos" que seguían defendiendo los viejos bolcheviques conciliacionistas se había realizado parcialmente después de febrero, pero era una fórmula superada y planteó la orientación de "todo el poder a los soviets". Aricó, corrigiendo el error de la Lección Quinta, rescata la importancia dada por Lenin a los Soviets, pero se olvida de este detalle fundamental, que casualmente selló la confluencia estratégica de Lenin y Trotsky.

Junto con esto, hay operaciones auxiliares en las que se confunden los tiempos y los debates. Por ejemplo, la incorporación de los SR de izquierda al Consejo de Comisarios del Pueblo sería expresión de esta sensibilidad de Lenin hacia el campesinado (habiéndose salteado como ya dijimos las Tesis de Abril), política hacia la que Trotsky no tuvo objeción alguna. O las diferencias en Brest Litovsk eran porque Trotsky esperaba el auxilio de la revolución internacional y Lenin no, cuando la diferencia era sobre si primaban los tiempos políticos o los militares para tomar la decisión.

Reproduciendo y bastardeando la idea gramsciana del "cosmopolitismo" de Trotsky opuesto al carácter "nacional" de Lenin (yo admiro a Gramsci pero en esa se pasó de stalinista) hace una fábula digna de un propagandista del PCA, del que fuera expulsado en los orígenes de Pasado y Presente.

Lo demás sobre el particular, ya lo dijo Eduardo acá.

Pero quedan dos cuestiones más que quisiera tomar. La primera es que si la reflexión que hace el autor tiene que ver con las relaciones de economía y política en el marxismo, para aportar a superar desde el marxismo el hiato que el capitalismo establece entre ambos planos y que se expresa en el sindicalismo y el corporativismo, precisamente el pensamiento de Trotsky rompe en ese aspecto con la tradición evolucionista socialdemócrata que Aricó somete a crítica en todas sus lecciones. No solamente por el cuestionamiento de la revolución por etapas que en Rusia implicaba una revolución burguesa con la socialdemocracia como oposición parlamentaria (posición de los mencheviques y también de muchos bolcheviques entre Febrero y Octubre del '17), sino porque al plantear a la clase obrera como sujeto de la revolución democrático-burguesa sienta las bases desde otros presupuestos teóricos  para una estrategia hegemónica de la clase obrera como la que delineó Lenin, porque la clase trabajadora no solamente resolvería las tareas que corresponden a su interés de clase entendido de manera coporativa sino las que hacen al "movimiento en su conjunto" como decía Marx.

En segundo lugar, Aricó ni se plantea la cuestión de las consecuencias teóricas de la confluencia estratégica entre Lenin y Trotsky. Efectivamente no hubiera sido muy realista esperar que Lenin hubiese dicho "muchachos, Trotsky tenía razón con su teoría de la revolución permanente", pero lo cierto es que las consecuencias teóricas de la revolución rusa (Trotsky enfatizó la importancia de sus lecciones estratégicas antes de elaborar la  versión más completa de su Teoría de la Revolución Permanente) hacía también al marco estratégico posterior a 1917 y la adherencia dogmática del viejo bolchevismo a la concepción de la "dictadura democrática de obreros y campesinos" facilitó la política etapista hacia la revolución china de 1925-1927 y más en general la deriva centrista  de la III Internacional después de 1923.

VII. La Tercera Internacional y la "revolución pasiva"

[…]  Aricó tiene una suerte de tendencia decreciente de la tasa de buenos argumentos, o sea, empeora en sus contenidos a medida que se aleja de la teoría y se mete en la estrategia. Otra cuestión importante es que al no tener ninguna apropiación o lectura seria del pensamiento de Trotsky, Aricó termina "inventando la pólvora" en debates que hace contra la Internacional Comunista, desconociendo planteos de Trotsky que contemplan gran parte de lo que afirma el pensador cordobés, aunque desde una óptica totalmente distinta.

El núcleo principal de la Lección Séptima, previa reconstrucción de los debates que se dieron entre 1890 y 1920 sobre el destino del capitalismo, es que a pesar de que Lenin era enemigo de la teoría del derrumbe inevitable del capitalismo porque consideraba que no había situación sin salida para la burguesía, su teoría del imperialismo, con el supuesto de la crisis general del capitalismo y la actualidad de la revolución sentó las bases para una concepción predominante en la Internacional Comunista en la cual la caída del capitalismo estaba a la orden del día y no fue posible ver los procesos de restructuración del capitalismo que se expresaban en la república de Weimar (nuevo rol del Estado en la organización de la producción) y el americanismo (desarrollo de la técnica de producción industrial al cual se relacionan ciertos mecanismos de racionalización de la población). Algo parecido planteaba Portantiero en Los Usos de Gramsci, que criticamos acá, donde además retomamos los debates del Tercer Congreso entre Lenin y Trotsky y los "comunistas de izquierda".

