12/4/12

Israel hipoteca la paz de sus hijos

Amira Hass

Traducción del hebreo: Rolando “El Negro” Gómez 
 Especial para Gramscimanía
La maraña de distribuidores de autopistas y carreteras en la entrada a Jerusalén nos habla de planeadores, Ministros, Alcaldes y contratistas que piensan “a lo americano”.  Nos acostumbramos a dimensiones que empequeñecen todo lo que no es asfalto: gente y árboles.  Por ejemplo, nos acostumbramos a las “soluciones de transportación” que devoran la naturaleza.  Sobre todo porque supuestamente sin proponérselo, estas soluciones de transportación destruyen tejidos sociales existentes.
 Si se hablara solamente de Ministros, planeadores y asfalto, que sea.  Pero el “pensar a  lo americano” se volvió una característica que define a Israel.  “Pensar a lo americano” es un pensamiento guía en la sociedad israelí judía, en su política respecto a nuestros propios “indios”.

¿Por qué tendríamos menos éxito que EEUU, Canadá o Australia, que en el proceso de su establecimiento e independencia borraron –cada uno de ellos a niveles distintos- las sociedades y comunidades que vivían en ellos?  ¿Por qué no, olvidar nosotros lo que se les olvidó a países que se presentan a sí mismos como baluartes de la civilización?

Ahora, cuando los remanentes de esas naciones originarias se atreven a reclamar derechos, participación en los recursos e indemnizaciones, esos reclamos ya no ponen en peligro a los colonos blancos y a las autoridades.  Entonces hagamos lo mismo nosotros: aguantemos otros 20, 50 años, continuemos robando la cabra y la colina, aplastando al desamparado, provocando emigraciones, comprando y sometiendo a sus líderes, armándonos y saliendo a la guerra…hasta que la molestia (de la entidad nacional, cultural y política que exige sus derechos) desaparezca.

Es tan lógico este hilo de pensamiento, que la gran mayoría en Israel no está interesada en diálogo sobre soluciones.  Esa mayoría por supuesto que no se interesa por los hechos y los detalles que tejen conjuntamente la realidad despreciable y repugnante de la brutal dominación de Israel sobre otro pueblo.  Lo que le interesa a esa mayoría es saber si es que hay o no hay tranquilidad y seguridad; qué tan fuerte es el Ejército Israelí, y cuántos pasajes de la biblia demuestran nuestra propiedad sobre la tierra.

Pero para el colmo de la felicidad y el alivio, los palestinos son un solo pueblo (no como los cientos de pueblos originarios que había en América), y el proceso del asentamiento judío no lo aniquiló.  Estamos en una época distinta y un área distinta.  El “pensar a lo grande” olvida que, en oposición al modelo que se quiere copiar y desarrollar, nosotros somos solo una minoría en la región, y la región cambia y reclama cambiar las reglas del juego que son cómodas para Israel y para EEUU.

La verdadera cuestión no es “dos Estados” o “un Estado”.  La historia de todas maneras no reconoce etapas finales.  Cada etapa lleva a otra.  Tampoco son visiones lo que falta.  Las visiones deben desarrollarse y cambiar en el proceso de lucha por la igualdad y la justicia.  De lo contrario se transformarán en gulags.

La cuestión era y sigue siendo cuánto más derramamiento de sangre, sufrimiento y catástrofes hacen falta para que se desmorone el régimen de discriminación y apartheid judío que se desarrolló en estos 64 años.
Los palestinos nos concedieron a los israelíes una escalera que nos hubiera ahorrado la magnitud del sufrimiento y desposesión que les causamos a ellos.  Una escalera a la que nos subiríamos en la etapa histórica en la que seamos recibidos en la región como vecinos reconocidos, con raíces y derechos, y no seamos solamente invasores hostiles.

Pero los gobiernos de Israel, con el apoyo de sus electores, derribaron la escalera.  Sabían muy bien porqué hacer fracasar la etapa de dos Estados (en su fórmula original).

Esa etapa hubiera allanado el camino a otras configuraciones de vida en común de dos pueblos.  Solo que la base y la lógica de esas configuraciones hubiera obligado a renunciar a la hegemonía y superioridad judías.

Y es necesario decirlo: por esa hegemonía, Israel hipoteca la paz de sus hijos y la vida de sus nietos.  Junto con la paz y la vida de los hijos y nietos de toda la región.
http://www.haaretz.co.il/opinions/1.1683861
http://www.haaretz.com/opinion/israel-america