15/4/12

El general de Marx

Macario Schettino

Hace cerca de tres años se publicó una biografía de Federico Engels, titulada “El general de Marx”, que salió en español hace un año con el título “El gentleman comunista”, publicada por Anagrama. El autor es Tristram Hunt, joven historiador británico que hace un excelente trabajo en esta biografía.

Como es sabido, la dupla Marx Engels ha sido la más exitosa pareja intelectual en la historia, y la biografía de Hunt aclara el por qué. Friedrich Engels no es, como se suele pensar, el socio minoritario, muy por el contrario. Engels aporta a la sociedad el único trabajo verdaderamente empírico, “La situación de la clase obrera en Inglaterra” publicada en 1845, que es muy probablemente el mayor acercamiento que Marx tuvo con proletarios de verdad (es mi apreciación, no de Hunt). Además, fue el proveedor de la familia Marx desde 1850 en adelante, no sólo financieramente, sino como jefe de familia incluso mientras Marx vivía. Fue el responsable de la difusión del marxismo, la construcción de las dos Internacionales, el “bulldog” de Marx. Sin Engels, Marx no habría pasado de ser otro oscuro pensador alemán, de los que abundaron durante el siglo XIX.

En la tradición marxista, se reconoce a Engels por el apoyo financiero a Marx, y poco más que eso. Sin embargo, como Hunt documenta, la relación no fue de simple parasitismo de parte de Marx. Desde la publicación del Manifiesto Comunista, en 1848, Engels va a ser el ancla de Marx que le mantendrá cercano, aunque sea un poco, a la realidad. Porque Engels tiene que vivir una realidad que no le gusta, para poder sostenerse a sí mismo y a toda la familia de Marx. A pesar de provenir de una familia de inversionistas, o capitalistas de la industria textil, Engels tiene que trabajar como empleado de un socio de su familia, lo que le causa gran sufrimiento. Alejado de su padre y sus hermanos, Engels se gana su sueldo como ejecutivo, y durante veinte años tendrá que vivir esa doble vida: empleado capitalista por las mañanas, comunista por las noches.

La obra que inicia el trabajo conjunto de Marx y Engels es el Manifiesto Comunista, que debe mucho a la “Situación de la Clase Obrera” publicada por Engels tres años antes. Sin embargo, es claro que la brillantez del texto es producto de Marx.

Entre 1850 y 1870 Engels se dedica a proveer para Marx, que a su vez se dedica a estudiar economía, compilar torres de estadísticas, y a escribir miles de páginas, pero casi todas ellas impublicables. Después del 18 Brumario de Luis Bonaparte, aparecido en 1852, Marx no publica nada sino hasta la Contribución a la Crítica de la Economía Política, de 1859, y luego el primer tomo de El Capital, en 1867, gracias a la insistencia de Engels. Luego éste se arrepentirá de no haber logrado que Marx publicara en vida los otros dos tomos, que debió terminar con mucha dificultad a partir de esas torres de estadísticas y miles de páginas ilegibles.

A la muerte de Marx, Engels no sólo terminará los dos tomos restantes de El Capital, sino que ordenará buena parte de los manuscritos de Marx, y publicará obras propias de las que surge el materialismo dialéctico, pero también una serie de extrañas creencias que décadas después darán origen a algo llamado “ciencia soviética” que fue desastroso.

De hecho, es también parte de la tradición marxista culpar a Engels por lo ocurrido en los experimentos comunistas del siglo XX. En parte, dice Hunt, debido a que Lenin era más Engelsista que Marxista, pero también para salvar a Marx del fracaso de dichos experimentos, y de la tragedia humana que fueron. Para Hunt, ni Marx ni Engels pueden ser culpables de lo que se hizo en su nombre. Más aún en el caso de Engels, mucho más flexible y liberal que Marx, según documenta Hunt.

La biografía no se concentra exclusivamente en la relación entre Marx y Engels, aunque ése sea el tema central, por razón obvia. Cubre también la vida de Engels más allá de la familia Marx, que fue la suya propia, sus relaciones amorosas, sus esfuerzos por mantener a una pléyade de gorrones, y de manera muy importante, los esfuerzos de Marx y Engels por establecer su perspectiva como la única valiosa. Los grandes conflictos con otros pensadores socialistas, con líderes obreros de verdad, con otros filósofos, siempre buscando destruir alternativas al pensamiento que ellos dos consideraban la única explicación “científica”.

En esto Hunt no llega a una conclusión muy evidente: si bien Marx y Engels no pueden ser culpables de los millones de muertos de Stalin y Mao en sus experimentos productivos, sí viene de ellos dos la tradición destructiva de la izquierda del siglo XX. Marx y Engels no negociaban, ni discutían, imponían su perspectiva como la única posible, destruyendo a quien fuese necesario para lograrlo. Y si Marx era intransigente en su visión ideológica, Engels lo era además en las posiciones políticas.

El libro, como le comentaba, existe en español y es una agradable lectura. Tan sólo en las últimas dos páginas Hunt decide meter algo de su propia visión acerca del marxismo en el siglo XXI. Dos páginas innecesarias, en mi opinión, pero que no dañan en absoluto un muy buen libro que ilustra cómo esa pareja tan dispareja pudo construir una visión ideológica, imponerla por sobre todas las otras que existían en el campo socialista, y dejar sentadas las bases para los experimentos sociales del siglo XX.

Y también queda más claro cómo la visión que ambos escritores habían construido en su juventud se mantendrá por el resto de su vida prácticamente sin cambio. A pesar de que el mundo en que vivían se transformaba a gran velocidad. Es por eso que cuando se publica el primer tomo de El Capital, las ideas ya son obsoletas, y sólo podrán aplicarse a través de la fuerza, o como decía Lenin, a través de la vanguardia del proletariado, los iluminados sin escrúpulos. Pero lea usted el libro, que vale mucho la pena.
http://www.elmundodecordoba.com/opinion/columnas/1543564-c3p-col-5-macario