20/4/12

Ataque a la teoría del valor-trabajo de Marx

Alex Callinicos

Marx escribió que «un periodo de crisis [...] es, al mismo tiempo, un período de investigaciones teóricas». Ciertamente, en los últimos años hemos visto una revitalización inmensa del interés en el pensamiento económico de Marx. La publicación, por parte de Merlin Press, de una nueva edición de la clásica colección de ensayos sobre la teoría del valor-trabajo, de Paul Sweezy, es muy oportuna.
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Los economistas británicos clásicos fueron los primeros en desarrollar la teoría del valor-trabajo. A finales del siglo XVIII ya se había llegado a la conclusión de que las fluctuaciones en apariencia irregulares de los precios de las mercancías obedecían una ley subyacente.

Adam Smith, y con mucha más consistencia David Ricardo, demostraron que los movimientos de los precios dependían del proceso de producción: la teoría del valor-trabajo afirma que el factor determinante del valor de una mercancía es la cantidad de tiempo que los trabajadores han empleado para producirla.

Marx completó la teoría del valor-trabajo aportando la implicación más importante: demostró que el proceso de producción de las mercancías es el mismo proceso a través del cual se explota la clase trabajadora. La fuente del valor, que es la fuerza de trabajo de los obreros, es en sí misma una mercancía, vendida a un valor inferior del que el obrero crea trabajando para el capitalista; este capitalista es quien compra la fuerza de trabajo. Los beneficios se obtienen de la plusvalía que se extrae de los trabajadores en las fábricas. Así, Marx pudo demostrar que una sociedad que obedecía la ley del valor no era una forma "natural" de sociedad, como creían Smith y Ricardo, sino una sociedad dominada por un modo particular y transitorio de producción, basado en la explotación de los trabajadores por parte de los capitalistas.

La evolución de la teoría del valor-trabajo desde Ricardo hasta Marx provocó una reacción entre los economistas burgueses. Si una teoría del valor basada en la relación entre el proceso de producción y las fluctuaciones de los precios podía tener implicaciones tan subversivas, había reemplazarla por otra. De ahí surgió la "revolución marginal", a finales del siglo XIX, cuando se sustituyó la economía clásica para la teoría marginal del valor subjetivo. Esta teoría postula que el factor determinante de los precios son las preferencias subjetivas de los consumidores por los diferentes bienes. El carácter ideológico de esta teoría del valor debería ser obvio (las preferencias de un trabajador que gana 40 libras a la semana serán un poco diferentes de las de un directivo de empresa como Sir George Dowty, que gana 700) , pero esta teoría sigue siendo la ortodoxia académica.

Eugen von Böhm-Bawerk, un académico y funcionario vienés, tuvo un papel muy importante en el desarrollo de la teoría del valor marginal. Intentó refutar la teoría del valor de Marx basándose en la supuesta "contradicción" entre los volúmenes primero y tercero del Capital. Según Böhm-Bawerk, en el volumen primero del Capital Marx afirma que la teoría del valor-trabajo es válida, mientras que en el volumen tercero, que publicó Engels póstumamente, Marx reconoce que se había equivocado en el primer volumen, y admite que el precio de venta de las mercancías, en realidad, no coincide con su valor.

Böhm-Bawerk se equivoca en dos puntos. Primero, como indicó Engels en su prefacio para el volumen segundo de El Capital, Marx ya había escrito el borrador del volumen tercero cuando terminó el volumen primero. Segundo, lejos de contradecir la teoría del valor-trabajo, el volumen tercero es una aplicación de esta teoría. A través de la observación se demuestra que el capital, sea donde sea que se invierta, tiene tendencia a recibir beneficios según una tasa media igual para todas las empresas. A primera vista, esto parece contradecir la teoría del valor-trabajo, según la cual la cantidad de plusvalía extraída depende de las condiciones particulares de cada empresa, como la cantidad de horas de la jornada laboral, la productividad y la intensidad del trabajo, etc.

