15/4/12

Bolívar Echeverría y la continuidad del discurso crítico

Imagen: Bolívar Echeverría
Iván Carvajal

La posición de Bolívar Echeverría (Riobamba, 1941- México D.F., 2010) con relación a la filosofía y las ciencias sociales se define, a lo largo de su obra, en torno a lo que él denomina discurso crítico. En la conferencia pronunciada en la UNAM el 13 de abril de 2010, pocos días antes de su muerte, el propio Echeverría insistía sobre esta cuestión decisiva en su pensamiento y con la coherencia ética que le caracterizó. En esa ocasión, había sido invitado como Profesor Emérito de la UNAM, a pronunciarse sobre lo que hoy podía entenderse por filosofía y sobre las tareas de la filosofía, y también a contestar algunas preguntas acerca de su relación personal con la filosofía. 

Dice Echeverría en un pasaje de su conferencia:
“Hoy se requiere recuperar esa capacidad del discurso crítico de Marx, de borrar estos compartimentos tan usados por el positivismo para separar la filosofía, la economía, la antropología, etcétera. Estos compartimentos son artificiales y obstaculizan hablar de la cosa misma porque están recortando un objeto y separándolo de otro o construyendo forzadamente otros objetos a partir de uno que es el mismo. De ahí que surgiera esta Babel que han sido las ciencias sociales durante todo el siglo XX, con aquellas grandes discusiones para establecer cuál es la diferencia entre la sociología y la antropología, entre la antropología y la economía, etcétera, todos estos discursos metodológicos que son tan pedestres desde la perspectiva de un discurso que es capaz de carcomer todo, de meterse en todo, que no respeta barreras ni delimitaciones.”
Lo primero que sorprende en este pasaje es la insistencia en la recuperación del discurso crítico de Marx, justamente hoy, a inicios del siglo XXI. Tal insistencia se vincula con la cuestión fundamental en sentido político y ético de nuestra época: la continuidad de las luchas anticapitalistas, de lo que en Marx aparece como idea de la revolución. A lo largo de su obra se advierte esta posición de Echeverría. Lo que anima su afán teórico, por decirlo de alguna manera, se articula en torno a esta cuestión política. Sin embargo, se debe tener presente que Echeverría aborda esta cuestión política con un impulso crítico sobre las formas políticas que derivaron del marxismo en el siglo pasado, en especial después de la derrota del movimiento revolucionario en Europa occidental y de la deriva de la revolución bolchevique. Echeverría reivindica lo que él considera la continuidad del discurso crítico de Marx, en el Lukàcs de Historia y consciencia de clase, en Rosa Luxemburgo, Korsch, Benjamin, Lefèbvre, Kosik, es decir, en pensadores que están por fuera de lo que se llamó marxismo soviético (no solamente el estalinismo, sino el “marxismo-leninismo”).

La decisiva importancia que tiene Marx para la actualidad radica en su crítica del sistema capitalista y por consiguiente de la crítica a la ciencia que surge de ese sistema, en primer lugar, la crítica de la economía política. Echeverría llamó la atención en varias ocasiones sobre la imposibilidad de que pudiese existir en rigor una “economía política marxista”. Esto va contra la condición misma del discurso crítico, revolucionario, de Marx. No es casual que El capital lleve como subtítulo Crítica de la economía política. Me parece que esta cuestión es de suma importancia, en especial en los contextos académicos, pues una forma de parálisis de los efectos críticos del pensamiento de Marx (como acontece también con el discurso crítico de otros pensadores) radica en la reducción de ese discurso a una serie de teorías asociadas: economía marxista, sociología marxista, antropología marxista, materialismo histórico, dia-mat, etc. En esta reducción actuaron juntos el aparato académico liberal, otorgando espacio para la “libre expresión” del marxismo en el campo académico, como también los seguidores del marxismo soviético (y de sus extensiones latinoamericanas, cualquiera sea su denominación política).

