4/4/12

El gobierno cubano / Su contradictorio y necesario objetivo

Lorenzo Gonzalo

Especial para Gramscimanía
Para quienes miramos el proceso cubano desde fuera, aun para aquellos de nacionalidad cubana, la situación política actual puede parecer diferente a la del propio gobierno e incluso al entendimiento que tengan de ella, las personas menores de sesenta años que forman parte de esa sociedad.

Estos últimos son la columna vertebral del futuro y las condiciones en que reciban la continuidad del devenir social, tendrá mucho que ver con el rumbo que tomen los acontecimientos económicos, sociales y políticos de Cuba en los próximos años.

Uno de los aspectos que, muchas de las personas que vivimos en el exterior, consideramos quizás más delicados, es cómo el gobierno cubano podrá lograr que los cambios requeridos en todos los órdenes del Estado y la sociedad cubana, no sean entendidos como un distanciamiento del discurso oficial que por más de medio siglo, ha abogado por la necesidad de justicia, equidad y humanismo. Aun para muchas de las personas que vivimos en el exterior y que creemos en la necesidad de transformaciones profundas en la administración y dirección del proceso económico a nivel mundial y de cada país en particular, resulta difícil saber cómo la población asimilará esta etapa lógica, pero de apariencia contradictoria, del proceso revolucionario cubano. Hacerle comprender esto a las personas que solamente quieren pan, atención de salud, educación y una libertad de actuación que no los descalifique o estigmatice en el trabajo o el medio, en razón de opiniones políticas relativas a los resultados de gobierno, es quizás la más dura de las tareas que tiene la dirección política del país. No todo el mundo, y diríamos que solamente una minoría, es capaz de entender que la evolución y el desarrollo, se sustentan en metas que siempre atraviesan necesariamente por prácticas, errores, fracasos y éxitos antes de alcanzar derroteros acordes con la finalidad de una economía cuyo objetivo supone ser, impulsar la creatividad del ser humano y no convertirlo en un guarismo, orientado solamente a una acumulación interminable de bienes.

La importancia de este comentario estriba precisamente, en que si las personas no entienden con exactitud las reformas que el gobierno de ese país ha comenzado a hacer, la mayoría interpretará que los objetivos planteados fueron un error y que la economía que ha sido motivo de crítica es la correcta. Muy pocos analizarán que esa economía que Marx bautizó como capitalista y el Papa Juan Pablo II como Capitalismo Salvaje, continúa siendo parte de un debate que corresponde a la humanidad de hoy, y si no llegara a entenderse de esta manera, eventualmente con las generaciones venideras, ocurrirán distorsiones. El agravante que tendría esto último sería que, al amparo de las confusiones reinantes, fuerzas existentes en el exterior, que nunca han ocultado su interés de apoderarse del Poder, podrían comenzar a aparecer, relegando o impidiendo las mejores soluciones.

Uno de los aspectos más importantes del debate sobre la economía y la sociedad de hoy es convertir a la primera en patrimonio público, sin que esto signifique la estadidad plateada por los soviéticos en el primer intento fallido y lamentable por alcanzar ese propósito y segundo, en hacer de la democracia un medio de participación social y no el instrumento faccioso que desgraciadamente resulta cuando las divergencias políticas se dirimen a través de esas instituciones llamadas Partidos.

Muchas personas con quienes hablamos se quejan de la “lentitud del gobierno cubano” en hacer cambios y aun los más informados e inteligentes, sin quererlo, ponen a un lado la política agresiva e impositiva de Estados Unidos respecto a Cuba, la cual obviamente, es un enorme obstáculo para que el gobierno actúe con absoluta seguridad. Olvidan además, que organizar un Estado que no solamente deberá administrar el balance social, sino también combinar la iniciativa individual con formas de propiedades públicas y socializadas, sin recurrir a la estadidad como método, es una ardua tarea.