Marx soluciona este problema haciendo algunas distinciones por primera vez. Según él, había dos tipos de capital: el variable, es decir, los salarios de los obreros, y el constante, que es la cantidad de dinero invertido en maquinaria, materias primas, naves, etc. La relación entre capital constante y capital variable la llamó composición orgánica del capital. También diferenció la tasa de plusvalía (que es la relación entre la plusvalía y el capital variable y mide el grado de explotación), y la tasa de beneficios, es decir, la relación entre la plusvalía y el capital total (constante y variable). Este es el capital que utiliza en sus cálculos un capitalista: necesita recuperar el capital que ha adelantado, y además obtener una plusvalía, es decir, sus beneficios.

La composición orgánica del capital puede cambiar según la empresa o el sector, y con la composición cambiará también la tasa de beneficios, que depende de la cantidad de capital que se necesita para cada trabajador. Bajo la presión competitiva, los capitalistas transferirán sus inversiones de los sectores de bajos beneficios a los de grandes beneficios. A través de este tipo de movimiento de capital se establece una tasa de beneficios general que iguala las diferencias entre las diferentes empresas. Como resultado, las mercancías no se venden a un precio equivalente a su valor, sino al precio que cuesta producirlos: es el precio de coste de la mercancía, es decir, la cantidad de dinero que el capitalista ha avanzado para producirla, más los beneficios medios.

Marx, prudente, indica que la transformación del valor en precios de producción no contradice la teoría del valor-trabajo. Lo que tiene lugar es una redistribución entre los capitalistas de la plusvalía total creada en el proceso de producción. La plusvalía pasa de los sectores en los que la tasa de beneficios es superior a la media en sectores con tasa por debajo de la media. En este proceso no se crean ni valor ni beneficios.

La diferencia entre el valor y el precio de producción es una abstracción teórica. En el nivel más abstracto, cuando Marx analiza el proceso capitalista de producción en sí mismo (por ejemplo, en el volumen primero de El Capital), no hay que considerar la relación entre los diferentes capitales, por eso Marx podía asumir que las mercancías se intercambiaban por su valor. En un nivel más concreto, como el que se alcanza al volumen tercero (en el que sí se tiene en cuenta la relación entre los diferentes capitales), Marx demuestra, en base a la teoría del valor-trabajo, que esta relación está regida por una tasa general de beneficios creada por los capitalistas que compiten entre sí para conseguir introducirse en el sector de inversión más rentable. Así, en Grundrisse escribe: «La competición no es más que la naturaleza interna del capital», que «sólo puede existir en la forma de muchos capitales", a diferencia del «capital en general», que aparece «sólo como una abstracción ». Estas leyes, basadas en la teoría del valor-trabajo, nos permiten entender la relación entre los diferentes capitales que compiten entre sí.

La transformación del valor en precios de producción que hacía Marx ha sido atacada por algunos marxistas, por ejemplo, por Mike Kidron y el mismo Sweezy. La base de sus críticas a Marx es el trabajo de un estadístico alemán, Ladislaus von Bortkiewicz.

Según Von Bortkiewicz, la transformación que hacía Marx del valor en precios de producción era lógicamente incoherente. El precio de producción de una mercancía [tiene] dos componentes: 1) el valor del capital constante y del capital variable necesarios para su producción, y 2) los beneficios medios sobre este capital. Pero Von Bortkiewicz afirma que en los ejemplos aritméticos utilizados para ilustrar la transformación, Marx omitía transformar el componente 1. Sin embargo, esta conclusión es totalmente errónea: la maquinaria y las materias primas utilizadas en la producción de una mercancía son mercancías ellas mismas, y el valor de estas mercancías se transformará en precios de producción a través de la formación de una tasa general de beneficios. Von Bortkiewicz presenta su propia versión matemática de la transformación, teniendo en cuenta que todo lo necesario para producir una mercancía deberá ser comprado al precio de producción, no al precio equivalente a su valor.

Von Bortkiewicz estaba equivocado en dos puntos. En primer lugar confundía el problema aritmético con los principios que rigen la transformación. Marx era muy consciente de que en principio, el valor de todo lo necesario para producir una mercancía debería transformarse (ver, por ejemplo, Capital, volumen tercero, páginas 163-166 de la versión inglesa).

Segundo, la solución de transformación de Von Bortkiewicz supone abandonar la teoría del valor-trabajo. Como él mismo dice en otra parte, su solución no sólo prescinde de «la necesidad de empezar con magnitudes de valor y plusvalía; las últimas ni siquiera aparecen en el cálculo, si se utiliza la fórmula correcta».