Me parece pertinente debatir con la reconstrucción que hace Aricó sobre los obstáculos epistemológicos a los que habría estado sometida la Internacional Comunista, los cuales la llevaron a una política sectaria en lo que se conoce como el "tercer período" que permitió el ascenso del nazismo alemán.

En primer lugar, la teoría del imperialismo no suponía para Lenin que la época de crisis, guerras y revoluciones fuera una época de crisis, guerras y revoluciones ininterrumpidas o constantemente en acto. En este sentido, no es cierto que la única diferencia entre Lenin y los ultraizquierdistas alemanes, que caracterizó el Tercer Congreso de la Internacional Comunista, fuera únicamente a propósito de la política de alianzas. Lenin planteó claramente que después de las derrotas de Italia, Polonia y Alemania, en 1921 la burguesía había recuperado el control de la situación luego de un período en que se encontraba paralizada producto de la ofensiva de la clase trabajadora que tenía su hito máximo en la Revolución Rusa de Octubre de 1917.

Asimismo, la Internacional Comunista, principalmente en análisis de Trotsky incluidos en sus Escritos Militares y que citamos acá, planteaba no solamente la necesidad de la táctica del Frente Unico por el objetivo político de ganar a las masas bajo influencia de la socialdemocracia sino también como una táctica que formaba parte de una hipótesis estratégica (provisoria y no inamovible) que oponía la dinámica de la revolución en Europa Occidental a la de Rusia: Primero guerra civil y después toma del poder. Desde ya que esta hipótesis provenía de un cálculo de probabilidades y no tenía viso alguno de "bola de cristal". Podía darse o no. Pero es importante destacar esto en función de que la reconstrucción del clima de ideas de la III Internacional que realiza Aricó prescinde de este aspecto.

En segundo lugar, tampoco es cierto que haya sido solamente Gramsci el que asignó importancia a los mecanismos de reconfiguración de las formas estatales en los años '20 y '30 o al fordismo-americanismo. Trotsky abordó estos problemas en reiteradas oportunidades, analizando los cambios de las formas estatales desde la constitución de Weimar hasta el nazismo, pasando por las distintas formas bonapartistas que adquirieron los gobiernos alemanes previos al ascenso de Hitler, las formas del Estado soviético bajo el mando de la burocracia o de los distintos gobiernos desde reformistas a bonapartistas del Frente Popular en España y Francia, el significado del New Deal o el proceso de estatización de los sindicatos a escala mundial. Y también reflexionó sobre la importancia que tenía el rol de Estados Unidos como potencia, tanto desde el punto de vista de su superioridad económica como desde el punto de vista de las relaciones entre Europa y Estados Unidos como causa probable de nuevos estallidos revolucionarios, crisis y guerras, en particular de cara a los preparativos de la Segunda Guerra Mundial. Estos procesos tuvieron un rol de reconfigurar las relaciones entre economía y política en el capitalismo y algunos de ellos se expresaron más claramente después de la Segunda Guerra Mundial, mediante el "Estado de bienestar", pero para Trotsky (a diferencia de Gramsci) los mecanismos mediante los cuales el capitalismo sobrevivía a su propia crisis, estaban enmarcados en las tendencias hacia la guerra, originada en la lucha interimperialista que la Primera Guerra Mundial no había resuelto sino puesto en un impasse.

Lo que determinó la acción de la Internacional Comunista de 1924 en adelante no fue una incomprensión del desarrollo de las formas de reconfiguración estatal, que Trotsky por otra parte analizó, sino una incomprensión del carácter de la época imperialista y de la primacía de la estrategia contra las diversas formas de fatalismo, a lo que se sumó desde 1925 y sobre todo a partir de 1928 la necesidad de conciliar la adhesión formal al internacionalismo con la "teoría del socialismo en un sólo país" (jamás nombrada por Aricó), que se basaba en una dislocación de las tendencias a la interdependencia inherentes a la economía mundial en lo teórico y en las presiones de las capas más conservadoras de la sociedad soviética desde el punto de vista material. En este marco, el llamado "tercer período" era un intento de silenciar las conclusiones estratégicas de la política derechista anterior llevada adelante por la Internacional Comunista entre 1925 y 1927, que llevó a la derrota de la revolución en China y se basaba a su vez en una errónea lectura de las relaciones de fuerzas entre la clase obrera y el fascismo, así como de la naturaleza de éste último como fenómeno político reaccionario.

Al pasar por alto estos aspectos centrales del derrotero de la Internacional Comunista, Aricó establece una suerte de continuidad teórica entre Lenin y el stalinismo, que flaco favor le hace al fundador del Partido Bolchevique.

