8/4/12

La Conferencia de Bandung y los nuevos malestares

Bruno Peron Loureiro

Especial para Gramscimanía
Las desigualdades y las relaciones de poder entre países “centrales” y “periféricos”, “ricos” y “pobres”, “desarrollados” y “subdesarrollados” nos invitan a evaluar pasajes históricos que estructuran el mundo de la forma que es. El primer alerta es que no se concibe la “centralidad” si no existe “periferia”, no hay “riqueza” sin “pobreza” y tampoco el “desarrollo” es inteligible sin “subdesarrollo”.

Para este razonamiento, utilicemos la dialéctica. Para mantener el enfoque de mis ensayos, presento uno de los eventos que componen la “otra cara” de los poderes y las hegemonías que se establecieron después de décadas y siglos de sangre, subyugación y represión cultural. Menciono entonces la importancia histórica de la Conferencia de Bandung, celebrada en abril de 1955.

Líderes de 29 países asiáticos y africanos se reunieron durante algunos días (entre el 18 y el 24 de abril de ese año) en una ciudad de Indonesia, a fin de discutir aflicciones comunes y formas de cooperación contra el colonialismo, el imperialismo y el racismo de las naciones europeas, Estados Unidos y la Unión Soviética. Hubo allí por ejemplo, denuncias contra el sistema de apartheid en África del Sur.

Países asistentes a la Conferencia de Bandung: Birmania, Ceilán, India, Indonesia, Pakistán,  Afganistán, Camboya, República Popular China, Egipto, Etiopía, Costa de Oro, Irán, Irak, Japón, Jordania, Laos, Líbano, Liberia, Libia, Nepal, Filipinas, Arabia Saudita, Sudán, Siria, Tailandia, Turquía, República Democrática de Vietnam Septentrional, Estado de Vietnam Meridional y Yemen
Estuvieron presentes en la Conferencia, Sukarno, presidente de Indonesia; Nehru, primer ministro de la India que resistió la dominación inglesa; Nasser, presidente de Egipto; Haile Salassié, emperador de Etiopia; y otros estadistas. A pesar del elevado número de países que enviaron representantes, los patrocinadores del evento fueron Indonesia, Birmania, la India, Skri Lanka y Pakistán.

Por un lado la conferencia se realizó en el marco de la “Guerra Fría” y de la expansión de las áreas de influencia de los Estados Unidos y la Unión Soviética, que disputaban en el mundo espacios ideológicos y avances tecnológicos (aeroespaciales, militares, etc.) como si el mundo fuera un tablero de “War”, el juego de la corporación Grow. Por otro lado, la “batalla” del “Sur” era contra el lugar que los participantes de Bandung ocupaban en la escala del “desarrollo”.

La línea divisoria que marcó la Conferencia de Bandung se refiere en parte a la instauración de las nociones de “Tercer Mundo, “Países no Alineados” y relaciones “Norte-Sur” (en sustitución de las “Este-Oeste”). Tanto la terminología como la conciencia del lugar de estos países en el mundo indispusieron a los Estados Unidos  que se ausentaron completamente del evento al punto de no enviar siquiera un observador.

El poder enreda mientras nadie contesta

Así, la Conferencia fue una gran tentativa de reunir a los países del “Sur” a favor del diálogo con los del “Norte”, a despecho de la ausencia de América Latina, cuya región estaba así vulnerable a las embestidas del “Norte”. Fue sin embargo un preludio a la independencia de 17 de estos países a lo largo de la década de los 60.

Algunos de los principios que se decidieron en la Conferencia apelan a la Carta de Organización de las Naciones Unidas, como el respeto al derecho a la defensa de cada nación y la solución de los conflictos internacionales por medios pacíficos. Por lo tanto los países “no alineados” intentaron legitimar sus demandas a través de un organismo internacional creado por los propios países del “Norte”.

La estrategia de los conferencistas de Bandung constituyó un alejamiento del colonialismo, el imperialismo y el racismo a través de la red institucional que los países dominantes extendieron para pescar en el lago de los más débiles. Los países del “Norte” actúan en función de su poder bélico, mientras que la solución de Gandhi se contrapone a la solución violenta de los conflictos internacionales.

Bandung es la ciudad de Indonesia donde centelleó la necesidad de propuestas que conduzcan al respeto y al encuentro de culturas distintas, y al principio de autodeterminación de los pueblos. Propuestas que todavía cuesta que sean aceptadas por el entendimiento moral de los estadistas norteamericanos y europeos. Véase la masacre cínicamente llamada “primavera árabe”.

El mundo continúa siendo dividido, sin embargo más por las forzadas palabras que por las armas. Estos nuevos malestares no eximen a los países más vulnerables del compromiso de elaborar posturas conjuntas contra la depredación neocolonial, que no se pulveriza con los meros deseos contenidos de otros países.

Inglaterra podría comenzar entregando las Malvinas.

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