Pero el pensamiento crítico no solamente proviene de Marx. En cierto modo, es una línea que nos llega desde los griegos, desde Sócrates, Platón, Diógenes, nos dice Echeverría. Es una actitud dentro de la teoría. Para Echeverría, como para buena parte de los pensadores contemporáneos, la filosofía tuvo su acabamiento en el idealismo alemán, en el sistema hegeliano. De hecho, ni Marx, ni Nietzsche, ni Kierkegaard, ni Heidegger, ni Wittgenstein, para citar a los que quizá sean los mayores pensadores después de Hegel, se han reivindicado como filósofos. Por el contrario, desde distintas perspectivas y con distintos propósitos emprendieron la crítica o la deconstrucción de la filosofía. Echeverría señala otra vía del discurso crítico: Freud. Y se pueden agregar nombres, Horkheimer, Adorno, etc. El pensamiento crítico pone en cuestión las construcciones sistemáticas, científicas, al menos en el modo moderno, ilustrado o positivista, de entender la cientificidad.

De otra parte, el discurso crítico cuestiona la construcción de los objetos mismos de las ciencias sociales y humanas. Hay algunos aspectos que conviene tomar en consideración en este cuestionamiento: ¿cuál es el “objeto” que se pone ante nosotros y nos demanda el conocimiento? ¿Son las clases, los grupos sociales, los estados, las naciones? ¿Los mercados, las crisis, la división internacional del trabajo, los términos de intercambio? ¿Las formas culturales, las formas simbólicas, los mitos? ¿Los procesos o las estructuras? ¿Las estructuras sociales de larga duración, las coyunturas?… A mi parecer, para Echeverría hay un “objeto”, el sistema mundo capitalista, que debe ser comprendido de modo complejo, por fuera de los recortes de las ciencias sociales, y sin embargo, precisamente por su complejidad, atendiendo a sus componentes diversos. No se trata ya de separar el análisis de clases de los estudios etnológicos, ni la historia de la sociología o la economía de los procesos culturales. Se trata de pensar la complejidad histórica de modo complejo, y más allá de las disciplinas.

Cuando se examina el curso que sigue la elaboración teórica de Echeverría, se advierte su extraordinaria aprehensión de los resultados de las distintas disciplinas teóricas, justamente para sacar esos resultados de su ámbito disciplinar, para contraponerlos con los obtenidos en otras regiones de las ciencias sociales o de las ciencias humanas. Mucho antes de que se pusiera de moda la recurrencia académica a los estudios transdisciplinarios, Echeverría ya iba más allá de las disciplinas, pero bajo el presupuesto de que esa borradura de las fronteras era posible por la condición crítica del discurso. A este respecto, puede servir de ejemplo uno de sus primeros libros, Definición de la cultura, en el que encontramos una “síntesis” de los desarrollos de la semiología, la lingüística, la etnología, el psicoanálisis y, por supuesto, de la filosofía, la literatura y la historia del arte. Solo la contrastación entre proposiciones teóricas de estas disciplinas posibilita pensar un concepto de cultura que integre un esfuerzo por comprender la peculiaridad de lo humano, las funciones de la cultura en las sociedades, su diversidad, sus dimensiones, los ritmos temporales distintos.

Esta misma actitud en teoría permitirá finalmente a Echeverría alcanzar los puntos más altos de su pensamiento: su comprensión de la enajenación capitalista, sus tesis sobre la modernidad y la diversidad de sus formas (capitalistas), esto es, los cuatro ethe: clásico, romántico, barroco y realista; las tesis sobre el ethos barroco, que marcaría la historia de Europa latina y sobre todo de América latina, la comprensión del mestizaje. Echeverría se esforzó por comprender la actualidad, y cómo en la actualidad actúan las formas de resistencia, de oposición al capitalismo, en la vida cotidiana. Y lo hizo desde América latina, desde el contexto intelectual que le ofreció México, que le brindó la UNAM. Ahora nos corresponde acoger ese pensamiento crítico para darle continuidad, lo que implica, entre otras tareas, asumir el diálogo con el discurso de Echeverría, esto es, comprenderlo, interpretarlo, debatir con él, mantenerlo vivo, en movimiento.

Revista Enfoques (Abril, 2012) Universidad Central del Ecuador