Foto: Antonio Gramsci
VIII. Gramsci / Teoría, estrategia, hegemonía

La Octava Lección condensa lo que se podría denominar el núcleo del debate estratégico del libro de Aricó, que para ser estratégico, es muy teórico, pero eso mismo es parte de la discusión. No es mi deseo ser muy repetitivo, así que acerca del enfoque más general en que Aricó encuadra el pensamiento de Gramsci, me remito al post sobre la lección Séptima, a otro más viejo sobre el lenguaje "militar" de Antonio Gramsci y a este artículo de la revista Lucha de Clases, en que realizamos una lectura crítica de las hipótesis estratégicas de los Cuadernos de la Cárcel y de las formulaciones estratégicas de Portantiero y Aricó. En estos trabajos están abordados distintos aspectos tomados por Aricó en la Lección Octava y por eso este post será un poco más breve que los anteriores.

Para la discusión específica, hay dos recortes que veo necesarios para la discusión de este capítulo. Uno tiene que ver con el cruce que hace Gramsci entre estrategia y teoría de la política (o ciencia política), que es retomado por Aricó como un punto de fortaleza de la elaboración del comunista italiano, que para sintetizar habría abordado la cuestión estratégica desde un desarrollo propio de la teoría marxista de la política. El otro tiene que ver con la fundamentación que proporciona Aricó de la teoría de la hegemonía, ligada a la cuestión de las alianzas de clases y del carácter de clase del partido, aunque según él no se limite a esa cuestión sino a la constitución de una dirección intelectual y moral más de conjunto.

En el primer aspecto, más allá del nivel de acuerdo que tengamos o no con Gramsci, es cierto que este reflexiona, desde el punto de vista teórico, con mayor énfasis en la cuestión de la política como ciencia autónoma y diversos aspectos de sus reflexiones sirven para pensar las características del Estado en la época del imperialismo. Asimismo intenta fundamentar esta reflexión en una interpretación de la teoría de la hegemonía de Lenin. Sin embargo, el déficit de Gramsci consiste en que estos desarrollos teóricos se dan en un contexto en cual Gramsci realiza una hipótesis sobre la guerra de posiciones, que en cierto modo elude el balance concreto desde el punto de vista estratégico de las experiencias de la Internacional Comunista durante los años '20 y '30, en las cuales Gramsci tendió alinearse con Zinoviev primero (V Congreso, donde Gramsci pensaba que Brandler que había suspendido la huelga general en Alemania porque la socialdemocracia le hizo Buuuhhh! era un ... ¡¡¡golpista!!!) y con Bujarin-Stalin después (carta al CC del PCUS, en la que hace críticas a los métodos de la fracción predominante pero defiende sus posiciones). Esta coexistencia de tan disímiles elementos en el pensamiento de Gramsci se expresa, como dijimos en "La revolución diplomatizada", en la contradicción entre la productividad de su teoría política y los límites de sus hipótesis estratégicas.

Respecto del segundo aspecto, la línea de argumentación de Aricó va hacia el planteo de que un partido con predominancia de la clase obrera tiene que ser por fuerza obrerista y sindicalista y no puede ser "hegemónico", de esta forma rehabilita la teoría de los partidos bipartitos obreros y campesinos de Bujarin y Stalin, que ya en la Lección Quinta le había adjudicado erróneamente a Lenin. Desde esta óptica, la hegemonía no consiste en la jefatura de la clase obrera dentro de una alianza obrero-campesina u obrero popular, sino en la dirección del partido sobre un bloque de clases unido por una perspectiva cultural-intelectual y moral socialista, pero sin predominio social y político de la clase trabajadora. Por eso Aricó considera un paso adelante el VII Congreso de la Internacional Comunista que vota la línea de Frentes Populares y gobierno de frente único con la burguesía democrática.

Por último, que esta interpretación no es un invento de Aricó. Como planteamos acá: su lectura [la de Gramsci] de la “hegemonía” en la URSS está teñida de un sustituismo que reemplaza la dominación de la clase por la del grupo dirigente.

Esto es lo que planteó cuando sostuvo en 1926 que el proletariado tenía que sostener su dominación política al precio de mantener una posición social de clase subordinada, para defender la Neo-NEP de Bujarin y Stalin, lo cual sigue defendiendo en los Cuadernos de la Cárcel, cuando dice que la Oposición tenía una programa que llevaba al industrialismo y el bonapartismo. Cuando se posiciona de esta forma, el punto de vista dialéctico por el cual la clase obrera como clase dominante tiene que mantener su dominación política a costa del sacrificio de intereses económico-corporativos, se invierte transformándose en que el partido para mantener la unidad del grupo dirigente tiene que hacer concesiones a los campesinos contra la clase trabajadora. Gramsci pierde de vista que la centralidad de la clase trabajadora no puede ser solamente la del partido que tiene supuestamente el punto de vista de la clase trabajadora, por lo cual la cuestión de fortalecer las posiciones sociales del proletariado al interior de la URSS era un problema candente, como señalaba la plataforma de la oposición conjunta [...]

