3/4/12

Notas para una breve historia de la naturaleza humana / Del iusnaturalismo clásico al moderno y de allí, a Hegel y Marx

Armando Barrios  [Venezuela] Mujeres
José Antonio Gómez Di Vincenzo 

Especial para Gramscimanía
El siguiente no pretende ser un tratado, un monográfico o un texto formal en el que el compromiso por respetar las pautas y valores compartidos por la comunidad académica para la elaboración de material de estudio adquiera un rol relevante. Simplemente lo que se busca es diagramar un itinerario para esbozar lo que podría llamarse una historia de la apelación a la esencia humana con el fin de emprender una fundamentación de lo político. Léase pues lo que sigue como si fueran notas, apuntes o un plan de escritura austera pero precisa, cuyo objeto es acercar al estudiante de ciencias sociales o humanidades un panorama general como para comenzar a abordar estas cuestiones.[1]


El iusnaturalismo clásico

Nuestro recorrido comenzará tratando los aportes del iusnaturalismo clásico. Platón (428 – 348 a. C.) es tal vez quien con mayor claridad haya presentado el problema. En efecto, en la República, mediante el conocido “mito de los metales”, Platón plantea la cuestión de cómo hacer para sostener el orden social cuando la fuerza ya no resulta conveniente, cómo hacer que los sujetos que ocupan lugares desventajosos en la escala social acepten sumisamente el lugar que le corresponde. 

De este modo, dialogan Sócrates y Glaucón: 

- “¿Cómo nos las arreglaríamos ahora –seguí- para inventar una noble mentira de aquellas beneficiosas de que antes hablábamos y convencer con ella ante todo a los mismos jefes y si no a los restantes ciudadanos?
- ¿A qué te refieres?
- No es nuevo, tiene origen en Fenicia; y por lo que dicen los poetas, que al parecer hablan con convicciones, es un hecho real que se ha verificado en muchos puntos. Pero en nuestros días no ha tenido lugar, ni sé que pueda tenerlo en lo sucesivo. No es poco, si se consigue hacerlo creer.
- ¡Qué!, ¿Tienes dificultad en decírnoslo?
- Cuando lo hayas oído, verás que no me falta razón para ello.
- Habla y no temas nada.
- Voy a decirlo; pero en verdad no sé a dónde acudir, para cobrar ánimo y encontrar las expresiones que necesito para convencer a los magistrados y a los guerreros, y después al resto de los ciudadanos, de que la educación que les hemos dado no es más que un sueño; que donde han sido efectivamente educados ha sido en el seno de la tierra, así ellos como sus almas, como todo lo que les pertenece, que después de haberles formado, la tierra, su madre, les ha dado a luz; y que por lo tanto deber considerar la tierra en que habitan, como su madre y su nodriza, defenderla contra todo el que intente atacarla, y tratar a los demás ciudadanos como hermanos salidos del mismo seno.
- No te faltaban razones –dijo- para vacilar tanto antes de contar tu mentira.
- Pero ya que he comenzado escucha el resto del mito. “Sois, pues, hermanos todos cuantos habitáis la ciudad –les diremos siguiendo con la fábula-: pero al formarlos los dioses, hicieron entrar oro en la composición de cuantos de vosotros están capacitados para mandar, por lo cual valen más que ninguno; plata en la de los auxiliares, y bronce y hierro, en la de los labradores y demás artesanos. Como tenéis todos un origen común, tendréis por lo ordinario hijos que se os parezcan; [...] porque perecerá la república cuando sea gobernada por el hierro o por el bronce”. ¿Sabés de algún medio para hacerles creer esta fábula?
- Ninguno –respondió- al menos por lo que toca a la primera generación. Pero sí podrían llegar a admitirla sus hijos, los sucesores de éstos y los demás hombres del futuro.” (Platón, República, III, 21, 415)
Varios siglos han pasado desde que Platón planteara con suma claridad la cuestión de cómo hacer para sostener, sin apelar a la fuerza, un orden determinado, cómo lograr que los individuos acepten lo dado como el deber ser y entiendan que debe haber buenas y legítimas razones para que las cosas sean de ese modo y no de otro.
Con el correr de los años, el mito fue variando y adquiriendo distintas formas pero aún así, nunca dejó de ser creído. En efecto, Platón apeló a una explicación mítica, los filósofos medievales, siguiendo la tradición judeocristiana, definieron la naturaleza por su componente negativo; esto es, la naturaleza como lo distinto de dios. El hombre debe trascender la naturaleza para ser digno de haber sido creado por un dios que ha trascendido el mundo de lo creado. 

El carácter natural de las jerarquías sociales es presentado por Platón apelando a una forma mitológica. Si bien la filosofía platónica ocupó un lugar central en la Europa medieval, sobre todo en las primeras contribuciones filosóficas cristianas, son los trabajos de su discípulo estagirita, los que más nos interesan rescatar del modelo clásico. Efectivamente, es con Aristóteles que discuten los filósofos modernos. El fundamento político aristotélico ya no se construye mediante la apelación al mito sino por medio de un esquema reconstructivo gradualista, una explicación genética que pretende establecer los orígenes y el desarrollo de la sociedad. Comprender su propuesta es central para entender cómo construyen sus respectivos aportes conceptuales los intelectuales enrolados en el iusnaturalismo moderno; constructos teóricos que legitimarán sus modelos políticos correspondientes. 