Por supuesto esto no exime al gobierno de actuar con la mayor prontitud posible, para asegurar mínimos de libertades y mínimas formas económicas que garanticen eficiencia y justa distribución. Pero también está en juego el aseguramiento de la continuidad del proyecto, lo cual no se logrará retrocediendo a 1959, sino a partir de los poderes institucionales de hoy, cambiándolos hasta donde dicten, el sentido común y los clamores populares.

Generalmente, cuando las personas decimos que el gobierno cubano cambie, implícita o explícitamente estamos implicando que deberá adoptar la manera de gobierno existente en el hemisferio americano, cuando precisamente muchos países ya se proponen cambiar esas estructuras de Estado y trazan estrategias políticas para hacerlo dentro de la racionalidad que en el pasado no se aplicó, por desconocimiento o por el romanticismo de un clamor que justamente acababa de nacer.

Pero esto en realidad no es el caso cubano, sino todo lo contrario. El asunto es ajustar y reformar a partir de lo existente, porque las trabas que impiden la labor de los países latinoamericanos que se están incorporando a reformar sus Estados y sociedades, no existen en la Cuba de hoy. El hecho de que esas condiciones hayan sido eliminadas por decreto y a través de confrontaciones legítimas unas y arbitrarias otras, no fue bueno, pero al formar parte de la realidad de hoy, se facilita cualquier propósito de cambio acelerado que se proponga con racionalidad y ponderación.

Es una tarea titánica que lucha con muchos factores, entre ellos el tiempo, frente a gente que a veces se siente cansada y de repente se percibe animada y esperanzada.

Lo más importante de las cosas que hemos señalado, es que la sociedad cubana no malinterprete esos cambios y ajustes como un reconocimiento del sistema de administración que esa dirección política ha criticado y combatido durante toda su existencia, llegando a pensar que los nuevos cambios y ajustes significan un abandono de los propósitos originales.

¡¡Tremenda tarea!! En tanto, somos parte de los millones de ojos que observan y como cubanos quisiéramos además ser parte del asunto. En eso también supone estar trabajando la dirección del Estado cubano.

El gobierno cubano debe trabajar con las instituciones sociales que integran el país, no solamente con los apéndices creados desde arriba por el Estado, sino con aquellos con vida propia, objetivamente presentes, algunos de ellos organizados y otros por organizarse.

El asunto estriba en que una sociedad, cansada en cierta medida de tantos errores y algunos aciertos, capte el propósito de continuidad inherente a esta etapa y entienda que no se trata de un retroceso a formas de gobierno que son hoy cuestionadas por las sociedades de nuestro continente.

Los Padres Fundadores de Estados Unidos, ejercieron el Poder sin interrupción por cincuenta años y lograron establecer la maquinaría de Estado más pura que la invención humana haya establecido desde los tiempos de Roma. Por supuesto no se les ocurrió “construir la economía” porque esta actúa con relativa independencia y no es susceptible de ser “construida”.

Los posibles Fundadores del Estado de nuevo tipo que quiere establecerse en Cuba, cuentan con una larga experiencia histórica.

Nuevamente las personas progresistas sin prejuicios ni afanes de competencia inmadura, miran hacia la Isla para ver qué sucede.

No se trata de esperar un milagro, sino de aprovechar los valores históricos y humanos acumulados hasta nuestros días.

Hacer cambios que en su forma parecen un retroceso a épocas pasadas, pero que en su contenido tienen el propósito de facilitar el proceso evolutivo de la producción y la sociedad, es un objetivo necesario que a su vez parece semejar una contradicción.

 El tiempo apremia y aunque no se puede asegurar, sin actuar a la ligera, que Cuba esté en el último Tiempo de una pelea de boxeo de 15 asaltos, quizás tampoco sea muy descabellado decirlo.

Lorenzo Gonzalo periodista cubano residente en EE.UU. y subdirector de Radio Miami
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