Si bien Gramsci no dio el paso de liquidar la centralidad de la clase obrera, como hicieron los socialdemócratas y demócratas de izquierda, su posición política sobre la URSS, que después elevó a teoría en los Cuadernos tiene un denominador común con esas posiciones.

Volviendo ahora a pensar sobe el tema, creo que el sustituismo al que hacía alusión en el post citado es en realidad un aspecto secundario de una concepción más amplia en la cual el desplazamiento parcial de la centralidad de la clase obrera en función de sostener la alianza "hegemónica" tiene como fundamento una concepción de la hegemonía que se emparenta con la de "política nacional", por la cual el problema de la alianza obrero-campesina se concibe como más importante que el de la centralidad obrera, mientras para Trotsky una era impensable sin la otra.

Desde esta óptica de enfrentar hegemonía "socialista" con hegemonía de la clase obrera, Aricó construye una "teoría de la revolución" en la cual el problema de la lucha por el poder se diluye en una imagen más amplia de "conquista del poder", por la vía de un proceso de construcción de hegemonía en el que la lucha por una dirección intelectual y moral de las masas desplaza la cuestión estratégica. Igual que Portantiero tiende a una teoría del socialismo sin revolución.

Foto: José María Aricó
IX. Final amargo de un texto sin herederos

Llegamos por fin al final (el trabalenguas es involuntario). A lo largo de las 9 Lecciones, Aricó va bajando el nivel de la argumentación hasta llegar en la Lección Novena a la idea de que la lucha "hegemónica" se hace en el interior de las instituciones y de que ya no se trata de "asaltar" el poder, caricaturizando la posición gramsciana y la de Lenin al mismo tiempo.

El fundamento teórico para esta posición consiste en que, contra la lectura economicista del marxismo tradicional, la diferencia entre producción y circulación no es un límite insalvable del capitalismo, sino la forma de su expansión, lo cual pone en crisis las teorías derrumbistas y plantea la necesidad de una crítica de la política que a la vez sea ciencia política, que acompañe la crítica de la economía política.

Retoma Aricó la idea de que la reproducción del capital trasciende la esfera económica y se proyecta en la formación económico-social como un proceso también político y va por esta vía a una versión marxista de la teoría de la autonomía de lo político y de hegemonía en las instituciones.

Aricó sostiene que la politización de cada institución del capitalismo es un límite que el capitalismo no puede aceptar, mientras las luchas corporativas son asimilables. Sin embargo, este enfoque del autor es uno de lo que el capitalismo más asimiló durante las últimas  décadas: el de las corrientes que proclamaban la constitución de hegemonía desde las propias instituciones de la sociedad burguesa. El PT de Brasil, tomado por un amplio espectro filo-gramsciano como un ejemplo de política hegemónica, es un botón de muestra de adónde conduce esta posición. La interpretación de que el punto de vista de clase equivale a corporativismo es un grosero error teórico, a partir del cual se construyó una teoría de la hegemonía inofensiva para el sistema político burgués.

No veo necesario repetir cosas que ya dijimos en los posts anteriores sobre este libro y en este viejo artículo, a los que remito para profundizar algunos aspectos de la discusión, en particular los pasajes referidos al libro Los gramscianos argentinos de Raúl Burgos y la formulación de la hegemonía que hace Aricó en La Cola del Diablo.

De conjunto, el texto de las 9 Lecciones expresa un pensamiento marxista (de matriz frentepopulista) en proceso de socialdemocratización. Esto hace que los puntos más fuertes sean los versan sobre las relaciones de Marx y Hegel, la lógica de El Capital o los conceptos teóricos de Lenin, mientras que los puntos ligados a la teoría política y la estrategia se basan en una degradación del bagaje estratégico del marxismo clásico y en una interpretación gradualista del pensamiento de Gramsci (que tiene desde ya su propio gradualismo).

Sin embargo, las 9 Lecciones y más en general lo desarrollado por Aricó antes de su pasaje abierto a la socialdemocracia, es un legado sin herederos. En efecto, para una posición marxista revolucionaria, quizás con la excepción de sus notas sobre Sitrac-Sitram, es demasiado proclive a posiciones reformistas y para las corrientes gramscianas socialdemocratizantes, es demasiado de izquierda, porque sigue hablando del marxismo en términos de una teoría de la revolución.

Quizás por eso, los trotskistas debatimos más sobre Aricó que sus supuestos herederos.

Resumen de las fuentes de los textos citados