El iusnaturalismo moderno

La introducción de los textos aristotélicos, producida en el siglo XIII por los árabes, disparó una serie de discusiones en los ámbitos académicos europeos que en alguna medida, anticiparon las que posteriormente, llevarían al derrumbe del modelo antiguo. En efecto, el modelo aristotélico sobre el cual, se fundaba el orden social y político cae definitivamente en el siglo XVII como producto de un complejo proceso denominado “la Revolución Científica”.

Con la modernidad, el fundamento de lo político asumirá la forma de construcción racional como fuerza impugnadora del orden vigente. Por una cuestión de espacio y dadas las características del tipo de apunte que estamos proponiendo no nos detendremos para examinar la influencia del nominalismo en la filosofía posterior ni la del trabajo de Maquiavelo. 

Los modernos del siglo XVII, plantearon una naturaleza como etapa previa ficcional a la constitución de las sociedades. Sin embargo, más allá de sus notas específicas, todos estos discursos tienen en común el hecho de haber sostenido la legitimidad de cierto orden dado o planteado uno por fundarse apelando a ciertas características esenciales en el ser humano. Lo natural será discutido mediante una indagación racional que impugna lo que hay y postula lo que debe haber. Lo político ya no responde a la naturaleza de las cosas sino que se construye como un artificio. Pero el estado social no debe ser contradictorio con el estado de naturaleza humana. Mientras que en los clásicos lo político y lo social se identifican plenamente con la cosmovisión, las tradiciones y el predominio del todo por sobre las partes, los modernos rompen con la tradición, ponen a todos los individuos en un estado de igualdad natural y construyen la soberanía a partir de las voluntades individuales. No obstante, al igual que en Aristóteles, aquí tampoco tenemos un trabajo empírico que permita sostener la propuesta sino especulaciones de tipo imaginaria y ficcionales.

Dentro de la corriente iusnaturalista moderna tenemos los aportes de Th. Hobbes (1588 – 1679), J. Locke (1632 – 1704) y J. J. Rousseau (1712 – 1778). Cada perspectiva posee características que le son propias; diferencias dadas, en gran medida, por los condicionamientos políticos y el contexto social en el cual, construyen sus correspondientes teorías.

La posición de Hegel y Marx 

Más adelante, ocupará un lugar importante la crítica hegeliana a la idea de construir el fundamento de lo político partiendo del individuo y perdiendo de vista la totalidad. En Hegel (1770-1831) la lógica y la metodología del desarrollo es la dialéctica. No sólo existen categorías de mi pensamiento (como en el sistema kantiano) que nos permitan conocer la realidad, sino que al entendimiento debo complementarlo con la dialéctica que me permite conocer cómo se desarrolla o desenvuelve realidad y el pensamiento. Esto es así porque pensamiento y realidad se desarrollan idénticamente y dicho desarrollo es dialéctico. Lo que se está desarrollando en la historia es el autodespliegue del Espíritu absoluto, el autodespliegue de la voluntad divina. El Espíritu realiza su esencia haciéndose por el pensamiento que captura la realidad. De este modo, una de las más fuertes y contundentes expresiones del ideal de conocimiento para Hegel dice que “lo verdadero es lo completo”, o dicho de otro modo, “la verdad es el todo”. Para Hegel, el ser se desarrolla desde una forma de vaciedad hacia la completitud o totalidad. Su sistema filosófico es inmanente porque se resuelve en sí mismo. En este sentido, encararemos el estudio de su propuesta en la cual, el individuo se subsume a una totalidad representada por el espíritu del pueblo y un desarrollo histórico planteado en términos teleológicos.

C. Marx (1818 – 1883) al mismo tiempo de elaborar una crítica al esquema iusnaturalista moderno, critica también la postura hegeliana por considerarla idealista y poco interesante para apoyar intelectualmente las transformaciones que la sociedad necesita para ser más justa. No obstante, tomará de Hegel la dialéctica como herramienta para la construcción teórica de su materialismo histórico. Marx retomará la idea de esencia humana pero planteando una naturaleza humana no inmutable y construida a partir de la relación con los semejantes. En efecto, para Marx el ser humano es un ser social por naturaleza que para reproducir su existencia produce los medios necesarios para satisfacer sus necesidades estableciendo una serie de relaciones con sus pares en la praxis transformadora de lo dado. Es a partir de estas premisas, que Marx elaborará su propuesta político social.

Nota

[1] Para ampliar puede consultarse, Palma, H., (2001): Conexiones. Ciencia, política y orden social. Proyecto Editorial, o Gómez Di Vincenzo, J., y Mayo, A., (2011): Desencantamiento y revolución. Conocimiento y sociedad en la modernidad. UNSAM Edita, Buenos Aires; textos que utilizamos como referentes para esbozar este apunte.