Esto tiene una explicación metodológica. Para Von Bortkiewicz, el valor y el precio están equiparados en el mismo nivel de abstracción teórica, y por tanto se pueden tratar en una serie de ecuaciones simultáneas, como en la teoría del precio de "equilibrio general" marginalista. El resultado es que, como él mismo indica, el análisis del valor se puede omitir. Como las ecuaciones son reversibles, el valor de las mercancías incluso se puede deducir a partir de los precios.

Pero según Marx, las relaciones de valor son el punto de partida a partir del cual se analizan todas las otras relaciones económicas. La formación de los precios de producción sólo se puede entender en base a la teoría del valor-trabajo. Como indicaba el marxista austriaco en su respuesta a Böhm-Bawerk, la ley del valor, directamente válida por su «producto social y las partes de éste, sólo se cumple cuando ocurren, en los precios de las mercancías individuales producidas de manera capitalista, determinadas modificaciones concretas compatibles con la ley. Pero estas modificaciones sólo pueden hacerse extensivas descubriendo el nexo social, y la ley del valor es la que nos permite hacer este descubrimiento ».

Von Bortkiewicz sólo sería una curiosidad histórica si no fuera porque la validez de su solución se ha identificado, erróneamente, con la validez de la teoría del armamento permanente. Esto es así porque, en la solución de Von Bortkiewicz, la tasa de beneficios de las mercancías que no entran de forma directa o indirecta en la producción de los bienes salariales no afecta la determinación de la tasa de beneficios. Él creía que esto confirmaba la teoría de los beneficios de Ricardo, según la cual la tasa de beneficios depende de la tasa de salarios, de manera que sólo las mercancías que directa o indirectamente pasan a ser bienes de consumo comprados por los trabajadores pueden afectar la tasa de beneficios. El armamento no se utiliza para hacer más producción. Así, según Von Bortkiewicz y Ricardo, la tasa de beneficios en la industria del armamento no toma parte en la formación de la tasa general de beneficios. Por tanto, la producción de armamento estaría exenta de la tendencia a la baja de los beneficios a medida que la composición orgánica aumentara.

Pero no necesitamos recurrir a Von Bortkiewicz para explicar cómo funciona la economía del armamento. El problema, para los capitalistas, es encontrar campos de inversión rentables para extraer constantemente la plusvalía de sus trabajadores. Si esta plusvalía se invierte en la producción de capital, sea capital constante o variable, simplemente se sumará a la gran cantidad de mercancías que los trabajadores y los capitalistas deberían comprar. Cuando cae la tasa de beneficios a medida que aumenta la composición orgánica del capital, muchos de estos bienes se quedarán sin vender, porque no será rentable para los capitalistas continuar la expansión al mismo ritmo. La venta de estos bienes supondría una expansión continua del capitalismo, y también la existencia de nuevos sectores de inversión rentables. Por eso las crisis capitalistas siempre son crisis de sobreproducción. Pero el armamento no lo compran ni los capitalistas ni los trabajadores, sino que lo hace el estado en nombre de toda la clase capitalista para mantener su fuerza militar frente a otros estados. De esta manera se proporciona a los capitalistas un sector de inversión que no se sumará simplemente a todos los problemas que ya tenían, sino que consta de un mercado garantizado por el estado y regido por consideraciones de efectividad militar, no de rentabilidad. (El motivo por el que la economía de armamento, ahora mismo, está produciendo un efecto mucho menos estabilizador ya es otra historia.)

Von Bortkiewicz no es sólo redundante teóricamente, sino que también es francamente peligroso, como se demuestra en unos artículos recientes publicados en New Left Review y Economy and Society, de Geoff Hodgson y Ian Steedman, que han utilizado el trabajo de Von Bortkiewicz y el del neo-ricardiano Piero Sraffa para lanzar un ataque directo a la teoría del valor y los beneficios de Marx. Nos deberíamos acercar con cautela y escepticismo.

Alex Callinicos
Alex Callinicos es profesor de teoría social en el King's College de Londres, y autor de libros como “Los nuevos mandarines del poder americano” o “Un manifiesto anticapitalista” y miembro destacado del Socialist Workers Party, organización hermana de En lucha en Gran Bretaña.
http://www.enlucha.org/site/?q=node/17147