24/4/12

La batalla de Moscú como hito crucial de la Segunda Guerra Mundial

Serguei Varshávchik

Hace 70 años, el 20 de abril de 1942, finalizó la batalla de Moscú que determinó el desenlace de la Segunda Guerra Mundial y el curso de la historia. Una quinta parte de las bajas por ambas partes se registró en Moscú.

La Batalla de Moscú  

Las graves pérdidas que sufrieron ambas partes durante la batalla de Moscú ponen en evidencia lo encarnizados que eran los combates. Desde finales de septiembre de 1941 hasta el 20 de abril de 1942, las tropas soviéticas perdieron 1.806.123 efectivos, y las alemanas, 581.900.

Otras batallas cruciales de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, la de Stalingrado (actual Volgogrado, a orillas del Volga) o la batalla de Kursk, son incomparables con la batalla de Moscú en este ámbito. Según el historiador Boris Nevzórov, uno de cada cinco soldados soviéticos que perdieron la vida en el período de 1941 a 1945, murió en la batalla de Moscú.

Duros combates se libraron también en el cielo. De julio de 1941 a abril de 1942 la Fuerza Aérea alemana realizó unas 8.000 incursiones aéreas contra Moscú. La inmensa mayoría de los bombarderos no pudieron irrumpir en la ciudad: solo lograron hacerlo 234 bombarderos, que lanzaron 1.610 bombas rompedoras y casi 100.000 bombas incendiarias.

Las Fuerzas Armadas soviéticas abatieron 952 bombarderos y averiaron 130 aparatos de los nazis. "Cuando me preguntan lo que más recuerdo de todo sobre la última guerra, yo siempre digo que es la batalla de Moscú," escribió en su libro de memorias mariscal Zhukov, que en aquella época fue comandante del Frente Occidental.

El nudo ferroviario y automovilístico más importante

¿En qué consiste la particularidad de la batalla de Moscú? ¿Habría perdido la URSS la guerra si los alemanes hubieran tomado Moscú durante la operación Tifón? En la historia de Rusia ya se dio el caso en el que el enemigo estuvo en las proximidades de Moscú. En 1812 Moscú fue entregada a Napoleón pero esto no afectó la capacidad combativa de las tropas rusas y la situación se volvió en contra de los franceses.

Los historiadores contemporáneos expresan distintas opiniones al respecto. Según el historiador militar autor de varios libros sobre la Segunda Guerra Mundial Alexei Isáev, a diferencia de 1812, Moscú representaba en 1941 un nudo importantísimo ferroviario y automovilístico. Su pérdida habría significado un colapso para el sistema de comunicaciones de la URSS, habría conducido en seguida a la entrega de Leningrado (actual San Petersburgo) por falta de comunicación. “Así que no podíamos perder Moscú”, concluye el historiador.

Su colega, Serguei Peresleguin considera también que la importancia militar de Moscú era demasiado grande. La parte que controlaba el nudo de transporte más importante del país tenía más maniobrabilidad. Un traslado rápido a Moscú de las unidades soviéticas desde Siberia, Lejano Oriente y Asia Central lo puso en evidencia. Posteriormente, estas unidades tomaron parte en una amplia contraofensiva en los suburbios de Moscú en diciembre de 1941.

"La pérdida de Moscú era mucho más importante que la pérdida de Kiev o Leningrado. De hecho, esto eliminaría la posibilidad de mantener las posiciones en el centro de Rusia”, destacó Peresleguin. Según él, se podía trasladar la capital de Rusia a Kúibishev (la actual Samara, región del Volga) u otra ciudad, pero fue imposible hacer lo mismo con la red del transporte ferroviario y automovilístico.

Según el historiador militar, Alexei Kilichenkov, si los alemanes hubieran obtenido la victoria en la batalla de Moscú, el curso general de la guerra no habría cambiado. En una entrevista a RIA Novosti, el experto señaló que en 1941, los alemanes “no resolvieron la tarea clave: no lograron derrotar a las fuerzas principales del Ejército Rojo, lo que podría haber contribuido a la caída del régimen soviético”. Hitler, como Napoleón en 1812, tropezó en la misma piedra.

Hitler no ganaría la guerra por una victoria en la batalla de Moscú

En otoño de 1941, la mayoría de las organizaciones públicas y fábricas fueron evacuadas de Moscú. Así las cosas, la pérdida de Moscú no habría causado tanto un impacto militar sino el psicológico, dando la oportunidad a los propagandistas nazis de informar a todo el mundo sobre una nueva victoria de la Wehrmacht imbatible.

Los historiadores coinciden en que este desarrollo de los acontecimientos sería desfavorable para la Unión Soviética. "Pero un desarrollo desfavorable de los acontecimientos no es lo mismo que la derrota total”, afirma Peresleguin, destacando que Rusia es un país muy grande, mientras que la ‘Operación Barbarroja’, plan de invasión de la URSS, fue demasiado esquemática, con una sola indicación de varios puntos de la ofensiva entre las ciudades de Arjánguelsk (norte de la parte europea de Rusia) y Astracán (curso bajo del Volga).

Según Peresleguin, para la Wehrmacht la batalla de Moscú fue la última posibilidad real de al menos mejorar sus posibilidades de victoria en la Segunda Guerra Mundial si no ganarla. En este sentido, se puede comparar la batalla de Moscú con la batalla del Marne, que tuvo lugar en otoño de 1914 durante la Primera Guerra Mundial, cuando fracasó el plan estratégico de la ofensiva del Ejército alemán que preveía lograr rápidamente una victoria sobre Francia en el Frente Occidental para dirigir posteriormente todas las fuerzas contra Rusia.

Fracaso de la guerra relámpago

Al derrotar a los alemanes, las tropas soviéticas les hicieron retroceder de 100 a 250 kilómetros de la capital de la URSS. Alemania, que no consiguió derrotar a la URSS en una guerra relámpago, tuvo que prepararse para una larga y sangrienta guerra de posiciones que le ofrecía escasas posibilidades para triunfar.

Según el general alemán Günther Blumentritt, “la batalla de Moscú causó el primer golpe contra Alemania tanto en el ámbito político como en el militar”. “Esto significaba el fracaso de la guerra relámpago con la que Hitler y su Ejército consiguieron sonadas victorias en Polonia, Francia y en los Balcanes. Desde el punto de vista político, la decisión de lanzar una ofensiva contra este país fue fatal. Tuvimos que luchar con un adversario más fuerte que al que nos habíamos enfrentado”, hizo constar el general.

Según Blumentritt, incluso si Alemania hubiera logrado tomar Moscú, la guerra no habría acabado. “Rusia es tan grande y el Gobierno ruso fue tan decisivo que la guerra... habría continuado en el vasto territorio del país”.

Cantidad y calidad

Pese que en la batalla de Moscú la Wehrmacht sufrió menos pérdidas que el Ejército Rojo, perdió a sus mejores cuadros militares. Según Kilichenkov, efectivos recién reclutados que carecían de la experiencia sustituían a los soldados y oficiales que habían atravesado toda Europa.

El número de efectivos tampoco fue suficiente. La guerra devoraba a más hombres de los que Alemania pudo encontrar para su Ejército. El 21 de abril de 1942, el jefe del Estado Mayor General del Ejército de Tierra alemán, general Franz Halder, escribió en su diario las tesis para el informe a Hitler. Conforme a estas, el número de efectivos en el Frente Oriental fue hasta 625.000 personas menos de lo previsto. Mientras, el número de los soldados de Infantería en el Grupo de Ejércitos Centro, responsable de la realización de la operación Tifón, fue un 35% del total anterior.

"Las tropas soviéticas perdieron a muchos soldados sin experiencia. Esto podría sonar cruel, pero tras perder tres o cuatro o cinco veces más efectivos que Alemania, la URSS forjó a un núcleo de experimentados que hacia las finales de 1942 lograron detener el empuje alemán”, destaca Kilichenkov.

Se puede hacer pronósticos sobre otro posible desarrollo de los acontecimientos, pero pasó lo que pasó. Los moscovitas convirtieron la capital de la URSS en una fortaleza inexpugnable y la defensa de Moscú fue una hazaña del heroico pueblo ruso, digna de orgullo.